martes, 28 de noviembre de 2006

El mundo de los interfectos

El Lehendakari, Juan José Ibarretxe, participaba hace unos días en un acto que, por buscar la misma libertad, paz y justicia que en su día buscaba con su defensa en el Congreso de los Diputados de la propuesta de Estatuto político de la Comunidad Autónoma de Euskadi, quedará para siempre escrito en letras doradas en la historia del pueblo vasco. En las VI jornadas de la Asociación Andaluza de Victimas del Terrorismo, Ibarretxe, en nombre de la sociedad e Instituciones vascas que representa, manifestaba, a este colectivo en particular y a todas las victimas de la lucha armada en general, un emotivo mensaje de cariño, solidaridad y perdón. Así se expresaba: “Aún estamos a tiempo de 'decir lo siento' y de llenar ese hueco que un día se abrió con las víctimas del terrorismo. Sentimos vuestro dolor como propio, sentimos el terrible vacío de cada víctima y sentimos no haber sabido encontrar antes el camino de la paz y detener a tiempo la barbarie del terrorismo”. La entonación de este mea culpa, aún suponiendo un ejercicio de espiritualidad tan humano como cristiano, ha sido duramente criticado. Por nacionalistas vascos al entender que, si tiene sentido mostrar compasión y empatía con quienes han sentido el azote de la violencia, es un contrasentido pedir disculpas o perdón sin tener culpa o pecado. Y por nacionalistas españoles al considerarlo un lavado de cara del Gobierno vasco que, en su opinión, se ha estado lavando las manos. Para los primeros no sólo se le está colgando el sambenito al ejecutivo vasco que siempre ha actuado como santelmo y luchado por el fin de la violencia, sino que pagan justos por pecadores porque éstos, los causantes del victimar y del entrar y salir del santuario para liar una sanfrancia o quemar la santabárbara, son quienes, arrepentidos, deberían confesar sus faltas y pedir perdón. Para los segundos, a más de sanjuanear con la cárcel a los victimarios, se trata de demonizar al Gobierno vasco, que no es santo de su devoción, diciendo que no tiene mano de santo para ver si así tienen ellos, los españolistas, el santo de cara y ofician en un santiamén desde el gobierno y sanseacabó. Diría que estos últimos faltan a la verdad. Porque es falso y de una doble moral que quienes comulgan con el españolismo, que quienes ven la violencia de ETA y miran hacia otro lado cuando es la organización estatal la violenta, digan que los nacionalistas vascos ven la violencia de la organización estatal y miran hacia otro lado cuando es ETA la violenta. El Gobierno vasco, que quede claro, condena ésta y aquélla violencia. ¿Censuran los españolistas toda violencia? ¡Dios me entiende! Ya decía Mateo: “¿Por qué miras la brizna de paja que está en el ojo de tu hermano, y dejas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿Cómo dirás a tu hermano: 'Deja que yo saque la brizna de tu ojo', y he aquí que la viga está en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano”. Algo de esto hay. Como hay, al haber manipulación de la victimas, victimas de la manipulación. Decía Josu Jon Imaz, presidente del EAJ-PNV, que “entre las víctimas existen muy distintas formas de pensar y realizar su actividad política, aunque sólo se muestra a quienes están contra las negociaciones”. Una verdad como un templo. Porque no sólo es que entre las victimas de ETA haya quienes, sin salir en los telediarios, están a favor de un final dialogado de la violencia, sino que también las hay entre las victimas, que pocos quieren ver, causadas por el Estado español. Por esta razón, para alcanzar una normalizada convivencia de paz hay que tener presente a todas las victimas. A todas. Y a todos los victimarios. A todos. Pero ojo, que si el ex ministro socialista, Juan Manuel Eguiagaray, decía que el presidente (español) “tiene que contar con todas las victimas”, “todas las victimas tienen que contar con el presidente”. Cosa esta última que, como atestiguan las manifestaciones de la Asociación de Victimas del Terrorismo (AVT) en la capital del Reino, no sucede. Y es una pena porque buscándose o haciéndose que se busca la paz... andan a la guerra. Tanto que uno no sabe si la derecha manipula a la AVT o la AVT manipula a la derecha. Sea ésta, sea aquélla, la cosa es que, en lugar de que el proceso de paz y de normalización política ponga fin a ETA, parece que desean que ETA ponga fin al proceso de paz y de normalización política. Así, “Rendición en mi nombre no”, “zETAp” y un largo etcétera de lemas se leían en las pancartas de la última manifestación en Madrid. Y puede ser cierto lo que le decía Acebes al presidente del gobierno español: “si continúa haciendo caso omiso al clamor de la calle estará cada vez más solo. Como también lo es que si Acebes continua cada vez más sólo estará haciendo caso omiso al clamor de la calle. Y es que el PP anda solitario en política por no entender que en las calles y en la opinión pública hay también un clamor por lograr la convivencia en paz. Para lograrla, Ibarretxe, en las jornadas arriba dichas, dejaba claro cuál puede ser el papel de las victimas: “Las víctimas de la violencia sois los mejores mensajeros de la paz. Paz con memoria. Paz con justicia, pero también paz para la convivencia. Porque, nadie mejor que una víctima es capaz de entender el dolor que produce la violencia. Nadie mejor para desear que ese dolor no vuelva a reproducirse en ninguna víctima más”. Al finalizar su exposición, una victima de un atentado que le había escuchado al Lehendakari durante su alocución decía: “palabra de político. Todo palabras, sólo palabras”. Palabra de político, sí, pero también político de palabra. Y es que la palabra, el tener y dar la palabra, puede solucionar el problema. Palabra para reivindicar con ella, como hacía el presidente de la AAVT, Joaquin Vidal, “el derecho a tener ilusión en un mañana sin violencia”. Palabra para reivindicar con ella los vascos y vascas, sin violencia, ilusión a tener en un mañana el derecho. El derecho a decidir nuestro futuro.

domingo, 26 de noviembre de 2006

De mente y de corazón

En política, en el arte de gobernar o gobernabilidad, hay, entre otros muchos, dos tipos de personajes que, aún antagónicos, son complementarios: los rectores y los directores. Los primeros, por ser elegidos por los ciudadanos para estar al cargo de las instituciones, son hombres de estado, los segundos, designados por los afiliados de una formación política para llevar la carga de la misma, hombres de partido. Aquellos, aunque generalmente hayan sido hombres de partido antes que hombres de Estado, una vez que son esto último deberían anteponer el ser hombre de Estado al ser hombre de partido. Los hombres de partido, por el contrario, anteponen el serlo a ser hombres de Estado. Ahora bien, no pocas veces, por paradojas que tiene la vida política, al igual que el hombre de Estado, que ha de procurar el bien común de toda la sociedad, no procura sino el bien de su partido, el hombre de partido, que ha de procurar su bien (el del partido), no procura sino el bien común de toda la sociedad. Es la diferencia, diríamos, entre llevar la política al terreno del partido o llevar el partido al terreno de la política. Esto último es la llave del éxito político, aquello, la puerta de la ruina política. Y es que el secreto de la política no es, como creen muchos politólogos, el pasar por bien general lo que no es sino un bien particular, sino pasar por bien particular lo que no es sino un bien general. De otro modo, la clave de la política no es engañar a la ciudadanía para que llegue al convencimiento de que es su beneficio el que no es si no de un partido, sino que el partido llegue al convencimiento de que es su beneficio el que no es sino el de la ciudadanía. Éste es el verdadero quid del hecho político. No que con aquellas malas artes, inconscientemente, los representados se identifiquen con los representantes, con los partidos, etc., sino que, conscientemente, los representantes, los partidos, etc., se identifiquen con los representados. Más aún, porque el fin de toda política de verdad no es que el bien de todos pase a manos de unos pocos, sino que el bien de unos pocos pase a manos de todos. ¿Estamos de acuerdo? Pues sigamos. El cargo público y el cargo de partido se diferencian, a más de lo dicho hasta aquí, en que el primero, aunque es político, está, principalmente, en política, mientras que el segundo, aunque está en política, es, principalmente, político. Metafóricamente, aquél, que acaricia con los dedos de la mano el cielo político, tiene los pies en la arena política, éste, que tiene los pies en el cielo político, acaricia con los dedos de la mano la arena política. Y es que si el primero es un realista que tiende hacia el idealismo, el segundo, un idealista que tiende hacia el realismo. Al realista, al realizar sus proyectos, le gustaría que fueran ideales, mientras que al idealista, al idear sus proyectos, que fueran reales. Es como si aquél quisiera ser éste y éste, aquél. Por esta razón son como la pluma y la tinta con que se escribe la política. Porque uno pone ante nuestros ojos hechos, el otro, sueños. Uno tiene un pensamiento en mente que, al realizarse, nos inunda de un sentimiento el corazón, otro tiene un sentimiento en el corazón que, al idearse, nos inunda con un pensamiento la mente. De cuando en cuando, no como una pareja que pasa a ser dos unidades, sino como dos unidades que pasan a ser una pareja, corazón y mente, idealista y realista, se dan en una persona. En el líder al que sólo le falta, para dar la vuelta al mundo, que se levante por poniente el viento.

