jueves, 30 de agosto de 2007

¿Tripartidismo?

A raíz de la Gallardonada, de ese postularse para ir en las próximas elecciones generales como candidato popular en las listas al Congreso de los Diputados, que el Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, ha realizado, quien ocupare, entre otros cargos, el de Ministro de Gobernación (actualmente de Interior) en los años de la intransitable Transición, quien fuere, al parecer, uno de los responsables impunes de la masacre ocurrida en Vitoria –5 asesinados y entorno a los 150 heridos causados por los más de 2000 disparos que las Fuerzas de Orden Público realizaron para desalojar la iglesia San Francisco de Asís en unas jornadas de huelga y lucha obrero-sindical el 3 de Marzo de 1976– o de la que tuvo lugar el 9 de Mayo de 1976 en Montejurra –2 asesinados y numerosos heridos– , Manuel Fraga Iribarne, el de “la calle es mía” y fundador de los fuerzas políticas: Reforma Democrática, Alianza Popular y Partido Popular, venía a decir que: “Un partido no se puede hacer con un solo hombre. Yo nunca pedí que se hiciera sólo conmigo (…) Naturalmente hace falta más de uno y hay que ir preparando las sucesiones. Eso yo lo sé bien". ¡Ni con una sola mujer no? Un partido, evidentemente, no se puede hacer con un sola persona, pero una persona no se puede hacer con un solo partido. ¡Hay quienes no se personalizan ni siquiera tras haber militado en tres! La personalidad, ese yo que los avatares cinceladores de la vida van esculpiendo, requiere una apertura de miras que, tristemente en demasiadas ocasiones, no casa con la estrechez ideológica de los partidos políticos. Y es que, a más de abrir el ardiente corazón a un sentimiento político, no hay que cegar la mente a las ideas. Porque las propias se enriquecen con las ajenas tanto como éstas, con aquéllas. ¡A semejanza ocurre con las pasiones! Es en este no cerrarse en banda a lo otro, en el diálogo con lo diferente, en el estar tan dispuesto a dar de sí como a recibir de los demás, donde el ser personal se va, más que formando, reformando. ¡Cualquiera es una esponja! ¡De cuantos más océanos mejor!

Un partido político, que ante todo es una agrupación de hombres y mujeres que bajo unos fines y medios compartidos aspiran a conquistar el poder público para llevar aquéllos a la práctica, no es sólo que no se pueda hacer con una sola persona, sino que es mucho más que el conjunto de todas ellas. Las organizaciones, más que cuerpo, son espíritu. Un soplo del pueblo que, a pesar de que respire por última vez parte de su membresía, continúa a todo pulmón. Quien lo integra viene y va, el partido va y viene. Viene para quedarse. Aquél, de otro modo, es transitorio, éste perdurable, aunque a veces, sea éste el transitorio y aquél, el “perdurable”. Transitorio porque las formaciones políticas, “al igual” que todo organismo vivo, dan el salto a la arena pública, se zambullen en el agua y se los puede tragar la mar. Es una ley política, aun cuando el ahogamiento no tenga por qué ser inexorable.

Estos últimos días, por ejemplo, y aunque el embarazo venga de atrás, estamos asistiendo a la rotura de aguas de una nueva asociación política que se espera vea la luz entre mediados y finales de Septiembre. De la mano de la iniciativa ciudadana “Basta ya”, lo que de momento se denomina “Plataforma Pro” puede estar a punto de presentar sus estatutos para inscribirse en el registro de partidos políticos del Ministerio del Interior. Entre los promotores de la iniciativa se encuentran el filosofista, más que filósofo, Fernando Savater, y el que trabaja en su profesordera, Carlos Martínez Gorriarán, siendo previsible que presenten de cabeza de tabla a la que se inventó lo del “Ven y cuéntalo” –en realidad era más del “Cuéntalo y ven”–, a la desalistada socialista Rosa Díez.

Este pre-incipiente partido político con vocación de convertirse en un partido nacional defiende, entre otros posicionamientos: un Estado español fortachón; una reforma constitucional que, minando e igualando las competencias autonómicas de las distintas comunidades, otorgue más facultades al poder central; una revisión de la ley electoral al objeto de que los partidos nacionalistas, a su parecer sobre representados, tengan una menor influencia en la gobernabilidad estatal; o el pacto por las libertades y contra el terrorismo y la Ley de Partidos políticos. ¡Casi nada, vamos! ¡Lo que defiende en voz alta el PP y hace a escondidas el PSOE! Sin embargo, lo interesante, más allá de los postulados sostenidos, está en la aparición en sí misma de un tercer partido de ámbito estatal en discordia: la posible ruptura del bipartidismo. Un partido que, sin saberse muy bien si va a estar a la izquierda de la derecha o a la derecha de la izquierda, quizá ambas cosas a la vez –a la derecha de la derecha es dificilísimo y a la izquierda de la izquierda, sencillísimo–, puede restarles poder tanto a los socialistas como a los populares. Puede aunque el PSOE crea que se lo va a arrebatar al PP y éste que a aquél. Sea como sea, no obstante, va a ser un partido españolista y nacional, cuando lo que de verdad sería oportuno, y más desde el punto de vista de los nacionalismos no españoles, es que surgiera un partido plurinacional. ¿Alguien se anima?

miércoles, 29 de agosto de 2007

Descanse en paz

“Yo aquí he venido a hablar de mi libro” decía en una entrevista televisiva, y tenía de su lado al raciocinio, el escritor recientemente fallecido Francisco Umbral. La tenía porque quien quisiere conocerle sabía que desde los estantes de las librerías sus libros no acallaban su yo. Hecho este que les ocurre a todos los literatos y literatas que andan por el mundo con una libreta en los bolsillos y un libreto bajo la pluma: quien escribe habla del libro que ha escrito y el libro que ha escrito habla de quien escribe. No puede ser de otra manera en este arte en que se va dejando la pensativa cabeza en cada palabra, el sentido corazón en toda oración y la desanimada alma en uno y otro texto. Así es. La escritura, que no es la guardiana de los secretos y que sabe latín, es como esa chivata soplona que espera, apostada en cada renglón, la tinta para sacar a la luz los pasados a limpio y los borrones vitales. Natural, pues, que nos deje al natural: ella es el confesionario; quien redacta ha de confeso; tú, confesor, al leer te haces con la confesuría.

Este pasatiempo, que hay quien lo hace a mano, con los pies y también la boca, a máquina, en el ordenador y hasta al dictado, se va perfeccionando letra a letra. Hay en él, como en toda ocupación, quienes más que de un útero parecen venir de un tintero, pero, en general, es a base de tirar folio tras folio a la papelera como se le va sacando punta. ¡Si no fuera por las computadoras, no veríamos el bosque! Y es que, aunque haya quien se va por las ramas, la madera de escribiente escasea. No es planta de echar raíces en cualquier ambiente. Escribir, escribir como los clásicos, aun cuando requiere tener algo de cuentacuentos y el acompañamiento de los duendes, no es un cuento de hadas. Por ello cuando se hace de fábula encanta, tanto a quien lleva de su imaginación al papel las ideas como a quien, del papel a la imaginación.

