lunes, 11 de febrero de 2008

Demo-nada

De cuando en cuando, ETA y el Estado español se parecen al personaje bigotudo, contradictorio y bonachón del dibujante, columnista y escritor Luis del Olmo: Don Celes Carovius. Como al humorístico y popular celestino en las tiras cómicas, lo que ambos anticipan y lo que les depara la viñeta final es antitético. ¿De qué manera se entiende, si no, que la organización armada termine escuchando la cuenta incompleta del árbitro, cuando pretendía tumbar en la lona a la estatal y que ésta acabe salvada por la campana, si iba a derrotar a aquélla de un golpe y antes del tercer asalto? ¿No es acaso paradójico? ¿No lo es que el picador resulte descabalgado al tratar de hacer sangre al bravío empitonado y el torero corneado en el trance de a entrar a matar? ¿Lo es o no lo es? A más de ser una “metábola” metafórica o una metáfora “metabólizada”, es una paradoja más redonda que un ruedo.

El último contrasentido al que estamos asistiendo consiste, por un lado, en que se haya puesto fuera de ley a esa parte de la izquierda abertzale que, según nos decían, debía aceptar la legalidad española, y por otro, en el hecho de que el injusto Estado de Derecho, que iba a sentenciar a parte del nacionalismo vasco en el juicio final, va a ser, y no es cosa de juzgamundos, juzgado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. ¡El colmo, oiga, el colmo! ¡El legal ilegalizable y el juzgador juzgable o justiciable!

Otro absurdo jurídico-político de levantar la corona, el tricornio, el bonete y el birrete, dejando a la vista la falta de sesos del españolismo, es que, a consecuencia de la suspensión cautelar y cautelosa de actividades, EAE-ANV y EHAK-PCTV puedan seguir interviniendo políticamente en las instituciones vascas y no se les permita politizar en las españolas ni en la vía pública. Doble absurdidad, si consideramos que pronto llegará el tiempo en que el abertzalismo izquierdista haga política de calle y no institucional. Cuando no ambas: callejera a pie de las corporaciones y corporativa a pie de calle.

Este disparate tan político como jurídico se debe a que en las filas del ultraespañolismo, sea éste socialista o popular, hay quienes como el enjuiciador de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón están requeteconvencidos de que, tras la finalización de la tregua, los miembros de la mesa nacional de Batasuna han tomado parte en el sooperativismo del “frente institucional” de la banda, a fin de “coadyuvar” a la “escalada exponencial de las acciones terroristas”. Basta relacionar, aunque estén irrelacionadas, a una determinada organización política con otra ilegalizada y a ésta con la banda armada para dejar a aquélla desarmada. Esto, no más, es suficiente para que la estructura política se arme, aunque, incomprensiblemente, no lo sea para que la estructura armada se politice. ¿Por qué tienen más poder las armas que la política? ¿Por qué si el político “ayuda” a que ETA esté presente en las instituciones es un Etarra, pero si el Etarra “ayuda” a que el político se institucionalice no pertenece a la clase política? Si la política y la lucha armada están relacionadas, por qué el político es un luchador armado y el luchador armado no es un político. ¡Por qué! ¿Por qué, contesten, el terrorismo aterra o aterroriza lo tocado y la política no politiza lo que toca? ¿Por qué, a tenor de lo que nos han contado, el político institucional ha participado en el operativismo de la banda y la banda no ha participado en el operativismo del político institucional? ¿Quizá porque esto último es “cometer el pecado” de hacer política?

Escribía ayer, en el Correo Español, Andoni Unzalu Garaigordobil que: “En Euskadi no hay nadie tan necio que no sepa, ahora y antes, que HB, Batasuna, obedece de forma militar las órdenes de ETA.” De forma militar de ninguna manera, política tal vez. Además –y sin compartir el argumento, sino siguiéndolo hasta sus últimas consecuencias–, tan necedad como la anterior sería ignorar que ETA obedece de forma militar las órdenes de HB, Batasuna… ¿O es que HB… es ETA, pero ETA no es HB…? ¿En base a qué los abertzales de izquierdas son etarras y los etarras no son abertzales de izquierdas? Además, según la lógica españolista, si ETA y HB… son lo mismo, ambas se deberían obedecer a sí mismas ¿no? No una a la otra ni la otra a la una, sino una a una.

