viernes, 20 de abril de 2007

Campañas de Belén

A menos de mes y medio para que se celebren las elecciones municipales y forales en Euskadi y Navarra, la maquinaria electoral de cada partido político, aunque está ya humeando, no tiene las revoluciones a tope. Humo porque la trama, a lo que se ve, va de puros e impuros. La cabeza del jeltzale Jon Jauregui, tras ser acusado mediáticamente a la “turca” de no declarar a Hacienda todo su patrimonio inmobiliario, y su posterior renuncia a ser candidato a la Diputación de Guipúzcoa está sirviendo de munición a la formación de los peseéteros (miembros del PSE adictos al zetaperizado), que no peseéticos, y a la del popularismillón: al PSE -¡Eh! ¡Eh!- y a los Pepistas (¡) vascos (¿). Aquellos y estos, y hasta quienes la cargan contra el PNV de los negocios, forzando la caja de los truenos, leyendo la cartilla, calculadora en mano y por interés, han hecho declaraciones en toda regla para que el titular de las moradas, declaradas o sin declarar, rinda cuentas de sus propiedades. La culpabilización del presunto o la presunción de culpable, y la extensión de la sospecha a la sobrecentenaria entidad del EAJ-PNV, han sido moneda corriente en la circulación de males con murmullo metálico de fondo levantada para arruinar la carrera política al diputable y diputadores. Conseguido aquello más que esto por la planificada operación desprestigiante, ésta, haya partido de puertas adentro hacia afuera o de puertas afuera hacia adentro del partido, tiene su talón de Aquiles en que, aun en el caso en que fuere verdad lo referido al individuo, no tiene por qué serlo con relación al colectivo peneuvista. Ni de lo primero se sigue forzosamente lo segundo ni de lo segundo, lo primero. Es el mismo error que ocurre con la Ley Orgánica de Partidos políticos: Generalizar. Pretender pasar por comportamiento general aquél que es particular, por actividad del partido la de alguno de sus miembros. Porque de que el supuesto inocente fuera culpable, no se seguiría que todo el conjunto así lo fuese. Y, sin embargo, se pretende culpabilizar a todos por uno. Se intenta hacer de lo extraordinario algo ordinario y no de lo ordinario algo extraordinario. ¡El arte no es una ordinariez!

El último en lanzar un caramelo envenado, para ampliar su trozo de pastel, ha sido el Alcalde de Donostia, que ha puesto la aguindillada guinda o la aguindada guindilla, al hacer público su sueldo público y al asegurar que su mayor patrimonio es la honradez. Le han seguido sus semejantes en la casa consistorial de la villa de Bilbao y Vitoria. Así, tras el socialista del PSE, Odón Elorza, han hecho lo propio el nacionalista del EAJ-PNV, Iñaki Azkuna, y el derechista del PP, Alfonso Alonso. Los tres han salido en la prensa para republicar –son de por sí públicos– sus salarios. Los tres han dicho lo que ganan; ninguno, lo que gasta. Y este dato es importante para conocer si gastan más de lo que ganan, si ganan más de lo que gastan o si gastan tanto como ganan. El primero alcanza, en Euros (€), los 76.859; el segundo, los 92.874; el último, los 85.568. Parecido a lo que ganan quienes en esos mismos Ayuntamientos cubren las plaza de secretaria, la de intervención económica o la de arquitecto municipal ¡Un pico! Un picotazo para estos tiempos de vocaciones mal pagadas y profesiones bien retribuidas, de vocaciones que se profesionalizan y de profesiones vocacionalizadas. ¿Qué será, a este ritmo, de lo vocacional, vocacional?

