martes, 31 de enero de 2006

Imperiodistas

En pleno siglo veintiuno, en la llamada sociedad de la información, la desinformación está a la orden del día. ¡La causa! Los francotiradores que parapetados tras la columna de rotativos y amparados por los mecenas del desarte informativo, son capaces por el pan de ellos de cada día, de humillar a la verdad para elevar el embuste. Por treinta moneditas aplatadas, ocultos tras sus macrófonos de radio, sin prisas y con muchas síncopas, son capaces de convocar a todos los santos y poner a parir a todo aquel que no baile al son de sus jotas, jotas. Es el abc de los medios, que no a veces sino de continuo, convierten la sinrazón en razón de periodismo. Todo un mundo de redactores, en guardia y dispuestos a salir a escena cada vez que ven peligrar su reino, preparan sus escritos a conciencia para acallar las conciencias de vanguardia. Todo un país de comentaristas, que tras limar las aristas de la mentira, tiran a derribar a los llanos que no a los sinuosos. Con sus cartas boca abajo, marcadas por la patraña, ayudados por cupieres, despluman con sus plumas plúmbeas. Es la baza de los Goliat de las ondas, gacetas y televisiones, que tratan de hacer triunfo frente los Davides que con honda en mano, se defienden del descrédito al que da crédito el pueblo cloroformizado. Un pueblo que caería en la cuenta al instante, si buscase los tres pies al gato, de que en su misma celda se haya, el gato, el gato encerrado.