Son descabezados esquemas mentales tales los anteriores los que permiten, por puro oportunismo político y conveniencia electoral, ilegalizar a HB y a Batasuna o suspender cautelarmente, de momento, a EAE-ANV y a EHAK-PCTV. Entra dentro de la justa lógica, pues, que al hilo de que tres líderes de EAE-ANV –incluido el presidente de la formación abertzale Kepa Bereziartua– hayan sido imputados Baltasar o garzonianamente por colaboración con ETA, tanto la dirigente de ANV Arantza Urkaregi como la alcaldesa de Hernani, Marian Beitialarrangoitia, expresaran su solidaridad con los compañeros inculpados y declararan que: “No creemos en la Justicia española” por considerarla supeditada a las decisiones políticas del Gobierno socialista. La Justicia no tiene independencia como, fijaros, la independencia no tiene justicia. Porque si la tuviera, Euzkadi podría ser independiente. Ahora bien, si en ocasiones la justicia es dependiente de la política, en otras ocurre al contrario, al ser las no creídas políticas del Ejecutivo socialista las que están supeditadas a la justicia española. La clase política condiciona al poder judicial como la clase judicial condiciona al poder político. Todo depende de que nos quieran pasar por jurídica una decisión política o de que nos quieran colar por política una decisión judicial. Depende, en fin, de quién tome la delantera a quién: el político de turno al juez de guardia o a la inversa.

En períodos como el último alto el fuego, J.M. Ruíz Soroa argumentaba que corrían tiempos de: “apelar al criterio de oportunidad en la aplicación de las leyes, o lo que es lo mismo, al principio de que las leyes deben ser interpretadas teniendo en cuenta las circunstancias del tiempo en que van a ser aplicadas”. Opinión compartida por la articulista del Correo Español, Tonia Etxarri, quien recientemente aseguraba que: “Si en las elecciones autonómicas de 2005, no hubo razones para la suspensión de las actividades del Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHAK) y ahora sí, habrá que concluir que la Justicia, a petición de la Fiscalía General, desde luego, se está «adaptando a las circunstancias» políticas”. Interpretación de la legislación y adaptación de la Justicia que si durante la tregua obedecía a un interés político, tras la ruptura de aquélla se subordina a una estrategia “militar” o metapolítica: entonces se trataba de construir la paz, ahora de batir en la “guerra”. Cabe preguntar, por tanto, por la utilidad del arma legal: Si el objeto del Estado de Derecho es ordenar y garantizar la pacífica convivencia, ¿sirven las leyes para objetivos contrapuestos? ¿Para la paz y para la guerra? ¿Por qué si los códigos legales tienen un fin pacífico se utilizan como un medio guerreador? El problema, reténganlo en la memoria, es que la Ley española no puede ser la causa de la paz porque es efecto de la guerra. ¿O al contrario? ¿Qué es causa de la guerra porque es efecto de la “paz”?

Volviendo a lo anterior, no es sólo que las leyes se hayan interpretado en función de las circunstancias y que la Justicia se esté adaptando a la política, sino que las circunstancias se han interpretado de acuerdo a las leyes y la política se ha adaptado a la Justicia: A más de que ha cambiado la interpretación legal por el cambio del marco político y a la inversa, la adaptación de lo jurídico a lo político conlleva la adaptabilidad contraria. No obstante, más que adaptarse la política a la Justicia se ha adaptado a la injusticia. Esta es la problemática: que se hace política con la justicia, en lugar de hacer justicia con la política.

