miércoles, 6 de junio de 2007

Rebotado

Rebotado, sí, rebotado sin votar. Rebotado por no haber votado, rebotado por ganas de sufragar, rebotado por abstenerme y porque habiendo tomado mi corazón durangués por devota a la patria vasca, a Euzkadi, “incapaz” ha sido mi mente de otorgarle la papeleta a alguno de los partidos que la defienden: EAJ-PNV, EAE-ANV, Aralar, EA… Incapaz a pesar de que me acerqué hasta la mesa electoral con la blanca para los segundos y la naranja para los primeros. ¿O era al revés? ¿Tal vez con aquélla para los terceros y ésta para los cuartos? ¿A la inversa? ¡No! Al final fueron a parar a la abstención. A la abstención, sí, a la abstención que en Euskadi (39´57%), y también en el Estado español (36,19%), ha vuelto, no de calle, pero sí de paso, a ganar las elecciones municipales. En los territorios históricos vascos, quienes no han votado superan el 31,12% del voto obtenido por la formación más votada: el EAJ-PNV; al este y suroeste de los mismos, el 35´63 % que, el PP.

En Durango, ¡abstencionista de mí!, hemos ganado de largo: 39,8% frente al 31,24% –véase que es superior al 31,12%– del EAJ-PNV durangués. De largo. Tanto, que no sería mala idea fundar un partido político para representar al abstencionismo. Qué se yo, el PAV: Partido Abstencionista Vasco. Visto el comportamiento electoral de la sociedad vasca, seguidores y seguidoras no le iban a faltar. Éstos, éstas, ya en elecciones ya en referéndums, obtienen, generalmente, buenos resultados por darse a no dar el voto. Más que llenar, les gusta vaciar las urnas. Y a veces, como en marzo del 2002, lo consiguen. En tal fecha fue cuando tuvo lugar la mayor abstención vasca en unas elecciones legislativas: 36,2%. No obstante, paradojas de la vida, es en este tipo de comicios, que dilucidan el legislativo y ejecutivo español, en los que la ciudadanía vasca se muestra más participativa. A las legislativas le siguen, en este orden: las autonómicas, las locales y las elecciones al Parlamento Europeo.

En los referéndums, al contrario y también contra lo que pudiera parecer, los vascos y vascas son, ya lo creo, más abstencionistas que en cualquier otro tipo de elección. Cualquiera de los celebrados hasta el día de hoy (¡uno cada seis años desde 1976!) dan fe de este aserto: el de la reforma política (46,8% de abstención) en diciembre de 1976, el constitucional (54,5%) dos años después, noviembre de 1978, Octubre de 1979, el de autonomía vasca (41,1%), el de la OTAN (34,6%), en Marzo de 1986 o el último, el de la Constitución Europea (61,26%), en febrero de 2005. ¿Se deberá la baja participación del pueblo vasco en estos referendos a que los políticos no acertaron con la pregunta? Porque mira que tenían y tienen cuestiones que pondrían las precintadas urnas a reventar: independencia, autodeterminación, territorialidad, monarquía, república, etc. ¡Nada! ¡No entra en el orden del día, es el ruego que no se atiende, la respuesta sin pregunta, que no la pregunta sin respuesta! Al tiempo, si no. El siguiente en torno al 2011 ¿verdad?

Verdad es, del mismo modo, que la abstención y su reverso: la participación, o que ésta y su anverso: la abstención, pueden estar motivadas por diversos o dispares factores: la climatología en la jornada de la votación, las personalidades de los candidatos, los programas políticos proyectados, las problemáticas a resolver, los partidos en liza, la naturaleza de la elección, la mejor o peor actuación y gestión política de los equipos de gobierno salientes, la popularidad o impopularidad de los entrantes y de quienes continúan en el cargo, etc. En las autonómicas vascas del 2001, valga la muestra, en aquellas en que la Prensa, la Radio, la TV, Internet, el PP, el PSE-PSOE y demás españolistas tiraban a desgastar para mandar al nacionalismo vasco a la oposición, fue esta misma agresividad político-comunicativa y el miedo al “que viene el coco” o a que gobernaran quienes mostraban tales despiadadas maneras de hacer política las que provocaron una especie de efecto llamada sobre el electorado nacionalista vasco. La histórica participación (79%) sólo sería inapreciablemente menor a la máxima registrada (80,6%) en las legislativas, que otorgaron la mayoría absoluta al PSOE, de marzo de 1982. Participación y abstención, así es, más sus causas y consecuencias, que han de ser tenidas en cuenta por cuantos realicen, tal analista político, politólogo, ducho en sociología o simple apasionado a la cosa pública, interpretaciones que vayan más allá de la fría lectura de los calientes datos electorales.

