miércoles, 15 de agosto de 2007

Zorros y con Antifaz

A más de patentizar que no es lo mismo el querer que el poder o la voluntad que la facultad, la constitución de los nuevos ejecutivos, tanto para las Diputaciones de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava como para la Comunidad Foral de Navarra, han puesto de manifiesto que una cosa es poder y otra el poder. Y es que al igual que quien tiene el poder no siempre puede, no siempre quien puede tiene el poder. En el territorio histórico alavés, por ejemplo, el constitucionalismo españolista, representado por el PSE y el PP, podía haber conquistado el gobierno de la Diputación alavesa. Poder podía pero… los 29 escaños que sumaban entre ambas organizaciones políticas no han podido hacerse, al contrario que los 17 sumados por el EAJ-PNV, EA y Aralar, con el poder. De otro modo, ha hecho aguas el poder conquistar de aquellos ante el conquistar el poder de estos. Tanto, que las dos fuerzas políticas más votadas van a hacer oposición al gobierno conjunto de la tercera, cuarta y “quinta”. Opositan aquellos como podían gobernar, gobiernan estos como podían opositar. Los primeros serán una oposición al ataque, los segundos un gobierno a la defensiva. A la defensiva como el ejecutivo foral vizcaíno (23 escaños, de un total de 51, suma el formado en solitario por el EAJ-PNV), el guipuzcoano (23, EAJ-PNV más EA) o el autonómico navarro (24, de una cincuentena, UPN junto a CDN). Ejecutivos, todos ellos, en minoría ante una oposición mayoritaria. Minoritarios que tienen el gobierno, mayorías que, la gobernabilidad. Quienes han el gobierno gobernarán lo “ingobernable”, quienes, la gobernabilidad desgobernaran lo gobernable. Gobernación y desgobernadura: en esto se ha convertido, en mala hora, la política. ¿Contragobernación! ¿Cómo es posible?

Este trecho, que va del quiero al puedo y del puedo al pude, he podido o estoy pudiendo, ha sido en Navarra donde se ha puesto de manifiesto de un modo tan palmario que se puede decir que le ha hecho la cama al PSN el PSOE al salir del armario. El gobierno que querían y podían haber formado los socialistas navarros junto a Nafarroa Bai e Izquierda Unida lo ha impedido el socialismo español que, diciéndose de cambio, progresista y “federal”, ha preferido que gobierne la derecha más conservadora, reaccionaria y centralista. ¡Fernando no ha montado tanto como Ferraz! A Puras, el presidenciable socialista navarro, le ha enseñado el presidente español Zapatero quién es el títere, quién el titiritero. “¡Que no se venda Navarra! ¡Que no se vende!” le ha venido a decir, más no sin añadir la coletilla de “¡No vayas a creer, empero, que vale tanto como Madrid! ¡Aquélla no tiene precio, pero sólo ésta es la apreciada! ¡Con tal de que la izquierda socialista no pierda la Moncloa que siga la españolísima derecha su explotación de Navarra! ¡Diles la navarrada, la navarrosa, para no dar pie a la madrileña!”

Esta doblez en el comportamiento político, tan común en el PSOE como en el PP, ha revelado a las claras cómo se las gasta quién cerró las Cortes a la reforma del Estatuto de Gernika, quien iba a respetar la voluntad catalana y se la cepilló sin miramientos, quien se metió en la paz hasta la rodilla y por no hacerlo hasta la cintura nos ha puesto con el agua de la guerra hasta el cuello o quien decía últimamente que “Navarra será lo que los navarros y navarras decidan” y a la primera de cambio ha decidido que otra vez será: Zapatero. El presidente del Gobierno español, al ordenar que Fernando Puras trague salivilla, ha demostrado que en su boca la palabra es papel empapado. Si todo por el trono era el leitmotiv de las monarquías de sangre azul, todo por seguir en los bancos de aquel color se ha debido decir el “rojito” de ZP. ¿Su destape? Poner a las claras que ni el peso de Navarra y Álava juntas inclina la balanza cuando en el otro platillo está en juego el mandar o no desde la capital del reino de España. Visto lo visto, ésta para mí, ésa para el nuevo tripartito y aquélla para el bipartito repe pensaría para sus adentros. Desde fuera, desde luego, así se ha percibido ese entregar: Navarra a la derecha navarro-española y Álava a la novedosa entente que los antaño coaligados, EAJ-PNV y EA, han formado junto a los aralaristas. Por no desairar, cuando están las generales al caer y las autonómicas vascas a la vista, al electorado español que decanta el poder en aquéllas y al vasco que en éstas, ha perdido Navarra y Álava. Ha perdido: la Comunidad Foral Navarra para no perder el poder en el Estado español y el territorio alavés para intentar ganar en la Comunidad Autónoma Vasca. En este último caso, además, ha querido ganarse el apoyo, sabiendo que las elecciones que dilucidaran el gobierno español serán reñidas, que el EAJ-PNV le puede prestar en Madrid. ¡Cálculo, a puro cálculo se reduce la actuación política del PSOE! ¡Y del PP! ¡Y del resto, también del resto! Todos quieren el poder, qué diablos, pero lo de los socialistas y populares es de que baje Dios y lo vea porque son capaces, con tal de hacerse con él, de vender al Lenin español aquéllos, a Cristo Rey éstos. ¡Virgen santa!

