jueves, 31 de enero de 2008

La metábola

Las metábolas, que no son sino ese artilugio retórico que nos hacen ver tras las caras de las cosas la cruces o tras la cruces de las cosas las caras, están permitiendo que por la sección de este blog que lleva su nombre en singular desfilen un número plural de personalidades: desde populares y socialistas hasta, pasando por republicanos, monárquicos y demás popularidades, nacionalistas vascos. Todos y todas, sin excepción, pueden ser blanco de la puntería metabólica. Lógicamente, al autor de estas líneas –seguidor del nacionalismo independentista vasco o del independentismo nacionalista vasco– le agrada más metabolizar a los primeros que a los últimos, pero no quiere por ello ni ser bueno cuando desarme a los malos ni ser malo cuando los desarmados sean los buenos. Otras razones mediante, porque entre politizar su literatura o literaturizar su política hace tiempo que se decantó por lo segundo. No es su escritura, pues, la que está al servicio de sus ideales, sino a la inversa. ¿Cómo podría ser de otro modo, si tiene su república en las letras? República que o es morada de libertad o ni es libre ni republicana.

Una persona que ha renegado de la visión nacionalista de la nación vasca, o que la entiende, mejor, en clave de pluralidad de identidades, de pacto político, de entendimiento con la nación española…, es Joseba Arregi, en la actualidad portavoz de la asociación Aldaketa. Entrevistado hoy en El Correo Español, a cuenta de una conferencia que va a ofrecer en la capital vizcaína sobre la “oportunidad para el cambio en el País Vasco” realizaba, entre sus habituales críticas al EAJ-PNV, varias afirmaciones metabolizables. El propio tema de la charla lo es, porque tan cierto como que es necesaria una oportunidad para el cambio en el País Vasco, lo es que es necesario el cambio para la oportunidad en Euskadi.

Comentaba Joseba en la entrevista que uno de los objetivos de Aldaketa es fortalecer la sociedad civil: “Sociedad civil entendida como el conjunto de ciudadanos que por razones distintas pueden criticar a todos los partidos y, al mismo tiempo, coger algo bueno de todos los partidos. Es la sociedad no amarrada por los partidos”. Tiene razón, no es aconsejable para una buena convivencia la omnipresencia de los partidos políticos. Lo social y lo político, aunque se entrecruzan y solapan, deben estar, como la Iglesia y el Estado, separados en alguna medida. Ahora bien, tan imperioso como que los ciudadanos puedan criticar a los partidos y que la sociedad no esté encadenada por los mismos lo es que los partidos puedan criticar a la ciudadanía y que estén libres de lo societario. Porque tan perniciosa para la coexistencia es la esclavitud política de lo social como la esclavitud social de la política.

Para la consecución de ese objetivo, del robustecimiento del tejido social, juzga Joseba oportuno crear corrientes de opinión y: “Trasladar a la opinión pública lo que fue la gran conquista de la modernidad, la libertad de fe, de creencia y de opinión, lo que, traducido a hoy en día, significaría también libertad de identidad. Crear espacios donde se puede pensar y no está prohibido estar en contra del discurso oficial”. No hay duda de que la revolución francesa puso los cimientos en Europa (en algunos países monárquicos no tanto) para esa libertad de pensamiento…, pero tan esencial como la libertad de fe, de creencia y de opinión, resulta la fe, creencia y opinión de libertad. Antes que la libertad de o que las libertades en plural, está la libertad a secas. Porque sin ésta, que es el meollo, las otras libertades no son más que apariencias. Además no sólo hay que crear espacios donde se pueda pensar, sino que hay que pensar espacios donde se pueda crear. La creación, que es la práctica, enseñorea sobre el pensamiento, que es la teoría. A no ser, claro, que uno se quiera dedicar a comprender el mundo, cuando de lo que se trata es de ¿transformarlo?

Al hilo de la necesidad de un cambio en Euskadi, señalaba Joseba Arregi que: “Retomamos la idea fundamental de Aldaketa: la sociedad vasca necesita un cambio no sólo de Gobierno, sino de cultura política y de discurso general”. Es opinable, pero si se puede cuestionar que la sociedad vasca necesite esa mudanza, que la sociedad española, entre otras, es una de las que tal baila no admite lugar a dudas. Por otro lado, y he aquí la metábola, no sólo el Gobierno, la cultura política y el discurso general necesitan la sociedad vasca de cambio. Porque si conjeturable es que la comunidad vasca necesite una metamorfosis de la política, es indubitable que la política vasca necesita una comunidad metamórfica, una sociedad que, más allá de la reflexión, se apunte a la acción.

Pasando por alto las críticas de Arregui al EAJ-PNV, críticas en las que afirma que el discurso jeltzale está agotado, que el partido está sometido al Lehendakari y que el EAJ-PNV dice defender las Instituciones que cuestiona, recordaba Joseba que: “Para plantear un cambio no basta con constatar lo que ha sucedido con el mundo de ETA-Batasuna y lo que está sucediendo en el mundo del resto del nacionalismo, sino que hace falta un discurso alternativo. No basta con decir 'no', como a veces plantea el PP, sino que, además, hay que ofrecer otra cosa”. Por supuesto, para lograr un cambio político no sólo hay que negar lo viejo, sino que hay que afirmar lo nuevo. Pero más allá de las palabras, de los discursos o de los dichos, hay que pasar a las actuaciones, a las obras o a los hechos. No es suficiente un mensaje alternativo, es indispensable una actividad innovadora y renovante. Lo es, porque no se trata sólo de estar a favor de lo que no se puede estar en contra y de estar en contra de lo que no se puede estar a favor, sino que hay que hacer activamente, hay que realizar lo deseable e irrealizar lo indeseable.

miércoles, 30 de enero de 2008

La metábola

Escribir que toda verdad encierra una metábola y que toda metábola encierra una verdad puede que no sea verdadero, pero sin duda es metabólico. Y es que en las metábolas, a diferencia que en las verdades, lo importante no es que las ideas sean fieles a la realidad o a la inversa, sino que las frases guarden una fidelidad infiel o una infidelidad fiel. Me explico. La fidelidad metabólica resulta al emplear fielmente todas y cada una de las palabras de una frase en otra. Mientras que la infidelidad proviene del hecho de que el orden en que son utilizados los vocablos y el sentido resultante de la frase es el inverso que en la frase original. Ejemplo: se escribe como se piensa y se piensa como se escribe.

Escribir metabólicamente reporta, ¡je!, menos fastidios que momentos placenteros. Fastidios y placeres porque las metábolas son como las mujeres (también como los hombres): cuánto más se hacen de rogar, más deleitan cuando se entregan. No en toda oportunidad, diríamos, se dejan prender, muchas son las ocasiones en que al darnos calabazas nos dejan con la miel en los labios. Sin embargo, quien sigue los dictados de su corazón al final las ve caer rendidas ante su intelecto. No siempre, claro, la rendida es la más bella ni tampoco la más fea. A veces hay que conformarse con la del montón. Más no tiene importancia, porque al igual que en la belleza se esconde fealdad y mediocridad y en la fealdad belleza y medianía, en la medianeza se oculta la beldad y el afeamiento. La metábola, sea hermosa, vulgar o fea, tiene algún que otro encanto. ¡Y a la inversa!

En esta sección de la metábola, como no ignorarán quienes la siguen en el tiempo y tal descubrirán quienes bienvenidos se acerquen a estos escritos, sólo se intenta metabolizar. Metabolizar a quien se ponga a tiro, sea el metabolizado el Rey, el Papa o el Espíritu Santo. ¡En la República de las letras no valen sangres azules ni designios divinos! ¡En este foro, en la metábola, prima la igualdad, que es hermana de la libertad! Así pues, y no más que por empezar con alguien y acabar cuanto antes, el primero en someterse a la metabolización va a ser esa persona que siendo Príncipe el pueblo quiera no llegue a reinar. En el setenta cumpleaños del Rey de España, Don Juan Carlos I, Don Felipe, que hoy cumple los cuarenta, dedicaba a su progenitor unas palabras: “Gracias, querido patrón, por tu permanente ejemplo de vida intensa al servicio de la nación”. Y bien está que quien no reina se acuerde del reinante, pero mejor aún que hubiera dedicado unas palabras a los reinados y reinadas. Que hubiera dicho, qué se yo, gracias, querida nación, por tu permanente ejemplo de vida intensa al servicio del patrón. Porque el rey se sacrificará por la patria, no digo yo que no, pero, oiga, para sacrificios los de la nación. Nación española que no es la patria de los vascos.

Cuando a uno no le elige el pueblo, sino que le cae del cielo o del infierno, según se mire, el cargo, tiene que caer bien a la ciudadanía, todo sea porque no se le acabe el cuento. O de otro modo, para que un Rey no viva a cuerpo de pueblo y un pueblo no viva a cuerpo de Rey, la monarquía ha de ser popular, lo popular ha de ser monárquico o bajo la apariencia de vivir en una monarquía se ha de morar en una tiranía. No hay otra: o se populariza la corona o se corona al pueblo o se le tiraniza aparentando coronarle. ¡Es lo que tiene no elegir al "elegido", que no se puede elegir al no elegido!

A diferencia de los tocados por una herencia, la clase política se la juega en las elecciones. Elecciones como las generales que se van a celebrar a poco más de un mes vista. Elecciones en las que, ¡así es la política!, el pueblo tiene la oportunidad de derrocar a quien encumbró y de encumbrar a quien derrocó. Unos que están por llegar al gobierno a toda costa son los del PP. PP que en las elecciones anteriores perdió el poder cuando se daba por seguro que iba a ganar y que en estas puede ganar cuando se asegura que va a perder. Gane o pierda, lo que está claro es que tanto los populares van a hacer todo lo posible para que los socialistas pasen a la oposición como que los socialistas lo van a hacer para que los populares no pasen al gobierno. Con aquél objetivo en mente, decía ayer el candidato del PP al Congreso de los Diputados por Álava, el ex-alcalde de Vitoria Alfonso Alonso, que su formación “es la única alternativa para quienes no quieren entregarse a los dictados del nacionalismo, especialmente en el País Vasco”. Algo parecido pensarán desde el PSOE, pero lo que ni populares ni socialistas pueden decir es que el nacionalismo, especialmente en el País Vasco, es la única alternativa para quienes no quieren entregarse a los dictados del PP o del socialismo español.

Un compañero de partido de Alfonso Alonso, el cabeza de lista al Senado por el territorio alavés, el ex diputado general Ramón Rabanera, anunciaba por su parte que será “la voz de Álava en Madrid” y reprochaba a los socialistas “haberse olvidado de defender los intereses de Álava en el parlamento español”. A más de que es seguro el olvido, aunque el socialismo no se haya olvidado de defender los intereses del parlamento español en Álava, lo que es segurísimo es que Rabanera será la voz de Madrid en Álava.

martes, 29 de enero de 2008

La metábola

Voy a contarles un secreto. No un secreto de estado ni de esos que se dicen por lo bajines o cuchicheando al oído, sino un secreto de escritor, de escritor de metábolas literarias. Esta figurilla retórica, en la que se arma una oración con dos frases al emplear las palabras de la principal en un orden contrario en la secundaria o a la inversa, tiene algo de misterio. En tanto que no siempre, aunque pueda dar esa impresión, se parte de una frasecita para elaborar una metábola. A veces, y he aquí la confidencia y el ejemplo metabólico, se parte de una metábola para elaborar una frasecita. O de otro modo, tanto da escribir para metabolizar como metabolizar para escribir. El resultado, que no es sino una metábola chispeante, de una u otra manera es el mismo. Porque todos los caminos llevan a Roma, pero también Roma lleva a todos los caminos.