En Durango, de 10,79 km², con una población y un censo electoral en torno a los 27000 ciudadanos y 22103 electores, respectivamente, la abstención, ya está dicho, ha sido del 39,8%, ligeramente superior a la del resto de Euskadi (39,57%). Así, 8796 posibles votantes, nada más y nada menos, no hemos acudido a votar frente a los 5966 (27,71%) que no lo hicieron en 2003, los 6846 (33,05%) que no, en 1999 o los 5871 (24,57%) que no, cuatro años antes. Sobre esta elevada abstención –2830 abstencionistas más que en 2003; 12,09 puntos superior a la registrada entonces–, manifestaba al Correo Español el Alcalde de la villa, Juan José Ziarrusta Campo, lo siguiente: “Estoy seguro que nos ha perjudicado absolutamente la abstención, una de las más altas de Vizcaya, aún así somos la primera fuerza política”. Que es una de las más altas lo corroboran los datos electorales. Si en Euskadi (CAV) la mayor abstención se ha dado en Abaltzisketa (¡50,56%!), y en Vizcaya, en ese municipio que pone el nombre a la expresión “ser de Aupa el Erandio” (44,71%), otras localidades vizcaínas sobrepasan el 40%: Bilbao, Arrigorriaga, Barakaldo, Basauri, Ermua, Galdakao, Leioa, Markina-Xemein y Sestao. No obstante, si sólo Ermua (40,55%), de las trece que componen la comarca del Duranguesado, supera a la abstención duranguesa, ésta es la segunda más alta de la misma. Hecho que nos debería llevar a reflexionar –máxime si nos ha “perjudicado absolutamente”–, porque algo querrá decir que supere a las abstenciones de otras localidades comarcanas: Iurreta (39,63%), Zaldibar (37,89%), Amorebieta-Etxano (37,71%), Berriz (37,13%), etc. Algo querrá decir que la abstención registrada en las últimas elecciones locales en Durango sea la más alta de todas las locales que desde 1979 se han celebrado hasta la fecha en dicha localidad. ¿O acaso no es labor de los políticos despertar el interés de la ciudadanía por unos comicios en los que se deciden quiénes y cómo pueden llegar a regir nuestras cosas más cercanas y cotidianas? Animar al pueblo a la participación electoral, a más de poner cauces para que éste se involucre en los debates o en la toma de decisiones, es uno de los más sagrados deberes para quienes componen la clase política. Y es que si un gestor político sin proyectos es tal que un ordenador sin memoria, carente de una ciudadanía activada, tal que una memoria sin ordenador. Antes que gestionar, diría, hay que ilusionar, que poner al pueblo vasco, a los hombres y mujeres de la nación vasca, en movimiento, que ganarse su confianza. Empezando por los y las de casa: por la familia y los familiares; pasando por las amistades y conocidos; hasta llegar a los ignorados. O a la inversa, pero ha de hacerse. Porque aún así, puede ocurrir que se logre movilizar a los propios y no a los ajenos, al revés, a ambos o a ninguno de ellos.

En Durango, por lo que se comenta en los corrillos o se escucha en la televisión local, “Durango TB”, el EAJ-PNV no lo habría logrado con su militancia, simpatizantes, afiliados, afiliadas y demás cercanos al partido. En la abstención que se ha dado en la villa, hay quien da un paso más y lo insinúa, se esconden muchos desencantados votantes jeltzales. Entre su gente, vamos, hay muchos abstencionistas. O de otra manera, un porcentaje de la abstención, más o menos la diferencia de participación (12,09%) entre las elecciones de 2003 (27,71%) y las de 2007 (39,8%) –2830 abstencionistas más– se debe, principalmente, a nacionalistas del EAJ-PNV que se han abstenido. Y, en principio, puede ser. En mi caso, de hecho, así ha sido y se sabe de alguno y alguna más. Además, no es descabellado analizar con esta clave los resultados electorales que han arrojado las urnas duranguesas.

En la villa de Durango, el EAJ-PNV ha obtenido 4101 votos –2733 menos que en coalición con EA en las anteriores elecciones–, el 31,24% de los 13127 sufragios emitidos y 7 concejales –se deja tres respecto a la anterior legislatura. La segunda fuerza política del municipio, EAE-ANV, alcanza los 2531 votos –454 más que los logrados en 2003 por la candidatura de la izquierda abertzale “Mugarra Bilgunea”–, logra el 19,28% de los votos emitidos y 4 concejales –uno más que antaño. El PSE, tercera formación política en la Corporación, ha conseguido 2131 papeletas –280 más que hace cuatro años–, el 16,23% de los votos depositados y cuatro concejales. El PP, 1605 votos –pierde 951–, el 12,22%, y 3 concejales. Aralar, 1559 votos –gana 645–, el 11,87% y dos concejales – uno más que el único que tenía en Durango y en toda Vizcaya. EB-IU, 696 votos –pierde 401–, el 5,30% y un concejal. EA, 382 votos –comparados con lo que le costó a la coalición nacionalista en 2003 un concejal, 683 votos, “se puede decir” que pierde 301–, no ha pasado el corte del 5% de los sufragios emitidos y, por tanto, no contará con el concejal que ostentaba.

Dicho lo anterior se puede decir que pierden: EA, EAJ-PNV, PP e EB-IU. Y ganan: Aralar, EAE-ANV y PSE-EE. Entre el PP (951) y EB-IU (401) pierden –no se computa la perdida de EAJ-PNV porque la hipótesis es que buena parte de lo que pierde este partido se debe a la abstención–, 1352 votos; EAE-ANV (454), PSE-EE (280) y Aralar (645) ganan conjuntamente 1379. Nótese que no se tiene en cuenta en el balance de ganancias y pérdidas a EA porque esta formación ha podido estar sobre representada en la coalición con EAJ-PNV, o de otro modo, puede que su peso real anduviera por los 382 votos que ha recibido en las elecciones actuales y que, por tanto, no haya perdido votos, o al menos, no los 301 citados. Así pues, tenemos: por un lado, 1352 votos perdidos y, por otro, 1379, ganados. Aquello se equilibra, como quien dice, con esto. Si así fuere, pudiera ser que parte del total de la abstención (8796 electores), pongamos una cantidad similar a la diferencia entre ésta y la de hace cuatro años (2003), perteneciera a electores, tradicionalmente del EAJ-PNV, que no han ejercido su derecho al voto. Dada, pues, una diferencia de 12,09% entre las abstenciones de ambas elecciones municipales, tenemos que ese porcentaje equivale a 2672 abstencionistas del total de los mismos. 2672 abstencionistas que se acercan a los 2733 votos que el EAJ-PNV y EA han perdido en estas elecciones. Pudiera ser así, quien sabe, a lo mejor los abstencionistas hasta obedecían consignas para no ir a votar. Con la partida de ajedrez que se está jugando sobre el tablero político o con la, de naipes sobre el tapete, no sería de extrañar que se estuvieran sacrificando peones para obtener una mejor posición política o que se estuvieran guardando ases, pasando a mayor, a pequeña y a pares, para cantar con treinta y una el órdago al juego. Si no, al punto.