En relación con lo antedicho, claramente lo manifestaba el presidente del EAJ-PNV, Iñigo Urkullu: “No hay sistema democrático en el mundo occidental que pueda soportar la injerencia de magistrados en la acción política”. ¡No lo hay? Qué se desprende, entonces, de que en el Estado español se soporte injerencia tras injerencia. ¿Tal vez que no hay democracia? ¡No la hay! Más no únicamente por este motivo el argumento del nacionalista vasco sobre España rechina, sino que es adoleciente, más que de su otra mitad, de sus otros dos tercios: No hay sistema democrático en el mundo occidental que pueda soportar la injerencia política en la acción de magistrados y no hay sistema político en el mundo occidental que pueda soportar la injerencia de magistrados en la acción democrática. ¿Los hay o no los hay?

A raíz del sumario 18/98, en el que se condenaba a una cuarentena larga de personas a penas de cárcel por colaboración o integración en ETA, el tripartito que compone el ejecutivo vasco, PNV, EA y EB, daba trámite en la Cámara vasca a una resolución contraria a la sentencia, en la que criticaban el “carácter político” de un fallo que, a su buen o mal juicio, implanta un “estado de excepción” sobre un sector minoritario pero significativo de la sociedad vasca. Más allá del trasfondo político del dictamen, más allá de que la sentencia esté politizada (y la política sentenciada), no es el fallo el que instaura un estado de excepción, sino un estado de excepción (como el español) el que establece un fallo, entre otros muchos, como el anterior.

Andoni Unzalu Garaigordobil, en otro fragmento de su artículo titulado “Se terminó la ficción”, decía que: “A menudo digo que intentar convencer a alguien que no es demócrata para que se convierta a la democracia suele ser habitualmente trabajo baldío. La mayoría de los antifranquistas –pues antifranquistas sí éramos pero demócratas había muy pocos– nos hemos hecho demócratas viviendo en democracia. Llevamos como treinta años haciendo de misioneros, pidiendo, intentando convencer a los del mundo de la izquierda abertzale para que acepten la democracia. Es como predicar en el desierto. Uno se hace demócrata, fundamentalmente, viviendo en democracia; es decir, cuando necesariamente –con independencia de nuestra voluntad– tenemos que respetar y acatar las normas democráticas”. Sin duda ha habido estos misioneros, más tampoco han faltado misionarios que llevan otra treintena de años reivindicando y luchando por convencer a la democracia para que acepte a los del mundo de la izquierda abertzale. Porque no se trata sólo de que uno sea demócrata y viva en democracia cuando acepta las normas democráticas, sino que se es demócrata y se vive democráticamente cuando las normas democráticas le aceptan a uno. No es la intención insinuar con esto que la “democracia” tenga que aceptar a ETA, es a la inversa, pero lo que no es legítimo es situar en la clandestinidad o fuera de la ley y de la política a quienes no se sienten españoles y defienden la justa y democrática causa del pueblo vasco. El problema, en el fondo, es que ni ETA es democrática ni la democracia española lo es. Incluso más, no porque ETA fuese democrática la democracia española lo sería, más si la democracia española lo fuera, ETA le acompañaría en el gesto. Y es que tiene razón Andoni, uno se hace demócrata viviendo en democracia, pero la democracia se hace viviendo entre demócratas.

Añadía Andoni Unzalu Garaigordobil que: “para ser demócrata no es suficiente no tener pistolas y presentarse a las elecciones. Hay que aceptar el imperio de la ley y respetar los procedimientos políticos y legales”. Lo dicho, uno acepta el imperio de la ley…, si el imperio de la ley… le acepta a uno. Si no, no. Si la ley es injusta, de ninguna manera hay por qué comulgar con ella. Todo lo contrario. Es legítima la lucha por romper sus cadenas. Porque, no lo olvides jamás,
para ser demócratas no son los ciudadanos y los pueblos los que tienen que reconocer al poder, es el poder el que tiene que reconocer a la ciudadanía y a los pueblos.