viernes, 24 de noviembre de 2006

Vivencia de paz

Tajante, y no es la primera vez, se mostraba el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, al asegurar, esta semana, que la paz, en contra de lo que opina Batasuna, no se construirá sobre la autodeterminación y territorialidad porque no caben en la Constitución. O lo que es lo mismo, la solución del PSOE no es la de Batasuna y la de Batasuna no es la del PSOE. Y es que si para los socialistas “de lo que se trata es de construir la paz en Euskadi sobre la convivencia”, para los nacionalistas vascos, en general, de lo que se trata es de construir Euzkadi sobre la convivencia en la paz. Aquellos quieren construir la paz sobre la convivencia, éstos la convivencia sobre la paz, a más de construir Euzkadi. Con razón, porque no hay que llevar solamente la paz a la convivencia, sino la convivencia a la paz. No sólo hay que lograr la paz, diría, hay que lograr la convivencia. O mejor, junto al fin de la violencia, ha de empezar el principio de la divivencia o bivivencia. La vivencia de dos. No la monovivencia o la mala convivencia basada en la afirmación de una parte sobre la negación de la otra, sino la vivencia de una respetando la vivencia de la otra. Una metavivencia, en suma. Metavivencia porque no puede haber convivencia, ni bivivencia, si sólo hay la vivencia de España. No puede haber convivencia sin vivencia de dos, sin bivivencia. Para que dos convivan, ambos tienen que vivir. Vivencia, pues, de Euzkadi y de España. Esta es la formula: Vivencia o revivencia, primero, metavivencia, que es tras la vivencia, después, y por último, convivencia o vivencia a secas, en función de la determinación o decisión de los vivientes. Provivencia, señorias, provivencia es lo que en principio necesitamos fomentar. Luego, Dios dirá. Utilizando palabras de Mariano Rajoy, “si no entendemos eso, no entendemos nada”. Más aún, si no entendemos nada, no entendemos eso. Éste es el problema, que hay quienes no entienden nada. Por que cómo puede decir Patxi López que es "absolutamente inasumible" la fijación de la territorialidad y la autodeterminación como condiciones previas a la mesa de diálogo. Tan inasumibles como éstas condiciones, señor López, lo son, como hace Rubalcaba, eliminarlas de antemano. ¿Acaso establecer el respeto a la Constitución, a la legalidad vigente no es establecer condiciones previas? Lo es. Luego si aquéllas no se pueden asumir, ésta... Como tampoco se puede asumir que los socialistas digan que la voluntad de la sociedad vasca tiene que respetar la legalidad vigente y callen que la legalidad vigente tiene que respetar la voluntad de la sociedad vasca. Porque el problema no es que el pueblo vasco no respeta la Constitución, sino que la Constitución no respeta al pueblo vasco. ¿Qué hacemos entonces para solucionar el problema? ¿Exigir como Rajoy a Zapatero “que ponga fin a la negociación” o exigir que la negociación ponga fin? Esto último, en tanto que negociar no es sino tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro. Negociación entre el Gobierno español y ETA, por un lado, y entre los partidos políticos, por otro. Entre éstos para lograr el principio de la bivivencia y después, si es voluntad del pueblo vasco y español, la convivencia. Entre el Gobierno y ETA para alcanzar el fin de la violencia. Ambas cosas son la paz. No aquélla sin ésta, ni ésta sin aquélla. En este sentido, más que hacer la paz, hay que hacer las paces. Paces que supondrían el gran cambio político para España y Euzkadi. El cambio que entrañaría la desaparición de las violencias; la de ETA que impide la paz y la del Estado español que impide la bivivencia. Cambio que no tiene precio político, que no es a cambio de nada. El cambio político sería el fin de las violencias, sí. Pero así como el cambio no es por acabar con la violencia, por la violencia no es acabar con el cambio. Y es que, al igual que hay quien emplea la violencia para lograr el cambio (ETA), hay quien la emplea para no lograrlo (el Estado). Ambas sobran para lograr el cambio de la paz y la bivivencia. Paz que entraña la bivivencia. Bivivencia que entraña la paz. Porque la paz no sólo es estar en paz con uno mismo, es estar en paz con los demás. La paz no es sólo que España esté en paz, sino que lo esté también con Euzkadi. Y tan cierto como que para estar en paz con los demás hay que estarlo con uno mismo, lo es que para estarlo con uno mismo hay que estar en paz con los demás. Paz interna y paz externa. Porque no se puede estar en paz con uno mismo si se niega a los demás la paz y la vivencia, ni se puede estar en paz con los demás si se niega la paz y la vivencia a uno. Paz, por tanto, entre uno y los demás y entre los demás y uno. Vivencia, por tanto, de uno y de los demás. Paz, por otro lado, en cuanto que en uno mismo el corazón y la cabeza han de estar en paz. No puede ser que el corazón esté en paz si la cabeza está en guerra, ni que la cabeza esté en paz si el corazón, en guerra. Para ello, para estar en paz, todos han de entender la verdad de la parte y la parte, la verdad de todos. Entender de toda “razón” la parte de verdad, pero de toda “verdad” la parte de razón. La paz y la bivivencia lo exigen.

miércoles, 22 de noviembre de 2006

Cambio de estaciones

A un mes, día va, noche viene, de que vientos y nubes otoñales, con sus ráfagas y precipitaciones, hagan bailar, de arriba abajo calen, por última vez esta añada, a los añejos y frondosos árboles, de la paz y la normalización política, y hoja a hoja y de todo su follaje, les deshojen y desnuden y destapen, engalanando de esta manera, con un manto acastañado de hojarasca, nuestras calles y plazas y jardines, la estación invernal de nevadas, y de heladas y de bajas calinas, se apresta para descender y sin pausa, de lo alto de las montañas lejanas, y cima abajo y por las colinas, adentrarse misteriosamente, en los valles de la política vasca.

Moraleja:

Escucha con atención lo que tiene,
de ovejitas un pastor que decir;
antes de partir el otoño viene,
el invierno a cumbres a maldecir.

Cuando el otoño está en las llanuras,
no lo olvides, lo vuelvo a repetir,
el invierno ya llegó a las alturas,
es por esto que te quiero pedir,

que te plantes la bufanda y los guantes,
cuando el frío no llegues a sentir,
que siempre mejor que después fue antes,

el prevenir, prevenir, prevenir,
para evitar que con el previniendo,
lo prevenido llegase a venir.

martes, 21 de noviembre de 2006

Presentimientos políticos

Antesdeayer y anteayer Aralar, en el Palacio Euskalduna de Bilbao, ha estado celebrando, bajo el lema de “Ezkerra berri”, su tercer Congreso, en el cual, el reelegido líder, Patxi Zabaleta, manifestaba que “la nueva izquierda será el agente político que cambie la situación”. Ojalá, pero pudiera ser que la nueva situación sea el agente político que cambie la izquierda. Ésta puede cambiar aquélla, aquélla puede cambiar ésta –ésta y lo que no es ésta. Para llegar a una nueva situación, no obstante, mucho me temo que, tanto como una nueva izquierda transformadora, van a ser necesarias unas nuevas izquierdas, una nueva derecha y un nuevo centro político. Porque un escenario nuevo, a más del acercamiento entre los actores “progresistas”, requeriría del entendimiento entre todas las fuerzas políticas. De esto último, que supondría un cambio político, estamos todavía muy lejos, de aquello, que acarrearía un cambio de gobierno en Euskadi, quizás no lo estemos tanto. Quizás, porque hay a quienes en lugar de sólo tener ojos para Euzkadi, andan un poco bisojos: uno para Euzkadi, otro para Catalunya. Las siniestras, diría, están empeñadas, algunas más que otras, en ocupar el banco veraniego del poder, para que EAJ-PNV pruebe, durante una temporada, el invernal de la oposición. Creen que la experiencia del triangulo político catalán es importable a Euskadi. Triangulo que aquí sería un pentágono formado por el PSE, Batasuna, EA, IU y Aralar. Una olla de grillos allí, una pelea de gallos aquí. Un gallinero allá, acá una leonera. No es fácil, no, formar un pentapartito. Primero. Porque sólo sería posible sin ETA o sin que ETA mate. Segundo. Porque tanto como quiere el PSE gobernar en Euskadi, lo quiere el PSOE en Madrid. Si conseguir el poder en Euskadi va a dificultar mantenerlo en Madrid, mantenerlo en Madrid va a dificultar conseguirlo en Euskadi. Tercero. Ni Batasuna es ERC, ni ERC es Batasuna. A ésta, si es consecuente con su teoría y práctica histórica, no le tienta tanto el estar en el poder, como ser un poder o un poder ser. Lo de gobernar, gestionar, administrar, a no ser a nivel municipal, no le ha quitado el sueño como el hecho de hacer realidad sus sueños. Entre el objetivo: alcanzar el poder o el poder alcanzar el objetivo ha optado, históricamente, por esto último. Cuarto. El PSE prefiere gobernar en Euskadi con el PP que con los nacionalistas de Batasuna, Ea o Aralar. Quinto. No es fácil unir en un gobierno a quienes han defendido la lucha armada con quienes han practicado el terrorismo de Estado. Sexto. ¿Cómo se repartiría el poder? Haría Patxi López de Montilla y Otegui, de Carod o haría de Montilla Oteguí y Patxi Lopez, de Carod? El PSE querría de Lehendakari a un socialista, pero, los nacionalistas, sobre todo si tienen conjuntamente más peso electoral que PSE e IU, podrían exigir que el cargo recayera en un nacionalista. Si así fuere, se puede dudar de que el PSE quisiera entrar a formar parte del pentapartito. Si así no fuere, los nacionalistas podrían no querer formarlo. Paradojas de la vida. Al PSE que, sin ser la fuerza más votada, no le importaría formar el pentapartito y arrebatarle la Presidencia del Gobierno Vasco a la fuerza política, si no cambian drásticamente las tendencias, más votada de EAJ-PNV, le importaría, siendo la más votada del pentapartito, que un conjunto de fuerzas nacionalistas integrantes del mismo y con mayor fuerza electoral le arrebataran la presidencia. Séptimo. El PSE complica menos su vida y la del PSOE cogobernando con el PNV. La presidencia para éstos, la vicepresidencia para aquellos. Octavo. EAJ-PNV revolvería Vitoria con Madrid para no perder la gobernabilidad. Su margen de maniobra, en función de los resultados electorales, suele ser mayor que el que ha tenido CIU. Habría que ver, pero podría, quizás, pactar con el PSOE, con el PP, repetir el tripartito, incorporar a Aralar al mismo o, a lo mejor, formar una entente nacionalista. No sólo suele tener la llave de la política vasca, también muchas puertas a las que llamar. Noveno. La aritmética manda. Las cifras cantan. El pentapartito tiene que ser posible numéricamente. Décimo. También, políticamente. Si en la balanza de los partidos nacionalistas la construcción social pesa más que la nacional, el pentapartito con el PSE puede hacerse realidad. Si pesa más la construcción nacional, puede hacerse con EAJ-PNV. Undécimo. Tal vez las políticas del futuro no tengan nada que ver con el futuro de las políticas. Duodécimo. Al presentir se puede confundir el ver de cerca lo que está lejos con el ver de lejos lo que está cerca. Decimotercero. Lo posible hoy, mañana puede ser imposible. Lo imposible hoy, mañana puede ser posible.

lunes, 20 de noviembre de 2006

A la carta

A semejanza de muchos seres de carne y hueso, los de papel, que son los periódicos, adelgazan de lunes a viernes lo que engordan de sábado a domingo. Se diría que el fin de semana, los rotativos, al cargar tanto las tintas, se atiborran de palabras, oraciones y textos, hasta el punto de no comerse una coma. Las crónicas, columnas y artículos, las entrevistas y reportajes... aparecen, como a presión, entre la portada y la contraportada. Y es que estos dos días del septenario, los diarios a más de acentuarse, entre sus páginas o al margen de ellas, adicionan un semanario. En el quiosco y a encarecido precio, amontonados junto a prensa rival, el quiosquero, si no quiosquera, a más de un euro los pone a la venta. Se despachan como panezuelos. Pero son como el pan de ayer. Medias barras de información pasada, puesta al día el día después. Del anverso hacia al reverso, del reverso hacia al anverso, corridas, salteadas hojas, se acarician, se ojean, se leen. Están para ponerse las botas, para chuparse y volverse a chupar, los dedos de aquella mano, que pasa escritas haciendo adiós. Más luego, ya entre semana, sin que nos tengan a pan y agua, nos esperan, qué le vamos a hacer, las sopas, la sopitas de letras. El régimen para mantenernos en línea. El régimen para recuperar la figura. El régimen que pone a prueba nuestra fuerza de voluntad. Un régimen que a verduras, a caldo, a purés... nos tiene con la miel en los labios. Llamamos, entonces, al camarero;

– ¿No será esto una ración? ¿Y el estofado? ¿O la carne en el asador? ¿No hay quien nos dé el callo? ¡Que no falte la chicha! O ¡la salchicha!
– ¿No es de vuestro agrado el fideo? – pregunta mirándonos de reojo.
– Ni el fideo, ni el tropezón, ni los garbanzos. Miré este garbanzuelo, está como
zapatero.
– Si es así retiro el plato y les traigo algo para picar.
– ¡Eso! Y dígale al pícaro que no nos mate de hambre. Que prepare un matambre. Y también un matahambre. Apunte, apunte, apúntelo en la libreta.