En esta sección del blog, en la metábola, se trata de dar forma metabólica a los argumentos o de dar forma argumentativa a las metábolas. Para ello, cómo no, hay que leer ojo avizor las declaraciones o los escritos tratando de dar con aquellas expresiones susceptibles de ser metabolizadas. Y es que, a pesar de que toda metábola sea enunciable, no todo enunciado es metabolizable. Más aún, porque se podría hablar incluso de metábolas perfectas e imperfectas. Perfectas serían aquellas en que todas y cada una de las palabras empleadas en la primera frase se emplean, en el mismo género, número, etc., a su vez en la segunda. Mientras que en las imperfectas se produce alguna pequeñísima variación. La de Roma escrita hace unas líneas, por ejemplo, no sería ejemplar porque la persona del verbo no es la misma en una y otra frase.

Tras esta breve teorización, que quizás no viniera a cuento, lo mejor será pasar a la práctica para ver a las metábolas en acción. Uno de los temas que más jugo metabólico están dando estos días son la declaraciones y contradeclaraciones que se están produciendo en torno a la sentencia condenatoria que el Tribunal Supremo ha dictado en el caso de Juan Mari Atutxa, Gorka Knörr y Kontxi Bilbao y a la posterior manifestación en contra de la misma organizada por el tripartito que compone el Ejecutivo vasco. Para el portavoz socialista en la Comisión Constitucional, Ramón Jáuregui: “La independencia del Poder Judicial en España no merece un combate de insurrección como el que ha planteado el Gobierno vasco”. Más allá de que es una mentira como las Cortes Generales sostener que Poder Judicial es independiente en el Estado español, y más acá de no es de bienintencionados calificar de insurrección una manifestación pacífica y democrática tal la que recorrió las calles bilbaínas el sábado pasado, la metábola consistiría en decir que la “independencia” del Gobierno vasco no merece un combate de insurrección como el que ha planteado el Poder Judicial en España. Porque es esto y no aquello lo que está ocurriendo: no es el Gobierno Vasco quien está cuestionando el quehacer del estamento judicial sino a la inversa.

Al igual que socialistas y populares, sectores de la magistratura afines a los antedichos venían a decir que el Ejecutivo presidido por Juan José Ibarretxe y los tres partidos que lo sustentan mantienen una “campaña de desprestigio” contra la Judicatura. ¡Hombre, qué menos, mujer! El malo malísimo Ibarretxe y los del tripartito sus cómplices compinchados. Lo cierto, bromas aparte, es que la Judicatura mantiene una campaña de desprestigio contra el Ejecutivo presidido por el Lehendakari y el tripartito que lo sustenta. Además, la Judicatura, sin la ayuda de nadie, se está desprestigiando por sí sola. Es su acción judicial, que condena a unos con los mismos criterios que deja en libertad a otros, la que la deslegitima. Es su dar la razón a quien se la debería quitar y su quitársela a quien se la debería dar lo que le hace perder el poco prestigio que ya tenía.

A más de lo anterior, magistrados progresistas como conservadores añadían que en la Administración vasca han dado “un salto cualitativo” en sus críticas a los jueces, al “atacar” al Tribunal Supremo, “la cúspide” del ordenamiento judicial en el país. ¡Vaya vaya! Si a la crítica le llaman ataque, ¿le llamarán al ataque crítica? Le llamen como le llamen, lo que realmente está aconteciendo es que el Tribunal Supremo, los jueces y la cúspide del ordenamiento judicial han dado un salto cualitativo en sus críticas al atacar a la Administración vasca, al país. ¡Es esto, no hay más! Si Atutxa y compañía “desobedecen”, les condenan, pero si los distintos Gobiernos españoles llevan desde 1979 desobedeciendo el Estatuto vasco, les dan hasta palmaditas en la espalda. Si Ibarretxe habla con Batasuna, directo al banquillo de los acusados, más si todo ejecutivo español ha dialogado con ETA, entonces nada de nada. En España no sé cómo se llamará a esto, pero en mi pueblo toda la vida se ha llamado doble moral.

Para el sector progresista de la magistratura: “La verdadera independencia se demuestra en que hay decisiones como ésta, contra un político”. Si el político condenado fuese de la misma onda que el gobierno, que la oposición o que los sectores judiciales, se podría dar por bueno el argumento, pero como no lo es… Y es que condenar a un político vasco es la regla, la excepción sería que condenaran a un político español. Además, del hecho de que se condene a un político no se sigue que haya independencia o separación de poderes. Hay condenas a políticos, como ésta, que lo que demuestran es lo contrario: la total dependencia entre los poderes del Estado español. ¡El día en que les sienten en el banquillo de los acusados a Zapatero, Aznar y demás y les condenen empezaré a creer en la independencia del Poder Judicial! ¡Mientras sólo le sienten a Ibarretxe no me creo nada! La metábola, que se me olvidaba, radicaría en decir que una verdadera política se demuestra en que hay decisiones como ésta, contra la “independencia”. Política porque la decisión del Tribunal Supremo no ha sido jurídica, sino política con todas las letras. Y contra la “independencia” porque se ha tomado contra la capacidad autonómica de la Cámara Vasca.

Unos meses antes, y creo recordar que al hilo de la manifestación convocada para apoyar al Lehendakari perseguido injustamente por la Justicia, Tonia Etxarri se preguntaba en el Correo Español: ¿Qué quiere el PNV: que se disuelvan los tribunales de Justicia? No, para nada, el PNV lo que quiere es que los tribunales, libres de influencias políticas españolistas, hagan justicia. Porque tal y como están las cosas uno está por preguntarse lo siguiente: ¿Qué quieren los tribunales de Justicia: que se disuelva el PNV? Si no la disolución de este partido, lo que están haciendo algunos magistrados, sin lugar a dudas, es echar un cable al PP y al PSOE para que puedan desbancar al EAJ-PNV del poder en la Comunidad Autónoma Vasca.

Por último, otro articulista del Correo Español, Santiago González, escribía hace unos días que: “Las leyes del Parlamento vasco pueden ser declaradas inconstitucionales por el Tribunal Constitucional (…)”. ¡Ya lo sabíamos, Santiago! ¡No nos vas a descubrir ahora España! Lo novedoso hubiera sido que escribieras que: Las declaraciones del Tribunal Constitucional pueden ser declaradas antiparlamentarias por las leyes del Parlamento Vasco.

sábado, 26 de enero de 2008

La metábola

A más del título de una sección de este blog, la metábola no es sino un artilugio retórico que escritores y oradores, principalmente, emplean para expresar del derecho lo que se pronunció del revés o para exponer del revés lo que se enunció del derecho. En este sentido, en la medida en que la metábola transforma cada frase o que frasea cada transformación, se trata de una de una figura literaria eminentemente revolucionaria. Metabolizar, así es, no consiste sino en alterar el orden de las cosas o en alterar las cosas del orden. O, si me permiten el juego de palabras, en ordenar la alteración de las cosas o en ordenar las cosas de la alteración. Aunque, y por seguir con el jugueteo metabólico, también puede radicar en cosificar el orden de las alteraciones como en cosificar las alteraciones del orden. ¡La metábola, ya lo ven, es un mundo! ¡Y a la inversa!

Como ustedes entenderán, hay días que son más propicios que otros para la práctica metabólica. El de ayer, merced a la plumilla de la Presidenta de los populares vascos, María San Gil, fue uno de los señalados. En tanto que el artículo que le publicaron en el Correo Español, en el cual San Gil cargaba las tintas contra quienes por solidaridad se van a manifestar contra la sentencia a Juan Mari Atutxa, Gorka Knörr y Kontxi Bilbao, era metabolizable desde la primera letra hasta el punto final. El título mismo del escrito, “El nacionalismo intocable ante la justicia”, lo era. Porque la metábola y la pura verdad, así de claro, es que nos encontramos con la justicia intocable ante el nacionalismo. De sagrada intocabilidad la del Poder Judicial, mientras que el movimiento nacionalista puede ser acusado y condenado injustamente.

Agregaba María San Gil, tomando prestada la idea, que: “Más allá de la Justicia no habita la democracia”. ¡No lo creo! Porque si la Justicia es dar a todos y cada uno lo que, colectiva e individualmente, nos merecemos, para que haya democracia el pueblo en general y el vasco en particular deben recibir lo que les corresponde: el poder. Por esta razón, porque lo justo precede a lo democrático, la auténtica democracia, de haberla, está siempre unos pasos allende de la justicia. O, por decirlo metabólicamente, más allá de la Democracia no habita la justicia, sino más acá. Más allá de la democracia habrá, sin duda, justicias, pero en política el acto de Justicia primero y principal es que quien debe gobernar, el pueblo, gobierne. Otra cosa es, que haya democracias para nada justas y justicias ni por asomo democráticas, que haya democracias injustas y justicias antidemocráticas, pero en tal caso, que es el español, no podemos hablar de un régimen democrático ni de una Justicia con mayúsculas.

Ya en un tono propagandístico, comentaba María San Gil que: “Es evidente que, durante este tiempo, el Lehendakari, el Gobierno vasco y los dirigentes nacionalistas han hecho de la descalificación y la agresión verbal sus referencias a la justicia”. ¡No señora! El Lehendakari, el Gobierno vasco y los dirigentes nacionalistas no son los descalificadores ni agresores, sino los descalificados y agredidos. No atacan, sino que se defienden. O, ya que estamos en la sección de la metábola, es evidente que, durante este tiempo, la justicia ha hecho de la descalificación y la agresión verbal sus referencias al Lehendakari, al Gobierno vasco y a los dirigentes nacionalistas.

Sin abandonar el mismo estilo y sin ofrecer ningún argumento, o mejor repitiendo hasta la saciedad la única idea, que los nacionalistas atacamos y cuestionamos al estamento judicial, la presidenta del PP vasco escribía que: “Lo que se hace, una vez más, es un pulso y un desafío a la Justicia cuando ésta no da la razón a los dirigentes nacionalistas, cuando sus resoluciones no coinciden con sus postulados. Por eso van a salir a la calle, para reivindicar una justicia exclusivamente nacionalista. Una Justicia que privilegie a los suyos, que les sitúe por encima de la ley. Y es que ya nadie duda a estas alturas de que el nacionalismo dirigente y el lehendakari no respetan la separación de poderes”. Todo el párrafo, entero, puede ser metabolizado, pero vayamos paso a paso. La primera metábola diría que lo que se hace, una vez más, es un pulso y un desafío a los dirigentes nacionalistas cuando éstos no dan la razón a la Justicia, cuando sus postulados no coinciden con sus resoluciones. Esto que está ocurriendo en el Estado español es gravísimo, porque, según los españolistas, cuando la justicia falla los nacionalistas nos tenemos que morder la lengua y cuando no tenemos pelos en ella la justicia debe fallar contra nosotros. ¡Esto es lo que hay! ¡Si habla la justicia nos tenemos que callar y si hablamos nos tiene que callar! ¡Pues no! ¡Gústeles o no, aplaudimos la justicia como criticamos la injusticia!