jueves, 7 de febrero de 2008

Iglesia endiablada

A más de que España es la cruz del reino y el reino la cara de España o a la inversa: España la jeta, el reino el lábaro, el país es el reino de la metábola como el reino el país metabólico, porque sólo en un paisillo monárquico en el que se abren las puertas para que las cosas se hagan al revés es posible mandar, y al contrario, al infierno a quienes se han ganado el cielo: se culpabiliza a los inocentes y se proclama la inocencia de los culpables. En España, así es, al tiempo que se perdona al de la mancha se mancha al libre de culpa y se culpa al libre de mancha. No me refiero a la izquierda abertzale, no, qué va, hablo, qué irónico, agudamente y entrelíneas del Lehendakari Ibarretxe, Juan María Atutxa, Gorka Knörr y Kontxi Bilbao, entre otros pero que muchos otros. Y otras. Y quienes vengan a sumarse a esta persecución, que vendrán. Porque se ve venir. Sobreviene, se sobrelleva y se sobrellevará.

Escribía hoy en el diario Gara el abogado Sabino Cuadra Lasante que: “El PSOE, en algún momento, releyó «El Quijote» y encontró aquello de que «el abad, de lo que canta yanta» (la viceversa también sirve) y elevó substancialmente hace poco más de un año la asignación a la Iglesia católica con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, pasando a ser ésta del 0,52% al 0,70% de las declaraciones de renta. Pensó, quizás, que con eso ganaría al episcopado, pero erró en sus cálculos. El bombón regalado despertó las más profundas gulas de la Conferencia Episcopal quien, con redoblados ímpetus, no sólo no mitigó sus diatribas contra el maligno Zapatero, sino que las incrementó y extendió a todos los ámbitos de la vida social y política”. Acierto si digo “¡Ah, cierto!” Pero cuál es el viceversa válido: ¿Que el abad de lo que yanta canta? ¿Que el cantaor yanta de lo abad? ¿Que el cantante abadiza de lo que yanta? ¿Tal vez que el yantante (más que el que yantó) canta de lo abad? ¿Que quien yanta abadiza de lo que canturrea? ¿O aquí vale todo con tal de ser valido o válido? ¡Qué espanto que haya tanto “no ser manco”, tan poco como el de Lepanto! ¿Verdad, Sabino?

Añadía laxante, perdón, se me fue la mano, añadía Lasante que: “La Iglesia se ha convertido en los últimos años en el primer sostén de la derecha española a quien aporta sus púlpitos, sacristías, hisopos y hojas parroquiales con el fin de fomentar los viajes a Madrid en cristiana y patriótica peregrinación a protestar contra el Gobierno. Ante el cierre por defunción de sus agencias de viajes a Lourdes y Fátima, la Iglesia fomenta ahora la manifa-procesión en la que aquellos hermosos y dorados estandartes dedicados a todo tipo de advocaciones marianas han sido sustituidas por frías pancartas de plástico y banderitas de todo a cien que claman contra el aborto y el matrimonio homosexual y afirman que solo la unidad de las tierras de España es algo que pueda compararse con el misterio uno y trino de la Santísima Trinidad”. ¡Y viceversa! Pero no en los últimos años, pues el cuento tiene más que Matusalén. Viceversa porque no sólo la Iglesia hace de monaguillo del PP, sino que éste también reparte hostias y pasa la bandeja para aquélla. A más de tocar religiosamente las campanas, claro. Lo que dicen los episcopales en misa lo llevan al Parlamento los populares y lo que dicen los populares en el Parlamento lo llevan a misa los episcopales. Más claro agua bendita. Que Matusalén, por su parte, en tanto que en este país de sotanas, coronaciones y desfiles castrenses es un hábito de siglos la alianza de los obispos, arzobispos y superiores con los grandes de España, terratenientes, señores, señoritos y caciques. Quienes deberían estar con los pobres y desheredados, los curas, eligen malas compañías: ricos más ricas, cuando no ricachones y ricachonas. Con excepciones, miren a Jesucristo, si no, que era excepcional a la vista de la regla tan romana como descristianizada que ha venido después que no tras Él.