De camino hacia la cocina, echando sapos y culebras por la boca, el sirviente se topa con el cocinero.

– Aunque es lunes, señor, los señores quieren comer como en domingo.
– Pues lo tienen crudo. Que elijan. Sopetón, papilla, picadillo, orejas, mazamorra o presa – enuncia autoritariamente.
– Señor, se les está haciendo la boca agua y usted les va con pasabocas.
– ¡Ahora voy yo! ¡Se van a enterar de quién tiene la sartén por el mango! – expresa mientras señala hacia la mesa con la hataca.
– A ver comensales. Sea de vuestro gusto o no, éste es el menú del día. Pero si no les gusta, tengo para ustedes; sopetón, papilla, picadillo, orejas, mazamorra o presa.
– Eso es una segundilla.
– ¿Qué esperaban? ¿Chuletón?
– Chinchulín, besugo o bacalao que haya estado con buen salpresamiento.
– ¡Y un jamón!
– Traiga, traiga jamón. ¡Paleta! ¡No tuco!
– ¡Ya! ¡Y un huevo! Les puedo servir malaya. O panoja.
– ¡Malaya! ¡Menudo pufo! ¡Meta la malaya en el infiernillo! ¡Y no la saque jamás!
– ¡Pasta, también tengo pasta!
– ¿Pasta? ¡Paella!
– Si quieren lengua sin sal y a la plancha – espeta a bocajarro.
– Oiga, pero que catering es este. Que le preparamos una cacerolada, eh. Traiga en un santiamén un bisté.
– ¿Bisté? Eso, para vuestra información, ni siquiera se encuentra en la carta.
– ¿Y sesos?
– Tampoco.
– Pues mira que, de alimentarnos como a reyes y de comer a dos carrillos, nos ponéis a huelga de hambre.
– Así después os lo tragáis todo. Os damos hasta gato por liebre.
– Menudo pájaro que estas hecho.
– No lo sabes bien.
– Ya teníamos la mosca detrás de la oreja, pero...
– No veis ni tres en un burro.
– ¡Qué vergüenza! ¿No os ponéis como un cangrejo?
– ¿Por qué? ¿Por manipular los alimentos?
– Por manipular y por la pobre fuente que nos quieres servir.
– Pues, entonces, lasaña, zarzuela, obispillo o palometa.
– Lasaña, siempre salís con la lasaña, con la zarzuela, con el obispillo y la palo...qué. ¡Qué machacas!
– Tráete una caracolada.
– Hecho – os voy a poner pimentón y guindillas hasta que os salgan almorranas en la cara. – dice para sí mismo.
– ¡Ah! Sin pimentón y sin guindillas. Pero con mucho tabasco.
– ¿Tabasco?
– Si, tabasco.
– ¿Y de segundo? ¿Pollo?
– No, merluzo, qué digo, merluza, salpicón y unas buenas cocochas. Y pampringadas y un poco de polvoraduque para untar.
– ¿Y qué van ustedes a beber?
– Mostillo y unas botellas de vino.
– Claro.
– Claro, no, tinto y de la rioja alavesa.
– ¿Y de postre?
– Para el postre llame al repostero.
– Hay que ver como está el país y el mundo – comenta, mientras tanto, uno de los comensales.
– La razón que tienes es el abecé de nuestro tiempo.

Se acerca el repostero con cara de mala uva y un cueceleches en la mano y dice:
– ¿Qué desean ustedes? ¿Alguna tartilla con mucho merengue?
– No. Nos disgusta el merengue, el monterrey, el marquesote y el pionono. Queremos un panqueque y...
– ¿Qué? ¿Qué?
– Si, queque, también. Una medialuna, un sorbete y un suspiro.
– Nada más.
– Si, un mostachón y...
– ¿Y?
– Un pistache.
– ¡Ah! También unas milhojas y marchando un pastelón.

viernes, 17 de noviembre de 2006

Autoestopista

En el transcurso de la rueda de prensa que Jacques Chirac, presidente de la República Francesa, y José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Reino de España, ofrecieron ayer en Gerona, decía el Jefe del ejecutivo español, en referencia al proceso de paz, que no de normalización política, que; “el camino que se transite determina el resultado, y como el resultado ha de ser paz, democracia, ley y mirada hacia el futuro, debemos transitar por el camino de la ley y de la política, que puede contribuir de manera decisiva al fin de la violencia". Disparatado, Zapatero, disparatado. Por varios motivos. Uno. Nadie duda que el resultado de un proceso de paz ha de ser la paz, pero decir que la ley, la democracia y la mirada al futuro tienen que ser el resultado es reconocer que ni hay ley ni democracia ni mirada al futuro. Ley la hay, aunque también los hay fuera de la ley. Democracia la hay, pero hay que ver la democracia que hay. Una democracia ni joven ni adulta, de mi edad, de 31 años, con mucho camino por delante y poco camino a la espalda para ser democracia, democracia. ¿Mirada al futuro? ¿No se estará mirando más bien al pasado? Hay demasiada estrategia de guerra que se sigue practicando: Ley de partidos políticos, actuaciones judiciales y condenas más que criticables, etc. Piénsenlo. Porque no es la paz lo que impide una estrategia de guerra, sino una estrategia de guerra lo que impide la paz. Si se quiera ésta hay que desechar aquélla. Dos. Más que transitar por el camino de la ley hay que transitar por el de la justicia. Es ésta la que lleva a la paz, la injusticia, jamás. Por esta razón es el hacer justicia más que el cumplir la ley lo que tiene que preocupar en un proceso de paz. Porque puede haber ley sin justicia y también justicia sin ley. Con aquello tenemos ley, con esto justicia. Tres. Tanto como transitar por el camino de la política hay que conseguir que la política, cualquier política, pueda transitar por el camino. La independencia de Euzkadi, la autodeterminación, el Estado federal, la República Vasca y cualquier idea política debe no sólo poder ponerse en el camino, sino recorrerlo de principio a fin. El camino de la política no es que la unidad de España vaya por la calzada y las demás ideas se queden tiradas en la cuneta. Por el camino de la política, sí, por la política en el camino, también. Cuatro. Si la política puede contribuir al fin de la violencia, el fin de la violencia puede contribuir a la política. O de otro modo, si, como decía Zapatero, con violencia nada de nada, sin violencia todo de todo. Porque quien defiende que con medios violentos no se pueden obtener fines políticos tiene que reconocer que sin aquellos se pueden conseguir estos. Sean los que sean. Cinco. Decía el Presidente español que el camino que se transite determina el resultado. Ahora bien, se acepta que no todos los caminos lleven a Roma si se acepta que Roma lleva a todos los caminos. Si todo camino no puede llevar a la Paz, la Paz puede llevar a todo camino. A España, a Euzkadi o a la Cochinchina. Guste o no, quien afirma lo primero que no niegue lo segundo. Más aún, porque... ¿qué determina el resultado? ¿El camino que se transite o que se transite el camino? Lo importante no es el camino, es el transitar. Menos camino, más caminar. Que, por lo que se ve, hay más empeño en hacer la carretera que en recorrerla. Sépalo quien hace autostop.

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Lucha de poderes

La apertura, en el tribunal Superior de Justicia del País Vasco, de un procedimiento penal contra el Lehendakari, Juan José Ibarretxe, por un presunto delito de desobediencia por entrevistarse con la ilegalizada Batasuna, la anulación por el Tribunal Supremo de la sentencia que absolvía a Atutxa, entonces presidente del Parlamento Vasco, Gorka Knorr y Kontxi Bilbao, por aquel tiempo miembros de la mesa del parlamento, de un delito de desobediencia por negarse a disolver al grupo parlamentario Socialista Abertzaleak, la admisión por el TSJPV de una denuncia y una querella contra los socialistas, Patxi López y Rodolfo Ares, por mantener una reunión con Batasuna o la sentencia a doce años y siete meses de prisión al miembro de ETA, Iñaki de Juana Chaos, por escribir dos artículos de opinión, a más de deteriorar las relaciones entre el mundo político y el judicial, han generado un avalancha de declaraciones y reacciones, ya a favor, ya en contra, de tales actuaciones judiciales. Y es que no es pecata minuta lo que está en juego y en tela de juicio; la independencia, nada más y nada menos, del poder político y del poder judicial o la separación de poderes. Asuntos que, a más de ser de primer orden en un Estado de Derecho, admiten diferentes interpretaciones. Interpretaciones que han provocado no sólo que algunos políticos rompan una lanza por el proceder de algunos jueces y que algunos jueces la rompan por el proceder de algunos políticos, sino que otros políticos pasen por la espada a otros jueces por la improcedencia de su hacer y otros jueces, a otros políticos. Veamos algunos ejemplos. Para Rafa Larreina, de EA, “es inadmisible la interferencia del Poder Judicial en el ámbito de la política”. Al igual, diría, que es inadmisible la interferencia de la política en el ámbito del Poder Judicial. Porque no sólo hay un intento de judicializar la política, sino de politizar la justicia. Tan es así que la judicatura más afín al españolismo a ultranza y el españolismo más afín a la judicatura a ultranza están por la judicialización y politización. Ahora bien, no menos cierto es que algunos sectores del socialismo español y del nacionalismo vasco, considerando la oportunidad de lograr la paz y la normalización política, están por politizar la justicia. O mejor, porque la justicia, con una ley flexible en la mano, deje hacer política sin que deje de hacer justicia. Para el Partido Popular, en boca de Ignacio Astarloa, esto último es “una actitud típica de quien pretende poner la política por encima de la ley”. Esto es lo que dice el PP, lo que calla es que el intento, de los populares y demás, de judicializar y politizar es una actitud típica de quien pretende poner la ley por encima de la política. Y no se trata de poner ni una encima de otra, ni otra encima de una, sino de demarcar con claridad los ámbitos de actuación de cada cual. Sin olvidar, no obstante, que el valor fundamental de un Estado de Derecho no es la ley, sino la convivencia en paz. La construcción de ésta es la obligación prioritaria de un político, como, al aplicar las leyes, hacer justicia lo es de los jueces. Por esta razón, frente a quienes como Roberto Blanco, Catedrático de Derecho Constitucional, sostienen que “no es de recibo ni aceptable en un sistema democrático que las propias autoridades políticas deslegitimen con esa dureza las resoluciones judiciales...”, hay que decir que no es de recibo ni aceptable en un sistema democrático que las resoluciones judiciales deslegitimen con esa dureza a las propias autoridades políticas. Máxime teniendo en cuenta que no es la ley la hacedora de la política, sino la política la hacedora de la ley. Con lo cual, Roberto, si “era de esperar que los jueces no iban a adaptar sus resoluciones a la conveniencia de un Gobierno”, también, y con más motivo, era de esperar que un Gobierno no iba a adaptar sus resoluciones a la conveniencia de unos jueces. En un momento, además, en el que si se puede poner en tela de juicio lo que dicen desde los bancos socialistas, que el Gobierno no pretende interferir en la Justicia para salvar el alto el fuego, se puede argüir que la Justicia pretende interferir en el alto el fuego para no salvar al Gobierno. Ahora bien, la Justicia no sólo está pretendiendo lo dicho. Si en España arremete contra el PSOE para que el poder pase a manos del PP, en Euzkadi, sobre todo, contra EAJ-PNV para que gobiernen el PSOE y el PP. Si allí persigue un cambio de Gobierno, aquí, asimismo, persigue a un Gobierno de cambio. Es este el motivo de que golpeen, para desprestigiar su buen nombre y hacer, a la máxima representación de Euskadi, al Lehendakari. Así, si en vida de Sabino Arana, quien prefería verlo antes muerto que vivo, el españolista Moret, decía que la tranquilidad de España bien vale la vida de un hombre, ahora, no son tonterías que para los del difama que algo queda, para los defensores de la unidad de España, la tranquilidad de ésta bien vale la vida de un nombre. Un nombre que los nacionalistas vascos no podemos consentir que manchen. El primer paso ya lo han dado Arzalluz, Egibar, etc., auto-inculpándose voluntaria y solidariamente. Bienvenidos sean estos pasos. Bienvenidos sean otros. Pero que la lucha de poder no nos haga perder de vista el poder de la lucha. Ni a unos, ni a otros. Que si el Lehendakari y el pueblo que el encarna son todo para todos, seamos todos para todo.