La segunda metábola es la que dice: Por eso van a salir a la calle, para reivindicar un nacionalismo exclusivamente de justicia. No deseamos, María, quienes defendemos un nacionalismo justo, una justicia exclusivamente nacionalista, nos conformamos con la justicia a secas. No queremos ni una justicia nacionalista vasca que no hay, ni la justicia nacionalista española que hay. Queremos justicia, nada más y nada menos.

La tercera metábola, San Gil, es la que no sólo niega que deseemos una Justicia de nuestra parte o que nos sitúe por encima de la ley, sino la que acusa al españolismo de materializar, allá va, una Ley que privilegie a los suyos, que les sitúe por encima de la Justicia. La ley española, así es, privilegia tanto a los españoles como perjudica a los vascos. Es este un pecado español, que saben hacer la ley, pero no tienen ni idea de lo que es la Justicia. Mejor nos iría a todos si supieran hacer la Justicia y no tuvieran ni idea de lo que es la ley.

La cuarta metábola es la que señala que ya nadie duda a estas alturas de que la separación de poderes no respeta al nacionalismo dirigente y al Lehendakari. Esto como metábola, porque si a la realidad nos atenemos, lo cierto es que el Lehendakari y compañía no pueden respetar, aunque lo quisieran, algo que no hay. ¿Cómo van a respetar la separación de poderes, si no hay tal separación? ¡Es imposible, oiga!

San Gil terminaba su artículo acusando al nacionalismo institucional vasco de “tratar de convertir por aclamación en inocentes a quienes la justicia ha sentenciado que son culpables”. ¡Hombre, María! Es que los nacionalistas, haga lo que haga Herodes y grite lo que griten fariseos y judíos, entre Barrabas y Jesús aclamamos a Cristo. Más que nada porque sabemos de sobra lo que es tratar de convertir por "justicia" en culpables a quienes la aclamación ha sentenciado que son inocentes.

A más del artículo señalado, María San Gil criticaba ante los medios al lehendakari por su “política de confrontación y descalificación de la Justicia” y sus posiciones de “tintes totalitarios”. ¿No se cansarán de los mismos argumentos sin fuste? La verdad, la diré otra vez metabólicamente, es que hay que criticar a la Justicia por su política de confrontación y descalificación del Lehendakari y sus tintes totalitarios.

Los socialistas, que quieren diferenciarse de los populares pero que a la hora de la verdad son semejantes o a la inversa, criticaban por boca del secretario general del PSE-EE, Patxi López, que el Gobierno vasco, “que como tal forma parte del Estado, salga de manera desmesurada y tremendista a poner en cuestión al propio Estado y al sistema democrático”. ¿No será al revés, señor López? Que lo censurable sea que el propio Estado y el sistema salgan de manera desmesurada y tremendista a poner en cuestión al Gobierno vasco democrático, que como tal forma parte del Estado”. Si aquello puede ser objeto de censura, del mismo modo esto. Además, si el todo que es el Estado critica a la parte que es el Gobierno vasco, por qué la parte que es el Gobierno vasco no va a poder criticar al todo estatal.

A más de lo anterior, el dirigente socialista recordaba que: “poner en entredicho y deslegitimar permanentemente un poder básico de cualquier democracia -en alusión a la Justicia- es un terreno muy peligroso para todos”. ¡Claro que sí! Pero el poder básico que está de continuo en entredicho y deslegitimado no es la Justicia, sino el poder autonómico vasco. O de otro modo, no son los poderes autonómicos los que han puesto en peligro la justicia, sino la justicia la que ha puesto en peligro la autonomía vasca. Claro que los socialistas no ven o no quieren ver estas cosas. Los populares tampoco.

El presidente del Tribunal Supremo, Francisco José Hernando, comentaba desde Lisboa que las decisiones judiciales deben ser “respetadas y acatadas” y que la manifestación “no va a modificar” la acción de los jueces”. Antiguamente, cuando los vascos éramos soberanos o cosoberanos, si se quiere, cada vez que una decisión menoscababa nuestra foralidad era obedecida pero no cumplida. Ahora, como nos han despojado de nuestra soberanía, tenemos, al parecer, que respetar y acatar hasta las injusticias. Por otro lado, no ignoramos que la manifestación no va a alterar la decisión tomada por los magistrados, pero no ignoren que la acción de los jueces no va a modificar la manifestación. ¡Ante la falta de justicia nos encontrarán en la calle!

Como ya se habrán dado cuenta, populares, socialistas, el Tribunal Supremo y toda la españolada esgrimen el mismo argumento. ¡Luego hablan de separación de poderes! ¡Quienes son del mismo pensar suelen actuar del mismo modo y a la inversa! Otra muestra más de lo apuntado es lo que venía a señalar la Asociación Profesional de la Magistratura (APM) que, si bien es cierto que defendía el derecho a manifestarse, se manifestaba en contra de que el ejercicio de este derecho “se convierta en un elemento de confrontación de un poder del Estado contra una decisión judicial del más alto nivel”. O al contrario ¿no? Porque se podría estar en contra de que una decisión judicial del más alto nivel se convierta en un elemento de confrontación contra este derecho de un poder del Estado.

Otro que les sigue el cuento a los españolistas es J.M. Ruiz Soroa, que hacía de corista al escribir en el Correo Español que: “Aquí se ha convertido ya en uso y costumbre que las instituciones políticas dominadas por los nacionalistas encajen cualquier decisión judicial que no les gusta como un ataque a las instituciones mismas y, por elevación, al autogobierno, a la autonomía y, en definitiva, al pueblo vasco entero”. ¡Démosle la vuelta al argumento! Aquí se ha convertido ya en uso y costumbre que las instituciones judiciales encajen cualquier decisión nacionalista que no les gusta como un ataque a las instituciones mismas.

Añadía Ruiz Soroa que: “cualquier corrección judicial se interpreta como un ataque a la libertad de este pueblo”. No es que se interprete, es que la mayoría de las decisiones de los jueces españoles, con contadas excepciones, son un ataque en toda regla al pueblo vasco. A más, claro, de que la metábola radicaría en decir que cualquier libertad de este pueblo se interpreta como un ataque a la corrección judicial.

Escribía además Ruiz Soroa que los seguidores de Sabino Arana: “contraponen estúpidamente la voluntad del pueblo con la decisión de unos jueces, sin apercibirse siquiera de que se trata de planos distintos, de cuestiones profundamente diversas. Sin darse cuenta de que, en la modernidad, una sociedad sólo es libre cuando existen unas leyes y unos jueces capaces de limitar sus excesos”. Muy de Montesquieu el concepto de libertad, la libertad entendida como aquello que permiten hacer las leyes. Como si no hubiese libertad más acá o más allá de la legalidad. Sin embargo, la premisa fundamental es que haya libertad. Porque no son las leyes las que crean la libertad, sino la libertad la que crea las leyes. Las leyes pueden crear libertades, pero la libertad real es aquélla que el pueblo siempre retiene para oponerse a una legislación o gobernación injusta. Por esto no hay que confundir la libertad legal con la legalidad libre. Porque las leyes pueden esclavizar injustamente la libertad, pero la libertad es el derecho de liberarse, la libertad puede esclavizar las leyes injustas. O de otro modo, señor Soroa,
en las sociedades contemporáneas la Justicia debe garantizar las libertades, pero la Libertad debe garantizar las justicias.

jueves, 24 de enero de 2008

La metábola

Como ya se habrán dado cuenta quienes siguen esta sección de la metábola, por cortesía con los nuevos lectores y lectoras, a pesar de que no lo haga siempre, suelo definir qué es la metábola para luego poner un ejemplo de esta licencia de escritor. Aunque, y sirva lo siguiente de muestra metabólica sintetizada, también es posible que ejemplifique primero y metabolice después. En no otra cosa consiste esta figura retórica: en invertir lo que se ha dicho o en decir lo que se ha invertido.

Como escritor nacionalista y republicano vasco que soy me causa tremenda emoción y satisfacción cada vez que un monárquico español cae por su propia pesadez en este apartado del blog. ¿Qué más desea un partidario de la república que el desplome de la monarquía y a la inversa? Hoy es un día como el descrito, en tanto que el simplón del Príncipe de Asturias se ha puesto a tiro del quehacer metabólico. No va a ser siempre, y lo digo metabólica como metafóricamente, el perro el que ladre y muerda al gato ¿no?, hay jornadas en que el gato maulla y araña al perro. Resaltaba Don Felipe en la inauguración del IV Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo la necesidad de una “cooperación cada vez más efectiva” entre los estados para acabar con el terrorismo “sanguinario”. ¡Faltaría más! Es que hubiera sido la bomba que hubiera resaltado la necesidad de una cooperación cada vez más efectiva entre el terrorismo sanguinario para acabar con los estados, ¿no creen?

Añadía Don Felipe que: “Terminar con el terrorismo es un deber y un imperativo moral para todas las sociedades libres comprometidas con la defensa de la vida, los derechos humanos y las libertades fundamentales”. ¡Anda, pues claro! Pero de acabar hay que hacerlo con todos los terrorismos: con la violencia contra las mujeres, con los “accidentes” laborales y de tráfico, con las bandas de la inmigración ilegal, etc., y no sólo con el de ETA. Porque hay quien ve el terror de ETA y es ciego para otros terrores y hay quien ve otros terrores y es ciego para el terror de ETA. Además, Majestad no, Príncipe, para todas las sociedades libres es un deber y un imperativo moral comprometerse con la defensa de la vida, los derechos humanos y las libertades fundamentales para terminar con el terrorismo. Porque es este fin, el compromiso con los derechos y libertades, el que puede liquidar al terrorismo, aunque en el Estado español ocurra lo contrario: que es este compromiso de poner fin al terrorismo el que puede liquidar los derechos y libertades.

Con motivo del septuagésimo cumpleaños del rey de España, Don Juan Carlos I, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, a más de trasmitirle su felicitación advertía, haciendo alusión a la quema de fotografías de los monarcas, que: “Quienes atacan a Su Majestad el Rey lo hacen porque atacan a España”. ¡Qué simpleza! Como si no se pudiese atacar al símbolo sin atacar lo que simboliza y al contrario. Hasta su metábola, quienes atacan a España lo hacen porque atacan a su Majestad el Rey, es falsa.