Sea lo que sea de lo anteriormente dicho, lo cierto es que hay otras razones para sostener que en Durango una buena parte de los abstencionistas, en torno al 12,09 señalado, pertenecen al EAJ-PNV. Dando por sentado que no pertenecen a Aralar –ha conseguido más votos en las locales duranguesas que nunca en la historia– ni al el PSE-EE –ha obtenido su segundo mejor resultado en unas locales (no es cierto el “hemos conseguido el máximo de votos en la historia” que manifestaba al Correo Español la Cabeza de lista –que no es lo mismo, qué tontería, que lista de cabeza– del PSE-EE (PSOE), Pilar Ríos, porque en 1983, el PSE-PSOE lograba 2487 votos, 356 más que ahora, y los mismos escaños: 4), ni a EAE-ANV que, a más de que sus seguidores “no tienen motivo” –cuentan, al menos, con candidatura– para abstenerse, ha alcanzado, si no los mejores resultados (2531 votos y 4 escaños en 2007) jamás cosechados (con EH alcanzaba en 1999 los 3063 votos y 5 escaños, y con HB, en 1979 y 1987, 2682 votos y 5 escaños y 2762 votos y 4 escaños, respectivamente), sí unos buenísimos, ni a EA –se puede suponer o dar por hecho que habrá movilizado a los suyos al jugarse su existencia como formación política en solitario, sólo pueden corresponder, los abstencionistas, al EAJ-PNV, al PP o a EB-IU. A IEB-U, al haber ganado votos varios partidos de izquierda (EAE-ANV, Aralar y PSE-EE) respecto a las elecciones de 2003, es bastante probable que no se le haya abstenido su electorado, sino que los 401 votantes que pierde se los hayan arrebatado entre aquéllos. Quedarían, pues, EAJ-PNV o PP. Así, para sostener que la mayoría de abstencionistas pertenecen al primero, hay que argumentar algo así como que parte de los 951 votos que pierde el PP los han ganado, fundamentalmente, entre las fuerzas progresistas dichas o, bien, han ido a parar la abstención. No lo creo. En primer lugar, porque a pesar de que restando a estas últimas fuerzas progresistas (EAE-ANV, Aralar, PSE-EE) lo que le habrían ganado a EB-IU les quedarían 978 votos por ganar, parece excesivo pensar que los 951 que pierde el PP, formación nacionalista española y de derechas, hayan ido a parar, principalmente, a fuerzas nacionalistas vascas y de izquierdas. Es por ello que, dejando a un lado la hipótesis explicada, se podría aventurar otra: el EAJ-PNV, ciertamente, se ha dejado parte de sus votantes en casa, pero algunos menos que el diferencial de 12,09% entre la abstención de ahora y la de 2003, o que los 2672 abstencionistas apuntados. Serían en torno a los 1700 o así. Parte del resto de ese diferencial de abstención, entre los 700 y 900 votos, más o menos, pertenecerían al PP – lo que éste pierde ha ido más a la abstención que a cualquiera de las fuerzas de izquierda (EAE-ANV, Aralar, PSE-EE). De este modo tendríamos lo siguiente: EAJ-PNV “perdería” del orden de 1700 votos en la abstención y Aralar y EAE-ANV le habrían arrebatado al EAJ-PNV entorno a los novecientos o mil votos de los 2733 que tenía con EA–defender lo contrario, que el EAJ-PNV les habría prestado a Aralar y EAE-ANV los novecientos o mil votos… aquéllos, por mucho que el dicho diga ”piensa mal y acertarás”, es, bien pensado, un despropósito, como lo es pensar que estos dos partidos de la izquierda abertzale le han escamoteado al PP los 951 que pierde. Quizás no haya ocurrido así, quizás sí, tal vez la hipótesis no sea más que hipótesis, no sea tesis, tal vez, pero que algo de lo dicho hay...

