martes, 21 de noviembre de 2006

Presentimientos políticos

Antesdeayer y anteayer Aralar, en el Palacio Euskalduna de Bilbao, ha estado celebrando, bajo el lema de “Ezkerra berri”, su tercer Congreso, en el cual, el reelegido líder, Patxi Zabaleta, manifestaba que “la nueva izquierda será el agente político que cambie la situación”. Ojalá, pero pudiera ser que la nueva situación sea el agente político que cambie la izquierda. Ésta puede cambiar aquélla, aquélla puede cambiar ésta –ésta y lo que no es ésta. Para llegar a una nueva situación, no obstante, mucho me temo que, tanto como una nueva izquierda transformadora, van a ser necesarias unas nuevas izquierdas, una nueva derecha y un nuevo centro político. Porque un escenario nuevo, a más del acercamiento entre los actores “progresistas”, requeriría del entendimiento entre todas las fuerzas políticas. De esto último, que supondría un cambio político, estamos todavía muy lejos, de aquello, que acarrearía un cambio de gobierno en Euskadi, quizás no lo estemos tanto. Quizás, porque hay a quienes en lugar de sólo tener ojos para Euzkadi, andan un poco bisojos: uno para Euzkadi, otro para Catalunya. Las siniestras, diría, están empeñadas, algunas más que otras, en ocupar el banco veraniego del poder, para que EAJ-PNV pruebe, durante una temporada, el invernal de la oposición. Creen que la experiencia del triangulo político catalán es importable a Euskadi. Triangulo que aquí sería un pentágono formado por el PSE, Batasuna, EA, IU y Aralar. Una olla de grillos allí, una pelea de gallos aquí. Un gallinero allá, acá una leonera. No es fácil, no, formar un pentapartito. Primero. Porque sólo sería posible sin ETA o sin que ETA mate. Segundo. Porque tanto como quiere el PSE gobernar en Euskadi, lo quiere el PSOE en Madrid. Si conseguir el poder en Euskadi va a dificultar mantenerlo en Madrid, mantenerlo en Madrid va a dificultar conseguirlo en Euskadi. Tercero. Ni Batasuna es ERC, ni ERC es Batasuna. A ésta, si es consecuente con su teoría y práctica histórica, no le tienta tanto el estar en el poder, como ser un poder o un poder ser. Lo de gobernar, gestionar, administrar, a no ser a nivel municipal, no le ha quitado el sueño como el hecho de hacer realidad sus sueños. Entre el objetivo: alcanzar el poder o el poder alcanzar el objetivo ha optado, históricamente, por esto último. Cuarto. El PSE prefiere gobernar en Euskadi con el PP que con los nacionalistas de Batasuna, Ea o Aralar. Quinto. No es fácil unir en un gobierno a quienes han defendido la lucha armada con quienes han practicado el terrorismo de Estado. Sexto. ¿Cómo se repartiría el poder? Haría Patxi López de Montilla y Otegui, de Carod o haría de Montilla Oteguí y Patxi Lopez, de Carod? El PSE querría de Lehendakari a un socialista, pero, los nacionalistas, sobre todo si tienen conjuntamente más peso electoral que PSE e IU, podrían exigir que el cargo recayera en un nacionalista. Si así fuere, se puede dudar de que el PSE quisiera entrar a formar parte del pentapartito. Si así no fuere, los nacionalistas podrían no querer formarlo. Paradojas de la vida. Al PSE que, sin ser la fuerza más votada, no le importaría formar el pentapartito y arrebatarle la Presidencia del Gobierno Vasco a la fuerza política, si no cambian drásticamente las tendencias, más votada de EAJ-PNV, le importaría, siendo la más votada del pentapartito, que un conjunto de fuerzas nacionalistas integrantes del mismo y con mayor fuerza electoral le arrebataran la presidencia. Séptimo. El PSE complica menos su vida y la del PSOE cogobernando con el PNV. La presidencia para éstos, la vicepresidencia para aquellos. Octavo. EAJ-PNV revolvería Vitoria con Madrid para no perder la gobernabilidad. Su margen de maniobra, en función de los resultados electorales, suele ser mayor que el que ha tenido CIU. Habría que ver, pero podría, quizás, pactar con el PSOE, con el PP, repetir el tripartito, incorporar a Aralar al mismo o, a lo mejor, formar una entente nacionalista. No sólo suele tener la llave de la política vasca, también muchas puertas a las que llamar. Noveno. La aritmética manda. Las cifras cantan. El pentapartito tiene que ser posible numéricamente. Décimo. También, políticamente. Si en la balanza de los partidos nacionalistas la construcción social pesa más que la nacional, el pentapartito con el PSE puede hacerse realidad. Si pesa más la construcción nacional, puede hacerse con EAJ-PNV. Undécimo. Tal vez las políticas del futuro no tengan nada que ver con el futuro de las políticas. Duodécimo. Al presentir se puede confundir el ver de cerca lo que está lejos con el ver de lejos lo que está cerca. Decimotercero. Lo posible hoy, mañana puede ser imposible. Lo imposible hoy, mañana puede ser posible.

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