Este hacer política como se estila en América –con un ojo en las encuestas, otro en los medios de comunicación, dos en lo que hacen los rivales políticos y cuatro en la Casablanca– del socialismo español, que ha impedido no sólo el cambio político en Navarra, sino alcanzar la paz y normalización política en Euzkadi, es propia de partidos veletas. Basta que la opinión pública sople del Norte para que se pongan a apuntar al Sur. Son como las cigüeñas de pico y patas de color rojo, cuello y cuerpo blanco y alas negras: ¡Siempre están a la copa más alta o al campanario más veraniego! ¡Hasta que les entra el frío y emigran! Cigüeñas que se parecen más a alguno de sus alimentos: entre otros, a las sabandijas o a los escarabajos de seis patas, no a los Volkswagen (coche del pueblo, en alemán).

La veleta, pues, que no ha acompañado a los vientos de cambio en Navarra, y la cigüeña, que no ha traído a las niñas gemelas de la paz y la democracia, como no podía ser de otra manera, han dejado a la parroquia boquiabierta y cariacontecida. No obstante, no hay que pensar que estas puras incoherencias políticas se dan tan sólo en la actuación de los socialistas, en lo que llevan a cabo, también ocurren en sus pronunciamientos públicos, en lo que al fin y al cabo dicen. Esta semana, aunque casi acontezca a diario, Odón Elorza, alcalde de Donostia, y Javier Rojo, presidente del Senado español, que vienen a ser, entiéndase, el “Egibar del PSE” y el “Imaz del “PSOE”, decían cosas tan dispares como disparatadas. Aquél, que gobierna la Concha –aunque sea más bien la perla del Golfo de Vizcaya– con el apoyo de EB-IU y Aralar, se declaraba “contrario a volver a gobernar Euskadi con el PNV”. Mientras que el otro venía a decir lo contrario: “Euskadi tiene tantos problemas que necesita un compromiso de los dos grandes partidos. El Partido Socialista y el PNV tienen una gran responsabilidad sobre el futuro del País Vasco.” ¡Sorprendente, la verdad! No ya porque Odón sea un desagradecido al arañar al EAJ-PNV que le dio el biberón donostiarra o porque su pensamiento esté del de Rojo como el blanco del negro, sino porque sean capaces, tanto el uno como el otro, de creerse a sí mismos. ¡Vamos, que Odón sería capaz de gobernar Euzkadi con los peneuvistas como Rojo de no hacerlo o de hacerlo con los populares! Y es que si la política, no la prostitución, es el oficio más antiguo de todos, la prostitución política no le va a la zaga.

Estas increíbles declaraciones de este par de “grillos” socialistas resultan más difíciles de creer aún, cuando, negociación sí, negociación no, hemos visto al PSE ser capaz de pactar: en la Diputación de Gipuzkoa con cualquiera (PP, EA, IU, Aralar) menos con el EAJ-PNV, y en la de Álava lo mismo con éste último que con el PP. Lo dicho… en la CAV, porque en la CFN el PSN ha tonteado tanto con UPN como con Nafarroa Bai e IU. Ha sido un pretendiente, también muy pretendido pero, a la hora de “pedir la mano”, al PSN le ocurre lo que al PSE...: que necesita el beneplácito del PSOE. Sin éste no hay bodorrio.