martes, 14 de noviembre de 2006

Juegos de mesa

Sabíamos que iba a ser largo, duro y difícil, pero, tal y como están las cosas, puede que el proceso de paz y de normalización política sea corto, quebradizo y sencillo. Y es que de estar ante el principio del fin, estamos ante el fin del principio. Así – sin mesa para el diálogo político... – no hay proceso decía hace unos días Otegi. Si persiste la violencia no habrá nada de nada contestaba Zapatero. Sea por unos, sea por otros, la cuestión es que sin proceso de paz no hay proceso de normalización política y sin proceso de normalización política no hay proceso de paz. Para Batasuna está fallando el PSOE, para el PSOE, Batasuna. Según los socialistas, la violencia, ya en actos de Kale borroka, ya en robos de armas, ya en el chantaje o la extorsión, etc., impide tanto la reunión del Gobierno con ETA para alcanzar la paz como las reuniones entre los partidos políticos para llegar a un acuerdo de convivencia. Para los independentistas vascos, por el contrario, a más de que no se ha constituido la mesa de partidos políticos, a más de que continúa la persecución político-jurídica contra la izquierda abertzale y por ende contra Euskal-Herria, etc., Zapatero no tiene la suficiente talla de estadista para solucionar el conflicto político. Más aún, según Otegi, lo que “no puede uno es intentar hacerse lo menos enemigo posible del PP zumbándole a la izquierda abertzale día va y día viene”. Atinado, Otegi, atinado. Pero no menos atinado es que lo que no puede uno es intentar hacerse lo menos enemigo posible de la izquierda abertzale zumbándole al PP día va y día viene. Éste es, y se lo digo de manera serena y educada, señor Otegi, el juego del socialismo español. Atienda. Cuando el PSOE le muestra a Batasuna el rostro amable, le pone mala cara al PP y cuando le muestra al PP el rostro amable, le pone mala cara a Batasuna. Así, ni les pierde del todo a ustedes ni les pierde del todo a los populares, pero les gana a ambos. Piénselo. Porque, éste en el tejado que esté la pelota, lo importante es en el patio de quién cae. Si cae a la derecha o al PP, a la izquierda o al PSOE, al frente o a Batasuna o detrás a EAJ-PNV. Si cae, claro, que los hay porque se quede en el alero. Por esto, a estas alturas de la partida, los nacionalistas vascos deben jugar con más inteligencia política que nunca. Deben de estar, si vale el símil del mundo de la pelota, al saque y al resto. Teniendo presente, en todo tiempo, lo que decía Askatasuna la semana pasada: “El futuro del proceso no puede quedar en manos exclusivamente de Zapatero”. Este es el tejado socialista. El PSOE lo sabe. Como sabe que el futuro de Zapatero no puede quedar en manos exclusivamente del proceso. Porque éste no es su patio. Y como no lo es no arriesgan. No arriesgan a pesar de que no desconozcan que por mucho que Maria Teresa Fernández de la Vega, cuyo anagrama a frase es; ¡Gente! La vía: frenar mesaza adrede, diga que “sin ausencia de violencia no hay nada que hacer”, la verdad, en el fondo, es que sin hacer nada no hay ausencia de violencia. Saben aquello y saben esto. Pero no van a hacer nada que les pueda dejar sin tejado o que les impida recoger la pelota. Porque el PSOE quiere el poder. Y no ignora que puede mantenerse en él tanto si no se rompe el proceso como si culmina con éxito. De momento está jugando más a que no se rompa que a que se rompa y más a que no culmine que a que culmine. Por esto cuando el PSOE juega a algo, Batasuna juega a la inversa y cuando el PSOE juega a la inversa, Batasuna juega a algo. Así; cuando el PSOE juega a que no se rompa, Batasuna, a que se rompa; cuando aquél juega a que se rompa, ésta, a que no; cuando el primero juega a no culminarlo, la segunda, a culminarlo y cuando los socialistas juegan a culminarlo, los independentistas, a no culminarlo. Más incluso, porque no sólo se da entre ambos partidos políticos una relación inversa en el romper o no romper y en el culminar o no culminar, también se da una relación cruzada e inversa entre el romper o no y el culminar o no. De forma que; cuando el PSOE juega a que no se rompa, Batasuna, a culminarlo y cuando aquél juega a no culminarlo, ésta, a que se rompa; cuando el PSOE juega a que se rompa, Batasuna, a no culminarlo y cuando aquél juega a culminarlo, ésta, a que no se rompa. Lioso, pero también peligroso. Peligroso porque más que mesa de juegos tenemos juegos de mesa.

