A menos de mes y medio para que se celebren las elecciones municipales y forales en Euskadi y Navarra, la maquinaria electoral de cada partido político, aunque está ya humeando, no tiene las revoluciones a tope. Humo porque la trama, a lo que se ve, va de puros e impuros. La cabeza del jeltzale Jon Jauregui, tras ser acusado mediáticamente a la “turca” de no declarar a Hacienda todo su patrimonio inmobiliario, y su posterior renuncia a ser candidato a la Diputación de Guipúzcoa está sirviendo de munición a la formación de los peseéteros (miembros del PSE adictos al zetaperizado), que no peseéticos, y a la del popularismillón: al PSE -¡Eh! ¡Eh!- y a los Pepistas (¡) vascos (¿). Aquellos y estos, y hasta quienes la cargan contra el PNV de los negocios, forzando la caja de los truenos, leyendo la cartilla, calculadora en mano y por interés, han hecho declaraciones en toda regla para que el titular de las moradas, declaradas o sin declarar, rinda cuentas de sus propiedades. La culpabilización del presunto o la presunción de culpable, y la extensión de la sospecha a la sobrecentenaria entidad del EAJ-PNV, han sido moneda corriente en la circulación de males con murmullo metálico de fondo levantada para arruinar la carrera política al diputable y diputadores. Conseguido aquello más que esto por la planificada operación desprestigiante, ésta, haya partido de puertas adentro hacia afuera o de puertas afuera hacia adentro del partido, tiene su talón de Aquiles en que, aun en el caso en que fuere verdad lo referido al individuo, no tiene por qué serlo con relación al colectivo peneuvista. Ni de lo primero se sigue forzosamente lo segundo ni de lo segundo, lo primero. Es el mismo error que ocurre con la Ley Orgánica de Partidos políticos: Generalizar. Pretender pasar por comportamiento general aquél que es particular, por actividad del partido la de alguno de sus miembros. Porque de que el supuesto inocente fuera culpable, no se seguiría que todo el conjunto así lo fuese. Y, sin embargo, se pretende culpabilizar a todos por uno. Se intenta hacer de lo extraordinario algo ordinario y no de lo ordinario algo extraordinario. ¡El arte no es una ordinariez!
El último en lanzar un caramelo envenado, para ampliar su trozo de pastel, ha sido el Alcalde de Donostia, que ha puesto la aguindillada guinda o la aguindada guindilla, al hacer público su sueldo público y al asegurar que su mayor patrimonio es la honradez. Le han seguido sus semejantes en la casa consistorial de la villa de Bilbao y Vitoria. Así, tras el socialista del PSE, Odón Elorza, han hecho lo propio el nacionalista del EAJ-PNV, Iñaki Azkuna, y el derechista del PP, Alfonso Alonso. Los tres han salido en la prensa para republicar –son de por sí públicos– sus salarios. Los tres han dicho lo que ganan; ninguno, lo que gasta. Y este dato es importante para conocer si gastan más de lo que ganan, si ganan más de lo que gastan o si gastan tanto como ganan. El primero alcanza, en Euros (€), los 76.859; el segundo, los 92.874; el último, los 85.568. Parecido a lo que ganan quienes en esos mismos Ayuntamientos cubren las plaza de secretaria, la de intervención económica o la de arquitecto municipal ¡Un pico! Un picotazo para estos tiempos de vocaciones mal pagadas y profesiones bien retribuidas, de vocaciones que se profesionalizan y de profesiones vocacionalizadas. ¿Qué será, a este ritmo, de lo vocacional, vocacional?
Este nudismo de nuestros alcaldables en la arena política no es sino una imitación del ocurrido en la no pocas veces movedizas galas. Y es que la presidenciable socialista del PS, la diputada Segolène Royal, y el exministro de Interior y actual candidato por el partido conservador UMP a la Presidencia de la República Francesa, Nicolás Sarcozy, metidos de lleno en la campaña presidencial y disputándola con Francois Bayrou (UDF) y el ultraderechista, Jean-Marie Le pen, vieron como sus intimidades quedaban a la vista de una prensa gala que de antemano los desnudaba con la mirada. De allí al parecer proviene, Pirineo abajo hasta Euskadi, este afrancesamiento de quedarse en pelotas, sin enseñar, quizás, los pelotazos. Sólo faltan estos, si los hubiere, y el despelote de la alcaldesa de UPN en Pamplona, Yolanda Barcina y los de los alcaldes de las capitales: labortana (Baiona), bajonavarra (Donibane Garazi) y suletina (Maule) del País vasco-francés: el Conservador de la UMP, Jean Grenet, el del PS, Frantxoa Maitia, y el también socialista, Denis Barbé-Labarthe.