¿Dónde están, si no, muchos de los votos que en otras ocasiones ha recibido el EAJ-PNV? ¿Habrá algunos en los nulos? Puede ser, pero de haberlos, muy pocos. Teniendo en cuenta que ha habido ocho elecciones locales desde 1979 hasta hoy y que sólo en las primeras los sufragios nulos (528 –al PSE en las elecciones del 2007 el último concejal le ha salido por 532 votos) se desvían de lo corriente en las otras siete (una horquilla de 79 a 122 votos nulos), pocos. Pocos porque estos 122 corresponden a las últimas elecciones. 122 que vendrían a ser 3 nulos más que la media de 119,7 que arrojan los siete comicios señalados. Poco hay que rascar, por lo tanto, en los nulos. Poco, aunque algún desmotivado votante del EAJ-PNV pueda haber entre los 30 de más que ha habido en las municipales del 2007 respecto a las del 2003. Poco, pues, y es que otro gallo cantaría si los nulos durangueses fuesen de significativos como son los atribuibles en su mayoría a EAE-ANV en –ciñéndonos a Vizcaya–: Bilbao (12717), Amorebieta-Etxano (1744), Basauri (1818), Bermeo (1463), Erandio (1094), Galdakao (1854), Getxo (3525), Leioa (1211), Lekeitio (1560), Ondarroa (2195), Portugalete (1687), Santurtzi (2093), Sestao (1175)… O en la comarca del Duranguesado, a más de en la citada Amorebieta-Etxano: Iurreta (419), Mañaria (111), Zaldibar (335), ¡Ermua (492)? Lo mismo ocurre, sea en otros territorios históricos, sea en Navarra, allí donde a EAE-ANV (del orden de ciento y treinta y pico municipios) no se le ha permitido presentar candidaturas. En Durango, como se le ha permitido concurrir, los nulos registrados en las locales, evidentemente, son técnicos, no cualitativos. Ahora bien, en Durango EAE-ANV si concurre; en Iurreta, no. Pasas el puente del Montón, como quien dice, o el llamado “del diablo”, y eres legal o ilegal. ¿Qué creen ustedes que ocurriría si llegara el día en que el nacionalismo español, por medio de ilegalizaciones a la carta, estuviera en condiciones de arrebatar, imaginemos a nivel autonómico, el poder al nacionalismo vasco? ¡Qué! ¿Sería de armas tomar? ¿Un estado de guerra? ¿Una guerra de estado?

¿Y los blancos? ¿Puede haber en esta blanquecina opción jeltzales desencantados con el EAJ-PNV durangués? Puede, si tenemos en cuenta que en los ocho comicios locales celebrados hasta la fecha el intervalo de blancos en la villa de Durango ha estado entre los 36 y 180 –de media 119,7–, que los 180 señalados se han contabilizado en 2007 y que éstos suponen 60 blancos más que la media y 63 más que el registrado en 2003. Alguno habrá. Pocos como entre los nulos. Pocos porque los blancos y nulos en Durango, más que una consciente o intencionada opción de voto, han sido lo común en una jornada electoral local, los que se suelen dar si no hay ilegalizaciones de por medio…

Interpretado el resultado del EAJ-PNV de Durango –segundo peor de la historia, tanto en votos como en escaños, tras el cosechado en 1987, un año después del surgimiento de EA– en las elecciones municipales que se vienen celebrando desde 1979 como consecuencia de la elevada abstención, cabría pararse a pensar, antes de pasar a otras cuestiones clave –la influencia que el no concurrir coaligadamente con EA haya podido tener tanto en el cómputo total de la coalición como en el de cada uno de los coaligados, o los posibles pactos de gobierno que puedan realizarse para garantizar la gobernabilidad de la primera institución duranguesa–, en las causas de la abstención, en las razones que han podido llevar a electores que normalmente votamos EAJ-PNV a no hacerlo y en las medidas para fomentar la participación popular. Porque la abstención, la desactivación popular, el no votar ni decidir o la no participación del pueblo en la elección de sus representantse son actitudes, políticamente hablando, perjudiciales. No sólo para los partidos políticos, sino para las comunidades políticas y sus respectivas instituciones de poder. Éstas han de ser representativas de la voluntad del pueblo, pero hasta qué punto lo son. Más allá del fraude electoral que implican las ilegalizaciones selectivas, cuán representativas son unas instituciones cuando se constituyen como resultado del voto de seis de cada diez personas. Sin olvidar, claro, que no hay que confundir población con censo electoral. En Durango, recíbase a bien el ejemplo, tomando el Censo del 1 de Enero de 2006 (el válido es el del 2007) había 27043 habitantes, que menos el Censo electoral de 22103 es igual a… 4940. 4940 personas que la legislación electoral, ya de entrada, deja fuera de las decisiones políticas. Sumadas a las 8796 que se han abstenido da 13736. Son los que, abajo arriba, con derecho o sin él, no han votado. O sea, el 50,7 % de los habitantes de Durango no han votado. El Consistorio durangués, por decirlo de otro modo, es resultado del voto de 5 de cada 10 personas. ¡Cinco! ¡Joder –perdóneseme– con la democracia!

Entre las razones que han podido llevar a que votantes nacionalistas nos desmovilicemos y no hayamos votado al EAJ-PNV de Durango, y como consecuencia de ello éste haya obtenido unos resultados mejorables, aún a sabiendas de que son variadas, podría señalarse, haciendo autocrítica sin la intención de lastimar nadie, en primer lugar, el no haber sabido transmitir a la ciudadanía el mensaje de que tan importante como la colaboración ciudadana diaria en la tarea de mejorar la villa y la convivencia en la misma es que en la jornada electoral se exprese, que haga oír su voz en la votación. Porque a los encuestadores les puede valer el no sabe no contesta, pero a la comunidad política no le sirve un no voy, no voto. No le vale un que me gobiernen. No le conviene una ciudadanía desinteresada por quienes van a tomar las decisiones ni una ciudadanía preocupada por la vida privada de los demás y despreocupada por la pública de todos y todas. El pueblo, por su propio bien, ha de decantarse, ha de participar antes, en y tras la jornada electoral. Ahora bien, en la jornada electoral no puede olvidar que su voto es fundamental. Su voto, el más o menos de los mismos, es lo que va a determinar qué se puede hacer políticamente, hasta dónde se pueden materializar las ideas políticas. El voto de cada cual, pues, aunque debamos seguir participando día a día en la vida política de nuestros respectivos municipios, es de vital importancia. Porque en esa papeleta estamos auto-determinándonos o auto-limitándonos, dando oportunidades al logro de nuestros sueños políticos o imposibilitándolos. La abstención, amigos y amigas, perjudica a todo el pueblo. Perjudica a nuestras propuestas locales, comarcales, territoriales, nacionales e internacionales. Es nuestro voto, más la lucha del día a día, el que permitirá que salgan adelante o no. Nuestro voto hace y deshace. Lo que hacemos en el día de la votación determinará en gran medida lo que pueda ocurrir políticamente, a no ser que vengan mal dadas, durante los próximos cuatro años. De otro modo, todo con el pueblo, nada sin él. Para ganar hay que ganar al pueblo, para perder, perderle. No lo olvide el político; tampoco la política.