lunes, 13 de noviembre de 2006

Laberinto

De mi último año de estudiante de sociología en la Universidad de Deusto siempre recordaré con agrado uno de los patios de este universo del conocimiento. En él, esculpido en piedra sobre el pavimento, cautivaba mi espíritu un laberinto. No era el de Creta, Lemnos o Clusium, pero representaba metafóricamente como ninguno la filosofía, sobre la que elaboré mi tesina, de José Ortega y Gasset. Decía éste en “En torno a Galileo”: “En su dimensión primaria vivir es estar yo, el yo de cada cual, en la circunstancia y no tener más remedio que habérselas con ella. Pero esto impone a la vida una segunda dimensión consistente en que no tiene más remedio que averiguar lo que la circunstancia es. En su primera dimensión lo que tenemos al vivir es un puro problema. En la segunda dimensión tenemos un esfuerzo o intento de resolver el problema”. La misma idea central en su pensamiento aparecía, entre otros libros, en “Qué es conocimiento”. Así, “La vida es encontrarse uno sumergido entre las cosas y mientras es sólo eso consiste en sentirse absolutamente perdido. La vida es perdición. Más por lo mismo obliga, queramos o no, a un esfuerzo para orientarse en el caos, para salvarse de esa perdición. Este esfuerzo es el conocimiento que extrae del caos un esquema del orden, un cosmos. Este esquema del universo es el sistema de nuestras ideas o convicciones vigentes. Queramos o no, vivimos con convicciones y de convicciones. (...) La vida es convicción”. La vida no es estar ante la entrada del laberinto ni ante la salida, es estar siendo o ser estando en él. Desorientado. Tratando de trazar un croquis para no sentirnos a la deriva. Lo mismo ocurre en la política vasca. Estamos, nos guste o no, en el laberinto. Por eso, atendiendo a Ortega, se equivocan tanto el PSOE, al creer que está fuera del laberinto teniendo que pasar adentro, como Batasuna, al creer que está dentro tendiendo que pasar afuera. Decía Ortega cuando se debatía en las Cortes republicanas el estatuto catalán: “... yo sostengo que el problema catalán, como todos los parejos a él, que han existido y que existen en otras naciones, es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar, y al decir esto, conste que significo con ello, no sólo que los demás españoles tenemos que conllevarnos con los catalanes, sino que los catalanes también tienen que conllevarse con los demás españoles.” Se equivoca Ortega. Porque si es un problema que no se puede resolver, si se puede resolver que no es un problema. Un problema sin solución no es un problema, es un misterio. Que no hay problema, que no hay solución es lo que los españolistas nos quieren hacer creer. Pues no. Si hay problema, hay solución y si hay solución, hay problema. La solución no es decir que no hay problema. El problema es decir que no hay solución. Más aún, no se puede afirmar, como hace en el fondo Ortega, que la solución a un problema es que no tiene solución. Porque entonces la tiene, aunque la solución que tiene es que no tiene solución. Lo que no tiene solución ni es problema, ni es solución. Veamos cómo argumenta Ortega. Dice: “(...) el problema catalán es un caso corriente de lo que se llama nacionalismo particularista (...) ¿Qué es el nacionalismo particularista? Es un sentimiento de dintorno vago, de intensidad variable, pero de tendencia sumamente clara, que se apodera de un pueblo o colectividad y que le hace desear ardientemente vivir aparte de los demás pueblos o colectividades. Mientras estos anhelan lo contrario, a saber: adscribirse, integrarse, fundirse en una gran unidad histórica, en esa radical comunidad de destino que es una gran nación (...)”. Diríamos que frente al nacionalismo particularista hay otro nacionalismo de signo contrario que podemos llamar generalista. Sigamos. Sostiene Ortega que: “en el pueblo particularista, como veis, se dan, perpetuamente en disociación, estas dos tendencias: una, sentimental, que le impulsa a vivir aparte; otra, en parte sentimental, pero, sobre todo, de razón, de hábito, que le fuerza a convivir con los otros en unidad nacional. De aquí que, según los tiempos, predomine la una o la otra tendencia y que vengan etapas en las cuales, a veces durante generaciones, parece que ese impulso de secesión se ha evaporado y el pueblo este se muestra unido, como el que más, dentro de la gran Nación. Pero no; aquel instinto de apartarse continúa somormujo, soterrado, y más tarde, cuando menos se espera, como el Guadiana, vuelve a presentarse su afán de exclusión y de huida. Éste, señores, es el caso doloroso de Cataluña: es algo de que nadie es responsable; es el carácter mismo de ese pueblo; es su terrible destino, que arrastra angustioso a lo largo de toda su historia. Por eso la historia de pueblos como Cataluña e Irlanda es un quejido casi incesante; porque la evolución universal, salvo breves períodos de dispersión, consiste en un gigantesco movimiento e impulso hacia unificaciones cada vez mayores. De aquí que ese pueblo que quiere ser precisamente lo que no puede ser, pequeña isla de humanidad arisca, reclusa en sí misma; ese pueblo que esta aquejado de tan terrible destino, claro es que vive, casi siempre, preocupado y como obseso por el problema de su soberanía, es decir, de quien le manda o con quien manda él conjuntamente.” Para Ortega, en estos pueblos particularistas, donde se lee Catalunya léase Euzkadi, etc, se dan al mismo tiempo los dos nacionalismos; el particularista y el que he llamado generalista. A veces predomina uno, otras, el otro. Sin embargo, para Ortega, la tendencia universal es hacia unificaciones de pueblos cada vez mayores. Con lo cual, Cataluña... “quiere ser precisamente lo que no puede ser (...)”. Ahora bien, habría que decirle a Ortega, que lo doloroso no es que Cataluña... quiera ser lo que no puede ser, sino que pueda ser – que sea, quizás – lo que no quiere ser. O de otro modo, lo doloroso no es que Catalunya quiera ser lo que no puede ser; Catalunya, sino que Catalunya pueda ser - o quizás sea – lo que no quiere ser Catalunya: España. Por otro lado, el problema de su soberanía no es, como dice Ortega, quien le manda o con quien manda él conjuntamente. Quien le manda, diría, es el problema de su falta de soberanía. Y con quien manda él conjuntamente es el problema de su cosoberanía. El problema de su soberanía, éste sí, es que al pueblo catalán, habiendo sido soberano, no le dejan ser lo que ha sido, que habiendo mandado él no le dejan mandar y le mandan. Por este motivo, si la solución es conllevarnos, habría que hablar o de soberanías, no de soberanía, o de cosoberanía y no como ahora, de soberanía española y de carencia de soberanía por parte catalana, etc. Así sí sería posible conllevarnos, con dos soberanías a la misma altura y no uno con soberanía y el otro sin ella, o con cosoberanía y no uno con soberanía y el otro con autonomía. Es este conllevarnos el que habría que consultar al pueblo catalán... si realmente lo desea o no. Sólo el pueblo catalán... puede decidir si quiere formar parte del todo español o si quiere formar con la parte catalana un todo catalán. En pocas palabras, que decida si quiere ser España o Catalunya. Sigamos con Ortega. Dice: “(...) supongamos lo extremo: que se concediera, que se otorgase a Cataluña absoluta, íntegramente, cuanto los más exacerbados postulan. ¿Habríamos resuelto el problema? En manera alguna; habríamos dejado entonces plenamente satisfecha a Cataluña, pero ipso facto habríamos dejado plenamente, mortalmente insatisfecho al resto del país. El problema renacería de sí mismo, con signo inverso, pero con una cuantía, con una violencia incalculablemente mayor (...)”. Ahora bien, si no se puede dejar satisfecha a Catalunya e insatisfecha a España, por qué se puede dejar satisfecha a España e insatisfecha a Catalunya. ¿Es esto conllevarnos? De ninguna manera. Es la semilla del mal llevarnos. Conllevarnos dolorosamente es la solución nefasta de Ortega. Veámoslo. Dice: “Yo creo, pues, que debemos renunciar a la pretensión de curar radicalmente lo incurable. (...) En cambio, es bien posible conllevarlo. Llevamos muchos siglos juntos los unos con los otros, dolidamente, no lo discuto; pero eso, el conllevarnos dolidamente es nuestro común destino. (...) Este problema catalán y este dolor común a los unos y a los otros es un factor continuo de la Historia de España (...) Lo único serio que unos y otros podemos intentar es arrastrarlo noblemente por nuestra historia; es conllevarlo, dándole en cada instante la mejor solución relativa posible (...) ¿Cuál puede ser ella? Evidentemente tendrá que consistir en restar del problema total aquella porción de él que es insoluble, y venir a concordia en lo demás. Lo insoluble es cuanto significa amenaza, intención de amenaza, para disociar por la raíz la convivencia entre Cataluña y el resto de España. Y la raíz de convivencia en pueblos como los nuestros es la unidad de soberanía. (...) Decía yo que soberanía es la facultad de la últimas decisiones, el poder que crea y anula a todos los otros poderes, cualesquiera sean ellos; soberanía, pues, significa la voluntad última de una colectividad. Convivir en soberanía implica la voluntad radical y sin reservas de formar una comunidad de destino histórico, la inquebrantable resolución de decidir juntos en última instancia todo lo que se decida. Y si hay algunos en Cataluña, o hay muchos, que quieren desjuntarse de España, que quieren escindir la soberanía, que pretenden desgarrar esa raíz de nuestro añejo convivir, es mucho más numeroso el bloque de los españoles resueltos a continuar reunidos con los catalanes en todas las horas sagradas de esencial decisión. (...) Yo recuerdo que una de las pocas veces que en mis discursos anteriores aludí al tema catalán fue para decir a los representantes de esta región: No nos presentéis vuestro afán en términos de soberanía, porque entonces no nos entenderemos. Presentadlo, planteadlo en términos de autonomía. Y conste que autonomía significa, en la terminología jurídico-política, la cesión de poderes (...) que ninguno de esos poderes es espontáneo, nacido de sí mismo, que es, en suma, soberano, sino que el Estado lo otorga y el Estado lo retrae y a él reviene. Esto es autonomía” Bien, según Ortega, como no se puede curar lo incurable hay que aguantar el dolor calmándolo en cada momento con la mejor medicina. Pero, ¿cuándo empieza el dolor? Si “llevamos muchos siglos juntos los unos con los otros, dolidamente”, no es claro que más siglos llevamos separados y sin dolor. El dolor no empieza por vivir separados, sino por vivir juntos. El dolor no empieza por pasar de vivir juntos a vivir separados, sino por pasar de vivir separados a vivir juntos. El dolor no empieza porque vivamos juntos y queramos vivir separados, sino porque vivamos separados y no queramos vivir juntos. El dolor no empieza porque Catalunya... pueda ser Catalunya y no quiera, sino porque quiera serlo y no pueda. El dolor no empieza porque Catalunya no quiera ser España, sino porque España quiera que Catalunya no sea. El dolor no empieza porque una nación, la catalana, la vasca... quiera pasar a ser Estado, sino porque un “Estado” pase a ser nación. Sólo nación. O peor, sólo nacionalidad. El dolor no empieza porque una nación quiera pasar de estar en un Estado a ser un Estado, sino porque una nación que es “Estado” pasa a estar en un Estado. El dolor empieza no porque se quiera construir nacional y estatalmente Catalunya, Euzkadi, etc, sino porque se quiera construir el Estado-Nación español. El dolor empieza por culpa de España, no por culpa de Catalunya, de Euzkadi, etc. Este dolor, según Ortega, hay que conllevarlo. Pero, ¿quién lo conlleva? España que puede ser España o Catalunya... que no puede ser Catalunya. La solución es, para Ortega, la unidad de soberanía. Soberanía para España, autonomía para Catalunya, Euzkadi, etc. ¿Es esto convivir? ¿Es esto decidir juntos todo lo que se decida? ¿Hemos decidido juntos que España sea soberana y Catalunya, autónoma? ¿Hemos podido decidir que Catalunya sea soberana y España, autónoma? Ni lo es, ni lo hemos decidido. Convivir entraña soberanía por ambas partes o cosoberanía. Si soberanía “significa la voluntad última de una colectividad” y “convivir en soberanía implica la voluntad radical y sin reservas de formar una comunidad de destino histórico” hay que consultar a cada colectividad, la catalana, la vasca, etc. para conocer cuál es su voluntad y si desea formar una comunidad de destino histórico o no. En suma, consultar para conocer si cada colectividad desea integrarse en el todo o no. Porque así como la parte no puede determinar cuál es la voluntad del todo, el todo no puede determinar cuál es la voluntad de la parte. Es la parte quien tiene que decidir si es parte o es todo, si está en el Estado o si es Estado, si es una nación sin Estado propio o si es una nación con Estado. Porque si la nación catalana no puede decirle yo soy Estado al español, el español no puede decirle a la catalana yo soy Estado. Tan legítimo como que haya Estado español con las partes que así lo quieren, es que haya Estado catalán... porque una parte, la catalana, así lo quiere. En otras palabras, no puede haber en el todo español una parte contra la voluntad de esa parte. Puede haberla, pero dolorosamente. Puede haberla, pero entonces hay un problema. ¿Irresoluble? No.