Este nudismo de nuestros alcaldables en la arena política no es sino una imitación del ocurrido en la no pocas veces movedizas galas. Y es que la presidenciable socialista del PS, la diputada Segolène Royal, y el exministro de Interior y actual candidato por el partido conservador UMP a la Presidencia de la República Francesa, Nicolás Sarcozy, metidos de lleno en la campaña presidencial y disputándola con Francois Bayrou (UDF) y el ultraderechista, Jean-Marie Le pen, vieron como sus intimidades quedaban a la vista de una prensa gala que de antemano los desnudaba con la mirada. De allí al parecer proviene, Pirineo abajo hasta Euskadi, este afrancesamiento de quedarse en pelotas, sin enseñar, quizás, los pelotazos. Sólo faltan estos, si los hubiere, y el despelote de la alcaldesa de UPN en Pamplona, Yolanda Barcina y los de los alcaldes de las capitales: labortana (Baiona), bajonavarra (Donibane Garazi) y suletina (Maule) del País vasco-francés: el Conservador de la UMP, Jean Grenet, el del PS, Frantxoa Maitia, y el también socialista, Denis Barbé-Labarthe.

Entre este exhibicionismo económico propio, no exento de vouyerismo por las ganancias salariales ajenas o entre estas declaraciones económicas más que políticas y las declaraciones políticas más que jurídicas de quienes, como el Lehendakari nacionalista, Juan José Ibarretxe o el aspirante del PSE, Patxi Lopez, han realizado ante el TSJPV por dialogar con Otegi y compañía, está transcurriendo, pues, esta campaña electoral en la que, a día de hoy, desconocemos si ASB, las agrupaciones de electores, el PCTV o EAE-ANV van a obtener el visto bueno para concurrir a la lucha por la conquista del voto de la ciudadanía vasca. Y, la verdad, la participación o no de esta parte de la izquierda abertzale, a más de determinar los mapas políticos en Euzkadi Sur, puede ser como la aguja de una brújula que, al apuntar hacia un punto cardinal u otro, nos oriente hacia el tesoro de la pacificación y normalización democrática o hacia el naufragio de la no solución al conflicto histórico de naturaleza política que enfrenta al pueblo vasco con los Estados español y francés. Es este un momento clave, por tanto, más que por el “hacerse público” lo privado y privatizarse lo público, porque por fin vamos a poder intuir si se va a solucionar, pacífica y democráticamente, el problema político o si se va a problematizar la solución pacífica y democrática al mismo. En suma, si volvemos al pasado de enfrentamiento violento y antidemocrático o si vamos hacia un nuevo futuro de entendimiento antiviolento y democrático. Pasado es la afirmación de la lucha armada y la negación de la palabra al pueblo vasco; futuro, la afirmación de la palabra a éste y la negación de aquélla. Pretérito, ETA sí, Euzkadi no; porvenir ETA no, Euzkadi sí. Para ello, los Gobiernos de París y Madrid, o el Estado republicano francés y el monarquicoparlamentario español, deben respetar aquello que exigen a ETA respetar: la voluntad que la sociedad vasca manifieste, en ausencia de violencia, a través de decisiones libres. El sometimiento a la decisión del pueblo vasco es el único aceptable. Lo demás, campañadas.

lunes, 16 de abril de 2007

Así así, así así

La LOPP, la Ley Orgánica del PSOE y el PP, ¡no, voy mal!, la Ley Orgánica de Partidos Políticos, es de las más políticas y politizadas de todo el ordenamiento jurídico español. Política porque para materializar el artículo 23 de la Constitución española, que dice: “Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.”, es imprescindible contar con el instrumento de acción política por antonomasia: el partido político. Sin partido, sin agrupación… no hay derecho. ¡No hay derecho, no! Teóricamente, sí; prácticamente, no. Y a la inversa: sin derecho no hay partido, agrupación… –por lo menos, no con personalidad jurídica. Politizada porque esta norma legal, que hace de la excepción norma y de la norma excepción, responde a unos intereses políticos: a los de la derecha e izquierda más españolistas. Esta ley, tanto en su elaboración como interpretación y aplicación, deja al desnudo la arbitrariedad de los tres poderes: del legislativo, ejecutivo y judicial. La LOPP, más que garantizar un derecho político, es en provecho de una política: en provecho del españolismo.

El españolismo, que no es sino la ideología de la España una, grande y libre –libre con “ele” de liliputiense– y del Estado unitario, centralista y homogéneo, se ha sacado, de las camarejas alta y baja: del Senado y Congreso de los diputados, la Ley de Partidos Políticos. Ley que está hecha para que la Batasuna… legal sea ilegal, no para que la Batasuna… “ilegal” sea legal. Con ella no se trata de legalizar “ilegalidades” sino de ilegalizar legalidades. Por la ley se deja a Batasuna… fuera de la política y por la política se deja a Batasuna… fuera de la ley. Es una ley politizada, es una política legalizada.

