Mientras el otro día en Holanda, la maría pasó a recetarse en las farmacias para curar ciertos males como un medicamento más, en la enferma España, quién dice a la maría no, rajó y de lo lindo. La primera declaración ante las ovejas obedientes del partido popular, de quién es o no, tan alto como Jacobo, aventajado loro de las gaviotas y barba sucedánea de un bigote unido a un quizás enano con delirios de grandeza o quizás no, se puede resumir en; España y la Constitución, no la toca ni Dios. De esta Constitución que Euskadi tiene a la fuerza que acatar y España puede sin culpa ni pena conculcar, se dice que establece las libertades de los ciudadanos y se oculta que priva de las tales a las naciones.
A este respecto, los españoles Constitucionalistas de pura cepa, siempre han estimado que el ciudadano es antes un sujeto de derechos que el pueblo o la nación. Los nacionalistas de corazón puro, por el contrario, siempre hemos considerado como sujetos de derecho por igual tanto al individuo como al grupo formado por éstos. Ahora bien, si para ellos los derechos del colectivo siempre se deben subordinar a los de la persona, para nosotros hay ocasiones en que éstos se deben sujetar a aquellos y otras en que ocurre lo contrario. Esto último es algo que, en esta España no de las autonomías sino sobre ellas, no cabe en las derechas cabezas de los que piensan que el todo es algo más que las partes. Ahora bien, no es torcido sostener, que en numerosas ocasiones las partes unidas son más que el todo. No es éste, no obstante, el mayor error que cometen los que entienden la letra de la constitución e ignoran su espíritu, porque que para ellos la única nación con derecho sea España, no es ya equivocación, sino provocación y prevaricación. Y es que si España es una nación de derecho, Euzkadi también lo es.
El plan Ibarretxe, que para los constitucionalistas no tiene cabida ni en la Constitución ni en el compromiso que asumieron los españoles en 1978, persigue entre otras cosas hacer realidad los ideales de la democracia. La Igualdad por medio de un pacto de caballeros entre la nación española y la vasca, la Fraternidad, con un abrazo y reconciliación entre ciudadanos españoles y vascos y, la Libertad, en unas reglas de juego acordadas, respetadas y cumplidas por ambas partes. Porque lo que va contra justicia es que la libertad de Euzkadi termine donde empieza la de España y la de España no empiece hasta que no termina con la libertad de Euzkadi. Este plan que no tiene en mente para Euskadi la Independencia, como lo cree Aznar, aunque la tenga para Euzkadi en el corazón, que no quiere en el alma de la Nación Vasca la dependencia de España como no la quiere en el cuerpo, establece un tratamiento para curar a Euskadi de los dos males, España y ETA, que le aquejan.
Este plan que más que tener y que le den la razón, quiere dar razones, se ha encontrado con que le han dado la razón los que pretenden negársela. Porque la contrapropuesta que el PSOE quiere elaborar legitima no sólo el diagnóstico, sino también los síntomas que el plan Ibarretxe deja entrever. El diagnóstico no es otro que decir que España más que tener una enfermedad es una paciente enferma. Y lo es, en primer lugar, porque España siempre ha querido ser lo que nunca ha sido. Así, quiso conquistar América y ha sido conquistada por ella, soñó con tener un Imperio a sus pies y se despertó bajo los pies del Imperio. Y en segundo lugar, porque España siempre ha hecho todo lo posible para que las demás naciones sean lo que no son. Intentó sin lograrlo que Euzkadi que no es España fuera España y logró que Euzkadi que no es Euskadi lo sea.
Que la España una y grande ni es una cosa ni la otra es uno de los síntomas latentes del plan Ibarretxe. No es, sin embargo, que no haya una España porque hay muchas Españas, sino que no la hay porque estas muchas son naciones en sí mismas aunque a la fuerza se las integre en el Estado-Nación Español. O dicho de otro modo, la unidad española sólo es posible haciendo pasar por pluralidades lo que no son sino unidades en sí mismas y aseverando después que semejantes pluralidades precisan necesariamente de una unidad. De esto que insinúa el Plan Ibarretxe dan fe las líneas maestras de la supuesta propuesta del PSOE - presentada por sus lideres en una foto de familia con las banderas de las comunidades autónomas como fondo -, en la que se apuesta y se cree en una España plural tanto o más que en una España una. Porque sino, ¿Qué sentido tiene que este partido sostenga hoy lo que ayer ya sostenía el PNV, al afirmar que las comunidades autónomas tienen que tener más voz en el Senado y en Europa o que, el Estatuto de Gernika o se cumple o hay que reformarlo?