domingo, 12 de noviembre de 2006

De la a a la zeta o de la zeta a la a

Ayer, tras leer el editorial de diario ABC titulado “Un proceso contra el Estado”, creí, qué quieren que les diga, que su metábola, “Un Estado contra el proceso”, es, qué duda cabe, más acertada. Porque así como el Estado goza de buena salud, el proceso está de capa caída. De capa caída porque el Estado español sigue a capa y espada defendiendo que no hay que solucionar un conflicto político, sino derrotar a ETA. Un Estado que utiliza todos sus resortes para desbaratar a ETA, cuando ETA no utiliza todos sus resortes para desbaratar al Estado. Estado que sigue tan en sus trece que parece ser el único que no se ha enterado de que ETA lleva más de tres años sin matar. Sin matar porque no quiere, no porque no puede. Y claro, al no matar se tambalean los cimientos del Estado. Se tambalean porque la ausencia de violencia mortífera pone de manifiesto la violencia que entraña que el Estado español establezca su unidad a costa de negar la separación del mismo. Se tambalean porque sale a la luz pública lo que se quiere mantener en la oscuridad, que el Estado permite a las partes formar parte del todo, pero les niega pasar de ser parte del todo a ser del todo parte. Les permite el matrimonio con el Estado español, les niega el divorcio. Aunque no estéis enamoradas de mí ni me améis, les dice, os vais a casar conmigo. Para toda la vida. Hasta cierto punto en vuestra casa mandaréis vosotras, pero el administrador de la comunidad soy yo. El edificio es mío. No hay más que hablar. Así es la Constitución. ¡Ah! Elaborad un borrador de la norma por la que os vais a regir en vuestra vivienda para que luego yo le eche un vistazo y ponga de aquí y quite de allá. Le podéis llamar el Estatuto de autonomía. Pero sabed, de antemano, que lo que en el Estatuto entre en colisión con la Constitución lo voy a borrar de un plumazo. Es más, aunque lo apruebe tal como lo redactéis puede que luego no lo desarrolle íntegramente. Estas son las normas o las reglas del juego. ¡Venga! ¡Vamos a jugar que siempre gano yo! ¿Entonces para qué jugamos? Para que gane, para qué va a ser. Pues no queremos jugar. ¡A jugar! ¡Cojones! Aún siendo así las cosas, día sí, día no, oyentes, asistimos a declaraciones como las de Roberto Blanco, Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Santiago. Decía este señor en el Correo Español que: “Si el Estatuto catalán y los demás se interpretasen en un sentido estricto podría derivarse una perdida muy seria de competencias por parte del Estado”. Ocurre lo contrario, que la Constitución y el Estado que de ella emana se interpretan en un sentido tan estricto que ocasionan una pérdida muy seria de competencias por parte de los Estatutos y de las Comunidades que por ellos se constituyen. Diría que, al predominar una interpretación de la Constitución en la que se hace prevalecer la unidad de España sobre la integración de los pueblos: vasco, catalán, etc, el Estado autonómico hace crack. Seguía el Catedrático: “avanzar en la profundización autonómica significaría automáticamente romper el modelo y exceder los límites constitucionales”. Ocurre lo contrario, que el modelo se ha roto y los límites constitucionales no se han excedido porque no se ha avanzado en la profundización autonómica. En el caso vasco, por ejemplo, no es sólo que la letra y el espíritu del Estatuto no se han cumplido, sino que le han tachado letras y le han recortado el espíritu. No tenemos más estatuto, tenemos menos. El Estatuto aprobado en teoría no es el que se ha puesto en práctica. Con lo cual, para ir más allá del Estatuto, para profundizar en el mismo, primero habría que cumplir lo que de él no se ha cumplido. Por otro lado, la profundización autonómica no implicaría una ruptura del modelo ni exceder los límites constitucionales, implicaría, más bien, una ruptura con la forma de entender el modelo y los límites constitucionales. Por ello, frente a una lectura cerrada del modelo y la Constitución se propone una lectura abierta. Una lectura que permita explotar las potencialidades que la Constitución y el modelo presentan. Una lectura que haga posible pasar de una mala convivencia entre las partes y el todo a una buena. Por este motivo, editorialista de ABC, le diría, a su vez, que no es un proceso contra el Estado, sino el proceso contra un Estado. El proceso contra una forma de entender el Estado.

viernes, 10 de noviembre de 2006

Zapatos y calcetines

Al igual que hay argumentos que son como un zapato, los hay como un calcetín. Zapatos los tenemos a pares, más que zapaterías y zapateros y pies. Más que pies descalzos. Lo cual, y entiéndase al pie de la letra, a más de no tener ni pies ni cabeza, es para que se nos caiga el corazón a los pies. ¿Para qué tantos zapatos? ¿Acaso están mejor metidos en una caja que en ellos metidos los pies? ¿Será que no nos quieren de pie? ¡Qué mundo este el de los zapatos! Los hay blancos, negros, grises, de cuero, de goma, de ante, de charol, con cordones, con hebilla, de punta afilada, redonda, cuadrada, con tacón alto, bajo, sin tacón y un sin fin más. Hasta abiertos por delante y cerrados por detrás y abiertos por detrás y cerrados por delante. Zapatos, zapatos, zapatos. Zapatos para dar y tomar. ¿Habrá que tomarlos si no nos los dan? El otro día fui a comprarme unos zapatos nuevos. No a unos grandes almacenes, a una tienda de barrio. A una tienducha, mejor. En su interior, mientras esperaba en un butacón a que el dependiente me trajera los que había elegido, di con el secreto de los zapatos. A los zapatos, por si no habían reparado en ello, les ocurre como a los argumentos. Uno no puede, si quiere estar en pie de guerra o estar al pie de cañón, calzarse unos mocasines. Sería como hacer el indio. Necesita unas botas de militar. Y a la inversa. Si uno se quiere fumar la pipa de la paz, no puede plantarse un calzado de combatiente. Es decir, que si hay razones para la paz, no se puede tocar a rebato y si hay que tocar a rebato, no se puede dar razones para la paz. Aunque bueno, razones para la paz nunca están de más. Los argumentos, diría, a más de texto, tienen su contexto. El calzado, a más de conjuntar con la vestimenta, tiene que ser el apropiado para la ocasión. Por otro lado, los zapatos, además de todo lo anterior, han de ser del número que se calzan para ajustarlos correctamente al pie. Con ellos no vale parecer un payaso ni no ser la cenicienta. No te pueden venir grandes, tampoco, pequeños. Ni zapatudos, ni zapatitos. Por esta razón, como las argumentaciones, los zapatos se prueban para demostrar lo que proponen. Tan es así, que cuando el argumento es verdadero no se anda con pies de plomo, sino que se tienen los dos en la verdad. Entonces se dice ¡Zapateta! Lo contrario sucede cuando no son del pie de uno, por mucho que se emplee el calzador aprietan. O, si se tocan en la puntera, en seguida nos damos cuenta de si tienen dedos de frente o no. No sucede lo mismo con los calcetines. Los calcetines, aún cuando tengan derecho e izquierdo, se pueden vestir el derecho en el pie izquierdo y el izquierdo en el pie derecho. Con ellos, al argumentar, no se anda con el pie derecho, más bien con el izquierdo, con mal pie o se está como con un pie en el aire. No encajan con la realidad de pies a cabeza. No permiten dar pie con bola. Dan pie a buscarle tres pies al gato. Se sabe de que pie cojean. Además, los calcetines se pueden poner del derecho como del revés. O mejor, lo que está derecho se puede poner del revés y lo que está del revés, del derecho. Veamos algunos ejemplos. Decía ayer el Zapatero, el presidente digo, que “cada cierto tiempo sucede algo que tiene que ver con el funcionamiento del Estado de Derecho que puede marcar o no marcar el proceso de paz”. Argumento calcetín a todas luces, porque “cada cierto tiempo sucede algo que tiene que ver con el funcionamiento del proceso de paz que puede marcar o no marcar el Estado de Derecho. Tan cierto como aquél es este argumento. Pero éste último hay quienes no están dispuestos a aceptarlo. Y así nos va. Otro. Decía el portavoz del Consejo General del Poder Judicial que confiaba en que Zapatero no pretenda “poner al Poder Judicial al servicio de un proceso político”. Pues digo yo que confío en que Zapatero, o quien sea, no pretenda poner al proceso político al servicio del Poder Judicial. Tan cierto aquél como éste, pero si por hacer aquello podemos perder algo de justicia, por hacer esto último podemos perder, además, la paz. Otro. El dicho portavoz consideró un “contrasentido” y una “grave injusticia” que se pudiera pensar que la “propia aplicación del Estado de Derecho supone una dificultad para alcanzar la libertad y la paz”. Pues considero yo un contrasentido y una grave injusticia que se pueda pensar que alcanzar la libertad y la paz supone una dificultad para la propia aplicación del Estado de Derecho. Más cierto éste que aquél, porque la aplicación – y más tal y como se está aplicando –del Estado de Derecho está dificultando alcanzar la libertad y la paz. Además, sin éstas no puede haber, totalmente, Estado de Derecho. Si no hay libertad y paz, habrá en el Estado de Derecho espacios en los que reine el estado de naturaleza, en el que el hombre es un lobo para el hombre. Otro. Decía el Presidente del gobierno español, Zapatero, que no dará “ningún paso” hasta que acredite la voluntad de la banda terrorista de acabar con la violencia. Pues bien, la banda terrorista dice que no dará ningún paso hasta que Zapatero acredite la voluntad de acabar con la violencia. Con la violencia que supone que el Estado español, junto al francés, niegue el derecho de autodeterminación del pueblo vasco. Tan cierto aquél como éste. Porque al igual que no hay derecho a quitarle a nadie la vida, tampoco a quitársela a un pueblo. De forma que quienes reprueban sólo la primera violencia tienen que reprobar la segunda y quienes reprueban sólo la segunda tienen que reprobar la primera. Aquélla y ésta o ésta y aquélla. Otro. Decía Jaime Tapia, de Jueces para la Democracia, que “si el proceso se consolida”, el gobierno podrá aplicar indultos. Pues digo yo que si el gobierno aplica indultos, el proceso se podrá consolidar. Tan cierto aquél como éste. Pero, independientemente de que el proceso se consolide o no, el gobierno siempre podrá aplicar indultos, mientras que si por aplicar indultos puede consolidar el proceso, por no aplicarlos puede que no. Otro. Unai Ziarreta, de EA, anuncia próximas “noticias” para dar respuesta a las decisiones judiciales. Pues digo yo, entonces, que dar respuesta a las decisiones judiciales – parajudiciales diría – anuncia próximas noticias. Tan cierto aquél como éste. Otro y el último. Según Patxi López, - se refiere a la condena a Iñaki de Juana Chaos – “es la condena más alta por amenazas que se ha impuesto en este país”. Pues bien, digo yo que piensen en que la condena más alta es que este país se ha impuesto por amenazas – y otras violencias. Tan cierto aquél como éste. Pero si aquella condena, tan larga por dos artículos – “El escudo” y “Gallizo”, que hay que leer para juzgar por uno mismo y entender lo que está ocurriendo – como corta la de por 25 asesinatos, la cumplirá una sola persona por el tiempo fijado en la sentencia, la otra la cumplimos todos los vascos y vascas y es a cadena perpetua. En fin, que sigan con ustedes con los calcetines, que me voy a estrenar los zapatos nuevos.

jueves, 9 de noviembre de 2006

Pimentales de Gernika

Año tras año, el último lunes de Octubre, la incomparable fiesta del sector primario vasco se celebra en una localidad de Vizcaya que representa como ninguna el alma espiritual de Euzkadi. En Gernika, en la Gernika que supo renacer de entre sus escombros, tras los bombardeos que padeciera en la guerra civil española a manos de la aviación alemana que colaboraba con los franquistas, y hacer ondear en lo alto la ikurriña y entonar a los cuatro vientos el Gernikako arbola. En Gernika, en la Gernika de los puestos abarrotados por el visitante gentío, en los que laboriosos baserritarras o aldeanos ponen a la venta las maravillas que produjeron sus tierras: pimientos rojos o verdes, blancas, negras alubias, peras que compiten en verdor con manzanas, castañas pardas y acaneladas avellanas, horneadas hogazas de pan de caserío, lechugas, tomates, zanahorias, inmaculadas cebollas, cebollas encarnizadas, guindillas, berzas y un sinfín de frutos y manufacturas. A media mañana, antes de que el sol alcanzará en el azulado su cenit y se escondiera tras el biombo de las nubecitas, acerquéme a parlamentar con uno de estos paisanos de encallecidas manos y mirada montés. De algodón vestía una camisola, de mahón, el pantalón, calzaba alpargatas de cuero y boina lanar de vascón.