Leía hoy en el ABC que Umbral en su último artículo dejó escrito que “toda guerra produce genios”. Desconozco si se refería a la genialidad, al mal carácter, a seres fabulosos o a cualquier otro de los significados de esta palabra polisémica, más si con genio aludía a quienes han ingenio, iba desencaminado. Porque, ríanse, habiendo aquí y allá enfrentamientos bélicos teníamos que estar sitiados por ingeniosos en lugar de por mediocridades, cuando no por mentecatos. Tampoco es cierto a la inversa, a saber, que todo genio produce guerras. Los seres geniales, más bien, que son la bomba, están en otras batallas, en batallas pacíficas. Quizás por esto no tengamos paz: porque faltan genios. Hay quien cree, incluso, que el Estado español y ETA andan a la gresca porque le han creído a Umbral en eso de que toda guerra produce genios. Ya que no hay, se han debido decir, guerreemos. ¡Se equivocan! ¡Toda guerra produce locuras! Tantas como la que hay que tener para llevarle la contraria a Umbral y decir que toda paz produce locos. ¿Será que no vivimos pacificados para no construir más manicomios? Si fuere al revés, desde luego, si todo loco produjere paz, con todos los que hay sueltos no se entiende porque no la hay.

martes, 28 de agosto de 2007

No Egibar, no Imaz

No sé ustedes, pero yo, que antes que del EAJ-PNV me siento nacionalista vasco, ni soy de Imaz ni soy de Egibar. Tener, tengo de ambos, pero ser, soy mío. Mío porque, aunque he de pragmático tanto como de radical, defiendo el pragmatismo radical y el radicalismo pragmático. ¡Así de claro! Soy, de otro modo, un autonomista independiente y un independentista autónomo. ¿De qué va esto? Muy sencillo. De que soy pragmático si hay la posibilidad de ser radical y de que soy radical si hay la posibilidad de ser pragmático. Y otro tanto con el autonomismo e independentismo. Soy autonomista si se puede ser independiente y soy independiente si se puede ser autonomista. Porque al igual que un pragmatismo que no puede ser radical es teoría y un radicalismo que no puede ser pragmático, utopía, un autonomismo que no puede llegar a la independencia y un independentismo que no, a la autonomía es una tiranía, un abuso de poder.


Un autonomismo en el que no es posible alcanzar la independencia es lo que de hecho y de derecho ofrece el Estado español al Pueblo Vasco. Estado español que no es democrático porque la igualdad, la igualdad de oportunidades, estriba en que las mismas ha de tener cada una de las “partes” para ser un todo como un todo para ser cada una de las partes. Para que un Estado sea democrático, por lo tanto, se ha cumplir lo siguiente: que si un cuerpo estatal aparte es cada uno de sus miembros, cada uno de sus miembros es un cuerpo estatal aparte. En ello radica lo igualitario. Mientras que la libertad es la facultad de cada miembro para formar, por sí mismo o conjuntamente con otros, un todo o cuerpo estatal.

La democracia, para que de verdad lo sea, ha de llevar aquéllas dos ideas en sí misma: la libertad y la igualdad. Libertad e igualdad que jamás son absolutas. Porque el límite actual de ambas es la ley y el límite en potencia, la voluntad popular. Acto y potencia, pues, o ley y voluntad popular, son los límites tanto de la libertad como de la igualdad. Ahora bien, como no es el acto quien determina la potencia, sino que es la potencia quien determina el acto, la ley no puede delimitar la voluntad popular, sino que la voluntad popular puede delimitar la ley. Lo constituido, que no es sino la ley, no es quien para ser la cortapisa de lo constituyente, que es la voluntad popular. A la inversa: es lo constituyente quien para ser la cortapisa de lo constituido.

Esta tensión entre el objeto y los sujetos o entre la criatura y los creadores, se resuelve en el Estado español no sólo haciendo prevalecer al primer elemento del binomio sobre el segundo, sino diluyendo, una vez constituido el Estado –constitución que sólo es legítima con el consentimiento o voluntad expresa de cada sujeto–, esa potestad de cada sujeto o creador en un único sujeto. Así, de ser cada cual soberano se acaba en un ser soberano de cada cual. Sólo un sujeto, que paradójicamente lo es –o debería serlo– por la voluntad de cada uno de ellos, es finalmente soberano: el español. O de otro modo, quien al principio no era soberano detenta al final la soberanía y quien al principio lo era al final no la detenta. Y a la inversa: Quien al inicio no detenta la soberanía es al concluir soberano y quien detentaba la soberanía en la conclusión no es soberano.

Es esta contradicción entre la máquina estatal española y los maquinistas de cada pueblo la que ha de ser resuelta. Porque no es de demócratas ni de republicanos auténticos, por no decir que es de que falte algún tornillo, que la máquina a la que a aprietan las tuercas los maquinistas acabe por apretárselas a éstos. Antítesis cuya resolución se halla en una profundización democrática o en una democratización profunda: en una libertad e igualdad reales entre el Estado español y los pueblos que, con su consentimiento o sin él, forman parte del mismo. De modo que lo primero es consultar a estos si están por la unidad o por la separación y darles, decidan lo que decidan, la posibilidad de cambiar de opinión: si se unen se han de poder separar, si separan se han de poder unir. ¿O no es una locura de matrimonio aquel en el que el divorcio es ilegal porque lo que ha unido Dios (el Estado) no lo puede separar el hombre (los pueblos)? ¡Vaya que sí! Tanto como que uno sea lo que tiene ser (español) cuando uno tiene que ser lo que sea (vasco, catalán, gallego…).

Igual de importante que la viabilidad de la opción unionista, independentista, autonomista, federal, confederal o la que sea, es el hecho de que dándose la primera, la libre y consciente unión de un pueblo a un Estado, aquél, que no debe perder su soberanía, y éste, que tampoco, han de pactar, libremente y de igual a igual, los límites de las mismas o quién decide qué. Claro que, como quien se puede unir voluntariamente, el unible, lo hace porque espera obtener de la unión mayor ventaja que de su separación, será aquel que se une, el unionista o unimismado, quien deba de ceder más que el unidor, que el unificador o que el ente al que se une. De otro modo, en las cuestiones en que el objeto a decidir sea estatal la decisión corresponderá al Estado; en las comunes a los unidos son estos mismos en común quienes han de decidir; en las particulares, en las de un unido y nadie más, ha de ser éste el decisor, decisorio o decisivo. De este modo se asegura la unilateralidad en aquellas materias que corresponden a cada cual en exclusiva y la bilateralidad o multilateralidad en aquellas que, al no ser propias de nadie sino comunes a todos o a varios, son compartidas.

Mejor o peor aclarado, más o menos explicado, algo de lo insinuado hasta aquí hay en el hecho de que me caracterice el pragmatismo radical, el radicalismo pragmático, el autonomismo independiente y el independentismo autónomo. Y es que soy, dicho de otro modo y sintéticamente, no sólo un vasco por voluntad propia que acepta que se pueda ser sólo español, sino un español por ley ajena que acepta que se pueda ser sólo vasco. Esto es, demócratas, la democracia: libertad para ser iguales, igualdad para ser libres.

lunes, 27 de agosto de 2007

To be continued...

No sé ustedes, pero yo, que antes que del EAJ-PNV me siento nacionalista vasco, ni soy de Imaz ni soy de Egibar. Tener, tengo de ambos, pero ser, soy mío. Mío porque, aunque he de pragmático tanto como de radical, defiendo el pragmatismo radical y el radicalismo pragmático. ¡Así de claro! Soy, de otro modo, un autonomista independiente y un independentista autónomo. ¿De qué va esto? Muy sencillo.

sábado, 25 de agosto de 2007

A vida o muerte

Ya en Europa y en América, ya en África, Oceanía y Asía…, la ocupación fundamental de quienes se dedican a las intervenciones políticas, ha sido, es y será auscultar, diagnosticar y prescribir el tratamiento para los problemas que aquejan a la paciente ciudadanía, sea blanca, negra o amarilla. No otra cosa espera de sus representantes quien es representado: que el médico de la cosa pública le ofrezca remedios y no dolores de muelas. Hecho este, el de interesarse por la maltrecha salud del cuerpo político-social y por la recuperación de la misma, que es, como se ha dicho, la razón de ser de quienes tienen por especialidad los asuntos públicos. Y es que quien lleva la política en el corazón y la practica con la cabeza –que no a la inversa– se preocupa por la vitalidad de la sociedad y su sanación. Y al revés: quien se preocupa por… lleva la política en… ¡Que por algo se dice lo de salud, amor y… más que dinero trabajo vocacional!

Este medicamentar que quienes son doctores políticos realizan para atajar las enfermedades de los organismos sociales ha, no obstante y entre otros como el francés, en el Estado español excepción. Excepción porque, en lugar de aplicar una terapia eficaz a la que, según el barómetro de Julio del CIS, es la principal dolencia para los españoles y, según el Euskobarómetro de Junio, la segunda para los vascos, los gobiernos de distinta planta que se han sucedido al frente del aparato estatal parecen vivir más cómodos con un cuadro clínico problemático que con uno favorablemente resuelto y sin complicaciones. Debido, pues, a la inapetencia que muestran los medicinantes de la “Clínica Ruber” madrileña a la hora de extirpar este cáncer –también, quede claro, a la persistente virulencia del mismo–, el problema de los problemas para la opinión pública española, el mayúsculo o el terrorismo, continúa con su metástasis. ¡Es lo que tiene ni estar gobernado por quien es profesional de la medicina ni estar ingresado en el Hospital Universitario La Paz! ¡Que se acaba, lamentablemente, con el muerto en la mesa de operaciones!