Que la Democracia y la Constitución, que los estadistas del PP y del PSOE afirman como realidades vivas son realidades moribundas es otro de los síntomas que el plan Ibarretxe parece sugerir. Si una Democracia y Constitución viva es aquella que se reforma para adaptarse a los cambios de la realidad, una moribunda es aquella que trata de impedir a toda costa cualquier cambio en la realidad. Así, mientras que una viva, Euskadi construir permitiría, la segunda solo permite construir España. Por esta razón, el plan Ibarretxe busca un pacto que posibilite tanto construir España sin destruir Euskadi, como construir Euskadi sin destruir España.
A este respecto, los españoles Constitucionalistas de pura cepa, siempre han estimado que el ciudadano es antes un sujeto de derechos que el pueblo o la nación. Los nacionalistas de corazón puro, por el contrario, siempre hemos considerado como sujetos de derecho por igual tanto al individuo como al grupo formado por éstos. Ahora bien, si para ellos los derechos del colectivo siempre se deben subordinar a los de la persona, para nosotros hay ocasiones en que éstos se deben sujetar a aquellos y otras en que ocurre lo contrario. Esto último es algo que, en esta España no de las autonomías sino sobre ellas, no cabe en las derechas cabezas de los que piensan que el todo es algo más que las partes. Ahora bien, no es torcido sostener, que en numerosas ocasiones las partes unidas son más que el todo. No es éste, no obstante, el mayor error que cometen los que entienden la letra de la constitución e ignoran su espíritu, porque que para ellos la única nación con derecho sea España, no es ya equivocación, sino provocación y prevaricación. Y es que si España es una nación de derecho, Euzkadi también lo es.
El plan Ibarretxe, que para los constitucionalistas no tiene cabida ni en la Constitución ni en el compromiso que asumieron los españoles en 1978, persigue entre otras cosas hacer realidad los ideales de la democracia. La Igualdad por medio de un pacto de caballeros entre la nación española y la vasca, la Fraternidad, con un abrazo y reconciliación entre ciudadanos españoles y vascos y, la Libertad, en unas reglas de juego acordadas, respetadas y cumplidas por ambas partes. Porque lo que va contra justicia es que la libertad de Euzkadi termine donde empieza la de España y la de España no empiece hasta que no termina con la libertad de Euzkadi. Este plan que no tiene en mente para Euskadi la Independencia, como lo cree Aznar, aunque la tenga para Euzkadi en el corazón, que no quiere en el alma de la Nación Vasca la dependencia de España como no la quiere en el cuerpo, establece un tratamiento para curar a Euskadi de los dos males, España y ETA, que le aquejan.
Este plan que más que tener y que le den la razón, quiere dar razones, se ha encontrado con que le han dado la razón los que pretenden negársela. Porque la contrapropuesta que el PSOE quiere elaborar legitima no sólo el diagnóstico, sino también los síntomas que el plan Ibarretxe deja entrever. El diagnóstico no es otro que decir que España más que tener una enfermedad es una paciente enferma. Y lo es, en primer lugar, porque España siempre ha querido ser lo que nunca ha sido. Así, quiso conquistar América y ha sido conquistada por ella, soñó con tener un Imperio a sus pies y se despertó bajo los pies del Imperio. Y en segundo lugar, porque España siempre ha hecho todo lo posible para que las demás naciones sean lo que no son. Intentó sin lograrlo que Euzkadi que no es España fuera España y logró que Euzkadi que no es Euskadi lo sea.
Que la España una y grande ni es una cosa ni la otra es uno de los síntomas latentes del plan Ibarretxe. No es, sin embargo, que no haya una España porque hay muchas Españas, sino que no la hay porque estas muchas son naciones en sí mismas aunque a la fuerza se las integre en el Estado-Nación Español. O dicho de otro modo, la unidad española sólo es posible haciendo pasar por pluralidades lo que no son sino unidades en sí mismas y aseverando después que semejantes pluralidades precisan necesariamente de una unidad. De esto que insinúa el Plan Ibarretxe dan fe las líneas maestras de la supuesta propuesta del PSOE - presentada por sus lideres en una foto de familia con las banderas de las comunidades autónomas como fondo -, en la que se apuesta y se cree en una España plural tanto o más que en una España una. Porque sino, ¿Qué sentido tiene que este partido sostenga hoy lo que ayer ya sostenía el PNV, al afirmar que las comunidades autónomas tienen que tener más voz en el Senado y en Europa o que, el Estatuto de Gernika o se cumple o hay que reformarlo?
Que la Democracia y la Constitución, que los estadistas del PP y del PSOE afirman como realidades vivas son realidades moribundas es otro de los síntomas que el plan Ibarretxe parece sugerir. Si una Democracia y Constitución viva es aquella que se reforma para adaptarse a los cambios de la realidad, una moribunda es aquella que trata de impedir a toda costa cualquier cambio en la realidad. Así, mientras que una viva, Euskadi construir permitiría, la segunda solo permite construir España. Por esta razón, el plan Ibarretxe busca un pacto que posibilite tanto construir España sin destruir Euskadi, como construir Euskadi sin destruir España.