Entre este exhibicionismo económico propio, no exento de vouyerismo por las ganancias salariales ajenas o entre estas declaraciones económicas más que políticas y las declaraciones políticas más que jurídicas de quienes, como el Lehendakari nacionalista, Juan José Ibarretxe o el aspirante del PSE, Patxi Lopez, han realizado ante el TSJPV por dialogar con Otegi y compañía, está transcurriendo, pues, esta campaña electoral en la que, a día de hoy, desconocemos si ASB, las agrupaciones de electores, el PCTV o EAE-ANV van a obtener el visto bueno para concurrir a la lucha por la conquista del voto de la ciudadanía vasca. Y, la verdad, la participación o no de esta parte de la izquierda abertzale, a más de determinar los mapas políticos en Euzkadi Sur, puede ser como la aguja de una brújula que, al apuntar hacia un punto cardinal u otro, nos oriente hacia el tesoro de la pacificación y normalización democrática o hacia el naufragio de la no solución al conflicto histórico de naturaleza política que enfrenta al pueblo vasco con los Estados español y francés. Es este un momento clave, por tanto, más que por el “hacerse público” lo privado y privatizarse lo público, porque por fin vamos a poder intuir si se va a solucionar, pacífica y democráticamente, el problema político o si se va a problematizar la solución pacífica y democrática al mismo. En suma, si volvemos al pasado de enfrentamiento violento y antidemocrático o si vamos hacia un nuevo futuro de entendimiento antiviolento y democrático. Pasado es la afirmación de la lucha armada y la negación de la palabra al pueblo vasco; futuro, la afirmación de la palabra a éste y la negación de aquélla. Pretérito, ETA sí, Euzkadi no; porvenir ETA no, Euzkadi sí. Para ello, los Gobiernos de París y Madrid, o el Estado republicano francés y el monarquicoparlamentario español, deben respetar aquello que exigen a ETA respetar: la voluntad que la sociedad vasca manifieste, en ausencia de violencia, a través de decisiones libres. El sometimiento a la decisión del pueblo vasco es el único aceptable. Lo demás, campañadas.
El último en lanzar un caramelo envenado, para ampliar su trozo de pastel, ha sido el Alcalde de Donostia, que ha puesto la aguindillada guinda o la aguindada guindilla, al hacer público su sueldo público y al asegurar que su mayor patrimonio es la honradez. Le han seguido sus semejantes en la casa consistorial de la villa de Bilbao y Vitoria. Así, tras el socialista del PSE, Odón Elorza, han hecho lo propio el nacionalista del EAJ-PNV, Iñaki Azkuna, y el derechista del PP, Alfonso Alonso. Los tres han salido en la prensa para republicar –son de por sí públicos– sus salarios. Los tres han dicho lo que ganan; ninguno, lo que gasta. Y este dato es importante para conocer si gastan más de lo que ganan, si ganan más de lo que gastan o si gastan tanto como ganan. El primero alcanza, en Euros (€), los 76.859; el segundo, los 92.874; el último, los 85.568. Parecido a lo que ganan quienes en esos mismos Ayuntamientos cubren las plaza de secretaria, la de intervención económica o la de arquitecto municipal ¡Un pico! Un picotazo para estos tiempos de vocaciones mal pagadas y profesiones bien retribuidas, de vocaciones que se profesionalizan y de profesiones vocacionalizadas. ¿Qué será, a este ritmo, de lo vocacional, vocacional?
Este nudismo de nuestros alcaldables en la arena política no es sino una imitación del ocurrido en la no pocas veces movedizas galas. Y es que la presidenciable socialista del PS, la diputada Segolène Royal, y el exministro de Interior y actual candidato por el partido conservador UMP a la Presidencia de la República Francesa, Nicolás Sarcozy, metidos de lleno en la campaña presidencial y disputándola con Francois Bayrou (UDF) y el ultraderechista, Jean-Marie Le pen, vieron como sus intimidades quedaban a la vista de una prensa gala que de antemano los desnudaba con la mirada. De allí al parecer proviene, Pirineo abajo hasta Euskadi, este afrancesamiento de quedarse en pelotas, sin enseñar, quizás, los pelotazos. Sólo faltan estos, si los hubiere, y el despelote de la alcaldesa de UPN en Pamplona, Yolanda Barcina y los de los alcaldes de las capitales: labortana (Baiona), bajonavarra (Donibane Garazi) y suletina (Maule) del País vasco-francés: el Conservador de la UMP, Jean Grenet, el del PS, Frantxoa Maitia, y el también socialista, Denis Barbé-Labarthe.
Entre este exhibicionismo económico propio, no exento de vouyerismo por las ganancias salariales ajenas o entre estas declaraciones económicas más que políticas y las declaraciones políticas más que jurídicas de quienes, como el Lehendakari nacionalista, Juan José Ibarretxe o el aspirante del PSE, Patxi Lopez, han realizado ante el TSJPV por dialogar con Otegi y compañía, está transcurriendo, pues, esta campaña electoral en la que, a día de hoy, desconocemos si ASB, las agrupaciones de electores, el PCTV o EAE-ANV van a obtener el visto bueno para concurrir a la lucha por la conquista del voto de la ciudadanía vasca. Y, la verdad, la participación o no de esta parte de la izquierda abertzale, a más de determinar los mapas políticos en Euzkadi Sur, puede ser como la aguja de una brújula que, al apuntar hacia un punto cardinal u otro, nos oriente hacia el tesoro de la pacificación y normalización democrática o hacia el naufragio de la no solución al conflicto histórico de naturaleza política que enfrenta al pueblo vasco con los Estados español y francés. Es este un momento clave, por tanto, más que por el “hacerse público” lo privado y privatizarse lo público, porque por fin vamos a poder intuir si se va a solucionar, pacífica y democráticamente, el problema político o si se va a problematizar la solución pacífica y democrática al mismo. En suma, si volvemos al pasado de enfrentamiento violento y antidemocrático o si vamos hacia un nuevo futuro de entendimiento antiviolento y democrático. Pasado es la afirmación de la lucha armada y la negación de la palabra al pueblo vasco; futuro, la afirmación de la palabra a éste y la negación de aquélla. Pretérito, ETA sí, Euzkadi no; porvenir ETA no, Euzkadi sí. Para ello, los Gobiernos de París y Madrid, o el Estado republicano francés y el monarquicoparlamentario español, deben respetar aquello que exigen a ETA respetar: la voluntad que la sociedad vasca manifieste, en ausencia de violencia, a través de decisiones libres. El sometimiento a la decisión del pueblo vasco es el único aceptable. Lo demás, campañadas.