Si grave es esta negligencia de quienes en su labor pro ciudadana no prestan los auxilios debidos para lograr la cura de este tumor, no lo es menos la disparidad de pareceres que reina entre los “Rubericos” y los cirujanos vascos de la Clínica vitoriana Nuestra Señora de la Esperanza, tanto a la hora de determinar el carácter de la afección como de decidir el antídoto reconstituyente. En relación a la afección, para los medicastros, el terrorismo es lo patógeno y el problema de la falta de libertad su síntoma. Al contrario opina la medicatura vasca, para quien la falta de democracia es lo patogénico y la violencia, si acaso, lo sintomático. Otro tanto ocurre con el antídoto. Si para los “medicolegales” el fármaco a suministrar es la mano dura: lucha policial, judicial, unidad de los “demócratas”..., para los “Esperanzados” no hay otra panacea que, en ausencia de violencia y libremente, practicar el diálogo, la negociación, el acuerdo y la consulta. ¡Así es! Porque a nada que se analice la historia médica del problema, cualquiera con una docena de neuronas es capaz de entender que, si durante casi cincuenta años la receta de derrotar a ETA no ha conseguido paliar el sangrante sufrimiento, no lo va hacer ahora por mucho que nos digan, y no se lo creen ni ellos, que la organización violenta está en su fase terminal. Ésta es una política, la española, fracasada. Tanto como el casi medio siglo de lucha armada. Por esta razón, bueno sería abrir la otra vía: la vasca, la que nunca se ha coronado hasta el final o la que no ha ido más allá de la toma de contactos. ¡Llegó el momento de sacar la mesa de partidos de la sala de espera y hacerla pasar a la consulta! ¡Que una revisión o chequeo al año es muy saludable! Más, si de lo que se trata es de llegar a la médula del problema político.

Evidentemente, tanto en la denominación del hecho maligno como en el alivio a aplicar lo que está en juego es la dominancia de la lingüística, el poder de nominalizar, no el institucional. Porque quien pone nombre a las cosas, quien impone su lenguaje político, tiene, ideológicamente hablando, todas las de ganar. Tanto es así, que tratará –ya ésta dicho en algún que otro artículo– de que se hable del terrorismo quien no está tan dispuesto a que se haga, por ejemplo: del conflicto político, de la violencia contra la mujer (52 fallecidas en lo que va de año y sólo preocupa, ¡Dios mío qué diabólico!, al 2´4% de los españoles frente al 44,1% que el terrorismo), de la inmigración (no hay hijo madre que lleve la cuenta de los que pierden la vida cruzando el Estrecho…), o de las víctimas mortales en accidentes de carretera (210 en Enero, 183 en Febrero, 242 en Marzo, 218 en Abril, 237 en Mayo, 221 en Junio, 269 en Julio, más de 1580 y todavía quedan cuatro meses y pico para que finalice el año presente; 3015 en 2006. ¡Eso sí, las vías de circulación y etcétera son exquisitas). Hay que hablar del terrorismo, ¡qué menos!, pero no a costa de silenciar las mayores sangraduras del Estado español. No se puede anestesiar con una mascarilla, sedar con una cápsula o narcotizar con una jeringuilla a la sociedad. Porque ocultar a la masa social el estado real de lo enfermizo es una forma de tiranía, es propio de una democracia de tercera. Una democracia que, tal la española, muestra su dentadura al: vendar los ojos del pueblo, poner tapones en sus oídos, grapar su boca y escayolar sus manos. Una democracia que quiere a la ciudadanía encamada y drogodependiente.

A pesar del poderío o musculatura de las palabras, salta a la vista que ostentar el mando del esqueleto administrativo o del sistema nervioso central es más importante que dominar la lengua, es tener en la palma el bisturí que permite, sin que les tiemble el pulso, hacer cortes por lo “sano” a cualquier iniciativa política que no sea de su agrado. Les basta con enseñar las fauces y lanzarse a la yugular de la oposición para abortar o poner panza abajo toda tentativa de la misma. Vamos, que con las falanges te tienen cogido del pescuezo, por no decir de las pelotas. Entonces da igual que saques pecho y que pongas al descubierto los tríceps y los cuádriceps, porque los jetas de ellos, a más de que enseguida te buscan el talón de Aquiles o la fibra sensible para hacerte pupa y que te de un patatús, tienen el papo de pasarte, y sin que perciba la mirada de la gente de a pie las cicatrices porque son muy sutiles, con la ambulancia por encima. ¡Como para poner la otra mejilla cuando no hacen otra cosa que meterte el palo que salió de un madero hasta la campanilla! Así son, así sois, ésta es vuestra faz: “sin” tiros en la nuca, “sin” bombas de oxigeno –ya no les hacen falta porque sólo tienen que defender lo que nos arrebataron con ellas–, pero con toda la policlínica actuando de urgencia para llevarte a la UVI. ¡Dejadnos de una vez en “coma”! ¡Los unos y las otras! ¡Que lo vuestro no es un bypass!

Ahora que el ritmo cardíaco se acelera y que al subir el mercurio la temperatura del conflicto se hace febril, más que nunca, es necesario que el pueblo arrime el hombro. Codo con codo, tras enjuagar nuestras gargantas, tenemos que, a pleno pulmón, alzar la voz y hacernos oír, aunque para que escuchen sea necesario introducirles el bastoncillo hasta el tímpano. Que agucen las orejas para entender: ETA –que se hace la sueca– que nos tiene hasta las ingles de tanta descarga sin pies ni sesera, estéril, contraindicada y llena de efectos secundarios; Batasuna –a la que le ha llegado la hora de mudar de piel– que vendría como pulsera a la muñeca que cortara sin pestañear el cordón umbilical que le une a una ETA que le tiene de rodillas y que no le deja dar a luz una política dura como un hueso y válida tal que un riñón; el EAJ-PNV, EA, ARALAR e IU-EB –que durante la semana son “uña y carne” y el “finde” se enseñan los dientes de la mandíbula– que ha de llegar el día en que dejándose de las espinillas y yendo al grano le pongan a la sociedad vasca el termómetro en el sobaco; el PP –que se pone histérico y se le hinchan las venas del cuello cada vez que pierde el poder– que ya está bien de cruzarse de brazos, dar la espalda a los problemas, no tener más que un tema en los labios y mirarse no más que el ombligo; el PSOE –que tiene, aunque los niegue, vasos comunicantes con los populares– que ya vale de tomar el pelo a la sociedad vasca con parches y circunvoluciones, de seguir el marcapasos de la derecha española, de la telemedicina sin tacto desde Madrid y de negar la automedicación.

martes, 21 de agosto de 2007

La tarta, las tortas y la tortilla

Si siguen, aunque no sea en el día a día, la actualidad política vasca, habrán comprobado cuán fácilmente quienes están por repartir la tarta acaban recibiendo la torta y qué difícilmente –por no decir nunca– quienes están por repartir la torta acaban recibiendo la tarta. Unos, los de la tarta, se suelen quedar, aunque no siempre, sin el trozo de pastel y con el tartazo. Los otros, los del tortazo, no consiguen ni apagar las velas. Vamos, que a los primeros no sólo les roban hasta la tartera y les dejan con el caramelo entre los dedos, sino que, café sí, café no, les caen galletas, y no precisamente de “El Príncipe”, con mucha mala leche. Tanta como la que hay que tener para no invitar a los segundos, por muy de mazapanes que sean, siquiera a los postres y a la sobremesa. Guste o no, así es: ni con los anteriores ni con el confitero actual, vayan de dulces o a torta limpia, se prueba bocado.