Agregaba en su crítica a la Iglesia Lasante que: “Hace tan solo unos días, Juan Antonio Martínez Camino, portavoz de la CEE (Conferencia Episcopal Española, a no confundir con la ya extinta Comunidad Económica Europea), siguiendo ancestral costumbre, actualizó el bonito acertijo -«blanco por dentro, verde por fuera; si quieres que te lo diga espera»- con el que siempre nos inquieren en vísperas electorales”. Se refería a la orientación que la CEE ha dado a los devotos cristianos para que, en conciencia y guiándose por criterios católico-morales, otorguen el voto. Al PP, dejémonos de gaitas subrepticias, según lo entendido por la mayoría. ¡La pera, vamos, la pera! Porque si hubiera dicho «verde por dentro, blanco por fuera, para acertarlo igual lo hubiéramos pasado peor que unas judías concentradas en un campo», pero al revés no. Y ya que estamos con adivinanzas, ahí va una: «verde por dentro, blanco por fuera, a los cuatro vientos dime qué piensas en el fondo, ¡Rojo!». ¿Y bien?

Recordaba Sabino en su artículo que: “Dar el más mínimo paso en la extensión y profundización de los derechos y libertades democráticas y sociales implica necesariamente desarrollar una política clara de confrontación con el poder de esta santa institución. Un nivel de confrontación similar, cuando menos, al que ella está desarrollando contra todas aquellas personas y grupos que luchan por sus libertades y derechos educativos, culturales, sociales, nacionales, sexuales... Negarse a lo anterior supone dar bazas a la reacción y al oscurantismo. Plegarse a sus chantajes de hoy es apostar por la derrota de mañana”. Algo así como que: o los hijos del Pueblo desapoderan a los Padres de la Iglesia o éstos desapoderan a aquéllos. De aquí la importancia, aunque tampoco es que los socialistas se estén distinguiendo por su santidad, sino por sus diabluras, de que el acólito de los clericales, el PP, no se haga con los resortes del Estado, porque si no, ¡ay Dios, menudo averno nos espera! Como nos espera la derrota no sólo si nos plegamos a los chantajes de hoy, sino que plegarse a los chantajes del porvenir es apostar por la derrota actual. Porque de qué sirve depositar la esperanza en la vida eterna, si estamos condenados en y de por vida.

La ministra socialista de Vivienda, que no la ministra de vivienda socialista, Carme Chacón, se congratulaba hace unos días porque la jerarquía eclesiástica catalana “se desmarque de forma abierta” de un comunicado, el de la CEE, que se “aleja del sentir de sus fieles”. No es la primera vez ni la segunda, ni será la última ni la penúltima, que las altas instancias de la Iglesia en Cataluña o en Euzkadi, por citar sólo dos ejemplos, no hacen suyos los “artículos centrales de fe” a la española de la CEE. Y es que no porque en Madrid los Roucos y Cañizares digan en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, obispos catalanes y vascos tienen que decir amén. A la inversa, aunque no estaría mal que de vez en cuando se santiguaran los Varelianos y compañía, tampoco. Lo que está garrafal es que la cúspide de la Iglesia española se desentienda no sólo del sentir, sino del pensar, creer y hacer de los fieles. Al contrario, que éstos se desentiendan de aquélla, sería una buena nueva.