Este reglamentismo partidista o este partidismo reglamentista, que por cesárea ha provocado el parto de esta sangrante regla, es fruto de un arreglo: Una mayoría de progresistas y conservadores en las Cortes, en los altos Tribunales o en el Gobierno vale para dejar fuera del juego político a una minoría: al independentismo socialista o al socialismo independentista, al nacionalismo izquierdista o al izquierdismo nacionalista: a Batasuna... A Batasuna y a toda formación política que, a tenor de los retuertos del derecho, sea su sucesora o continúe su actividad. Así, debido a los criterios políticos que hay tras las decisiones judiciales o debido a los criterios judiciales que hay tras las decisiones políticas, Abertzale Sozialisten Batasuna (ASB) o las agrupaciones de electores, que la izquierda abertzale trata de organizar para concurrir a las elecciones municipales y forales y lograr representación en las instituciones de Euskadi y Navarra: Ayuntamientos, Diputaciones, etc., lo tienen requetemal. Requetemal porque la Sala especial del Tribunal Supremo –que es la que entiende sobre la declaración de ilegalidad de una formación política o sobre si la misma entraña sucesión o continuidad… de otra ya declarada ilegal y la competente para sentenciar su disolución o suspensión de actividades– y en última instancia el Tribunal Constitucional, si la formación declarada ilegal o suspendida presenta recurso de amparo ante el mismo, vienen a ser para los independentistas vascos de izquierdas como los censores franquistas para los escritores contradictatoriales, los calificadores del Santo Oficio para los librepensadores o la Inquisición para los herejes. Y es que la persecución al rojoseparatista vasco se parece a una caza de brujas. Tanto, que hay motivos para sospechar si a un partido político le tienen que poner sombrero, nariz aguileña y escoba porque han encendido la hoguera o si han encendido ésta porque le tienen que poner todo aquello. Porque no me dirán que tras el acecho, asechanza y captura al apóstata del españolismo no está el españolismo del acecho, acechanza y captura al apóstata. Claro que está. Tras la cacería de la brujería está la brujería de la cacería.

Estos magos del derecho, que no actúan sin despecho, ¡no!, estos magos del despecho, que actúan sin derecho, mejor, o estos “justos” injustos que arremeten contra “injustos” justos, son tan retorcidos que han dislocado el espíritu y letra de su tendenciosa ley o tan han retorcido su ley que son de espíritu dislocado y letra tendenciosa. Retorcidos, dislocados y tendenciosos porque la LOPP es una ley no sólo capaz de ilegalizar a quien no condena el terrorismo mientras que mantiene en la legalidad a quien promueve una guerra –léase, Iraq– injusta, inmoral y petrodolarítica, sino redactada ex profeso contra Batasuna. En la misma se establecen una serie de actuaciones políticas como: promover, justificar o exculpar los atentados contra la vida, fomentar, propiciar o legitimar la violencia para la consecución de objetivos políticos, complementar o apoyar políticamente la acción de organizaciones terroristas, etc., que permitirían, dado el supuesto de hecho, ilegalizar al sujeto político: al partido que actuase de esa manera. Tal y como se señala en la exposición de motivos de la LOPP, con ésta: “(…) se establece un procedimiento judicial de ilegalización de un partido por dar un apoyo político real y efectivo a la violencia o el terrorismo (…)”.