La misma presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, aprovechaba ayer su visita a la zona más oligárquica de Euzkadi (Neguri, Algorta, Getxo…) para hacer precampaña y presentar al PP de Euskadi como la “opción de rebeldía frente a lo establecido”. ¡Si el PP es la rebeldía, que me hagan conservador y a la inversa!
Esperanza, por favor, Esperanza, no sería más bien que pisaste la patria vasca para presentar al PP de Euskadi como la opción de lo establecido frente a la rebeldía.

miércoles, 23 de enero de 2008

La mano izquierda del derecho de derechas

Cuando uno escribe que a los presuntos inocentes les han tomado por culpables y a los presuntos culpables por inocentes, a más de escribir una metábola, describe la escandalosa situación de la justicia en el Estado español. Justicia que no atiende tanto a los hechos supuestamente delictivos como a la identidad de las personas encausadas. Basta que el acusado sea vasco para que acabe condenado y español para que salga libre. Es lo que ha ocurrido con el ex presidente del Parlamento Vasco, Juan Mari Atutxa, y los miembros de la mesa de la Cámara Vasca durante la anterior legislatura, Gorka Knorr y Kontxi Bilbao. Como no son Emilio Botín, presidente del Banco Santander, han sido el botín de la ultraderecha judicial. Y es que, claro, lo que vale para Emilio no vale para Atutxa y compañía y lo que vale para Atutxa y compañía no vale para Botín. O, si lo prefieren, lo aplicable a los políticos vascos resulta inaplicable para los banqueros españoles y a la inversa. Aquellos pasan con su inocencia al banco de los acusados y terminan como culpables, mientras que aquél ¿pasa con su culpabilidad al banco de los acusados y termina cual inocente? Juzguen juzguen, juzguen por sí mismos.

A raíz de la sentencia del Tribunal Supremo, que condena por un delito de desobediencia a los antedichos por no materializar la disolución, allá por el 2003, del grupo parlamentario vasco Sozialista Abertzaleak, diferentes agentes políticos han expresado su opinión. Unos para criticar a esa parte del poder judicial requeteconservadora y otros para alabar su labor. Las críticas más furibundas y llenas de razón han provenido, cómo no, de los partidos a los que pertenecen los condenados: el EAJ-PNV, EA y EB-IU. Así, según el presidente del EAJ-PNV, Iñigo Urkullu: en España “según quién juzgue y a quién juzgue, la sentencia está predeterminada”. Más claro lo siguiente. En España según quien prejuzgue y juzgue, la sentencia está determinada. ¿O no es el juicio una fachada y el prejuicio la fachada real? La determinación proviene del prejuicio como el juicio de lo prejuzgado. Claramente lo expresaba Juan María Atutxa al afirmar que la Justicia se está transformando “en una verdadera comedia”. Aunque también se podría sostener lo contrario y proclamar que la verdadera comedia se está transformando en una justicia: El comediar de la justicia es tanto como el justiciar de la comedia.

A más de lo anterior, el presidente de los jeltzales, Iñigo Urkullu, añadía que las principales instancias judiciales se han convertido para algunos en “refugio y defensa de las ideas y de los grupos de ultraderecha”. Y a la inversa se podría añadir, por que las ideas y los grupos de ultraderecha se han convertido para algunos en refugio y defensa de las principales instancias judiciales. O lo que es lo mismo, tanto vale la judicialización a la que se apunta la ultraderecha como la ultraderechización a la que se suma lo judicial.

Al mismo tiempo, Urkullu criticaba que el fallo del Tribunal Supremo se diera a conocer a la opinión pública a través de una nota de prensa con el único fin de “convulsionar a toda una sociedad con una decisión exclusivamente mediática y política”. Ahora bien, a mi juicio, el dictamen más que para convulsionar se comunicó exclusivamente con el fin de mediatizar y politizar a toda una sociedad con una decisión convulsionante. En tanto que el objetivo último no es tanto convulsionar a la sociedad –el poder no suele querer agitar a las masas sino domesticarlas– como obtener un rédito mediático y político.

Dejando a un lado las declaraciones contrarias a la sentencia realizadas por miembros de EA y de EB-IU, quienes también dieron su parecer fueron Marian Beitialarrangoitia de ANV y Patxi Zabaleta de Aralar. Si para la alcaldesa de Hernani lo que la condena demuestra es: “hasta dónde llega el impulso político” de la Justicia, para el máximo dirigente de Aralar: “Esta condena supone una regresión de las libertades”. Así es, pero también se podría manifestar que la condena demuestra hasta dónde llega el impulso jurídico de la política y que esta regresión de las libertades supone una condena. Vamos, que si no hay separación de poderes en el Estado español no es sólo porque los jueces sigan el dictado de los políticos, sino porque estos también siguen el de aquéllos. Por otro lado, la regresión de las libertades más que tras la condena se ha producido con anterioridad a la misma.

Si esto comentaban, entre otros, los nacionalistas vascos, el nacionalismo español se pronunciaba por boca del popular Carmelo Barrio y de la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega. Según el parlamentario del PP: “algunos, con Atutxa a la cabeza, se empeñaron en convertir al Parlamento en una trinchera de conflicto con los tribunales”. Yerra, porque el conflicto no se crea por la no disolución de un grupo político ilegal, sino por la ilegalización de un grupo político no disuelto. O metabólicamente expresado, con algunos a la cabeza, Barrio, se empeñaron en convertir los tribunales en una trinchera de conflicto con el Parlamento. Y es que en el Estado español en lugar de llevar los tribunales al Parlamento, llevan el Parlamento a los tribunales. Es lo que tiene vivir no bajo el gobierno del pueblo, sino bajo el gobierno de los jueces: no en una democracia sino en una jurisconsultocracia. La vicepresidenta socialista, por su parte, decía lo que de costumbre en estas circunstancias: “Como siempre, el Gobierno acata y respeta las decisiones de los tribunales”. No lo dudo, pero como siempre, los tribunales acatan y respetan las decisiones del Gobierno. ¿O es de la oposición? ¿De ambos?

domingo, 20 de enero de 2008

La metábola

La métabola, que no es sino repetir en la segunda parte de una frase las palabras de la primera en un orden inverso o, valga la metábola, utilizar en la primera parte de la frase inversamente las palabras de la segunda, viene otro día más a su cita aperiódica con el “lectorado”.

Como no hay que confundir la presidencia de un partido con el liderazgo del mismo, porque se puede presidir sin liderar y liderar sin presidir, supongo que no se molestaran si escribo que el nuevo presidente que no líder del EAJ-PNV, Iñigo Urkullu, comentaba ante los medios que: “La política vasca ha girado, gira y tiene que seguir girando en torno al PNV”. Claro que sí, pero para ello es imprescindible creer que el PNV ha girado, gira y tiene que seguir girando en torno a la política vasca. Con otras palabras, para que el EAJ-PNV sea la tierra y la política vasca la luna el partido nacionalista ha de orbitar tal que globo terráqueo entorno al astro solar que es Euzkadi. Esa es su revolución. Porque todo revolucionar que no tenga por norte a la patria vasca podrá ser política pero no merecerá el adjetivo de vasca.

Si esto comentaba el presidente del EAJ-PNV, su homónimo en el BBB, Andoni Ortuzar, declaraba al diario Gara que: “El PNV de Bizkaia tiene que liderar la modernización del PNV de cara al futuro”. Puede ser, pero una cosa es que el EAJ-PNV de Bizkaia sea la organización más poderosa y otra que sea la más moderna. La modernidad al partido la tiene que llevar quien mejor adaptado esté a la dinámica de los tiempos. Porque se puede tener poder y ser un conservador de mucho cuidado y ser un vanguardista y no mover un hilo. Por otro lado, tan importante como la modernización de la formación jeltzale es que de cara al futuro el PNV, el PNV tiene que liderar la modernización de Bizkaia. Ambos aspectos han de tenerse en cuenta para que no nos encontremos con un partido avanzado junto a una sociedad vizcaína atrasada ni a la inversa: con aquél rezagado y ésta desarrollada.

Expresaba ayer el secretario general de los socialistas llamados vascos cuando son españoles a más no poder, Patxi López, que Ibarretxe sigue “empeñado en dar respuestas de ayer a los problemas de mañana (…)”. ¡Mentira de las que hacen época! Porque el Lehendakari está intentando resolver un problema de siglos con una metodología moderna: la del pacto y dar la palabra al pueblo. O lo que es lo mismo, Ibarretxe sigue empeñado en dar respuestas de mañana a los problemas de ayer. Y es que ya se sabe, hay quien se proclama progresista y quiere seguir varado en el pasado y quien es llamado reaccionario y quiere progresar: aquello es el socialismo español, esto el nacionalismo vasco.

Prueba de lo anterior, de quien no quiere resolver un problema político sangrante, es lo que afirmaba el todavía presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, al asegurar que tras la ruptura de la tregua “no hay ninguna expectativa de diálogo”. ¡Ninguna! ¡Pero qué clase de políticos son estos que no tratan de dar respuesta al problema que los cuestiona de abajo arriba! Además, que el alto el fuego ha hecho crack lo reconoce cualquiera, pero habría que reconocer a su vez que tras la ruptura del diálogo no hay ninguna expectativa de tregua. Porque ETA habrá abierto todos los frentes de lucha, pero el Gobierno español ha cerrado todas las conversaciones. Y, sinceridad ante todo, ambas condiciones, la de la no violencia y el diálogo, son necesarias para que vivamos en paz y en un marco democrático.

Un compañero socialista del presidente español, o un compañero español del presidente socialista, Javier Rojo, escribía en la prensa que: “(…) por algunos caminos no sólo no se llega a la paz, sino que se pierde el sentido de la orientación que lleva a la libertad”. Tiene razón, sin dialogar, ilegalizando opciones políticas, torturando, reprimiendo y negando la palabra al pueblo nos alejamos de la pacificación y libertad tanto como practicando la lucha armada. Tiene razón, pero sólo parte de la misma, porque por algunos caminos no sólo no se llega a la libertad, sino que se pierde el sentido de la orientación que lleva a la paz.

Hoy mismo Andoni Ortuzar, presidente del BBB, entrevistado por el diario Gara señalaba lo siguiente: “No entiendo a quien no quiere que haya consulta”. Afirmación, por cierto, que comparto y que es tan válida para el PSOE como para el PP. No quieren, la verdad, que el pueblo vasco pueda expresarse sobre su futuro a través de la herramienta por excelencia para la resolución de conflictos políticos tan enconados como el que padecemos. ¡Qué vamos a hacer, si niegan el remedio y están por la enfermedad! Quien escribe desde luego lo tiene claro: No consulto a quien no quiere que haya entendimiento: ni a los populares ni a los socialistas.

viernes, 18 de enero de 2008

La metábola

Esta sección del blog, cuyo nombre es la metábola, va adquiriendo impronta metábola a metábola. Gracias a las despistadas que diferentes profesionales tienen en sus pensamientos y a la voluntad de quien escribe por mostrarles la endeblez de los razonamientos, lo emprendido como un juego de niñatos es cosa ya de adultos. Porque no será al revés ¿no? Que lo que entablado como un divertimiento de adultos asunto es de mocosos. Sea aquello o sea esto, o sea una chavalada madura o una maduración jovencita, el caso es que es apta para distintos públicos.