La Iglesia catalana, no obstante, no se desmarcaba solamente de la “Curia madrileña”, sino que también ironizaba, aunque se le haya pasado a Carme Chacón y no se felicite por ello, sobre las sombrías declaraciones que su compañero y secretario de organización del PSOE, José Blanco, realizaba en relación a la necesidad de revisar los acuerdos Estado-Iglesia para progresar en la autofinanciación de esta última. Así, el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, decía no entender las palabras de Blanco como “una amenaza” porque la Iglesia carece hoy de “privilegios”. ¡Si no es un privilegio, entre otros, que en la declaración de la renta se pueda marcar la casilla de la religión católica y no de ninguna otra confesión religiosa, que baje Dios y lo vea! Ah, lo indudable es que los privilegios hoy no carecen de Iglesia. A más de eclesiásticos privilegiados hay privilegiados eclesiásticamente.
Otro de los que ha hablado para matizar las orientaciones de la CEE, relativas a que: ”una sociedad libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante de un sector de la población ni puede tenerla como interlocutor político”, es el Obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi, quien señalaba que el Obispado vasco siempre ha sido un defensor del diálogo como un “elemento importante” para alcanzar la paz. Y se preguntaba: “¿Se puede llegar a negociaciones? Nosotros no lo hemos dicho, cada uno pensará lo que piense, pero no lo hemos dicho como conjunto de obispos que tenemos la responsabilidad en el País Vasco. Tampoco lo hemos negado”. Es la Iglesia española, no me atrevería a decir la vasca, quien siendo favorable al diálogo para lograr la paz, es contraria a cualquier negociación con ETA y a que se vote a partidos que sostengan la necesidad de negociar con ella. Con la organización armada, pues, no se puede negociar, pero ¿y con la izquierda abertzale? Decía Asurmendi, aclarando la postura española, que: “el diálogo sí es posible con organizaciones para poder llegar a un acuerdo y consenso en los márgenes que tiene. Diálogo sí, negociación no”. ¿Es posible dialogar sin negociar y negociar sin dialogar? ¿De qué se va a dialogar, si no hay nada que negociar y a la inversa? ¿No se trata de lograr un dialogo negociado y una negociación dialogada? ¿O cree la Iglesia que va a traernos la paz rezando? ¡La Iglesia hable de Dios, la política con el diablo!

PD: ¿La adivinanza? La ikurriña.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Lemas no, lee más

En la estación primaveral pasada, se preguntaba un escritor durangués de blogs que si nadie nos lee, para qué escribimos. Para muchas cosas, pero la cuestión es tanto para qué como para quién. ¿Para quién? ¿Para la totalidad? ¿Para la mayoría? ¿Para la minoría? ¿Para uno mismo quizá? ¿Para quién? ¿Y para qué? ¿Para llevar al papel las inquietudes internas? ¿Para cambiar el mundo letra a letra? ¿Para comunicarnos tal vez? ¿Para qué? ¿Y cómo? ¿Y dónde? ¿Y cuándo? ¿Y cuánto? ¿Y qué? ¿Y con qué? ¿Y quién? Sí, y quién, porque no es el mismo el que escribe hoy que mañana, el malhumorado que el alegre, el acompañado que el solitario... No es baladí ninguna de estas cuestiones ni las que se hayan quedado en el lapicero del olvido, porque no se trata de escribir por escribir: la escritura debe servir para algo y para alguien y tiene que tener un modo y un tiempo y una cantidad y un lugar y un tema y un medio y un ser de sentimientos, pensamientos y comportamientos detrás del papel. Sin esto y todo lo demás, a lo mejor se podrá hablar de escritura, más no de literatura. He aquí el gran secreto: que no somos literatos porque escribimos: somos escritores por literarios.

El autor de estas líneas, de verdad, no escribe para que le lean como no lee para que le escriban. Debería escribir más textos, sin duda, y leer, indudablemente, un número mayor de libros. O mejor, a veces le convendría escribir más de lo que lee y otras necesitaría leer más de lo que escribe. Pero escriba o lea, sabe que es un escritor de lectores como un lector de escritores. La escritura y la lectura, aquí está, son como la tinta y la pluma para el pergamino que es su existencia.