Dejando claro que criticar esta norma legal no implica apoyar la violencia –ésta repugna–, es evidente que de entre todas las violencias –es cierto que en el texto de la ley de partidos se habla también de racismo y xenofobia– sobre todo en una, en la de ETA, se fija el foco para la ilegalización de una organización política: no condenar esta violencia condena al ostracismo político al incondenador. Y claro, violencias las hay a tutiplén: servirse –y tómese algo de lo que sigue como Galileo Galilei escribía su “Diálogo sobre los sistemas máximos”: como hipótesis– del terrorismo de Estado contra el enemigo político; saltarse con los servicios de espionaje y contraespionaje o con el Centro Nacional de Inteligencia el derecho a la intimidad personal y familiar, a la inviolabilidad del domicilio o al secreto a las comunicaciones; utilizar las declaraciones autoinculpatorias que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, torturas y tratos inhumanos y degradantes de por medio, logran en calabozos de mala espina; el empleo de la dispersión anticonstitucional de penados; el favorecer políticamente a colectivos empresariales que priman la ganancia personal sobre el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado o sobre el derecho a la salud y seguridad de la clase trabajadora que se gana la vida con sueldos paupérrimos y de echar a llorar; el hacer la vista gorda, cuando se chupa del bote, a todo tipo de tráficos: al de las mafias desahogadas que traen, precio convenido a cambio, a inmigrantes que sirvan como carne de cañón de la aterradora explotación capitalista; al de mujeres que, convertidas en objetos y esclavas sexuales, sin derechos y robadas a entrepierna abierta, sacien el apetito libidinoso del clientorro y el monetario de proxenetas desescrupuleados, o al que ocurre en el mercado azabacheado de armillones, droguitas, órganos, animalotes y demás fetiches para acomodados y desentrañizados; el alentar políticamente la especulación inmobiliaria y el enriquecimiento personal con la planificación urbanística y con las recalificaciones del suelo o con la concesión, bajo comisión, de licencias de todo tipo; el mirar hacia otro lado ante la malversación de fondos públicos que engrosa los privados y que priva de ayudas –como una puñalada al corazón lo hace de la vida– a los más necesitados; el no destinar, porque se han desviado a cajas fuertes particulares, presupuestos suficientes a las mayores problemáticas del Estado español: a prevenir y perseguir: la violencia contra las mujeres, los accidentes –¡menudo eufemismo!– de tráfico en carreteras de mala muerte: mal trazadas, asfaltadas, iluminadas y señalizadas, o las fechorías y ajustes de cuentas –matan más que ETA– de bandas del crimen internacionalmente organizado; el permitir, haciéndose el despistado, desfalcos, tal el marbellí, que se traducen en una pésima prestación de servicios públicos como el de sanidad – pregunten por el número de fallecidos esperando una operación mientras hay quien opera a lo grande o por el de quienes, en pleno invierno y entre todos los boletos, más que entre cartones– fallecen por hipotermia, sí, por hipotermia cuando hay viviendas desocupadas–; etcétera, etcétera y etcétera. ¿Cuántos políticos y partidos se hacen los suecos y se adineran gracias a todo lo dicho? ¿Cuántos lo promueven? ¿Cuántos lo condenan con la boca pequeña, al tiempo que a costa de todo ello se convierten en un pez grande y gordo? ¿Acaso no son los señalados temas esenciales para el funcionamiento del sistema democrático? ¿No están en juego en ellos los derechos y libertades fundamentales que la ley de partidos dice querer proteger? ¿Qué tiene que decir la LOPPota a todo esto? ¿Ni una palabra? ¡Somuda! ¿Le ha comido la lengua el gato o es que lo hay encerrado? Para eso está el código penal, dirán, ¡mandahuevones!, los mandamasados. ¡Ah! Y para el terrorismo ¿no? El problema, según estos caraduras, a la vista está, no es tanto que una formación política se sirva, directa o indirectamente, de una organización armada, sino que ésta se sirva de aquélla. Para ello, para que la organización armada no pueda hacer política crean la ley de partidos políticos. Y ¿entonces? Si quien practica la lucha armada no puede hacer política, ¿qué se quiere? ¡Que quien hace política practique la lucha armada! Qué, si no.