Las metábolas de hoy versan principalmente sobre la organización revolucionaria ETA o tienen a ésta presente en su reverso. Tanto como la puede tener en cuenta, y más a tenor de las fechas en que nos encontramos y de las que se avecinan, el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien repitiendo hasta la saciedad el mensaje de los socialistas decía hace unos días que: “Violencia y democracia no son compatibles”. Dejando a un lado que lo que quería expresar o lo que expresó es que en un régimen democrático no cabe hacer política y practicar a la vez la lucha armada, es cuestión meridiana que, en un sentido diferente al por él enunciado, puede haber compatibilidad entre lo violento y el gobierno del pueblo. Si bien hay una violencia democrática. La hay a pesar de que llamada violencia legítima, en multitud de ocasiones y tristemente, resulte muy pero que muy ilegítima. ¡Las cosas tales son! Porque una cosa es que el pueblo, renunciando a tomarse la justicia por su mano, otorgue al Estado el derecho a ejercitar la fuerza para su defensa y seguridad y otra muy distinta que el ejercicio de la misma sea justa, acorde a la ley o conforme a la legitimidad. De no ser así, de no ser una violencia legalista, más que de una violencia democrática, hablaríamos de una democracia violenta. Ejemplo: la española, y no hablo de la isla del Caribe.

Escribía en las columnas del diario Gara el ex político y escritor Floren Aoiz que: “(…) sigue siendo un análisis acertado prever que la represión no sólo no logrará neutralizar al movimiento independentista, sino que lo legitimará y lo alimentará políticamente”. Tiene razón, si la violencia que emplea el represor es ilegal o alegítima. Ahora bien, si el independentismo se sirve de la violencia ilegítima o alegal, tampoco le faltaría razón a quien defendiera la opción contraria al decir que sigue siendo un análisis acertado prever que el movimiento independentista no sólo no logrará neutralizar la represión, sino que la legitimará y la alimentará políticamente.

El político de moda, Nicolás Sarkozy, comentaba hace unas jornadas que: “quienes tratan de justificar lo injustificable es que están dispuestos a perdonar lo imperdonable”. Totalmente de acuerdo, sea compartida o no la siguiente metábola: Quienes tratan de no justificar lo justificable es que están dispuestos a no perdonar lo perdonable. Y es que, no nos engañemos, hay mucho razonador de lo irrazonable y mucho dispensador de lo indispensable, pero también existen irracionalizadores e indispensadores de lo razonable y dispensable.

Para el portavoz del PP vasco, Leopoldo Barreda, algo de lo anterior debe haber para que crea que el obispo emérito de San Sebastián, José María Setién: “(…) se muestre tan débil con los fuertes y tan fuerte con los débiles, tanta distancia respecto a las víctimas y tanta complacencia respecto a los verdugos”. Peca Leopoldo de pensamiento. Porque si algo caracteriza a Setién es el mostrarse tan fuerte con los fuertes y tan débil con los débiles, a más del marcar tanta distancia respecto a los verdugos y el complacer y compadecer a las víctimas, sean del bando que sean.

Tras el asesinato a manos de ETA de dos guardias civiles en la localidad francesa de Capbreton, la Asociación de municipios vascos Eudel recordaba que: “quien atenta contra cualquier ciudadano atenta contra la propia sociedad vasca”. Por supuesto que sí, pero quien atenta contra la propia sociedad vasca atenta contra cualquier ciudadano. De ambos hechos, la verdad, estamos hartos. Lo estamos porque
los nacionalistas democráticos, quienes defendemos la política moral y no la moral política, compartimos lo que escribía Jesús Prieto Mendaza: “(…) el amor por la patria no puede justificar el asesinar por ella”. Y más aún, porque el asesinar por la patria no puede justificar el amor por ella.

jueves, 17 de enero de 2008

Elecciones a la vista

Las elecciones generales que, el próximo nueve de marzo, ojalá diluciden no tanto quién gobierna como la composición de las Cortes Generales del Estado español, esto es, la constitución de la Cámara Alta (el Senado) y la Baja (el Congreso de los diputados), están al caer. A tiro y ello explica por qué, a pesar de que no haya ruido de sables ni se haya dado el pistoletazo de salida a la campaña electoral, las espadas están en todo lo alto, las puñaladas atraviesan de medio a medio y los golpes vienen por lo bajo. La guerra por el poder, de otro modo, aún no la ha ganado nadie, más los partidos políticos, cual comandantes ante el día D, no solo llaman a filas o al alistamiento, sino que tocan a rebato, preparan su artillería pesada y se reservan una última bala en la recámara. Las hostilidades, así es, se han roto, las batallas están en el aire y llegó la hora de medir las fuerzas de cada cual. No vale ya quedarse agazapado en la trinchera ni echarse cuerpo a tierra, hay que echarle agallas y plantar cara al enemigo hasta la victoria. No de otra cosa se trata, de cargar, apuntar y disparar: de abrir fuego y no a la buena de Dios, sino al blanco hasta quemar el último cartucho y cobrarse una buena pieza.

Para los nacionalismos que tienen por finalidad liberarse de la opresión del Estado español y por medio el obtener las máximas competencias posibles del mismo, el mejor parte de la jornada electoral –quién lo cuestiona en un sistema que sin ser bipartidista en la teoría lo es en la práctica– sería aquél en que se narrara que ninguno de los partidos de ámbito estatal con posibilidades reales de gobernar ha logrado la mayoría absoluta. Es lo que tiene este régimen: que sólo si el PP o el PSOE no pueden formar gobierno por sí mismos, el multipartidismo es una realidad y los partidos comunitarios cotizan al alza.

En que ocurra una eventualidad como la señalada han cifrado sus esperanzas postelectorales los que son grandes partidos en sus comunidades respectivas y pequeños a nivel de Estado: EAJ-PNV, CIU y ERC, entre otros. Y es que en un Congreso compuesto por 350 miembros, por ejemplo, en el que el PP y el PSOE a día de hoy se reparten 311 escaños y el resto de partidos 39, no les queda otra alternativa a éstos últimos para ser mínimamente influyentes. Se podría decir que, tanto o más que obtener un buen resultado en las urnas, esperan como un milagro caído de la ciudadanía que socialistas o populares les necesiten en la votación de investidura como a lo largo de la legislatura. ¡Y luego hay quienes le dan vueltas a la cabeza con temas como el del sí o no a la coalición Euskal Herria Bai! E
sta alianza entre el EAJ-PNV, EA, EB-IU y Aralar podía haber tenido valor como indicador para medir el apoyo popular vasco a la causa autodeterminista o del derecho a decidir, pero no determinaría la política de Estado a menos que, paradojas de la vida, los votos de los congresistas y senadores vascos les fuesen indispensables a los partidos españolistas. Sin contar, claro está, que puede ocurrir que los partidos españoles tengan, en el nacionalismo vasco, catalán o gallego sin ir más allá, dónde elegir sus apoyos. En tal caso, el ascendiente en Madrid de alguno de los partidos nacionalistas se puede reducir a la nada.

Si a lo ya apuntado se añade que los nacionalismos “periféricos” miran en demasiadas ocasiones a sus propios intereses y no a los del hecho nacionalista en su conjunto, el cuadro resultante es patético. En este sentido, tan interesante o más que una coalición vasca en pro del derecho decisorio es una unidad estratégica y de acción de los nacionalismos presentes en el Estado español. Esto o, como ya quedaba escrito en algún que otro artículo publicado en este blog, la constitución de un partido estatal que defienda un Estado plurinacional o, mejor aún, confederal. Cualquier iniciativa, en definitiva, que pueda romper el bipolio de poder que el PP y el PSOE acaparan debería ser no sólo teorizada sino llevada sin dilación a la práctica. O, si se entiende, que la conquista de Madrid unamuniana o “ligaregionalista” ni era ni es una idea tan descabellada. Y es que si un partido españolista puede gobernar en Galicia, Euskadi o Catalunya, por qué unos partidos “galeusquianos” (con el apoyo de un partido multicentrista) no van a poder gobernar en Madrid. Gobernar o, cuando menos, orientar poderosamente la política estatal. ¿Y bien?

Si los coalicionistas, los de Euskal Herria Bai, en algunas ocasiones se supravaloran, otros que no les van a la zaga son los estrategas del entorno de ETA. En tanto que están convencidos, aunque no lo pongan blanco sobre negro y lo expresen entre líneas, de que las acciones directas de la organización armada pueden hacer que el PSOE no se perpetúe en el poder. En lugar de ello, lo que vienen a decir es que en la misma piedra en la que tropezaron los ex presidentes Adolfo Suarez, Felipe González y José María Aznar ha tropezado José Luis Rodríguez Zapatero. Y quién sabe lo que puede condicionar ETA, pero el trastabillar del presidente socialista ha sido evidentísimo. Otra cosa es que la alternativa al mismo, el popular Mariano Rajoy, sea peor que lo malo conocido. Aunque también hay quien cree que puede ser mejor. Si a quien esto escribe le preguntaran, diría:
Yo quiero que pierda Zapatero, pero no quiero que gane Rajoy. Yo quiero que pierda Rajoy, pero no quiero que gane Zapatero.

miércoles, 16 de enero de 2008

La metábola

Hay días, de verdad, en que uno quiere escribir un artículo y acaba redactando metábolas y otros en que quiere redactar metábolas y termina escribiendo un artículo. Este escrito, culmine como da comienzo o comience como culmine, va directo a la sección de la metábola.

Leo, y no me sorprende en absoluto, que ETA tiene la certidumbre de que los informes de ANV y EHAK ofrecen base suficiente para demostrar a Batasuna que la Policía y la Guardia Civil se han puesto al servicio y a las órdenes del Tribunal Supremo con el fin de sortear su ilegalización y asegurar la presencia de la Fiscalía en las instituciones y en la vida política y social. ¿Qué? ¿Soy un mal lector? Si ya me decía yo que no me creo lo que silabeo. Y es que, claro, estaba ojeando el Gara y no el Correo Español que dice: “La Fiscalía, según fuentes de este departamento, tiene el convencimiento de que los informes de la Policía y la Guardia Civil han proporcionado ya «base suficiente» para demostrar al Supremo que ambos partidos se han puesto al servicio y a las órdenes de Batasuna con el fin de burlar su ilegalización y garantizar la presencia de ETA en las instituciones y en la vida política y social”. Vamos que, acción de la Fiscalía y de la Abogacía del Estado mediante e impulso gubernativo de por medio, el Tribunal Supremo acabará ilegalizando a ANV y a EHAK-PCTV y la Audiencia Nacional suspendiendo sus actividades políticas. Por si las moscazas, además, se anuncia un recurso electoral para impedir, sea como sea con tal de que el PSOE pase la prueba del algodón españolista y triunfe en las elecciones generales, que las posibles formaciones sustitutas de las sustitutorias de las sustitutivas (léase las que la izquierda abertzale se saque del registro de partidos políticos para sustitución de las sustituyentes de las sustituidoras) concurran a las mismas. Una maraña, en fin, con visos de resustituciones para largo. Lo que no acabo de entender, delibere como delibere, es cómo lo anterior puede sustituir o continuar a lo posterior, como la EAE-ANV de la década 30 del siglo pasado puede suceder o proseguir a la Batasuna rayana con esta centuria. Es que es por sus acciones de ahora no por las de antes argumentan quienes no llevan razón aunque tengan fuerza. ¡Falso! Es porque el PSOE ve para las elecciones legislativas como ilegales a quienes para las autonómicas (EHAK-PCTV) y para las municipales y forales (EAE-ANV) consideraba dentro de la legalidad. ¡Hasta en la Mancha se le llama a esto juego sucio! ¡De mago, Gobierno, es una triquiñuela de mago! ¡Cuando les viene bien sí, cuando les vienen mal dadas no! O es al revés, que cuando les viene bien no concurren y cuando les vienen mal dadas si lo hacen. Ah, ¿que es lo mismo? Pues claro, aquí todo es ETA, aunque no siempre lo sea. Todo depende de la partida que se esté jugando, no del partido que reparte las cartas.