La segunda razón que puede tener su qué en la abstención jeltzale puede estar en la carencia de un medio de comunicación con el que contrarrestar las opiniones vertidas por otros agentes comunicativos cuán comunicantes. Así, el EAJ-PNV durangués no cuenta con un medio de comunicación escrito como el periódico Amboto –semanal, comarcal (aunque no colaboren con él ni Ermua ni Amorebieta-Etxano ni Mallabia…), digital, íntegramente en euskera y próximo a la izquierda abertzale–, o como los mensuales: “Crónicas del Duranguesado” y “Oiz”, etc. Otro tanto ocurre con la radio y la televisión: Amboto Irratia, la versión en las ondas de la cabecera del mismo nombre, y la cadena Durango TB. Así es. Y esto debe cambiar. El EAJ-PNV ha de contar con canales de comunicación para hacer llegar su mensaje político-ideológico. Porque si malo es estar desinformado en la sociedad de la información, cuánto peor no poder informar. Máxime cuando la batalla está planteada en el terreno de las ideas y de la opinión. Batalla en la que las nuevas tecnologías de la información y comunicación están teniendo una importancia política fundamental. Si vale la metábola, no sólo hay que llevar el batzoki a la red, hay que llevar la red al batzoki. Hay que hacer, ya lo creo que hay que hacer. Algo más que hacer, que llevar a la práctica los proyectos y que gestionar. Hay, a la vez, que informar a la ciudadanía, que escuchar e incorporar las opiniones justas de la misma y que contrarrestar las críticas que desde los sectores opositores se dirigirán, incluso, contra lo mejor que hayamos hecho, practicado y gestionado. Hay que hacerlo. En esta era mediática, en que la comunidad política vasca continua mediatizada, necesitamos contar con remedios comunicativos. Remedios porque en los media se está jugando buena parte del ser o no ser de nuestros fines políticos. Es por ello que, en pleno siglo XXI, el EAJ-PNV – y cualquier otro partido político– debe enredarse y practicar la acción comunicativa multidireccionalmente: de abajo a arriba, a la inversa, de izquierda a derecha, viceversa. Las nuevas tecnologías permiten una interactividad que los nacionalistas vascos deberíamos explotar para unirnos y actuar en coordinación. ¡Cibernacionalistas vascos de la red, unámonos!

Una razón más, la tercera, que ha podido tener su importancia en la intencionada abstención es la labor de desgaste que muchos de los medios de comunicación anteriormente citados han practicado durante la legislatura. Todos ellos han conseguido generar en la opinión duranguesa la idea que el bastón de mando ha sido demasiado rígido. Todos ellos han sido el látigo del máximo representante durangués –a quien han tildado de autoritario– y de todo su equipo de gobierno. Y latiguean, ¡eh!, los látigos latiguean de lo lindo. Los medios y el uso que han hecho de ellos la oposición, asociaciones vecinales, tertulianos de la televisión local “Durango TV” (perteneciente, desde no hace mucho, al grupo Vocento), o periodistas de la sección “Duranguesado” del Correo español, entre otros, han tenido mucho que ver en la generación de este clima desgastante del ejecutivo durangués que ha llevado a muchos jeltzales a la abstención.

La cuarta razón que puede dar cuenta de la abstención en el seno del EAJ-PNV durangués puede estar en la clave que nos proporcionan dos declaraciones que se han escuchado estos días en la villa. Así, mientras el primer edil en funciones del Ayuntamiento de Durango, el jeltzale Juan José Ziarrusta, hablaba de un voto de castigo al EAJ-PNV, el PSE-PSOE, leíamos en el Correo Español este domingo pasado, decía que la sociedad duranguesa ha querido “castigar los modos del PNV de Ziarrusta al haberse contabilizado el pasado domingo 404 votos más a este partido en el escrutinio relativo a las forales que a las municipales”. Ciertamente hay 404 votos más y esto, desde luego, algo querrá decir. Pero la comparativa entre ambas elecciones arroja otras conclusiones curiosas. En primer lugar los nulos, que alcanzan la cifra de 2296, debidos en su gran mayoría, a que a la lista de ANV no se le ha permitido concurrir a las elecciones forales en la circunscripción Durango-Arratia. Recordemos que en las municipales los nulos, al concurrir EAE-ANV, han sido de 122. 2174 menos que en las forales. 2174 que, si se atribuyen a EAE-ANV, implica que esta formación ha obtenido 357 votos menos en las elecciones a Juntas Generales que en la locales. EB-IU-Aralar, por otro lado, han captado 431 votos menos en coalición para las forales que por separado en las locales. EA logra 95 más que en las locales. Junto al EAJ-PNV suman 497 votos más en las forales que en las municipales. Sea, pues, voto de castigo, como lo cree el Alcalde, sea contra los modos del PNV de Ziarrusta, como lo cree el PSE-PSOE, lo cierto es que la crítica contra el primer Edil y el EAJ-PNV ha sido, en ocasiones, furibunda. Autoritarismo, falta de mano izquierda y siempre los mismos en la derecha han sido piropos políticos constantes. Piropos que, acertados o erróneos, han calado en la opinión pública duranguesa y en muchos abstencionistas del EAJ-PNV. Quizás no tanto como para hacerles cambiar de voto, bastante como para que no lo entreguen a nadie.