– Egun on, gudari de azadón entre manos, le dije con tono más cortante que una guadaña.
– Ongi etorri. ¿Cómo tú por aquí? ¿Qué vienes a buscar? ¿Membrillo? Con esa cara de col... ¿Caracol? ¿Coles? ¿Flores? ¿Coliflores?, me dijo socarrón, socarrón.
– No, no, le contesté mientras pensaba que seguía siendo el vasco de toda la vida. Vasco con cabeza dura como un frontón, pero ágil como la de un corredor de apuestas. Vasco de corazón hospitalario, aunque fuerte tal que el de un levantapiedras. Vasco de pocas paladas con la lengua, más con voz de timonel de trainera y de hechos hasta la bandera.
– ¡Cho! ¿Rizo? ¿Chorizo? ¿Es esto lo que quieres? ¡Porque no serás un chorizo! Un chorizo como...
– ¿Cómo quién?
– A ti pienso que no te lo diría, no, a ti te diría que lo pienso, pero...
– ¿Qué quieres? ¿Que yo lo piense sin que tú me lo digas? ¿Que tú lo digas sin que yo me lo piense?
– No. Que lo pienses, luego, tú sabrás si lo dices. Yo no digo más. Palabra de rey.
– ¡Tate! Ya sé lo que quiero. Tomate, pan, cebolla, lechugota, pimiento verde, quesón, pastel vasco y txakoli.
– Muy bien. Ya veo que te vas a poner como los reyes, ¿eh?
– Sí, yo y unos cuantos más a quienes voy a invitar a un banquete.
– Bueno. Y ¿cuánto te vas a llevar de cada producto?
– ¿A cuánto está cada cual?
– El kilo de tomates y el pan de caserío a 2´5 € cada uno, la media docena de cebollas a 4 €, la lechuga a 0´5 € la unidad, la docena de pimientos verdes a 0´75 €, el queso de Idiazabal a 16 € el kilo, el pastel vasco a 9 € la unidad y la botella de txakoli a 5 €.
– ¡Carico! ¿no?
– Carico no, ¡qué rico! ¡Que esto es de label vasco! ¡Artista! Las verduras, sin herbicidas y con abono natural, están ayer mismo recogidas de la huerta, el pan y el pastel, calientes como recién salidos del horno y el txakoli ha madurado en kupela, tonel o barrica.
– Bueno, si es así..., y teniendo en cuenta que el menú es más bien de picoteo... Ya sabes, de primer plato cuatro pimientos verdes y cincuenta gramos de queso, de segundo una ensalada, pastel vasco de tercero. Todo ello con un vasito de txakoli, claro.
– Faltaría más, pero...
– ¿Cuánto? Pues...1.057.350 lechugas y lo mismo de cebollas, 264.337 kilos de tomate, 264.337 panes, 8.458.800 pimientos verdes, 105.735 quesos, 176.225 pasteles y 352.450 botellas de txakoli.
– Venga hombre. ¿No te habrás vuelto loco? Menos cachondeo, ¡oiga!
– Sin redondeo te lo repito, si quieres.
– Pero bueno. Habráse visto.¿Vas a invitar a todo Euzkadi o qué?
– De momento a todo Euzkadi no, pero a todo Euskadi sí. Aunque... ¡quién sabe!
– Espera que, aunque tengo mollera, voy a por la calculadora. ¡Aquí está! ¡Vamos allá! Esto más eso, más aquello, más lo otro, mas lo de más allá... 8.123.971 €. En pesetas, 1348.579.186 millones. ¡Toma ya!
– Me llega y me sobra.
– ¡Joder con el tirafaroles! Y ¿cómo vas a pagar? ¿O es a escote? Como sea, pero al contado. Que el dinero... se dice fácil, pero cuesta un puñado ganarlo.
– Yo no pienso pagar. Va a pagar el Rey, ese monarca al que pagamos este año 8.290.000 € – 1376.140.000 millones de pesetas –para que sostenga a su familia y Casa real. Tanto dinero y no tiene ni siquiera que explicar en qué se lo gasta o cuáles son sus ingresos.
– ¡Caracoles! Pues no es nadie el Rey.
– Y eso sin contar los gastos en seguridad, los viajes, la puesta a punto del yate “Fortuna”, los gastos de las residencias reales y demás, que no es blablablá.
– ¡Oye! ¿No serás tú de esos que creen que un vasco es un activista, dos un comando y tres una Organización armada?
– No, yo soy de los que creen que un vasco es un gudari, dos un partido político y tres una revolución.
– ¡Corcholis! Y ¿qué vas a hacer con él para que pague?
– ¿Con el rey de España? Un anagrama a frase: redespeñalé ya. Que no, que yo soy radical, pero practico la no violencia. Había pensado que imitara a Alfonso XIII (el último Borbón reinante antes de la segunda república) y se marchara por su propio pié dejando paso a la tercera y diciendo como él: “Yo no quiero que por mí, se vierta una gota de sangre. Si el bienestar de España exige que me vaya, lo haré sin vacilaciones. (...) Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor del pueblo.” Bueno si no quiere irse, que no se vaya, pero que pague. Que aún pagando le quedarían, de lo que le pagamos, 166.029 €. O sea, 27.560.814 millones de pesetas. Casi el doble de lo que cobran el presidente del Gobierno Español, Zapatero, – 89.303 € – o el portavoz del PP, Zaplana – 89.360 €. Esto que sepamos, claro está.
– ¿No te habrás vuelto republicano español? ¿Quieres poner todo patas abajo?
– No, yo soy nacionalista y republicano vasco, pero hasta que venga la deseada república vasca o la no tanto española, cuándo menos que ganen menos. Y no quiero poner todo patas abajo, quiero poner a los de arriba patas abajo y a los de abajo patas arriba. Que ya es hora... Que mejor que un pueblo pobre y un Rey rico es un Rey pobre y un pueblo rico.
– ¿Necesitarás ayuda?
– Claro, tengo que ganar voluntades, hacer que la gente tome conciencia para pasar del todo para determinada gente al gente determinada para todo.
– Cuenta conmigo.
– Oye tú. A ti, sí, sí, a ti que me estas mirando, ¿y contigo?

martes, 7 de noviembre de 2006

Democracia desconocida

Celebradas las elecciones autonómicas catalanas, una de las lecciones que se pueden extraer, de ellas y de cualesquiera otras consumadas en el Estado español, es que el pueblo, catalán o el que sea, elige a sus representantes, no a sus gobernantes. A éstos les eligen esos, a ésos, aquellos. A los gobernantes, los representantes, a los representantes, los representados. Así es la democracia parlamentaria: mucho parlamento y poca democracia. Poca democracia porque al igual que el pueblo no gobierna nada, no elige mucho. De todos los poderes que hay en un Estado, sólo el poder legislativo es fruto de su voluntad. El poder ejecutivo, el judicial, el militar, el jefe de estado, etc, son independientes de la decisión del pueblo, no están en sus manos. Son poderes que él no pone, se le imponen. ¿Es esto la democracia? ¿Depositar un papeleta en las urnas? ¿Una papeleta con nombres – ni siquiera éstos los elegimos – de candidatos a representantes? Si esto es la democracia, que no me cuenten entre los demócratas. Que no me cuenten, no, que no me cuenten. Que al igual que la tiranía no tiene nada de democracia, la democracia tiene mucho de tiranía. La tiranía es como un tirano que opera con muchas fuerzas. La democracia, muchas fuerzas que operan como con un tirano. Ni tiranía, ni democracia tal como la conocemos. La democracia conocida es el poder sobre el pueblo, la desconocida, el pueblo sobre el poder. El pueblo quiere ésta, el poder aquélla. La democracia conocida es aquella en que el pueblo entrega el poder a los partidos, la desconocida, aquella en que los partidos entregan el poder al pueblo. En la conocida ya hemos visto lo que ocurre, las personas depositan su voto, los partidos se reparten el poder. Como en Catalunya, donde al PSC, ERC e ICV no les ha preocupado tanto ganar al pueblo como no perder el poder. Como en Catalunya, donde quien gana las elecciones no gobierna y quien gobierna no gana las elecciones. Como en Cataluña, donde más es menos y menos es más. ¡Menudo robo! ¡Menudo engaño! ¡Menudo timo! Porque no son l@s catalanes quienes han elegido a estos tres partidos para gobernar, son estos tres partidos quienes han elegido gobernar a l@s catalanes. Gobernar a, digo, y no gobernar para l@s los catalanes. Para gobernar para habría que haber respetado la voluntad del pueblo catalán. Porque éste, a la luz de los resultados electorales, si no ha dejado claro que quiere que esté en el gobierno Mas, menos aún que lo esté el PSC, ERC o ICV. El tripartito, en conjunto, ha bajado en número de votantes, de escaños y en porcentaje de votos recibidos, mientras que las fuerzas que no son el tripartito, CIU, PP, y ahora Ciutadans, considerándolas como un todo, sólo bajan en número de votantes. Ya sé, ya sé, el pacto que los tres en uno – que no los uno en tres – han sellado es democrático. ¿Democrático? ¿Con un porcentaje de voto recibido por este trío del 50´96 % y una abstención en las elecciones del 43´23 %? ¡Que baje el pueblo y lo vea! Y que vea también de paso, que en Catalunya para componer el gobierno es suficiente este porcentaje y en Euskadi para ejercerlo, cuando se planteaba la reforma del estatuto político que era el Plan Ibarretxe, no lo fue el 58´3 % que representaban los partidos políticos que querían ir más allá del Estatuto de Gernika. Señorías, lo aritmético será todo lo democrático que ustedes quieran, pero hay aritméticas muy poco democráticas. O dicho de otra manera, si lo democrático se entiende a la “catalana”, por ser democrático se es demócrata. Si no, por ser demócrata se es democrático.