La consecuencia de esta ley injusta –y Batasuna, ETA y otros agentes en esto tienen parte de razón – es que si a la izquierda abertzale se le impide, sea con ASB, las agrupaciones de electores, el Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV) o los sin-Dios, o afinando, los sin-JEL: EAE-ANV, participar en la contienda electoral, ésta no será democrática. No lo será, no. Pero dicho esto, tan antidemocráticas serán las elecciones sin la presencia de esta sensibilidad política como con la presencia de ETA. Sin la luz de la izquierda independentista o con la sombra de la organización armada la lucha electoral no reúne los mínimos democráticos. Para que los reúna, el gobierno español ha de meter en la cancha a quienes ayudó a expulsar: a Batasuna, y ésta debe sacar de la misma a ETA. Si siguen mirando el problema político como hasta ahora –el ejecutivo socialista con lupa y la izquierda abertzale con “lentes de disminución”– lo verán más grande o más pequeño de lo que es. Se trata de que logren una visión real. No de que agranden lo pequeño ni de que empequeñezcan lo grande.
Ante todo, las partes en conflicto han de entender que no se puede contemplar lo propio así y lo ajeno ASAO. O a la inversa: aquello ASAO y esto así. Sino así así, así así.

miércoles, 4 de abril de 2007

A ver, ¡hi!, Aberri

“Fui yo carlista hasta los diecisiete años, porque carlista había sido mi padre, aunque un carlista que sólo trabajo por el lema Religión y Fueros y a quien el dolor de la ruina de nuestras libertades lo llevó al sepulcro. Pero ya desde que había, a los quince de mi edad, estudiado Filosofía, distinguía mis ideas y decía que era carlista per accidens, en cuanto que el triunfo de D. Carlos de Borbón me parecía el único medio de alcanzar los Fueros: deseaba que D. Carlos se sentara en el trono español, no como fin, sino como medio de restablecer los Fueros; que Fueros llamaba yo en aquélla época a nuestras instituciones y decía de mí que era fuerista, palabra que desde entonces acá nunca me la he aplicado porque su empleo por los bizkainos es en mi concepto un manifiesto atraso. Pero el año ochenta y dos (¡bendito el día en que conocí a mi Patria, y eterna gratitud a quien me sacó de las tinieblas extranjeristas!), una mañana en que nos paseábamos en nuestro jardín mi hermano Luis y yo, entablamos una discusión política. Mi hermano era ya bizkaino nacionalista; yo defendía mi carlismo per accidens. Finalmente, después de un largo debate, en el que uno y otro nos atacábamos y nos defendíamos sólo con el objeto de hallar la verdad, tantas pruebas históricas y políticas me presentó él para convencerme de que Bizkaya no era España, y tanto se esforzó en demostrarme que el carlismo, aun como medio para obtener no ya un aislamiento absoluto y toda ruptura de relaciones con España, sino simplemente la tradición señorial, era no sólo innecesario sino inconveniente y perjudicial, que mi mente, comprendiendo que mi hermano conocía más que yo la historia y que no era capaz de engañarme, entró en la fase de la duda y concluí prometiéndole estudiar con ánimo sereno la historia de Bizkaya y adherirme firmemente a la verdad. (…) Pronto comencé a conocer a mi Patria en su historia y en sus leyes; pero no debe el hombre tomar una resolución grave sin antes esclarecer el asunto y convencerse de la justicia de la causa y la conveniencia de sus efectos. Más al cabo de un año de transición, disipáronse en mi inteligencia todas las sombras con que la oscurecía el desconocimiento de mi Patria, y levantando el corazón hacia Dios, de Bizkaya eterno Señor, ofrecí todo cuanto soy y tengo en apoyo de la restauración patria, y juré (y hoy ratifico mi juramento) trabajar en tal sentido con todas mis débiles fuerzas, arrostrando cuantos obstáculos se me pusieran de frente y disponiéndome, en caso necesario, al sacrificio de todos mis afectos, desde el de familia y de amistad hasta las conveniencias sociales, la hacienda y la vida misma. Y el lema Jaugoikoa eta Lagi Zarra iluminó mi mente y absorbió toda mi atención, y Jaungoikoa eta Lagi zarra se grabó en mi corazón para nunca más borrarse; (…)”: estas palabras de Sabino Arana –pertenecientes al Discurso de Larrabazal con que explicaba a varios compatriotas no sólo las razones por las que redactó “Bizkaya por su independencia”, su primer libro político, sino su plan de vida nacionalista– pronunciadas en 1893, a más de contener las líneas maestras de su pensamiento religioso-patriótico, son sumamente relevantes para comprender el leitmotiv del “Aberri eguna-Día de la patria” que los nacionalistas vascos celebráramos, por primera vez, el Domingo de Resurrección de 1932 con una manifestación multitudinaria (65.000 personas de las de antaño) que culminaba ante la casa natal (hoy Sabin Etxea) del fundador del EAJ-PNV. En fecha tan reveladora –en la Pascua los irlandeses también celebran su jornada nacional– se cumplían las bodas de oro, los cincuenta años desde que el Maestro Arana conociera a nuestra Patria: Euzkadi.