La última razón, la quinta, que se podría presentar, entre otras, para explicar el comportamiento electoral abstencionista de gentes del EAJ-PNV durangués y del entorno de éste tiene que ver con los problemas políticos a los que se ha enfrentado el equipo de gobierno del EAJ-PNV en Durango. Problemas de diversa naturaleza. Llamativos por su conflictividad laboral: el cierre del matadero y ulterior apertura con distintos socios, o el de la residencia municipal y posterior apertura de la gestionada por la Diputación, etc. Con implicaciones medioambientales: todos aquellos que el trazado del AHT-TAV genera por el valle del Duranguesado o los relativos a la contaminación en Durango, a las emisiones, a las partículas en suspensión, a la calidad de aire… Con protestas vecinales y de asociaciones de hosteleros incluidas: aquellos que han tenido que ver con los ruidos causados por la diversión nocturna y con las reclamaciones, por parte del sector hostelero, para lograr una ampliación en los horarios de cierre por la noche –el problema sigue planteado, y ningún partido en los programas ha ofrecido soluciones para conciliar el derecho al descanso y al ocio. Con protestas contra la violencia de género: el del asesinato, a manos de su ex pareja, de la guatemalteca, Ofelia Hernández. Con crítica social y de los sectores comerciales: la implantación de la OTA en numerosas zonas del municipio, la peatonalización del Casco histórico de la villa… Con consecuencias indeseadas: los producidos por las reyertas y peleas, con arma blanca de por medio, en zonas de ambiente, los accidentes de tráfico –descarrilamiento de tren incluido– con consecuencias mortales en los puntos negros para el tráfico rodado en la villa… Con molestias para la ciudadanía: las obras de envergadura y sin finalizar que se están acometiendo en la villa (soterramiento del tren), reordenación de la plaza de Ezkurdi y de la zona de San Agustinalde, etc. Todos estos problemas y otros muchos más han traído por la calle de la amargura al equipo de gobierno y han dado carnaza a la oposición. Ahora bien, aún así, el EAJ-PNV es la primera fuerza política del municipio. La que más votos ha cosechado y la que tiene, quizá, más en la reserva.

Vista pues la abstención, el no ir en coalición con EA podría explicar, junto a aquélla, los malos resultados de ambos partidos nacionalistas en Durango. En éste municipio, al igual que en otros muchos de los tres territorios históricos, el no ir coaligados con EA, resta, perjudica a ambos y al conjunto del nacionalismo vasco. Así, al igual que el alcalde de Bilbao, el jeltzale Iñaki Azkuna, o el cabeza de lista del EAJ-PNV por Sestao decían, respectivamente, que “los votos de EA han ido a la ría” y “a la basura” –podía haber sido más poético y decir a los Altos Hornos–, en Durango, los votos de la abstención jeltzale y los votos de EA han ido: aquéllos, al rio Mañaria, que discurre de sur a norte por la villa; éstos, al Ibaizabal, que, de este a oeste. En Durango sumados los votos logrados por el EAJ-PNV y EA y aplicada la Ley de D´Hont tendrían tras estas elecciones 8 concejales y no los 7 que va a tener sólo aquél. EA, que en las primeras elecciones tras la escisión, en 1987, obtuviera sus mejores resultados históricos, 1858 votos y 3 concejales, que en las dos siguientes, 1991 y 1996, lograra con 816 y 839 votos, un concejal en ambas, en 2007 ha logrado 382 votos y se ha quedado sin concejal. 382 inútiles votos. Inútiles políticamente como, quedándonos en Vizcaya: los 4224 de EA en Bilbao, los 360 en Erandio, los 246 en Ermua, los 1537 de Getxo, los 617 de Leioa, los 576 de Portugalete, los 307 de Sestao… Votos inútiles. En Durango, 382. 382 que tanto sumados al EAJ-PNV como a Aralar darían un concejal más a ambos. Urge, pues, aprender de estos ensayos políticos para afinar en la estrategia política. De cara a las autonómicas vascas del 2009, ni para qué contarles.