Sabido lo anterior, y de ello los vascones sabemos de largo, es comprensible que las últimas declaraciones del bienquisto alcalde de Bilbao, el jelkide Iñaki Azkuna, hayan dejado tan helados a los fogosos de las tortas como rellenos a los golosos de la tarta. ¿Que qué dijo? En una entrevista para el Correo Español y a la pregunta de si era partidario de una candidatura de consenso para conformar el máximo órgano de dirección política del EAJ-PNV, el EBB, lo siguiente: “(…) No sé quién se va a presentar, pero yo apoyaré a aquel que apueste por un partido moderno, un partido que no quiera la exclusión de nadie, un partido pactista, no esencialista. Que no esté hablando todo el día de las esencias porque eso nos lleva al integrismo. Que no esté hablando todo el día del RH. Que apueste por un futuro pactado con España y con presencia en Europa. Yo no puedo admitir ya un partido que esté todo el día a tortas con España y que sea expulsado de Europa. Yo no voy a apoyar eso. Apoyaré un partido abierto, que abra las ventanas, que entre aire fresco, sin exclusiones y, sobre todo, que no sea esencialista ni integrista, que esté mirando sólo su propio ombligo. Eso ya ha pasado a la historia. No hay que estar todo el día diciendo que somos nacionalistas. Lo que hay que hacer es política, con todo el mundo, sin exclusión. Ese partido quiero yo.” ¡Qué gran, y entiéndanlo, verdad a medias! A medias porque el problema no es que el EAJ-PNV no sea un partido moderno, pactista, etc., lo es, sino que el Estado español es el anticuado, excluyente, impositor, no pactista, esencialista, integrista, cerrado y ultranacionalista. O lo que es lo mismo, el que impone su política e impide la de los demás. Es por esto que si no se puede admitir un EAJ-PNV todo el día a tortas con España, tampoco una España todo el día a tortas con el EAJ-PNV. Esto ocurre a diario, aquello una vez al año…

Al hilo de este apoyo explícito de Iñaki Azkuna a las tesis del presidente del EBB, Josu Jon Imaz, quien fuere su predecesor en semejante cargo y flor y nata del EAJ-PNV, Xabier Arzalluz, ha puesto, sin hacer la rosca de reyes, la guinda al llamar a la tarta San Valentín tarta San Valentín y a la tarta de ostiones tarta de ostiones. Decía: “No me gusta la política del PNV de cara al Gobierno de Madrid o respecto a lo que hay que hacer aquí. Yo, lo más parecido que encuentro hoy, más en mi línea, es la política de Ibarretxe, y por tanto ésa es la que apoyo (…) Yo no conspiro contra Imaz. Pero yo estoy con Ibarretxe, de eso no hay duda. Y en la medida en que Imaz no esté con Ibarretxe, pues yo no estaré con él. Pero yo excluyo totalmente, ¡totalmente!, cualquier riesgo de escisión, aunque haya agoreros que lo digan. Ya sufrimos una, y eso no se volverá a repetir. Desde luego, yo nunca estaría en eso, pasara lo que pasara (…)”. ¡Qué gran exactitud a medias! A medias – y perdóneseme, si es osadía– porque tan cierto como que no guste “la política del PNV de cara al Gobierno de Madrid o respecto a lo que hay que hacer aquí” es que a muchas personalidades del nacionalismo vasco –empezando por Arzalluz– no nos gusta la política del Gobierno de Madrid de cara al PNV o respecto a lo que hay que hacer aquí. ¿No es verdad, compatriotas? ¡Sin duda! ¡Al menos para quienes se quedan como flanes al ver que su partido del alma, el EAJ-PNV, se esfuerza, pretendiendo cautivarla e inconsciente de su empanada, en llamar bombón a una pendona que siempre le prepara un pastel de calabaza o un bizcocho Pio Nono. Cuando no, claro, una tarta de Santiago, unos bocados reales, una reina de Saba o una baba imperial. ¡Desventurado nacionalismo vasco que abandonas, por los buñuelos, la golosina y el pastel de medias tazas de un repostero merengue, el pastel, el pastel vasco!

PD: ¿La tortilla? Confeccionando con un par de huevos… un pastel diplomático y unas lenguas de gato. ¡On egin! ¡Que aproveche!

domingo, 19 de agosto de 2007

Los parches de los Patapalos

En esta estación veraniega, que ha tenido más de la que brotan las coloridas flores y de la que caen las hojas marchitas que de la que sale el chillonamente anaranjado astro, si alguien ha hecho el agosto político, a más del nuevo Diputado General de Álava, el jelkide Xabier Aguirre, ha sido el más españolista que navarro Miguel Sanz. Éste, que reedita como presidente de la Comunidad Foral, a diferencia de aquél, que sólo ha cogido algo de color político, se ha puesto moreno. Moreno cuando a Navarra, que estaba tomándolo de cara, le ha dado el celestino de los rayos UVA de lleno en la espalda, poniéndosele ésta roja en lugar del que debería habérsele puesto: el rostro. ¿Moreno cuando el de Unión del Pueblo Navarro estaba negro? ¿Cómo, si no gracias a la NIVEA que les faltó a quienes están con el tomate y las pinzas de cangrejo en la piel o quemados, quien estaba negro negrillo ha acabado con el pellejo marrón? ¡NIVEA, veraneantes, NIVEA! ¡NIVEA por aquí y NIVEA por allá! Bien extendida, claro, y masajeada. NIVEA que a nadie le resbala por alto que, al quedar blanco sobre blanco la protección socialista que ha tenido el gobierno “upeenecedeenetista”, puede ser un factor que despierte de la siesta española a la sociedad navarra.

Esta película protectora total del PSOE a la hermanita menor del PP en el Territorio Histórico-Foralista, a UPN, ha ido en contra de los tiempos que, Navarra arriba, Navarra abajo, corren. En contra porque desde la Unión Europea nos llegan las nuevas normas relativas al etiquetado de los protectores solares, según las cuales, aquellos reclamos visibles en los botes de crema que decían “Protección total o Pantalla total” estarán prohibidos al estar científicamente demostrado que no hay potingue que proteja al cien por cien de los cancerígenos rayos ultravioleta A y ultravioleta B. Vamos, que el capote de ungüento a tutiplén que le ha echado el PSOE a UPN no venía a cuento con los nuevos aires comunitario-reglamentistas. Y menos en Navarra, que en este ciclo pedía la cremación del gobierno de UPN y ha terminado, como yo, viendo al socialismo español echarle la mano con la cremota a Sanz. Gracias a quienes desde la izquierda socialista apoyan, aunque sea pasivamente, a la derecha más derechizada y a costa de quienes han acabado enrojecidos o a quienes se han quedado blancos como la leche, que también los hay en navarra y fuera de ella, Sanz es el Presidente de la Comunidad Foral. ¡Tamaña loción!

Una toma de posesión del cargo como la de Miguel Sanz, más agostiza que la de Xabier Aguirre –el bronceado de éste se debe a que sin ponerse el sol en Navarra en Euzkadi sólo puede haber resol–y tras verle los cuernos a los toros de las fiestas de Pamplona, sólo puede ocurrir en ese mes en que medio Estado español toma sus vacaciones y “el otra medio” sigue en el tajo: en Agosto. Cuando cincuenta de cien, enterado más, enterado menos, no se enteran de casi nada porque están con: un pie en el chiringuito, el otro en primera línea de playa –en la orilla que se lleva el orillar–, los ojos como top-less y la cabeza bajo el agua, entonces el PSOE y el PP pueden hacer castillitos de arena tal el de Navarra sobretodo, aunque también como el de Álava. Un emocionante golpe de mar basta para que se los lleve el poder del agua. Ahora bien, no parece que vaya a haber marejadas antes de las elecciones generales, aunque pueda haberlas anteriormente a las autonómicas vascas. No le queda otra al PSOE, que se le ha visto tan unido en Navarra al PP, que coger esa ola de cambio, la cual debería haber cogido ahora, para poder presentarse ante el electorado vasco como una opción política distinta a la popular!