Cual han andado así les hemos visto: con unos y con otras. Con unos y con otras intentando amarrar la mayoría necesaria para gobernar. Y es que los pactos de gobierno, a diferencia de los pactos necesarios para alcanzar la pacificación, el fin del conflicto político y la democracia en Euzkadi, se pueden resolver con mayorías relativas y absolutas. Si la aritmética lo permite se puede dar el acuerdo para tomar las riendas del poder ejecutivo. Para gobernar no hace falta, aun cuando sea interesante, la transversalidad política. Gobernar, aunque no debiere existir el rodillo, es cosa de votos. Quien los tiene manda. Aunque hay mandos escasamente democráticos o poco relevantes tanto cuantitativa como cualitativamente. Gobernar, en fin, se puede gobernar entre pocos para todos, pero no puede haber paz y democracia para todos entre pocos. Un pacto como el necesario para vivir sin violencia y con la palabra es algo más que una cuestión de números. Es algo menos que el consenso y la unanimidad; algo más que el cincuenta y uno por ciento de la mayoría absoluta. Pacto del que estamos lejísimos, no ya porque el PP pase olímpicamente o porque el PSOE no se entienda con la izquierda abertzale, sino porque no puede pactar siquiera con una agrupación tan democrática como Nafarroa Bai.

Evidentemente, en las negociaciones para un acuerdo semejante es deseable que estén todas las fuerzas políticas, al menos una –a más de las que van a estar– de las españolistas (PP-PSOE) para que pueda pasar el filtro de las Cortes españolas, pero estén las que estén, se acuerde lo que se acuerde y digan lo que digan en el Senado y Congreso, la sociedad vasca debería ser, en última y primera instancia, la que se pronuncie. Es su voz la que cuenta, no la de los partidos políticos. Éstos pueden querer la guerra, aquélla, una paz asentada en la democracia y una democracia asentada en la paz. O a la inversa, puede que los partidos quieran la paz y la democracia y la sociedad, la guerra. Porque esto puede ocurrir, si no está ocurriendo y hace ya de ello, es necesario dar la palabra al pueblo vasco. Sólo sea para conocer su inofensiva, aunque haya para quienes peligrosa, opinión. ¡La opinión del pueblo peligrosa?

Peligrosa sí, porque la voz vasca que reclama poder decidir libre y democráticamente el futuro político, económico, social, etc., pone al descubierto las imperfecciones de esa nueva biblia que es la Constitución española. Esa reclamación autodeterminista, que es de justicia, saca a la luz el vacío legal en la Ley de leyes, el agujero negro de la Carta Magna, que no es otro que carecer de un artículo en el que se reglamente el mecanismo necesario, con tantos por cientos incluidos, para que la decisión del pueblo vasco pueda materializarse política y jurídicamente. Con algo tan sencillo se arreglaba un problema intrincadísimo. Ahora bien, con artículo o sin él, el día en que en la sociedad vasca se articule una clara mayoría, a favor de la opción política que sea, no va a haber Cortes ni tanquetas que logren acallar una expresión colectiva tal. Porque el problema, sinceramente, a más de que el españolismo no esté por la labor de que los vascos y vascas decidamos en libertad y en paz el mañana de nuestra Comunidad, está también en que en el presente nos falta, y es una pena que sea así, fuerza popular. Los y las auto deterministas, quienes queremos como ciudadanía vasca elegir el presente y futuro del pueblo vasco, ser, somos mayoría, pero bueno sería que lograramos un mayor apoyo del pueblo. Hay que cautivar a más vascos y vascas tanto como a más españoles y españolas. A aquellos para que la opción política que sea tenga recorrido y a éstos para que haya en la Constitución camino para la misma. Sin aquél, sin el recorrido, no va a haber camino, pero aún sin éste el recorrido se hará, caminante, camino.

A la hora de lograr un pacto como el que venimos hablando, pacífico cuán democrático y que ponga fin al conflicto político, parece más probable, como el PP rechaza el romance, llevarse al PSOE al huerto de la negociación resolutiva. Y en este terreno, evidentemente, los cantares de amor de Imaz pueden engatusar, si no a la amada, a la pretendida. El PSOE, hablando en plata, no va a caer rendido a los pies de los poemas románticos de Egibar, gusten más o menos que aquéllos a los nacionalistas vascos. Más la paradoja es que si Imaz es capaz de enamorar a España y desenamorar a la izquierda abertzale, Egibar enamoraría a ésta y desenamoraría a aquélla. Entre Imaz y Egibar, diría, anda el posible encuentro: la solución vasca a un problema español.

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