Leía hoy de mañana, y de corrido me abalanzaba sobre las teclas, los lemas que el PSOE presentaba ayer para las elecciones generales del nueve de marzo. No les ha bastado con uno, con dos ni con tres, no, nada menos que catorce eslóganes se han tenido que inventar los socialistas para hacer el paripé. Anteriormente idearon el “Con zeta de Zacatero”, ay no, “Con zeta de Zapatero”, pero podían haber dicho, qué se yo, “Con zeta de Zaborrero”, que es más socialista que el Zapatero, o “Con zeta de zacapela”, que va al pelo de la contienda electoral que se avecina, o “Con zeta de zacateada o de zafadura o de zafarrancho o de zagalesco o de zagalón o de zamarrada o de zamarrilla o de zambapalo o de zambarco o de zambomba o de zambombazo o de zambombo o de zampabollos o de zampalimones o de zampalimosnas o de zampatortas o de zancajada o de zancajera o de zancudero o de zanfonía o de zangaburra o de zangamanga o de zanquituerto o de zapalote o de zapapico o de zapateta o de zapote o de zapotazo o de zapotero o de zapayolito o de zarabanda o de zarabando o de zarabandista o de zaragata o de zaragatona o de zarandero o de zarandilla o de zarapito o de zarista o de zarpanel o de zarzarrosa o de zarzuela o de zarzuelero o de zigzagueo o de zompopera o de zompopero o de zonzorro o de zoografía o de zoolatría o de zopetero o de zopilotera o de zopitas o de zumaya o de zurda o de zurdera o de zurracapote o de zurrapiento o de zurugía o de zurujano… Pero qué va: “Con zeta de Zapatero”. Mira que lo tenían a mano para escribir “Con zeta de Zapata o de Zapatismo”, pero lo han echado por tierra. La verdad es que con este izquierdismo y socialismo, que es de hojalata aunque se haga de oro, lo que de verdad les hubiera definido es un “Con zeta de zoquetero o de zoqueterismo”, siendo el zoquetero aquella persona que ocupa cargos públicos con el propósito de alcanzar ricuras o privilegios personales. El Zoqueterismo dedúzcanlo por sí mismos.

Tras el “Con zeta de Zapatero”, han aparecido la quincena menos uno de lemas de los que les hablaba. Allá van: “Por todo lo logrado”; “Porque lo estamos consiguiendo”; “Porque no está todo hecho”; “Por todo lo que merece la pena”; “Por el pleno empleo”; “No es lo mismo”; “Comprometidos con la igualdad”; “Soñar con los pies en la tierra”; “Podemos llegar tan lejos como queramos”; “La octava potencia económica, los primeros en derechos sociales”; “Ahora que avanzamos, por qué retroceder”; “Motivos para creer”; “Somos más”; Y “Vivimos juntos, decidimos juntos”. Vayamos uno por uno.

“Por todo lo logrado”. ¿Por todo lo logrado? Pero si aparte de unas cuantas leyecitas, de descabezar, a última hora y para no perder las elecciones, a la izquierda abertzale y de entregar a UPN el poder en Navarra, han logrado muy poco, por no decir poquísimo. Ni han acabado con ETA ni han alcanzado la paz ni la normalización política en Euskadi ni han reformado el Estatuto de Gernika ni han transferido una sola competencia al País Vasco ni… No vale enseñar lo que se ha alcanzado y ocultar lo que no se ha conseguido. Además, tanto o más que por lo que se ha logrado y lo que no se vota por lo que se espera lograr. Y si no han sido capaces de lograrlo durante los cuatro años de legislatura quién dice que vayan a serlo en otro cuatrienio. ¿Quién? Política y metabólicamente hablando, en Euskadi sabemos de sobra que lo logrado por la parte del “todo” es desmesurado al compararlo con todo lo logrado por la “parte”: El “todo” ha logrado “todo”, la “parte” ni parte.