De un tiempo a esta parte, si algo ha venido comentándose por los políticos, tertulianos, escritores y demás gurús de la información es que de lo que ocurriera en Navarra iba a depender lo que ocurriera en Álava, sin embargo, el bronceado de Aguirre en la Diputación alavesa no se explica por el dorado que ha cogido Sanz con la presidencia de la Comunidad Foral. El doradito de Sanz, que en el artículo anterior se explicaba como una tomadura de pelo de un Zapatero que no quiere perder en Navarra lo que pretende ganar en Madrid, tiene un matiz, además, de antivasconavarrismo o de contranavarrovasquismo en ambos partidos de ámbito estatal: en el PP y en el PSOE. En el PSOE no sólo porque anteponga su interés partidista de gobernar en el Estado Español a los deseos de cambio de la sociedad navarra, sino porque ha demostrado que prefiere que se gobierne Navarra desde la derecha y desde el españolismo más castellano a hacerlo él mismo, desde la izquierda y con la coalición Nafarroa Bai e Izquierda Unida. El antinavarrovasquismo del PP, por su parte, radica en el hecho de anteponer el gobernar en minoría gracias el apoyo pasivo de un PSOE en horas bajas, a convocar elecciones que, aunque puedan debilitar al socialismo español, podrían dar alas al nacionalismo vasco que en sí misma lleva Nafarroa Bai.

Si hubiese sido cierto que el bronceado o no de Aguirre iba a depender del moreno o blancazo de Sanz, el PP y el PSOE deberían haber pactado en Álava al igual que medio han pactado en Navarra. Aunque visto que aquí lo han hecho a la vista porque no podían hacerlo a escondidas, quién se atreve a decir que no lo han hecho allí, en Álava, a escondidas cuando podían hacerlo a la vista. Puede ser, porque si el EAJ-PNV, EA y Aralar están gobernando es debido a que el PSOE más que el PP y éste así lo han querido. Ambos partidos españolistas no tenían otra si querían aspirar a ser la alternativa al gobierno del tripartito en la CAV. Pactando en Navarra y Álava se les hubiera visto demasiado la marca del sol en Euskadi. Y es que, ¡cuidado!, porque por muchos gestos, como el de la Diputación alavesa, que el PSOE le haga al EAJ-PNV, los socialistas –otro tanto la derecha española– ya han dado muestras a lo largo de la historia, y lo ocurrido en la Comunidad Foral Navarra es la más reciente, de lo que son capaces e incapaces. Al PSOE, cuando cambia tanto el clima político de periodo electoral a periodo electoral, lo mismo le podemos ver metiéndose en el agua como diciendo aquí está la playa. Si se mete lo hace despacito, despacito, a paso de tortuga y sin mojarse por completo. Si dice, por el contrario y como es común, aquí está la playa, olvídate de saltar a la piscina pues el chapuzón será en aquélla.

Otro de los que ha querido hacer su veranicacho particular en esta semana grande es el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, quien aprovechando los disturbios que en plenas jornadas festivas han bajado por el Boulevard donostiarra y Alderdi Eder hasta dar en el Casco Viejo, le espetaba ante las cámaras de televisión y desconsideradamente a Juan José Ibarretxe lo siguiente: “«Ya está bien, que son catorce chavales con capuchas, que ya vale, lehendakari, ya vale».” ¡Como si el Lehendakari y la Ertzaintza no pusieran todo su empeño en impedir estos actos de lucha callejera! ¿Cómo se pueden hacer esas declaraciones cuando uno de los bienes que ha sido atacado es precisamente el Batzoki del EAJ-PNV en la capital guipuzcoana? ¿Y cómo puede salir el secretario general de los socialistas guipuzcoanos, Miguel Buen, ha hacer de corista para estas malintencionadas declaraciones diciendo que: “cuando un alcalde se queja, normalmente se queja con razón”. Claro, y cuando el Consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, se queja de que el PSOE, pero lo mismo podía ser el PP, impide que la Ertzaintza tenga acceso a la información que manejan las policías española y francesa y colabore en reuniones con las mismas, no la tiene. El consejero nacionalista no, el alcalde socialista sí. ¿No será que quien no la tiene es éste último? Porque una de dos: o este par de socialistas son los únicos que no se han enterado que desde el socialismo español se defiende que el terrorismo es una cuestión de Estado y que la política antiterrorista la dirige el Gobierno de la Nación Española o es que son unos socialistillos? Si se hubieran enterado, desde luego, habrían caído en la cuenta que esta política de los socialistas –también de los populares– contra el terror, al estar basada en acabar con ETA policial y judicialmente, coloca toda la responsabilidad antiterrorista en el Gobierno socialista. Con lo cual, si son catorce chavales que practican lo que llaman terrorismo y si usted ya sabe cuándo y dónde van a actuar, por qué, Odón, no los detienen como máximas responsables las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado español? ¡Ah, ya, que es mejor colgarle el sanbenito al Lehendakari y a Balza, ahora que el proceso de paz está enterrado porque los socialistas no quieren resolver el problema político, que colgárselo a Zapatero y a Calatrava! ¡Ay, se me fue, Rubalcaba!

A pesar de que el tiempo no ha acompañado, los arenales de Euzkadi, que gozan de una salud estupenda aunque no sean aún cuál los del trópico de Cáncer, tropicales, han estado, como se suele decir, hasta la bandera a nada que ha brillado a gran altura el astro mal llamado rey. ¡A TOPE, vamos, a TOPE¡ Hasta tal punto, que se ha visto que lo importante tanto en los litorales como en la política vasca es, respectivamente, ser el primero en desplegar: la toalla por la arena, por el aire la bandera. Así, el “bocazas” de Antonio Basagoiti, desde ese Bilbao que tiene una ría de hierro, Casco viejo de madera y piedra, de oro la Gran Vía, aluminio de campeón en sus botas, Universidad de carne y hueso y turismo de titanio, soltaba la siguiente perla: “Sé que algunos dicen que esto es crispar y otros que les causa sarpullidos ver la bandera española, pero si la viesen todos los días del año no les saldría ningún sarpullido y no les supondría ninguna excitación (…) Si algunos se acostumbran a ver la bandera de su país, de España, en Bilbao, no habrá ningún tipo de problema (…) a Bilbao siempre le ha ido muy bien estando en España (…) la bandera española es tan bilbaína como la ría o como el Pagasarri (…) Bilbao “es muy español”. ¡Vaya Bilbainada! ¡Pero qué Bilbo, Basagoiti, ves! Mira Antonio, “dicen que esto es crisparles y algunos otros que les causa sarpullidos ver la bandera española, pero si todos los días del año les saliese sarpullido y excitación supondría, no sé, que ningún, ninguna la viesen ¿no?”. Con sarpullido y reexcitación diaria no duraba la española con la ikurriña, con la enseña vasca, ni lo que la mecha en prender de un petardo. Basagoiti, Antonio, “si algunos de España se acostumbran a no ver ningún tipo de problema, habrá en Bilbao la bandera de su País”. La nacional, la de Euzkadi, la ikurriña que los hermanos Arana: Luis y Sabino, idearan de su puño y traza. Pensada para Vizcaya e izada por primera vez el 14 de Julio de 1894 desde el balcón del “Euskeldun Batzokija en Bilbao, sito en el número uno de la calle Correo, precozmente ondearía por todo Euzkadi. Y es que esa bandera, oficializada en 1936 por el primer Gobierno Vasco, ilegalizada por el franquismo y legalmente reconocida como bandera de Euskadi desde la aprobación del Estatuto de Gernika, representa, sintetizando, el lema sabiniano de JEL, de “Jaungoikoa eta Lagi-zarra”, de Dios y ley Vieja, flameante a los cuatro vientos. Mejor lo explica Sabino Arana, artífice también de la palabra ikurriña: “La Bandera, como te he dicho, no la usó Bizkaya antiguamente; pero la que tenemos los nacionalistas no es tampoco inventada por nadie, sino expresión exacta del Lema y el Escudo como verás. El fondo de nuestra Bandera es rojo, como el fondo del Escudo. Esto, en primer lugar, así tiene que ser. Ahora verás como los signos del Escudo y los términos del Lema están perfectamente representados en la Bandera. La Cruz blanca de la Bandera es la Cruz blanca del Escudo y el Jaun-Goikua del Lema. Así como Lagi-Za´ra: significa a la vez leyes e independencia, pues ambos son elementos o caracteres políticos; así la Cruz verde de San Andrés representa a un tiempo por su color el Roble del Escudo y las leyes patrias, y por su forma las cruces de San Andrés del Escudo y la independencia patria. Unidos están la Cruz y el Roble en el Escudo, unidos por el eta, el Jaun-Goikua y el Lagi-Za´ra: del Lema; y unidas por lo tanto en un centro común deben estar en la Bandera las dos Cruces, blanca y verde. Y así como en la unión de la Cruz y el Roble en el Escudo, aquélla ocupa el lugar preferente, y en la unión del Jaun-Goikua y el Lagi-Za´ra: en el Lema lo ocupa el primero: así también en la Bandera la Cruz blanca está superpuesta a la verde de San Andrés.” ¡Basagoiti, Euzkotarren ikurriña ikurriña da, la bandera de los vascos es la ikurriña”. Y es que la española, la rojigualda que tiene su origen en la diseñada para la marina y sus barcos de guerra, la que la sentencia del Tribunal Supremo obliga a izar en sedes y edificios… institucionales de la CAV, no la sentimos como propia, aunque entendemos que haya vascos que así la sientan. Ahora bien, por qué el PP ve con buenos ojos que una Ley Foral de símbolos aprobada en el 2003 en el parlamento navarro, con los votos de UPN y CDN, pueda imponer que sólo flameen la bandera local, la de navarra, la española y la europea e impedir que la ikurriña, que desde 1977 ondeaba en Leiza o Villaba –en este último caso así lo decidió el pueblo en referéndum–, lo haga. ¿Verían con los mismos ojos que una ley del Parlamento Vasco impusiese que ondearan, de las citadas, todas menos la española? ¿Qué? ¡Más! A Bilbao no seré yo quien diga que le ha ido bien con España, pero desde luego España ha encontrado un chollo con Bilbao. Y es que ya la asedien los carlistas, ya la tomen los liberales, ya la bombardeen los franquistas sigue inconscientemente besando la mano de quien no deja de estrangularla. Razón por la que no sólo pensamos que entre la de España y la de Euzkadi no hay elección posible, sino que entre la española –incluida la republicana– o la de la calavera y tibias blancas sobre fondo negro nos quedamos, sin duda, con la pirata de Barbarroja, Francis Drake, Barbanegra, Henry Morgan o “Lope de Aguirre”. ¡Ron, ron, ron, la botella de ron!