De estas elecciones, que aportan una fotografía de las opciones o preferencias políticas en Euskadi y Navarra, con claroscuros y desenfoques si se quiere, hay quien, como Javier Elzo, ha llegado a afirmar lo siguiente: “Que me perdone el PSE-PSOE, pero más que ganar las elecciones (que las han ganado, sin duda alguna), las han perdido el PNV y EA porque muchos de sus electores potenciales se han quedado en casa”. No obstante, se ha de decir, para ser más exactos, que más allá de la abstención como causa que explica no el que ganen los socialistas, sino que pierdan los nacionalistas de EAJ-PNV y EA, hay otra causa coadyuvante, como hemos visto, en el hecho de no ir coaligados estos últimos. En Durango, que ha supuesto que EA se quede sin representación política en la Casa Consistorial, la ruptura de la fórmula coaligada, ensayada tanto en 1999 como en 2003 con éxito (un concejal para EA en ambas), traslada al EAJ-PNV a unos resultados, ligeramente mejores (42 votos más y mismo número de concejalías: 7) que los cosechados en aquellas elecciones locales de 1987. En éstas, las primeras para EA tras su aparición como partido político, esta formación lograba 3 concejales y 1858 votos. Veinte años después, EA no logra ni un solo concejal con 382 votos. En Durango, de otro modo, un espacio político parecido al que ocuparan EA (1858 votos y 3 concejales) o EE (1723 votos y 2 concejales) hace dos décadas o al que estos partidos ocuparan conjuntamente en las elecciones de 1991 y 1995 (1 concejal para cada una y entorno a los 1639 votos conjuntamente) lo ocupa en la actualidad Aralar (1559 votos y 2 escaños). El batacazo de EA ha sido impresionante. De tres concejales en 1987 ha pasado a tener uno hasta el 2003, para acabar, en 2007, con cero concejales. En votos ha pasado de 1858 en 1986 a 816 en 1991, 839 en 1995 y 382 en la actualidad. En Durango, por tanto, a más de la abstención y el no ir en coalición, que han perjudicado al EAJ-PNV y EA, lo más llamativo sería así, junto a la subida de Aralar, los modestísimos resultados del EAJ-PNV y los malísimos de EA. El primero, aún habiendo perdido dos mil trescientos y pico votos, conserva el 31,24% del total de votos emitidos; EA ha perdido su horquilla, que anduviera entre el 13 y 7%.

Para acabar este análisis sólo queda abordar los posibles pactos que se pueden realizar entre los partidos políticos durangueses para garantizar: una investidura de Alcalde sin sobresaltos y un gobierno estable para la villa de Durango. Y es que mucho ha cambiado el mapa político desde las elecciones locales de 1979 a 2007. El EAJ-PNV ha pasado de 13 concejales en aquéllas a 7 en éstas. De aquel primer ayuntamiento “democrático”, compuesto por cinco fuerzas políticas y ninguna de derecha española: EAJ-PNV (13 concejales), HB (5), PCE-EPK (1), PSE-PSOE (1), EE (1), se ha pasado a otro compuesto por 6: EAJ-PNV (7), EAE-ANV (4), PSE-EE (PSOE) (4), PP (3), Aralar (2) y EB-IU (1). En el segundo ayuntamiento, en el que salió de las elecciones de 1983, la derecha representada por AP-PDP-UL lograba por primera vez representación. En las siguientes, celebradas en 1987, aparecerían: EA para entrar con fuerza en el Ayuntamiento y EB-IU sin lograr representación En 2003, fue el turno de Aralar. El Ayuntamiento durangués, que ha tenido una horquilla entre 4 (en la época de la tregua de ETA y de EH, en 1999, el Ayuntamiento estaba polarizado entre nacionalistas –EAJ-PNV y EH– y constitucionalistas –PP y PSE-EE-PSOE) y 6 grupos políticos, actualmente va a contar, con 6 para representar a la ciudadanía duranguesa. Pluralismo de partidos que, ya se sabe, supone que hay que repartir la misma cantidad de escaños o concejalías (21) entre muchas opciones políticas. Hecho a tener siempre en cuenta, aunque sean la abstención y el no haber concurrido a las elecciones en coalición con EA, principalmente, las que pueden explicar los perfectibles resultados del EAJ-PNV. Perfectibles porque quien se deja como el EAJ-PNV, en palabras del PSE durangués, “en la chistera 2353 votos” del mismo modo los puede recuperar. ¿O alguien cree que 2353 personas dejan de ser nacionalistas de la noche a la mañana? Tanto aquellos votos que hayan ido a parar a otros partidos políticos como los muchos que, a la abstención, al blanco o al nulo, de momento los ha perdido el EAJ-PNV, más que ganarlos el resto. Habrá que reflexionar sobre ello, pero sólo quien gana mucho puede perder bastante y sólo quien pierde mucho puede ganar... Es el caso del EAJ-PNV durangués: puede recuperar los tres concejales y el apoyo de los 2353 votos perdidos. En 2011 sabremos si lo ha conseguido el equipo que capitanea el Alcalde en funciones. Alcalde que, espero no se moleste por esto que viene ni por nada de lo que va escrito en este artículo, no acertaba al vaticinar que el EAJ-PNV iba a obtener, en las elecciones de 2007, un número similar de votos y escaños al logrado en 2003. No ha sido así. Una pena. Y razón de más para seguir, como hasta ahora, trabajando día a día, sin descanso y cada cual firme en su puesto. Reconquistar el cariño de quienes en el fondo nos quieren, bien vale soportar con humildad unos resultados dolientes. Dolientes más que por el amor propio por el común que nos une a la villa de Durango y al nacionalismo vasco.