Ya lo decía, cuando preparaba el terreno de antemano para dar el golpe de mano después, el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo: “Al final se trata de elementos probatorios que nos permitan afirmar que estas organizaciones están al servicio, como brazos políticos o brazos organizativos de apoyo, de la organización terrorista ETA”. O sea, que son organizaciones que ayudan a ETA. Pensaba que era al revés ¡Que era ETA la que socorría a estas organizaciones! ¡No pienses, joder, no pienses! ¡Que para el poder todo es ETA y punto! Entonces, si son de ETA, por qué demonios están libres y no presos! Ya sé, se puede ser de ETA y no ir a prisión como ir a prisión y no ser de ETA. Ejemplo: más de uno y una del 18/98.

Decía Marije Fullaondo, la que al ser miembro de la mesa nacional de Batasuna y al ser Batasuna ETA, pues hostias, era de ETA, que “las ideas no se pueden encarcelar”. ¡Qué peligrosa esta forma de argumentar, no la de la encarcelada, sino la de los encarceladores! Porque, vamos a ver, si uno es miembro de ANV o EHAK y ANV o EHAK son Batasuna y Batasuna es ETA, lo lleva crudo. Pero entonces, por qué los del EAJ-PNV, entre otros, que no sólo pactaron con Batasuna, sino hasta con la mismísima ETA, no están entre rejas. ¿Por qué hay que guardar las apariencias aunque la esencia sea la misma? ¡Hipócritas! Lleva parte de razón Marije, las ideas no se pueden encarcelar, aunque, fíjense, los encarcelamientos se pueden idear. Además, las ideas tal vez no, pero los sujetos van, aunque no tenga pies, de cabeza a la cárcel. Y es que ya se sabe, unas ideas sin sujetos valen lo mismo que unos sujetos sin ideas.

Uno que no tiene ideas redondas, sino fijas, es el ex presidente del Gobierno, José María Aznar. Comentaba ante los medios el pensador de medio pelo que José Luis Rodríguez Zapatero “nunca ha roto la negociación con ETA” y que “si hay negociación con ETA Navarra estará sobre la mesa”. Ergo si Zapatero no la ha roto, la ha debido de romper ETA. No es así, porque, a pesar de los atentados, ETA nunca ha roto la negociación con el presidente español en funciones. Por otro lado, que la Comunidad Foral esté sobre la mesa no depende de que haya o no negociaciones, sino a la inversa: si Navarra está sobre la mesa, habrá negociación con ETA. De lo contrario… mejor si nos dejan en paz.

martes, 15 de enero de 2008

Un jeltzale menos, un patriota más

Cuanto más conozco al EAJ-PNV mas disgustos me causan los peneuvistas y cuanto más intimo con los peneuvistas más desazón me provoca el citado partido. No, al presente a pesar de seguir afiliado –Desafílienme si así lo quieren–, no soy, aún entregándome en cuerpo y alma a Euzkadi, del EAJ-PNV. Le duela a quien le duela, así lo siento, aunque al que más dolencia le cause lo que digo sea a mí mismo. Así que no te ofendas –más de lo ofendido que se siente este Literato Nacionalista Vasco (LNV)–, jeltzale, jelkide o como te quieras llamar. Ni puedo ni quiero, ni haciendo de mente corazón, ser del Partido de Arana. Ya sólo soy, por fin, nacionalista vasco: abertzale o patriota de los pies a la cabeza. Suena revolucionario, pero así es. Ahora puedo gritar, gritar libremente y con toda mi determinación: ¡Dichoso el día en que he llegado a apreciar que para ser abertzale hay que renegar del EAJ-PNV y para ser del EAJ-PNV hay que desertar del nacionalismo, del patriotismo o del abertzalismo! ¡Viva la revelación! La revelación que, trasplantando mis latidos partidistas por palpitaciones patrias, me libera del compromiso de parte para encadenarme voluntariamente a nuestra tierra, a nuestro pueblo, a nuestra patria: Vasconia, Euskal Herria, Euzkadi.

Bendita esta hora en que respiro, de verdad, el aire limpio de la libertad. Bendita aunque un sentimiento entremezclado de melancolía y felicidad se apodere, de abajo arriba, enteramente de mi ser. Melancolía feliz y felicidad melancólica que dejarán paso, con el transcurrir inexorable del tiempo, a la gozosa calma del saberse desencadenado: libre de la voluntad de unos “vascones”, esclavo de la voluntad general vasca. No más que de una cosa me arrepiento: de no haber tomado antes conciencia de mi amor, de resistirme a abrir sin cortapisas los ojos de mi corazón, de no dejarme llevar y caer rendido ante este arrebatador enamoramiento. Y no crean que estoy enamorado ni que esta pasión es pasajera, no estoy enamorado, soy un enamorado: un amante de por vida de la patria vasca inmortal.

Habrá quién se pregunte por qué, por qué motivo reniego del EAJ-PNV y reafirmo el nacionalismo vasco, por qué razón odio a la parte, al partido y amo al todo, a la nación vasca. Por tantos desengaños, patriotas, por tantos, que un fuego interno me abrasa vivo. Me enciende ver cómo los peneuvistas, los que de verdad mandan y los que asienten, abrazan el autonomismo español y rechazan el independentismo vasco. Éste no es para ellos más que un concepto teórico, aquél una realeza práctica. Al revés, patrioteros, es al revés; No soporto, ni una más, la inflamación que me produce observar, día tras día tras día, cómo anteponen la comunidad autonómica concreta al estado vasco abstracto; Ardo en vivas llamas cada vez que, peneuvistas que creen que con dinero se arregla todo, pactan las partidas económicas con los enemigos de nuestros ideales. Así llevamos las ideas nacionales al mundo de la práctica dicen, obviando que del mismo modo llevan la práctica nacional al mundo de las ideas; Siento una hoguera en las entrañas cuando debiendo ser republicanos vascos se arrodillan ante el monarquismo españolista; Llamas y llamas me atizan, avivándoseme hasta las anaranjadas pavesas y grisáceas cenizas, al caer en la cuenta de que no comprenden que no hay nación vasca porque existe el Partido Nacionalista Vasco, sino a la inversa; Me acalora asistir, sin poder siquiera evitarlo, a la tragedia que supone que quien busca su bien personal, al precio del mal del partido, ascienda, mientras que quienes buscan el bien del partido, aún a costa del mal propio, no sólo descienden, sino que les humillan diariamente; Me incendian quienes, a manos llenas, pregonan los buenos hechos del nacionalismo vasco en Madrid, sin preguntarse por el buen hacer (en realidad, malhechos) del nacionalismo español en Euzkadi; Me hierve la sangre al escucharles declarar con orgullo: yo soy un hombre de partido. Pues escuchad, que os lo digo humildemente, al contrario que vosotros, yo soy un hombre de nación. Entre ser para todo un hombre partidista y para nada hombre nacional y ser en todo un hombre nacional y en nada hombre partidista, ya sabéis dónde encontrarme: en el pueblo del batzoki, no en el batzoki del pueblo; Calentones siento cuando oigo voces del tipo: nuestra unión natural es con EA, el EAJ-PNV se tiene que unir a EA. ¡No! No es quien quedose dividido quien se tiene que aunar con el divisor, sino éste con aquél. Que aunque lo parezca no es lo mismo. Pues no nació el EAJ-PNV de EA, sino a la inversa. Además, nuestra unión familiar es con los de Garaikoetxea, pero también con, ¡oh, pecado!, la izquierda abertzale sin ETA. Al EAJ-PNV con los escindidos le ocurre como a Herri Batasuna o Batasuna con Aralar. De volver, que vuelva quien se fue: el hijo pródigo a la casa del padre, que no el padre al hogar del hijo; Me cuece hasta bullir el avistarles decir no a Euskal Herria Bai y bai a Euskal Herria no;…

Estas quemazones y alguna que otra más explican mi reconversión nacional. Reconversión que, si sienta mal a los jeltzales, no puede ser del desagrado de quienes tienen el patriotismo vasco por norte. En vosotros, en vosotras, que moráis en el hiperbóreo, confío plenamente. ¡Gora Euzkadi Askatuta, askatzen eta askatu gabe!

jueves, 10 de enero de 2008

El derecho del culpable

¡Hostias! Será porque hace tiempo deje de ir a misa por lo que se me había olvidado que en el Estado español las hostias sólo las reparten los curas. Las hostias o mejor las hostillas, porque los hostiones y las rehostias, las galletas como se dice en la calle y entiende el pueblo, sabido es quién las suelta y resabido quién se las acaba llevando. ¿Qué no lo saben? Os lo cuento en un pispás a los incrédulos y en un santiamén a los creyentes. A veces el Estado lanza el golpe y ETA pone la mejilla y otras el puño parte de ETA y termina en el rostro del Estado. Ahora bien, si con esto último comulga todo cristo, con aquello sólo los llamados por el poder pecaminosos, incorregibles o testarudos. Empecatados vaya, para que nos entendamos.

Decía que ya no me ven el pelo por la iglesia, pero no vayan a pensar que uno no es cristiano, cristiano no, cristianísimo. No sólo porque soy de los que tienen fe en el más allá o creen en lo que no ven, sino en cuanto no me vendo por treinta monedas de plata tal Judas ni confío en quienes brillan como el becerro de oro ni niego por tres veces como Pedro –casi se me escapa tal Rubalcaba– al que fuere antes perseguido y después interrogado y crucificado. Entre los que vienen por la espalda, aunque digan que nos enseñan la cara, y quienes cargan con la cruz a cuestas, a mí que me aspen. Que me aspen aún cuando quede libre Barrabás y el Papa se cubra con el tricornio de la benemérita.

Aclarada pues mi creencia, mi increencia en cuanto a los relatos que nos ofrecen en relación a los supuestos últimos torturados sigue en pie. Continúo sin creerle al ministro de Interior y lo seguiré haciendo concluya lo que concluya la investigación abierta para aclarar las más que razonables dudas que sólo los más inocentes del reino no albergan. ¿O es que acaso hay que creer a pies juntillas y está proscrita la incredulidad? ¿No podemos quienes criticamos, mate o no mate, a ETA no creer al gobierno cuando estamos convencidos de que miente? A tenor de los españolistas sistémicos, sólo está permitido dudar de las fuerzas policiales y judiciales cuando concluyan las indagaciones, sin embargo, hay que darles un voto de confianza, creerles en suma, de antemano. Si para recelar ha de esperarse a que las averiguaciones lleguen a su punto final, para hacer profesión de fe otro tanto de lo mismo.