miércoles, 15 de agosto de 2007

Zorros y con Antifaz

A más de patentizar que no es lo mismo el querer que el poder o la voluntad que la facultad, la constitución de los nuevos ejecutivos, tanto para las Diputaciones de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava como para la Comunidad Foral de Navarra, han puesto de manifiesto que una cosa es poder y otra el poder. Y es que al igual que quien tiene el poder no siempre puede, no siempre quien puede tiene el poder. En el territorio histórico alavés, por ejemplo, el constitucionalismo españolista, representado por el PSE y el PP, podía haber conquistado el gobierno de la Diputación alavesa. Poder podía pero… los 29 escaños que sumaban entre ambas organizaciones políticas no han podido hacerse, al contrario que los 17 sumados por el EAJ-PNV, EA y Aralar, con el poder. De otro modo, ha hecho aguas el poder conquistar de aquellos ante el conquistar el poder de estos. Tanto, que las dos fuerzas políticas más votadas van a hacer oposición al gobierno conjunto de la tercera, cuarta y “quinta”. Opositan aquellos como podían gobernar, gobiernan estos como podían opositar. Los primeros serán una oposición al ataque, los segundos un gobierno a la defensiva. A la defensiva como el ejecutivo foral vizcaíno (23 escaños, de un total de 51, suma el formado en solitario por el EAJ-PNV), el guipuzcoano (23, EAJ-PNV más EA) o el autonómico navarro (24, de una cincuentena, UPN junto a CDN). Ejecutivos, todos ellos, en minoría ante una oposición mayoritaria. Minoritarios que tienen el gobierno, mayorías que, la gobernabilidad. Quienes han el gobierno gobernarán lo “ingobernable”, quienes, la gobernabilidad desgobernaran lo gobernable. Gobernación y desgobernadura: en esto se ha convertido, en mala hora, la política. ¿Contragobernación! ¿Cómo es posible?

Este trecho, que va del quiero al puedo y del puedo al pude, he podido o estoy pudiendo, ha sido en Navarra donde se ha puesto de manifiesto de un modo tan palmario que se puede decir que le ha hecho la cama al PSN el PSOE al salir del armario. El gobierno que querían y podían haber formado los socialistas navarros junto a Nafarroa Bai e Izquierda Unida lo ha impedido el socialismo español que, diciéndose de cambio, progresista y “federal”, ha preferido que gobierne la derecha más conservadora, reaccionaria y centralista. ¡Fernando no ha montado tanto como Ferraz! A Puras, el presidenciable socialista navarro, le ha enseñado el presidente español Zapatero quién es el títere, quién el titiritero. “¡Que no se venda Navarra! ¡Que no se vende!” le ha venido a decir, más no sin añadir la coletilla de “¡No vayas a creer, empero, que vale tanto como Madrid! ¡Aquélla no tiene precio, pero sólo ésta es la apreciada! ¡Con tal de que la izquierda socialista no pierda la Moncloa que siga la españolísima derecha su explotación de Navarra! ¡Diles la navarrada, la navarrosa, para no dar pie a la madrileña!”

Esta doblez en el comportamiento político, tan común en el PSOE como en el PP, ha revelado a las claras cómo se las gasta quién cerró las Cortes a la reforma del Estatuto de Gernika, quien iba a respetar la voluntad catalana y se la cepilló sin miramientos, quien se metió en la paz hasta la rodilla y por no hacerlo hasta la cintura nos ha puesto con el agua de la guerra hasta el cuello o quien decía últimamente que “Navarra será lo que los navarros y navarras decidan” y a la primera de cambio ha decidido que otra vez será: Zapatero. El presidente del Gobierno español, al ordenar que Fernando Puras trague salivilla, ha demostrado que en su boca la palabra es papel empapado. Si todo por el trono era el leitmotiv de las monarquías de sangre azul, todo por seguir en los bancos de aquel color se ha debido decir el “rojito” de ZP. ¿Su destape? Poner a las claras que ni el peso de Navarra y Álava juntas inclina la balanza cuando en el otro platillo está en juego el mandar o no desde la capital del reino de España. Visto lo visto, ésta para mí, ésa para el nuevo tripartito y aquélla para el bipartito repe pensaría para sus adentros. Desde fuera, desde luego, así se ha percibido ese entregar: Navarra a la derecha navarro-española y Álava a la novedosa entente que los antaño coaligados, EAJ-PNV y EA, han formado junto a los aralaristas. Por no desairar, cuando están las generales al caer y las autonómicas vascas a la vista, al electorado español que decanta el poder en aquéllas y al vasco que en éstas, ha perdido Navarra y Álava. Ha perdido: la Comunidad Foral Navarra para no perder el poder en el Estado español y el territorio alavés para intentar ganar en la Comunidad Autónoma Vasca. En este último caso, además, ha querido ganarse el apoyo, sabiendo que las elecciones que dilucidaran el gobierno español serán reñidas, que el EAJ-PNV le puede prestar en Madrid. ¡Cálculo, a puro cálculo se reduce la actuación política del PSOE! ¡Y del PP! ¡Y del resto, también del resto! Todos quieren el poder, qué diablos, pero lo de los socialistas y populares es de que baje Dios y lo vea porque son capaces, con tal de hacerse con él, de vender al Lenin español aquéllos, a Cristo Rey éstos. ¡Virgen santa!

Este hacer política como se estila en América –con un ojo en las encuestas, otro en los medios de comunicación, dos en lo que hacen los rivales políticos y cuatro en la Casablanca– del socialismo español, que ha impedido no sólo el cambio político en Navarra, sino alcanzar la paz y normalización política en Euzkadi, es propia de partidos veletas. Basta que la opinión pública sople del Norte para que se pongan a apuntar al Sur. Son como las cigüeñas de pico y patas de color rojo, cuello y cuerpo blanco y alas negras: ¡Siempre están a la copa más alta o al campanario más veraniego! ¡Hasta que les entra el frío y emigran! Cigüeñas que se parecen más a alguno de sus alimentos: entre otros, a las sabandijas o a los escarabajos de seis patas, no a los Volkswagen (coche del pueblo, en alemán).