Este fin de semana, tras 125 años de aquella inspirada iluminación que Sabino recibiera en 1882 y transcurridos 75 del día patrio originario, los hombres y mujeres del nacionalismo vasco volvemos a revivir la efeméride. Efeméride que, aún proscrita y perseguida ásperamente durante el régimen dictatorial –tras el Aberri Eguna de Bilbao en 1932, el de Donosti en el 33 bajo el lema “Euzkadi-Europa”, el de Araba en el 34, el de Iruña en el 35 y los “descapitalizados” y diseminados por los pueblos en el 36, no se volvería a festejar hasta 1963 en Euzkadi Norte (Itsasu) y hasta 1964 en Euzkadi Sur (Gernika)–, nos recuerda cómo, además de ser un pueblo con lengua, historia, cultura, personalidad, etc., propia, somos, al tener conciencia de tales elementos objetivos y voluntad subjetiva de mantenerlos y desarrollarlos, una NACIÓN mayúscula. Una nación que se resiste a ser desnaturalizada y malograda por los Estados de ambos lados del Bidasoa: el castellanudo y el gabachucho.

Desesperanzadamente, esta solemnidad nacional que debería unir, pues unidad patria es lo que proclama, a quienes defienden sin medias tintas a Euzkadi, a diferencia de las festejadas en tiempos de la República, tras la muerte del caudillo o al surgir la asamblea de Ayuntamientos y cargos electos vascos (Udalbiltza) en l999, va a poner de manifiesto, sobre la conveniencia de una estrategia patriótica común, de un ir de la mano las organizaciones nacionalistas, la desacertada separación entre las mismas que las tácticas partidarias provocan: en el día de la patria, sobra patrioterismo, falta patriotismo. Porque no es la táctica de la nación la que ha de depender de la táctica de cada formación política, sino a la inversa: la partidista ha de estar en función de la nacionalista. Si el partido es para la nación, la nación no es para el partido. Entre el bien particular de éste o el bien general de aquélla no hay elección. Lo primero no es tal conjunto nacionalista, lo segundo, la nación, ¡no!, lo primero es la nación, lo segundo, tal conjunto nacionalista. Uno es el medio; la otra, el fin. Los medios han de estar a la altura del fin, no el fin a la altura de los medios.

Prueba de la división entre los partidos políticos, sindicatos, asociaciones, foros, etc., es, una vez más, los actos conmemorativos del día de la Patria que por separado van a celebrar; el EAJ-PNV en Bilbao, EA, en Guernica, Udalbide, que agrupa a cargos electos de las dos formaciones anteriores, en Forua y Aralar, Batasuna, EAE-ANV y Abertzaleen Batasuna que, junto a los sindicatos ELA y LAB, al Foro Nacional de Debate (NEG-FDN), a la fundación Euskaria y a asociaciones como ESAIT (a favor del reconocimiento de las selección nacional de Euzkadi) o Bai Euskal Herriari (pro derechos civiles y políticos de la ciudadanía vasca), han hecho suyo el llamamiento para celebrar un Aberri eguna unitario, con un recorrido entre Irún y Hendaya, que un colectivo popular diverso –entre otros y otras están quien fuera presidente del Athletic, Jose Maria Arrate, el primer harrijasotzaile en levantar la piedra de 300 kilos, Iñaki Perurena, el literato, Kirmen Uribe, el bertsolari tetracampeón nacional de versos, Andoni Egaña, el miembro histórico de la Izquierda Abertzale, Tasio Erkizia, o la profesora de la UPV, Laura Mintegi– ha realizado bajo el lema “Zazpiak bat. Nazioa gara. Etorkizuna gure esku – Siete en uno. Somos nación. El futuro en nuestra mano”. Como ven: aquí, ahí, allí. ¡Caótico! ¡Estrambótico! No se trata ni de que el día de la Patria parezca el de los partidos ni de que el día de los partidos parezca el de la Patria. Una patriada es lo que necesita el patriotismo vasco: una interesante acción desinteresada. Una acción interesantemente desinteresada o una, desinteresadamente interesante. Desinteresada porque no es partidista, interesante por patriótica. O a la inversa: desinteresada por patriótica, interesante porque no es partidista. ¡Que el partidismo no es patriotismo! ¡Que el patriotismo no es partidismo!