viernes, 3 de noviembre de 2006

De sirios y troyanos

El pasado miércoles, día de todos los santos, el Correo Español publicaba una entrevista, no por parquita de poca montilla, realizada al Presidente de Siria, Bachar al-Asad. De las respuestas que el mandatario sirio ofrecía a las preguntas, que el enviado especial en Damasco le planteaba, se pueden extraer unas cuantas lecciones para ese proceso que, por la desmaña de algunos incapaces, se está desplegando deslustrado o deslustroso en Euzkadi. A la cuestión de si seguía confiando en la negociación para recuperar los Altos del Golán, ocupados en 1967 por el ejército israelí en la Guerra de los seis días, señalaba que; “En estos momentos no existe ni paz absoluta ni guerra abierta, por lo que no descarto ninguna de las dos en un futuro próximo. Mi deseo es recuperarlos por la vía de la negociación, pero hasta el momento este camino no nos ha aportado nada...” Como en Euzkadi que, aunque permanezca en relativa calma y estemos observando el majestuoso alejarse de la borrasca por el horizonte, no ignoramos que, por la espalda, el sofocante viento sur puede arrastrar una traicionera ola de calor que ponga la cosa caliente en el norte. De nada sirve que llevemos más de 3 años sin que la lucha armada cause consecuencias mortales para tranquilizarnos cuando, acto seguido, escuchamos que la escasa disposición del gobierno español para avanzar en el diálogo político le ha llevado a ETA a comunicar que si los políticos no hablan, las pistolas no van a callar. Diríamos que, como el gobierno y ETA no se toman la temperatura y los partidos políticos no terminan de entrar en ambiente, no hace ni frío ni calor. Por ello la cuestión está en saber si estamos en primavera y va a llegar el verano o si estamos en otoño y va a dar paso al invierno. Yo quiero pensar que estamos en otoño, pero algunos van en pantalón corto y mangas de camisa. La clave está en acertar con la vestimenta para la ocasión. Hay que elegir. Y elegir bien. Porque los conflictos políticos se resuelven de dos maneras: a tortas o sentándose en una mesa. Afirmaba el gobernante de Siria; “Yo hago una doble lectura de lo que supondría una guerra para el país. El negativo: la violencia engendra más violencia; pero también tiene una lectura positiva, porque creo que puede servir para abrir ventanas al diálogo. Me quedo con esta segunda opción, aunque tengo claro que hablar te hace pagar un precio más bajo, sin sangre y sin destrucción.” Violencia, violencia y violencia o hablar, hablar y hablar. Esto es lo que tiene que sopesar el PSOE. Ese PSOE que cuando dice que, si hay violencia, no va a haber dialogo, comprenderá que si no hay diálogo, va a haber violencia. De no haber aquél, desafortunadamente, es bastante probable ésta. Más si cabe si en Euzkadi estuviere ocurriendo lo que el gobernante decía que en Siria; “Repito que queremos volver a sentarnos para hablar de paz, pero también nos preparamos para la lucha. (...) Estamos listos para la guerra porque llevamos quince años sin avance alguno (...) y hemos pagado un precio demasiado alto. “. En Euzkadi, la clave no está en saber si ETA está lista para la guerra. Lo está. La clave es si ETA está lista para la paz y si el gobierno está listo para la normalización política. Porque al igual que el gobierno dice, por a y por b, que si aquella no lo está, él no lo va a estar, aquélla dice que si éste no lo está, ella no lo va a estar. No ignoro que hay que diferenciar los dos procesos, pero si no se debe llevar a cabo el acercamiento entre ellos, tampoco la dispersión. Ni aquello, ni ésta. Si queremos llegar al final de los caminos, hay que dar pasos por ambos. Para ello se precisa lo que reclamaba el dirigente sirio; “... para poder dialogar son necesarios un mediador y un interlocutor decente.” Esto mismo exigimos en Euzkadi; de Zapatero la decencia de reconocer la interlocución que desde Batasuna reclaman y desde Batasuna, que reclaman de Zapatero reconocer la interlocución, la decencia. Cuanto antes, mejor. Todo depende de que haya voluntad o no. Como en la solución del conflicto vasco. Porque como explicaba el representante sirio; “Si Israel y Estados Unidos quisieran, la paz podría llegar a la región en menos de un año, pero no quieren.” Si ETA, España, Francia, Europa, etc, quisieran... sería un visto y no visto. Si no, es evidente que...

jueves, 2 de noviembre de 2006

Democracia y medios de comunicación

Uno de los requisitos fundamentales para que la democracia pueda asentarse en las sociedades, como un régimen político capaz de organizar la convivencia, es que el pueblo, el soberano por excelencia, cuente con información para decidir sobre todos aquellos asuntos que le competen. Porque no decide ni está informado, la democracia es imperfecta. Imperfecta en tanto que lejos de ser el democrático el sistema por el cual el gobierno se somete al pueblo, es aquel en que el pueblo se somete al gobierno. En él, el pueblo no es quien gobierna, es quien no gobierna. Pasa de ser gobernante a tenerlo. De determinante a determinado. De sujeto decisorio a elector. No ejercita el poder día a día, lo elige cada cuatro años. Además, la democracia es imperfecta, decía, porque el pueblo no está informado, por culpa principalmente de los medios de comunicación, correctamente. Y es que los medios de comunicación en la democracia son tan importantes como la democracia en los medios de comunicación. Éstos, que a más de no ser democráticos son la mano izquierda del poder político – la derecha es el poder económico, o mejor, el poder político es la mano derecha del económico – no le proporcionan al pueblo ni suficientes ni fiables elementos de análisis para que llegue a dar forma a una opinión verdadera. Hay excepciones, claro, pero la tónica general es que el objetivo de los medios, desgraciadamente, no es informar sino formar a la opinión pública. Mediante informaciones ya interesadas, ya sesgadas, mediante hechos sacados a la luz y otros ocultados en la sombra, los medios nos dan opinión por información. Manipulan, sí, los medios manipulan. Y mucho. Porque su interés por informar no está al servicio de la mejor opinión pública, sino que al no informar mejor la opinión pública esta al servicio de su interés. Es cierto que la población, de entre todos los medios, es libre para elegir aquél que le va a manipular, pero no lo es para decidir que no se le manipule. Consciente de ello o no, tolera en gran medida que se le manipule o los tejemanejes de los medios. Según el estudio general de medios, de octubre de 2005 a mayo de 2006, el medio que goza de mayor penetración en la sociedad española es la televisión, seguida día a día por el 87 % de la población – 37.437.000 personas. A continuación aparecen la radio con un 56 % de oyentes diarios – 20.979.000 – y las revistas, diarios y suplementos con un 49 % – 18.339.00 –, un 41´4 % – 15.513.000 – y un 25´9 % – 9.702.000 –, respectivamente, de lectores, que pueden ser, en función de la periodicidad de la tirada, diarios, semanales o mensuales. Internet con un 21 % – 7.871.000 de internautas diarios – y el cine con un 6´3 % – 2.342.000 de espectadores semanales –completan la radiografía de los medios de comunicación. De éstos, entre 1997 y 2006, y a pesar de que haya años en que la tendencia de algunos medios no sea alcista, sólo los diarios, la radio e Internet han logrado porcentajes mayores de lectores, oyentes e internautas o una mayor implementación social. Ahora bien, el despegue de Internet, que en el periodo citado incrementa su porcentaje en cerca de 20 puntos, es el más significativo de todos, amén de relevante en cuanto a los nuevos hábitos de la población a la hora de mantenerse informada. Y es que en Internet, a diferencia del resto de medios, la comunicación no está en manos de unos pocos emisores que la transmiten a muchos receptores, sino que todos podemos ser tanto aquello como esto. Con Internet no sólo estamos informados, podemos ser informantes. Por esta razón puede ser un medio válido para corregir tanto aquella invalidez, referida a la información, de la democracia como, quién sabe si también, la disfunción que hacía referencia al sujeto de decisión. En relación al perfil de quienes siguen cada medio respectivo, las revistas, los suplementos y la televisión, con porcentajes del 55´7 %, del 52´1 % y del 51 %, relativamente, gozan más del favor femenino que del masculino. Mientras que los diarios, Internet, la radio y el cine, con tantos por ciento del 60´2, 58´3, 54´1 y 53´4, tienen entre los hombres más seguidores. Analizando algunos de los diferentes medios citados, fijándonos, en primer lugar, en los diarios sobre los que este estudio hace mediciones de audiencia – no todos los diarios, ni radios, etc... están asociados y por lo tanto son objeto de estudio –, es el diario Marca con 2.418.000 lectores el que ocupa el primer puesto. Le siguen El País y el Mundo con más de un millón de lectores diarios cada uno; 1.970.000 el primero y 1.269.000 el segundo. El diario As con cerca de un millón, ABC con 809.000, El Correo con 558.000, La Razón con 400.000 o Gara con 102.000, por citar algunos, completan una extensa lista, la cual, manda pelotas – y perdón – que la encabece Marca. No lo digo por poner en entredicho al diario, sino porque refleja la mentalidad y gustos de un país, el español, en el que muchos no nos sentimos identificados. De entre los suplementos, El Semanal, País Semanal y Mujer de hoy copan los tres primeros puestos. De las revistas mensuales, Digital + con 2.227.000 lectores y Muy Interesante con 1.976.000 lideran la clasificación. En lo referente a las radios generalistas, la Ser con 4.785.000 oyentes y Onda Cero con 1.894.000 son las más escuchadas diariamente. Radio Euskadi y Euskadi Irratia, por hacer referencia a las de mi patria, tienen, respectivamente, 212.000 y 61.000 oyentes. Por televisiones, de las estudiadas, Antena 3, Tele 5, TVE 1 y La 2 registran los mayores índices de audiencia o share con un 27,2 %, un 21´5 %, un 19 % y un 3´7 %, correspondientemente. ETB 2 y ETB 1 tienen un share del 1 % aquélla y un 0´3 % ésta. Ahora bien, - al igual que ocurre con los diarios vascos y radios vascas – habría que analizar las audiencias de estas dos cadenas en relación a las poblaciones de Euzkadi o Euskadi y no de España. Así, en 2005, según el Eustat, en los territorios históricos que conforman Euskadi, los diarios con mayores audiencias eran el Correo Español y el Diario Vasco, con porcentajes del 24´6 el primero y 15´3 el segundo. Gara, Deia y Berria tendrían audiencias del 2´9 % este último, del 4´7 % el del medio y del 5´2 % aquél. El Marca, que a nivel del Estado Español tenía el mayor número de lectores, en Euskadi tiene una audiencia del 3´5 %. Por radios, si a nivel de España la Ser tenía el mayor número de oyentes, en Euskadi es igualada en audiencia por EITB convencional. Un 13´4 % para ambas. En tercer y cuarto lugar aparecen cadena 40 con un 6´7 % de audiencia y radio Nervión-Gorbea con un 6 %. En cuanto a las cadenas de televisión, Tele 5 con un 40´9 % es la que mayor audiencia presenta. Le siguen ETB 2 con un 34´1 %, Antena 3 con un 24´9 %, TVE 1 con un 21´7 %, ETB 1 con un 9´8 %, etc. ¡Qué diferencia entre España y Euskadi! ¿Eh? La variable territorial arroja diferencias sustanciales en las mediciones, nada fáciles por otra parte, de este fenómeno de los medios de comunicación. Nada fáciles porque como decía Rafael Mainar en su libro “El arte del periodista”: “... hay poblaciones, Barcelona es una de ellas, donde se lee mucho y donde menos periódicos se compran.” – y a la inversa podríamos añadir. Nada fáciles porque se pueden tener muchos aparatos encendidos y no estar atendiendo ninguno. Etcétera, etcétera, etcétera.