Uno de los argumentos más increíbles que Alfredo Pérez Rubalcaba se ha sacado a última hora de la cartera de Interior es el referido a lo que prescriben los manuales tácticos de la organización armada ETA. Según el ministro: “(…) todo el mundo sabe que es muy frecuente que los presuntos militantes de ETA aduzcan siempre, aunque no sea verdad nunca, que son torturados o sometidos a malos tratos”. Demasiado absolutos suenan el siempre y el nunca para ser ciertos ¿no? ¡Lástima que no sea posible preguntar a los torturados hasta la muerte y nos tengamos que conformar con lo que asevera quien sobrevive al calvario de la tortura! Además, la cuestión aquí no es saber si es una estrategia de la banda el denunciar torturas aunque no las haya, sino al contrario, determinar si las ha habido, aunque no hubieran sido denunciadas.

Que los supuestos miembros de ETA aseguren, tras ser detenidos e interrogados, haber sufrido torturas y malos tratos a pesar de que no los hayan padecido puede ser una estratagema de quienes practican la lucha armada para atacar al Estado español. Esto es algo que no se le escapa a nadie. Se puede dar por válido, incluso sin haberlos ojeado, que así aparezca recogido en los “Ikusi eta Ikasi” que manejan los activistas, pero cuántos de ustedes han leído alguna directriz ministerial o algún manual policial que se considere secreto de Estado. Cuántos están dispuestos a creer que si en los manuales de ETA se ordena a los militantes afirmar que les han torturado siempre aunque no les torturen nunca, en los reservados, en los de alto secreto, se ordene a los policías sostener que no han torturado nunca aunque hayan torturado siempre. ¡Cuántos, a ver, cuántos! Y digo creer, correligionarios, porque lamentablemente la alta política es una cuestión de fe: más para iniciados, créanme, que para el pueblo común.

Lo intolerable de todo lo dicho anteriormente no es sólo que a muchos ciudadanos y ciudadanas de Euzkadi se les este torturando o que tengamos la seguridad de que determinados cuerpos encargados de la seguridad torturan, sino que quienes nos gobiernan no quieran ni reconocer ni atajar una realidad que cuestiona de raíz la democracia y el Estado de Derecho. ¿Por qué los gobernantes cierran los ojos ante una lacra como la tortura tan perversa para los derechos y libertades como lo puede ser ETA? ¿Da acaso el Gobierno la orden de que se torture? ¿Qué ocurre si quien nos tiene que decir la verdad, el ejecutivo socialista, nos miente? ¿Que quien se supone que nos miente, ETA, dice la verdad? Piénsenlo.

En respuesta al Gabinete de Juan José Ibarretxe, que no sólo cuestionaba la versión oficial ofrecida sobre el caso de Igor Portu Juarena, sino que recordaba a los socialistas que la violencia de ETA “no se combate achicando la democracia, sino con más transparencia”, el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, decía que: “La democracia se estrecha cuando se cuestiona el funcionamiento del Estado de Derecho, cuando alguien con responsabilidad política cuestiona sistemáticamente autos y resoluciones judiciales o la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sin pruebas y, justamente, poniendo en cuestión versiones que día a día se van demostrando como ciertas”. Se equivoca el ministro, porque cuestionar y exigir aclaraciones al Gobierno, en todo caso pero más aún cuando se cree que hay una conducta delictiva de por medio, no es otra cosa que controlar el ejercicio del poder. Además, es a la inversa: que se cuestiona la democracia cuando se estrecha el funcionamiento del Estado de Derecho: cuando se vulneran derechos y libertades. Por ello el régimen democrático y el imperio de la ley se ponen a prueba tanto o más que al garantizárselos a los inocentes al no recortárselos a los culpables.

miércoles, 9 de enero de 2008

Tarjeta roja

Si morásemos en un Estado democrático que no ejercitase la tortura, se podría confiar en los cuerpos policiales, pero como moramos en un Estado torturador que no cultiva la democracia, sospechar de las fuerzas de orden público es elemental, queridos lectores. No quiere esto decir, sin embargo, que todo detenido sea torturado ni que todo torturador sea detenido, no es eso. Ahora, tan grave es que un arrestado sea maltratado como que un maltratador no sea arrestado. Ambos hechos, la verdad, el de quien es apresado y torturado hasta la confesión y el de que quien tortura aunque ni lo confiese ni sea apresado, acontecen con demasiada frecuencia en el Estado español. Lo primero no acaece de forma sistemática como asegura la izquierda abertzale ni excepcionalmente como sostienen los políticos españoles más atrevidos, lo segundo, aunque con salvedades, suele ser la regla. Es más, porque no sólo es complicadísimo que un torturador acabe entre rejas, sino que cuando lo hace le ponen de patitas en la calle con una facilidad pasmosa: para que vaya a prisión todo son pegas, para que salga todo privilegios. Razones estas por las cuales hay que recelar tanto de los Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado como del poder judicial.

Que confiemos en los magistrados y en las investigaciones esclarecedoras de supuestas torturas es lo que desde el Gobierno como desde la oposición, entre otros agentes socio-políticos, se suele recomendar a la ciudadanía. Ayer mismo el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, el secretario general de los populares, Ángel Acebes, y el juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, daban muestras de ello al declarar, respectivamente, que: “Si ha habido algún exceso, lo dirá la justicia”, “Confiamos en que las investigaciones esclarezcan lo sucedido” y “Ante una acción ilícita lo único que cabe es investigar y, si es necesario, sancionar”. Confianza, pues, es la palabra comodín ante una detención, con las gravísimas consecuencias por todos conocidas, como la de Igor Portu Juarena. Confianza que, todo sea dicho, hace tiempo que a los nacionalistas vascos se nos ha agotado. No porque no confiamos en la Justicia, sino porque no nos fiamos de determinados juzgadores. O de otro modo, no es que no estemos de parte de la justicia, sino que estamos en contra de la justicia de parte. Justicia de parte que casi siempre se posiciona a favor del Estado, del Gobierno o de los poderosos, sea este poder: político, económico, religioso o de cualquier otra índole: la justicia y los jueces encargados de hacerla realidad fallan en el mismo sentido recurrentemente. Hecho este que da pie a sostener que buena parte de la magistratura no es independiente y que lo que hacen demasiados enjuiciadores no es Justicia sino una justicia con minúsculas o una Injusticia mayúscula. Más claro aún, los jueces partidistas no realizan un juicio justo, sino un prejuicio injusto. De este modo, más que averiguar la verdad, ocultan la mentira, aunque a veces averigüen la mentira y oculten la verdad. Con lo cual, lo que les trae por la calle del tormento no es tanto que se conozca lo denunciado como que lo sucedido realmente no salga a la luz pública. Éste es el secreto de los secretistas: que secretamente continúe el secreteo. El secretismo en una palabra. Hacer cualquier cosa con tal de que no se desvele lo clasificado. Entre nosotros, no desclasificar.

No es verdad, lo diga quien lo diga, lo que asegura Baltasar Garzón: “Ante una acción ilícita lo único que cabe es investigar y, si es necesario, sancionar”. Que hay que investigar y si hay pruebas de delito sancionar lo sabe hasta un picapleitos, pero ojo, porque no hay que confundir la función policial y judicial con la misión pública: con la política. En tanto que la clase política y sobretodo la gubernativa, que ni indaga ni pena, ha de poner todos los medios para que las conductas delictivas no se repitan en cuerpos que están bajo su mando. Desde ordenar que no se torture hasta facilitar y colocar cámaras que registren todo el proceso de detención, “interrogación”, puesta a disposición judicial y, en su caso, ingreso en prisión. En prisión sí, en prisión, a ver si nos vamos a creer que sólo se tortura antes y no después de ingresar en ella. Cuántas menos zonas oscuras y espacios para la tortura y la impunidad se dejen, mejor que mejor. Además, si en el Estado español no se tortura ni maltrata, qué problema hay para que las videocámaras registren el impecable proceder de policías, carceleros y demás funcionarios. ¿O es que hay miedo de darle al record y que se vea que no hay fair play?

martes, 8 de enero de 2008

Ojos que no ven, corazón...

No le creo al socialista Alfredo Pérez Rubalcaba una sola palabra. ¡Ni una! Por muy ministrado que sea, me pega que la verdad se le ha quedado en el interior. No le creo, no, que la costilla fracturada, los cardenales, el derrame pleural, el enfisema subcutáneo y demás lesiones que presenta el presunto miembro de ETA Igor Portu Juanena se deban a que en el momento de su detención los guardias civiles se abalanzaran sobre él causándole el cuadro médico descrito. Ni de casualidad me trago esa supuesta causalidad. Ni de causalidad me trago esa supuesta casualidad. No porque no sea creyente o porque sea un cartesiano convencido, sino porque estoy hasta los mismísimos de que nos torturen con in-versiones político-policiales para agilipollados. Porque, oiga, alguna vez puede que las torturas sean invenciones, pero todas no, eh, todas son demasiadas. Y a la inversa, quizá las “invenciones” sean torturas, aunque no lo sean todas. O lo que es lo mismo, que al igual que en ocasiones ETA miente para no decir la verdad y en otras dice la verdad para no mentir, el Estado español es un mentiroso tan verídico como un verídico tan mentiroso. Ahora bien, que ETA nos la meta doblada vaya, pero que desde instancias estatales se salten nuestro derecho constitucional a recibir una información veraz es una muestra palpable de que el infundadamente llamado Estado de derecho es una broma de mal gusto. Una broma que, lejos de provocarnos la risa, debería ponernos en estado de alerta y determinarnos a luchar para que nuestros derechos y libertades –los de todos y todas– se cumplan a rajatabla. O es que estamos dispuestos a consentir que en nombre del derecho cercenen nuestras libertades y en nombre de la libertad hagan otro tanto con nuestros derechos. No ¿no? Pues ala, a la calle a plantar cara a estos descarados, por no llamarles hijos de la gran España.