A pesar de lo señalado respecto a las arrítmicas jugadas de los partidos políticos, pudiera ocurrir: que la descoordinada estrategia fuere una estratagema de coordinación, que la descoordinada estratagema, una estrategia de coordinación, que la descoordinada coordinación, una estratagema de estrategia o que la coordinación descoordinada, una estrategia de estratagema. Juegos retórico-metabólicos aparte, que vienen a decir lo mismo, se pretende insinuar que, como el PSOE y el PP pueden actuar concertadamente cuando semejan desorganizados y a la inversa, los partidos nacionalistas pueden hacerlo del mismo modo. Y es que tanto aquéllos como éstos, aunque está por ver el comportamiento electoral vasco, han llegado a la conclusión de que la unión resta votos y la desunión los suma. Por esta razón, la unión, aún cuando sea la fuerza que impulsa a los navíos políticos, interesa que sea la hélice sumergida, y la desunión, el velamen que salta a la vista. O de otro modo, electoralmente hablando, aunque las capturas sean a partes iguales, es mejor faenar en dos mares que en uno solo. La pesca, tanto para el nacionalismo español de estribor o babor como para el nacionalismo vasco de proa o popa, puede ser mayor. La clave está en acertar con la malla. En tanto que por una red de cuadraturas anchas los peces pequeños se cuelan fácilmente y una de cuadrantes estrechos los grandes la rasgan sin dificultad. Los votos, que indican la cuantía que ha “mordido el anzuelo” o se ha enredado, son esenciales, no tanto para construir la nación como para constituir una de sus mayores garantías: el Estado vasco. Estado que no es que no se pueda lograr o imponer con la lucha armada, sino que los nacionalistas vascos vamos a lograr gracias al apoyo del pueblo. Sólo así será políticamente popular y popularmente político. ¡No lo duden! Con este respaldo ciudadano hay que lograr, a más del siete en uno, el uno en siete. Que la ciudadanía de cada territorio esté en y por Euzkadi y que Euzkadi esté en y por la ciudadanía de cada territorio.

Si criticable es que el día de la patria vasca cada barcaza nacionalista se eche a la mar en que mejor le sopla, doblemente que quienes se dicen Ezker Batua-Izquierda Unida (el euskera va antes) o PSE-Euskadiko Ezkerra (aquí, después) o Partido popular a secas (se lo tragó una ola) se queden en tierra firme, que no en tierra de nadie. Estos nacionalistas españoles – EB-IU no tanto, pero IU claramente–, que van con viento a favor por el Mediterráneo, zozobran en el Golfo de Vizcaya, y los nacionalistas vascos, que van con viento a favor por éste, zozobran en aquél. Es la diferencia entre izar el pabellón del Estado español y arriar el de la Nación vasca o izar el de la Nación vasca y arriar el del Estado español.

domingo, 1 de abril de 2007

¡Adiós Yo-dios!

El endiosamiento del yo, el egoísmo desolidarizado, el individualismo antisociable o la egolatría inempática características de la humanidad de los tiempos modernos –también de los anteriores– están carcomiendo los cimientos de las sociedades. Éstas, que exigen la renuncia de la independencia personal ilimitada para construir, ley mediante, la libertad colectiva, que requieren el abandono del yo amoral y asocial para educar y socializar el yo pro ético y comunitario, se ven seriamente amenazadas por actitudes egocéntricas. Actitudes que los propios modelos socio-económicos y las instituciones educativas fomentan alocadamente. Y es que ese tener que encontrar trabajo y ganarse el pan aunque demasiados estén parados y desnutridos o los estímulos para ser el primero de la clase sin parar en la clase del primero son contraproducentes para la vida en común. ¿Cuándo entenderemos que no se trata tanto de trabajar o de aprender como de trabajarnos y aprehendernos? ¿Estará cercano el día en que más que aprender para trabajar lleguemos a trabajar para aprender? ¿Por qué muchos trabajan para uno mismo en lugar de uno mismo trabajar para muchos? Si la salvación a este particularismo materialista radica en que la minoría que trabaja por y para la mayoría sea mayoritaria, a santo de qué la mayoría trabaja por y para una minoría.