La veleta, pues, que no ha acompañado a los vientos de cambio en Navarra, y la cigüeña, que no ha traído a las niñas gemelas de la paz y la democracia, como no podía ser de otra manera, han dejado a la parroquia boquiabierta y cariacontecida. No obstante, no hay que pensar que estas puras incoherencias políticas se dan tan sólo en la actuación de los socialistas, en lo que llevan a cabo, también ocurren en sus pronunciamientos públicos, en lo que al fin y al cabo dicen. Esta semana, aunque casi acontezca a diario, Odón Elorza, alcalde de Donostia, y Javier Rojo, presidente del Senado español, que vienen a ser, entiéndase, el “Egibar del PSE” y el “Imaz del “PSOE”, decían cosas tan dispares como disparatadas. Aquél, que gobierna la Concha –aunque sea más bien la perla del Golfo de Vizcaya– con el apoyo de EB-IU y Aralar, se declaraba “contrario a volver a gobernar Euskadi con el PNV”. Mientras que el otro venía a decir lo contrario: “Euskadi tiene tantos problemas que necesita un compromiso de los dos grandes partidos. El Partido Socialista y el PNV tienen una gran responsabilidad sobre el futuro del País Vasco.” ¡Sorprendente, la verdad! No ya porque Odón sea un desagradecido al arañar al EAJ-PNV que le dio el biberón donostiarra o porque su pensamiento esté del de Rojo como el blanco del negro, sino porque sean capaces, tanto el uno como el otro, de creerse a sí mismos. ¡Vamos, que Odón sería capaz de gobernar Euzkadi con los peneuvistas como Rojo de no hacerlo o de hacerlo con los populares! Y es que si la política, no la prostitución, es el oficio más antiguo de todos, la prostitución política no le va a la zaga.

Estas increíbles declaraciones de este par de “grillos” socialistas resultan más difíciles de creer aún, cuando, negociación sí, negociación no, hemos visto al PSE ser capaz de pactar: en la Diputación de Gipuzkoa con cualquiera (PP, EA, IU, Aralar) menos con el EAJ-PNV, y en la de Álava lo mismo con éste último que con el PP. Lo dicho… en la CAV, porque en la CFN el PSN ha tonteado tanto con UPN como con Nafarroa Bai e IU. Ha sido un pretendiente, también muy pretendido pero, a la hora de “pedir la mano”, al PSN le ocurre lo que al PSE...: que necesita el beneplácito del PSOE. Sin éste no hay bodorrio.

Cual han andado así les hemos visto: con unos y con otras. Con unos y con otras intentando amarrar la mayoría necesaria para gobernar. Y es que los pactos de gobierno, a diferencia de los pactos necesarios para alcanzar la pacificación, el fin del conflicto político y la democracia en Euzkadi, se pueden resolver con mayorías relativas y absolutas. Si la aritmética lo permite se puede dar el acuerdo para tomar las riendas del poder ejecutivo. Para gobernar no hace falta, aun cuando sea interesante, la transversalidad política. Gobernar, aunque no debiere existir el rodillo, es cosa de votos. Quien los tiene manda. Aunque hay mandos escasamente democráticos o poco relevantes tanto cuantitativa como cualitativamente. Gobernar, en fin, se puede gobernar entre pocos para todos, pero no puede haber paz y democracia para todos entre pocos. Un pacto como el necesario para vivir sin violencia y con la palabra es algo más que una cuestión de números. Es algo menos que el consenso y la unanimidad; algo más que el cincuenta y uno por ciento de la mayoría absoluta. Pacto del que estamos lejísimos, no ya porque el PP pase olímpicamente o porque el PSOE no se entienda con la izquierda abertzale, sino porque no puede pactar siquiera con una agrupación tan democrática como Nafarroa Bai.

Evidentemente, en las negociaciones para un acuerdo semejante es deseable que estén todas las fuerzas políticas, al menos una –a más de las que van a estar– de las españolistas (PP-PSOE) para que pueda pasar el filtro de las Cortes españolas, pero estén las que estén, se acuerde lo que se acuerde y digan lo que digan en el Senado y Congreso, la sociedad vasca debería ser, en última y primera instancia, la que se pronuncie. Es su voz la que cuenta, no la de los partidos políticos. Éstos pueden querer la guerra, aquélla, una paz asentada en la democracia y una democracia asentada en la paz. O a la inversa, puede que los partidos quieran la paz y la democracia y la sociedad, la guerra. Porque esto puede ocurrir, si no está ocurriendo y hace ya de ello, es necesario dar la palabra al pueblo vasco. Sólo sea para conocer su inofensiva, aunque haya para quienes peligrosa, opinión. ¡La opinión del pueblo peligrosa?

Peligrosa sí, porque la voz vasca que reclama poder decidir libre y democráticamente el futuro político, económico, social, etc., pone al descubierto las imperfecciones de esa nueva biblia que es la Constitución española. Esa reclamación autodeterminista, que es de justicia, saca a la luz el vacío legal en la Ley de leyes, el agujero negro de la Carta Magna, que no es otro que carecer de un artículo en el que se reglamente el mecanismo necesario, con tantos por cientos incluidos, para que la decisión del pueblo vasco pueda materializarse política y jurídicamente. Con algo tan sencillo se arreglaba un problema intrincadísimo. Ahora bien, con artículo o sin él, el día en que en la sociedad vasca se articule una clara mayoría, a favor de la opción política que sea, no va a haber Cortes ni tanquetas que logren acallar una expresión colectiva tal. Porque el problema, sinceramente, a más de que el españolismo no esté por la labor de que los vascos y vascas decidamos en libertad y en paz el mañana de nuestra Comunidad, está también en que en el presente nos falta, y es una pena que sea así, fuerza popular. Los y las auto deterministas, quienes queremos como ciudadanía vasca elegir el presente y futuro del pueblo vasco, ser, somos mayoría, pero bueno sería que lograramos un mayor apoyo del pueblo. Hay que cautivar a más vascos y vascas tanto como a más españoles y españolas. A aquellos para que la opción política que sea tenga recorrido y a éstos para que haya en la Constitución camino para la misma. Sin aquél, sin el recorrido, no va a haber camino, pero aún sin éste el recorrido se hará, caminante, camino.

A la hora de lograr un pacto como el que venimos hablando, pacífico cuán democrático y que ponga fin al conflicto político, parece más probable, como el PP rechaza el romance, llevarse al PSOE al huerto de la negociación resolutiva. Y en este terreno, evidentemente, los cantares de amor de Imaz pueden engatusar, si no a la amada, a la pretendida. El PSOE, hablando en plata, no va a caer rendido a los pies de los poemas románticos de Egibar, gusten más o menos que aquéllos a los nacionalistas vascos. Más la paradoja es que si Imaz es capaz de enamorar a España y desenamorar a la izquierda abertzale, Egibar enamoraría a ésta y desenamoraría a aquélla. Entre Imaz y Egibar, diría, anda el posible encuentro: la solución vasca a un problema español.

jueves, 2 de agosto de 2007

Otegi y Gerry

Supongo que habrán escuchado o leído, si no hablado o escrito en alguna ocasión, algo sobre ese adalid del vasco-independentismo socialista que se parece cada vez más, a pesar de que lo compararan con el líder del Sinn Fein, Gerry Adams, al luchador contra la segregación racial en Sudáfrica, Nelson Mandela. Me refiero, no podía ser a otro, al político que, si siendo libre es noticia en toda mesa de redacción, actualidad en los platós de televisión y última hora en los estudios de radio, estando preso entra con un pie en el cajón del olvido y sale con el otro del baúl de los recuerdos: Arnaldo Otegi. El de Elgoibar, que se asemeja al norirlandés y al sudafricano no sólo en que ha sufrido persecución jurídico-policial y apartheid político, sino encarcelamiento por flirtear con la lucha resistente y armada, y que ha tratado de lograr, tal el de Irlanda del Norte, un acuerdo como el de Belfast o Viernes Santo para Euskal Herria y, cual el de África del Sur, la democratización y pacificación de Euzkadi sin aspirar al Premio Nobel de la Paz, está, aunque tenga otros procesos judiciales abiertos por pertenencia a banda armada o por injurias a la Corona, cumpliendo una condena de quince meses en la prisión de Martutene por el delito de apología del terrorismo. ¡La bomba en pleno proceso de paz, la bomba! No tan “amonalizada” ni sanguinolenta como la otra, como la que casi hunde el aeropuerto, ciertamente, pero tanto o más malevolesca, premeditada e impertinente.