El resultado, “que no era el esperado” como el Alcalde en funciones declarara al Correo, dificulta la gobernabilidad en el municipio. Porque aunque el primer Edil haya manifestado que “las posibilidades para un gobierno son variadas” y que “piensa seguir cuatro años más en el poder” habrá que esperar a ver qué vector, si el nacionalista vasco o el de izquierdas, prima en los pactos de gobierno. Y, la verdad, si la elección de alcalde y la composición del equipo de gobierno estaban complicadas, tras el comunicado de ETA anunciando la ruptura del alto el fuego aún lo están más. Así, en el hipotético e improbable caso de que los partidos de izquierda se pusieran de acuerdo (EAE-ANV, PSE-EE, Aralar, EB-IU) para gobernar, tendrían mayoría con 11 concejales frente a los diez de EAJ-PNV (7) y PP (3). La Alcaldía, en tal supuesto, por ser la segunda fuerza más votada, debería ser para EAE-ANV o, en su caso, para el PSE-EE. No parece probable, de hecho así se han manifestado desde altas esferas socialistas, que el PSE-EE llegue a un acuerdo en el que pueda estar EAE-ANV, pero tampoco lo parece que el EAJ-PNV, y con una ETA activa menos, pueda llegar a un pacto de gobierno (11 concejales y mayoría absoluta) con esta formación “mitad legal, mitad ilegal”. De ser esto así, el gobierno que resulte para la villa de Durango lo ha de ser necesariamente: en mayoría, 11 concejales, si pactan EAJ-PNV y el PSE-EE, y en minoría en cualquier otra fórmula. Podría ser, aunque improbable, uno formado por el EAJ-PNV y el PP con 10 concejales. Gobierno que las fuerzas de izquierda, todo sea dicho, podrían tumbar a su capricho. Podría ser si no, otro formado por EAJ-PNV, Aralar y EB-IU, en minoría con sus diez concejales. Así las cosas, no sería de extrañar un pacto en el Ayuntamiento de Durango entre el EAJ-PNV y el PSE con la alcaldía para el primero y la teniente de alcaldía primera o segunda para el segundo… Gobierno en mayoría que sería objeto de una oposición feroz. Gobierno del gusto de unos y de disgusto de otros. Gobierno, o la intuición de la posibilidad del mismo, que ha podido ser causa, entre otras muchas, de que algún votante nacionalista se haya abstenido.

En Durango, más relevante que los buenos, malos o mediocres resultados de unos partidos y otros, va ser a qué pactos son capaces de llegar entre los mismos. Nada les va retratar mejor. De momento, el PSE-PSOE durangués, que ha mostrado su disposición a reunirse con todos los grupos políticos, empezando por la izquierda, quiere lograr un relevo en la Alcaldía “tras 30 años de derecha”. En su opinión, compartida por Aralar, EB-IU, y, con matices, por EAE-ANV, Durango pide “un cambio”. Un cambio en clave progresista. Desde Aralar mismo se manifestaba que “otro modelo de gobierno es posible”. Posible sí, sin duda; probable, parece que no, aunque en política nunca se… Hay hasta quien declarándose antiespañol es capaz de pactar con el españolismo para mandar a la oposición al nacionalismo que representa el EAJ-PNV. ¿Será ésta la traición a la que se refiere ETA? Ahora bien, lo que sí se sabe es la lectura de los resultados electorales que las fuerzas de izquierda duranguesas quieren trasladar a la ciudadanía: que el electorado durangués se ha izquierdizado y que, en consecuencia, el Ayuntamiento de Durango va a ser más de izquierdas. Y, efectivamente, tanto aquél como éste son, y no es malo que se así, más siniestros que diestros. Si en el 2003 las fuerzas de izquierda obtuvieron (el 38,1% más, pongamos, un 8% de EA) el 46,1% del voto emitido y lograron 8 concejales, en el 2007, el 55,59% y, 11 concejales. Pero, y aquí viene el pero, si los partidos de izquierda manifiestan que el electorado y que el Ayuntamiento son más de izquierdas, lo que callan es que el electorado, no así el Ayuntamiento, es más nacionalista vasco. Y así es. En 2007, el nacionalismo vasco, representado por el EAJ-PNV, EAE-ANV, Aralar y EA, han logrado el 65,3 % del voto emitido y 13 concejales, mientras que en el 2003, el representado por EAJ-PNV, EA, Aralar y Mugarra Bilgunea, el 63,07% del voto emitido y 14 concejales. Ahora bien, como EA no obtiene representación, su 2,91 % de voto emitido no tiene reflejo en poder político, luego los nacionalistas vascos han obtenido en 2007 el 62,3 % de voto emitido y válido políticamente. De otro modo, en 2003 con menos porcentaje de voto nacionalista que en 2007, el nacionalismo vasco tenía más poder en las Instituciones que el que va a tener en 2007. En 2007 va a tener más poder social que político. Lo ocurrido con EA, salta a la vista, perjudica al nacionalismo en general. Sus votos, al no obtener representación política, al no traducirse en cargos públicos, no son operativos, carecen de valor político.

Dese el pacto que se dé, lo que es evidente es que en Durango tanto la elección de Alcalde como el equipo de gobierno que resulte debe respetar la voluntad expresada por la ciudadanía duranguesa. Parece una obviedad, pero hay que recordarlo. Porque la villa de Durango, a la luz de los datos y a la sombra de los mismos, antes es nacionalista vasca; después, de izquierda. No antes de izquierda y después nacionalista vasca como pretenden o parece olvidarse recientemente. En fin, cuando se despejen las incógnitas: quién es el alcalde, quiénes componen el equipo de gobierno, cómo ha sido el reparto de concejalías, etc., calculadora en mano veremos si el poder político mantiene y en que tanto por ciento aquello de “Primero, nacionalista. Después, de izquierdas.
PD: Es mejor ser un patriota al que le tienen que hacer del EAJ-PNV que ser uno del EAJ-PNV al que le tienen que hacer patriota.