Ahondando un poco más, el remedio a este ser individualista, si es que el culto a la propia persona lo tiene y no es una tendencia profunda de nuestra naturaleza humana, está en los aprendizajes que se pueden adquirir en la unidad familiar, entre las amistades referenciales, junto al tejido laboral, asociativo y político y, sobre todo, dentro del entorno educacional. La educación, en una palabra, se interiorice en el espacio vital que se interiorice, puede transformar las personalidades y sociedades interesadas en sí mismas y desinteresadas por los demás. Así, una enseñanza que apueste no tanto por el conócete a ti mismo cuanto por que uno conozca a los otros y los otros conozcan a uno, o una formación que a más del atrévete a pensar enfatice el atrevámonos pensándonos y pensémonos atreviéndonos, atreviéndonos a revolucionarnos radicalmente, puede ser un buen punto de partida. De partida porque, tras el pensarnos y conocernos, hace falta tener el arrojo para llegar a la meta que consiste, más que en hacerse a sí mismo, en hacernos mismos a nosotros. Hacernos de tal modo que el yo sea parte del nosotros y el nosotros sea parte del yo. Tanto, que de una organización social que construye el miembro destruyendo al cuerpo hay que evolucionar a otra que construya el cuerpo destruyendo al miembro. Del yo sin los demás hay que llegar a los demás sin el yo. Sin el yo tal y como es a día de hoy, claro está. Esta transformación esencial, que critica a una sociedad que no tiene prójimo y a un prójimo que no tiene sociedad, parta de la comunidad para metamorfosear al comunitario potencial o parta del comunitario potencial para metamorfosear a la comunidad, evidentemente, ha de lograr la metamorfosis de ambos: del comunitario en potencia y de la comunidad. Porque sin ésta no hay aquél y sin aquél no hay ésta.

Esta –si las anteriores merecen este término– reeducación de y para la humanidad, que practica un lavado de cerebro, así como de corazón, ha de inculcar en los verdaderamente educandos unos pensamientos y sentimientos que religuen al ser humano consigo mismo y con los demás. Tan así es, que el amor humanitario y el anteponer al bien particular el común, la filantropía y el altruismo, la piedad y la caridad, etc., han de ocupar el lugar central de la nueva pedagogía que alumbre a los hombres y mujeres auténticos. Éstos, benevolentes y abnegados hasta la médula, más que nacer para morir, “mueren” para nacer. Porque su renacimiento es fruto del renunciamiento de sí mismos. Este sacrificio u holocausto personal en aras de un beneficio general, que es consecuencia de la asimilación de unas ideas y emociones religadoras como “religioso”-morales, es la crucifixión del yo egoísta que posibilita la resurrección del yo misericordioso. Del yo condoliente que sufre el padecimiento ajeno como propio y el propio como ajeno. De un yo que, aún siendo primera persona del singular, se sienta primera persona del plural. Se sienta nosotros-nosotras. Un yo que, de no verse como un todo aparte, llega a no verse como aparte de un todo.

La regeneración del yo apuntada, que principia en un proceso de aprehensión de ideales y sensibilidades para lograr la reestructuración mental y sentimental, ha de alcanzar, para ser una realidad, el cultivo de lo motivacional y actitudinal. Ha de inclinar, de otro modo, la voluntad de la persona para que actúe con y en un sentido común. Se trata, en suma, de animar la volición comunera, el activismo en pro de la colectivización. Activismo que hace realidad, por el bien de la especie humana, el endiosamiento del nosotros, la solidaridad desegoista, la sociabilidad anti-individualista y la empatía inegolátrica.