La bomba porque, aunque la pérdida de la libertad sea, junto al más caro de entregar la propia vida, uno de los precios que están dispuestos a pagar quienes luchan por liberarse de la opresión, este mandar a prisión a un hombre de paz –así lo llamarón también– es propio, a la par que de tiempos de guerra o de enfrentamiento violento entre ETA y los Estados, de temporadas políticas que tienen tanto de batallita de general condecorado como de, a buenas, no avanzar un palmo de terreno porque están todos atrincherados y, a malas, no poder replegarse porque está la retirada cortada. Y es que meter en la carcelona, a quién y, a un “comandante” como Otegi fue, ¡cierre los ojos quien no quiera ver la herida!, un golpe bajo a nuestras ilusiones democrático-pacíficas. Un golpe, si no mortal, sangrante, que dado por un “hombre” de armas tomar en unos tiempos de paz nos deja sin un “hombre de paz” como Otegi en unos tiempos de armas tomar. ¡Toda una pérdida! No sólo porque un hombre así, pacífico, sea el más valioso en unos tiempos como estos, si no bélicos, ante bélicos, sino en tanto que el hombre de paz, a diferencia del de armas tomar, no hace la guerra para imponer la “paz” sino que “impone” la paz para no hacer la guerra o hace la paz para no imponer la guerra. Impone, en el sentido de enseñar, y practica la paz. ¡Que por algo tiene el hombre de guerra su despacho en el campo de batalla y el de paz su campo de batalla en el despacho. Porque éste pone fin a lo que comenzara aquél y porque aquél, el beligerante, da comienzo a lo que finalizara éste.

Llegados ya a este clima de alerta máxima en que el teléfono rojo sigue sonando, el manos libres no se enciende, el inalámbrico y el listín hacen de las suyas, la máquina no traga la moneda y a la de tres puede saltar el contestador, es cuando las entrevistas a Otegi, en la cabina y sin monedas, pueden contener mensajes cortos de largo alcance. Así, con la vista puesta en la que este fin de semana publicaba el diario Gara, un servidor, “libre” pero con el discurso preso, opina que Otegi, preso pero con el discurso “libre”, no ha desaprovechado, como gran comunicador político que es, la llamada a cobro revertido que le realizaba este diario. En el mismo venía a decir, desde el calabozo, que al proceso de paz y… “de normalización política ya hablaremos” le han dado calabazas: los populares por tener los ojos puestos en Madrid, los socialistas porque sin perder de vista la villa capitalina y mirando de reojo al PP siguen sin tener altura de miras, el PNV porque se ha puesto las gafas de cristal oscuro del PSOE y la izquierda abertzale, que a lo que se ve la tiene de lince pero no ve que es la única especie “protegida”, porque sigue yendo al oculista del “o lentes o lentillas o no hay operación”. Así, ya por las dioptrías de unos, ya por la miopía de otros, aquellas previsiones de alcanzar entre los partidos políticos un acuerdo que garantice para el pueblo vasco un marco democrático en el que por medios pacíficos sea posible llevar cualquier teoría sociopolítica a la práctica merecen una revisión. Una revisión porque es un espejismo creer, se mire como se mire, que se pueda firmar la paz con la pluma que declara la guerra o que vayamos a contemplar el fin de la violencia sin admirar el principio del derecho a decidir. Y lo mismo a la inversa: a contemplar el principio de éste sin admirar el final de aquélla. ¡Las cosas como son! Ahora bien, estén como estén, hay que seguir ojeando el horizonte. ¿O hay, acaso, otra perspectiva?

A juicio de Otegi, no. No la hay porque las vías represivas, de enfrentamiento o del autonomismo constitucional están agotadas. Y lo están, adoptemos la óptica que adoptemos. Porque ni la Constitución ni el Estatuto ni la lucha armada consiguen lo que pretenden: la paz social la primera, al imponer la de los vencedores; el reconocimiento de la personalidad vasca (de su ser, haber y estar) en el Estado español la segunda, al impedir éste, no ya el ejercicio actualizado de los derechos históricos o decidir el futuro político, siquiera cumplir la letra de la norma estatutaria refrendada; la democracia la tercera, al querer ETA la libertad aunque sea a tiros. Así, imponiendo e impidiendo, que son violencia en estado bruto, no se logra más que el alargamiento de un conflicto que no debió comenzar y que ha de terminar. De terminar a través del diálogo, la negociación, el acuerdo y el referéndum. ¡No hay otra! Porque policial y judicialmente, aunque se pudiera, y mucho poder es, acabar con ETA, sólo se acabaría con ella. Nos quedaría un conflicto como el océano pacífico, en erupción tal la chimenea de un volcán sin sueño e imprevisible cuán una ráfaga de viento. Conflicto de llama baja, conflicto de chispas vivas.

Conflicto, no obstante, que puede entrar, así se lo parece a Otegi, en una fase de resolución y decisoria, si se retoma la vía, que ha permitido avances aunque no dar con la solución, del diálogo y la negociación. Diálogo y negociación que han de ser, independientemente de las circunstancias puntuales, permanentes. Y han de serlo, pero algo más permanentes que la tregua y que el largo, duro y difícil porque si no, va a ser cosa de un santiamén. Ahora bien, es precisamente en ese mantener pase lo que pase los canales de comunicación abiertos con ETA donde el pensamiento de Arnaldo Otegi choca, como lo hace en otros aspectos, con el del presidente del EAJ-PNV, Josu Jon Imaz, o con el del mismísimo presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Razón, entre otras, de que no se entiendan. Porque aquél no acepta nada que no venga de un escenario democrático y estos, nada que no, de un escenario de paz. Aquél quiere a priori lo que estos a posteriori y, a posteriori lo que, a priori. ¡Normal, pues, que no se avengan! ¿Cómo, si no es antes, ni después, sino durante? ¡Entremedias! Y es que siendo cierto lo que dice Otegi, que en el proceso no debe haber victoriosos ni derrotados porque es para bien de todas las partes, la mejor manera de lograr algo así es construyendo una democracia pacífica y una paz democrática. Es la vía, si no fuera porque en los ánimos hay, junto a la rabia, tanta ignavia…

Vía que, a más de un Estado español en el que cada poder, medios de comunicación incluido, no haga la guerra por su cuenta, sino la paz por la de todos, requiere, de las partes implicadas en poner punto y final a un contencioso perjudicial para todas ellas, mucha labor pedagógica y, del resto, más movilización popular. Así es, aunque ello sea obra de Cyranos, Apóstoles o levantamasas como Ghandi. De Cyranos porque es de tales lograr que el Estado español esté unido y con voluntad de llegar a un arreglo en la cuestión vasca, es tanto como cautivarle el corazón a una España sin rompérselo a la otra. De Apóstoles pues de los mismos es darle la cara al pueblo para educarle en la fe a unos principios fundamentales, es como decirle: ¡mira, la cruz! La cruz porque algo de crucifixión tiene, cuando hay quien opina que es la primera para ser libres y la última para estar presos, decir que la lucha armada es la última vía para ser libres y la primera para estar presos. Aquélla opinión es la cruz, ésta, la resurrección. Ahora bien, algo de crucero ha, a su vez, transmitirle, a quien cree que ni pasando por la cruz tienen derecho los vascos al más allá, que lo tienen apartados del pecado. Y es que la conversión del pensamiento español que afirma que “para el vasco sólo hay infierno” en el de “han cielo tras el purgatorio” es tanto como enviar a aquél, al malpensado españolista, ¡hostias!, al confesionario a por un Padre nuestro y tres Aves Marías. ¡Amén! De Ghandis no sólo porque a la violencia del no haya que oponer el no a la violencia, sino en razón de que hay que serlo para proclamar que no es con la fuerza como se consigue la unión del pueblo a una razón, sino que es con la unión del pueblo a una razón como se consigue la fuerza. ¡Don Juanes a la francesa, pues, los doce y hacer como, que no el indio!