Lamentablemente, Igor Portu Juanena ni es el primer supuesto torturado por las Fuerzas y Cuerpos de seguridad del Estado ni será el último. Antes que él, por ejemplo, mi convecino, el durangués Gorka Lupiañez, tras catorce días, ¡catorce!, desaparecido en combate, declaraba haber sido torturado salvajemente. Lean lean, porque es para poner los pelos de punta, algunos de los maltratos extractados de sus manifestaciones en la prisión de Soto del Real. Manifestaciones, por cierto, que sólo encontraron eco en el Gara y supongo que en Berria. Y es que ya se sabe que hay hechos en Euzkadi que, tiene bemoles la cosa, sólo ocurren en estos diarios nacionalistas. En el resto, como de costumbre, la verdad no es noticia, aunque la mentira encuentre columnas entre la portada y la contraportada. Ya decía hace medio siglo mi familiar sacerdote, Juan de Olazarán, que de los periódicos sólo son verdad las esquelas. Hoy, si se descuidan, ni eso, habría que ver las causas de algunos fallecimientos. Pero a lo nuestro. Gorka Lupiañez denunció haber sido: tirado al suelo, atado, pateado, encañonado en la sien con un Cetme y una pistola, encapuchado, apaleado, gritado, golpeado, amenazado, asfixiado con la bolsa de plástico, desnudado, obligado a hacer flexiones y flexiones, pinchado, enmantado para no dejar huellas al ser apuñeteado, sumergido de cabeza en la bañera, “aguaparkeado”, encelado de pies y manos, baldeado con agua helada, violado, sí, violado con un palo por el ano, electrocutado, aporreado, forzado a comer y a lamer del suelo, estirado de la cabellera y del pubis hasta arrancarle mechones, abofeteado, atado y estirado de los testículos logrando que sangrara del pene, etc. Gorka está hoy en la cárcel, no por mentiroso, sino por ser al parecer miembro de ETA. Sus torturadores, al igual que otros muchos, se han ido de rositas. Y es que claro, el Estado español no tortura, pero parte de la ciudadanía vasca acaba torturada. ¿Hasta cuándo?

lunes, 7 de enero de 2008

El Rey del Dictador

A más de resistir en un Estado de tocapelotas, residimos entre lameculos. Tan es así, que pululan por todas partes: aquéllos hinchando los cojones al personal, estos poniendo por las nubes al todopoderoso. Podían hacer al revés, la verdad, tocar la gaita al mandamás y lisonjear a la muchedumbre, pero entonces no serían lo que son: mentecatos que por atacar al débil y defender al fuerte prosperan en el escalafón socio-económico. Ese es todo su valor: el precio por el que el impostor se vende al mejor postor. Estos seres sin principios que, hablando en plata, valen lo que ganan, si ganaran lo que valen…, serían unos menesterosos de pedir de puerta en puerta. ¡Y pensar que se les abren todas cuando les tendrían que dar con ellas en las narices! Y al revés: saber de buena tinta que las encuentran a cal y canto quienes por méritos propios deberían tenerlas abiertas de par en par. ¡Qué cosas, Euzkadi, qué cosas! ¡El día que el pueblo despierte… no va a quedar pie con cabeza!

Uno de los personajes que más flores está recibiendo últimamente, cuando hay quienes creen que debería ser arrancado de raíz, es el monarca español don Juan Carlos I. Basta que se haya hecho un carroza –viejo, según la RAE, es quien ha cumplido los setenta años– para que los “pajes” de siempre pongan la guinda haciéndole la rosca. La rosca o un roscón tan grande como el que degustaron la víspera de Reyes los paisanos de Bilbao: el roscón solidario más grande del mundo con sus dos toneladas de peso y sesenta metros de perímetro. ¡Menos mal que no hay un roscón de Olentzero que si no, Vizcaya, Guipúzcoa y Álava se nos quedan pequeñas!

Estos cobistas que hacen la pelota al soberano, se declaren juancarlistas para colarnos la monarquía o se declaren monárquicos para colarnos a don Juan Carlos y a quien herede de él la corona, han estado, a cuento de que el Rey se hacía setentero, septuagenario o setentón, que no daban abasto. Todas las plumas del reino español han sido pocas para cantar las supuestas glorias de una majestad que no puede ser objeto de desplumadura. De todo hemos escuchado y leído de estos aduladores: Si el Jefe de Estado pasa en un visto y no visto y el día de Nochevieja revista a las tropas españolas en Afganistán, nos lo cuentan como si se hubiera comido las uvas con ellas. Quién si no al que le corresponde el mando de las fuerzas armadas va a hacerlo ¿un antimilitarista? Además, como jefe supremo de los ejércitos debería estar al pie del cañón y no hacer acto de presencia una vez cada 5 años (en 2002 se reunió con las tropas españolas desplegadas en Kosovo); Si se va a la cumbre Iberoamericana y hace a muchos demócratas sentir vergüenza ajena al mandar callar al presidente de la República de Venezuela, Hugo Chavéz, se ha comportado como un macho ibérico al dar un puñetazo en la mesa como Dios manda ante un diablillo como el venezolano. Pues no, en Oriente no hacía más que cumplir con su deber, en el Occidente latino se extralimitó; Si el presupuesto para la familia real es de 8,6 millones de Euros (mil cuatrocientos veintisiete millones de las antiguas pesetas, peseta arriba, peseta abajo) más los millonarios gastos indeterminados, la monarquía española es de las monarquías más pobres, si no la más económica de todas. Y además sólo nos supone a cada uno diecinueve céntimos de Euro. Pues no, céntimo a céntimo, se hace una millonada que no sólo es como para echarse a llorar, sino una injusticia e insolidaridad con mayúsculas; Y suma y sigue.

Últimamente, no obstante, todos los esfuerzos de estos cuentareinos, por no llamarles cuentacuentos, están destinados a consolidar la monarquía cuestionada y a destacar la imperiosa necesidad de la misma. Así, unos ensalzan el papel de don Juan Carlos en la transición y otros en el golpe de Estado del 23F, cuando no se ponen a desvariar al contarnos milongas como que durante su reinado hemos gozado de la mayor prosperidad, bienestar, paz, derechos y libertades. Y puede ser, pero no por la monarquía, sino a pesar de ella. Como creen que nos hemos caído de un pino o que estamos en la higuera nos vienen a decir, más o menos, que gracias a la institución monárquica tenemos y no hemos perdido la democracia, cuando en realidad es a la inversa: que gracias a la “democracia” tenemos la institución monárquica. Y es que no es el rey, seré franco, quien ha asentado el régimen de la mayoría, sino el régimen de Franco, no la mayoría, quien ha asentado al rey. Vamos, que el monarca se hizo demócrata por la misma razón que la democracia se hizo monárquica: porque si no seguiríamos, si es que no seguimos, bajo una dictadura.

jueves, 3 de enero de 2008

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

Independientemente de lo que acontezca en este país de hereditarias coronas, con tiaras y ostias envinadas, sables desenvainados, re-togados justicieros, so-carteras ministeriales, banqueritos trajeados de alta costura, prostitutas cortesanas, cuarto-pudientes de la comunicación, mafiosillos a todo lujo y demás personajes de cuento, basta que los reyes estén al caer para que se arme un Belén de exclamar “Jesús, María y José”. El último Cristo ha venido de la mano de las altas instancias de la Iglesia española, que, hace apenas unos días, celebraban en la matritense plaza de Colón un acto en defensa de la familia cristiana. Según sus organizadores, el Arzobispado de Madrid, se congregaron alrededor de dos millones de personas, aunque, si los datos ofrecidos por el manifestómetro son ciertos (170.000 asistentes), mienten más que Rajoy y Zapatero juntos. No obstante, la disputa en esta ocasión no ha versado sobre si en la plazuela había más o menos cabezas que alfileres, sino en torno a lo dicho y escuchado en la misma. Arzobispillos como Rouco Varela, Antonio Cañizares o Agustín García-Gasco pronunciaron en un santiamén las de Dios. Días antes, el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, ya se había encargado de calentar el ambiente con unas declaraciones incendiarias. En las mismas, venía a decir que: “Puede haber menores que sí lo consientan (el abuso) y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas, te provocan”. Lo ignoro, pero lo que desearía conocer no es tanto si hay mozalbetes que incitan a los Padres espirituales a mantener relaciones carnales como cuántos “cuida-almas” desalmados incitan a semejante pecado perverso a los impúberes. Me da que hay mucho sacerdote irreligioso, de aquí te pillo, aquí te mato, que, aunque no lo confiese, se lleva, bajo la excusa de leerles unos versículos, a mancebos, cuando no a jovencitas, de abusiva orgía a sus infernales jovenados.

El follón, que es a lo que iba, se ha montado por las críticas que estos eclesiales de cartón y de carne y hueso han vertido sobre la política del ejecutivo socialista en temas tales como: el aborto, el matrimonio entre homosexuales, el llamado divorcio exprés o la asignatura de educación para la ciudadanía. Para estos endiosados del nacional-catolicismo más que pastores de Dios, por hablar en cristiano, el socialismo español, aún “desmarxismizado” y alejado de Lenin, está fomentando el estatal-laicismo. Creen que o la Iglesia acaba con el Estado o el Estado acaba con la Iglesia. En su apología de la familia cristiana indisoluble hasta que la muerte la separe, los religiosos convertidos en políticos, que critican a los políticos convertidos en religiosos, han llegado a afirmar, tal Kiko Argüello, fundador del Camino Neocatecumenal, que: “en Europa los Gobiernos ateos y laicos pretenden destruir a la familia”. ¡Pecan por exceso! En tanto que legislar para que los homosexuales gocen de los mismos derechos que los heterosexuales no casa con la acusación de querer arruinar el modelo de familia cristiano. ¡Es como mezclar la Roma pontificia con la Meca mahometana! Se equivocan de cabo a rabo, como lo hace el obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), monseñor Ricardo Blázquez, al afirmar que “el matrimonio y la familia son el centro neurálgico de la humanidad” o que “en medio de los llamados modelos de familia”, la cristiana puede difuminarse. Es al revés, por Dios, al revés. La humanidad es el centro neurálgico del matrimonio y la familia, y en medio de la familia cristiana, los llamados modelos de familia pueden difuminarse. Sin ese sentimiento tan divino como el humanitario las uniones familiares, sean del género que sean, resultan fallidas. Y por otro lado, por muy respetables que se consideren las alianzas tradicionales y cristianísimas, no son los tipos alternativos a la misma los que la ponen en peligro, sino a la inversa. Ustedes perdonen, pero así es. Lástima que a quienes creen que es pecado no marcar la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta no les entre algo tan natural en la mollera.

Para los socialistas con visa oro, por el contrario, que van de santones cuando son unos diablillos de mucho cuidado, lo que hay detrás de estos sermones medievales es la mano oculta del PP. Con tal de arañar unos votos y vencer en las elecciones generales, argumentan, los populares son capaces de rezar como devotos tres Padres Nuestros y un Ave María. Así lo aseguraban fuentes socialistas: “detrás de las sotanas” se mueve el PP y sus intereses electorales. Y puede ser, tanto como que detrás del PP se mueven las sotanas y sus intereses electorales. ¡A ver si nos vamos a creer a estas alturas lo de que el reino de Dios no es de este mundo! Será más del de arriba o celestial, sin duda, pero aquí abajo hay muchos intereses terrenales inconfesados. Añadían los patriarcas del socialismo que ninguna confesión religiosa, por mayoritaria que sea, tiene “carácter estatal” y que “la fe no se legisla”. Y así es, aunque –y basta ojear alguna constitución española del siglo XIX para caer en la cuenta de ello– no siempre haya sido así. Además, también es cierto a la inversa: que ningún Estado debería tener carácter de confesión religiosa, o que las legislaciones no son un dogma de fe. Ni el Estado español ni su Carta Magna, por mucho que quieran que comulguemos con ello, son un credo irrefutable. ¡Tan pernicioso es bajar al Altísimo de los altares como colocar el españolismo estatal y constitucional en el retablo!