“Porque lo estamos consiguiendo”. ¿De veras lo estamos consiguiendo o más bien lo que están consiguiendo es a costa de lo que no conseguimos, entre otros, los vascos, catalanes y gallegos? ¿Qué han conseguido además? ¿Han desterrado acaso la monarquía y proclamado la república? ¿No han hecho casi a la inversa? ¿Han extirpado tal vez el capitalismo e implantado el socialismo? ¿No es al revés? ¿Es el Estado más descentralizado y menos centralista o apuntan en la dirección contraria? ¿Se ha aconfesionalizado o a este paso los obispos a más del cielo van a tomar la tierra, si no la han tomado ya? ¿Por qué hay tanta prisa en ponerle letra a un himno y tan poca para todo lo que suene a plurinacional, plurilingüe o multicultural? ¿Por qué? Lo están consiguiendo sí, a marchas forzadas.

“Porque no está todo hecho”. Claro que no, pero ese todo da a entender que está hecho casi todo cuando está casi todo por hacer. Casi todo y además no tienen voluntad para hacerlo. ¡No la tienen! Porque si la tuvieran, si realmente fuesen voluntarios, hace tiempo que estaría ya hecho. A más, y no lo duden, de que en el Estado español sólo se puede hacer España y en España sólo se puede hacer el Estado español.

“Por todo lo que merece la pena”. Qué pena que se les haya pasado la metábola: Por la pena todo lo que merece. Ya se sabe, sólo están para lo que merece la pena cuando hay un montón de penas que lo merecen todo, pero como estas penas no merecen la pena… pues seguiremos apenados. Eso sí, de pena, lo que se dice de pena, es cómo lo han hecho y de penas, lo que se dice de penas, andamos sobrados. ¡Qué se lo pregunten a la izquierda! ¡A la izquierda abertzale!

“Por el pleno empleo”. Por supuesto, pero qué empleo. Porque la cantidad, amigos, es importante, pero la calidad y la cualidad, amigas, ni os cuento. Lo que si os voy a contar es que el empleo de unos es por el desempleo de otros o, si lo preferís, a la inversa. Y también que sí, que por el pleno empleo. Que por los plenos de ayuntamientos y demás instituciones se adjudican buenos trabajos. ¡Menudo negocio! O en forma de metábola: Empleo por el pleno. ¡Dime quién gobierna y te diré quién se forra y a la inversa!

“No es lo mismo”. Que gobierne la izquierda o la derecha se supone. Porque en mentes bipartidistas ni les entra en la cabeza que los nacionalismos, los no españoles, tengan mucho que decir. Y digámoslo bien alto, no es lo mismo que gobierne Zapatero o Rajoy, pero es demasiado parecido, oiga, por no decir que es lo mismo ¿no? Y ya que hablamos de lo mismo, con el socialismo, manda huevos, lo mismo es no. La igualdad es no, para que se entienda mejor. Con el derechismo otro tanto de lo mismo: No. No al igualitarismo.

“Comprometidos con la igualdad”. ¿Con qué? ¡Ya! Ni con la igualdad de las personas ni con la igualdad de los pueblos. Aquí promesas de igualdad todas las del mundo y más, pero compromiso con ella ninguno. ¡Ninguno! Y es el compromiso lo que se echa de menos y hace falta. Porque bien claro lo dice la metábola: La igualdad con comprometidos o igualados con el compromiso. ¿Qué han elaborado la ley de igualdad? Bien hecho, pero ¿y la igualdad de la ley?

“Soñar con los pies en la tierra”. ¿Por qué? ¿Renunció la izquierda a los sueños de verdad? ¿A la utopía? ¿Es al revés? ¿Renunciaron los sueños de verdad a la izquierda? Los tormentosos socialistas ya no quieren andar por las nubes y poner el grito en el cielo. Ahora hay que soñar con los pies en la tierra. Pero ¿es verdad? ¿O quieren soñar con la tierra a sus pies? Desde luego que con la tierra en pie no sueñan ni de coña. Ni con coñac. Entre otras razones porque tendrían un mal sueño, una pesadilla. ¿Cómo se va a poner la tierra en pié? ¡Por Dios! Arrodillada y va que chuta.

“Podemos llegar tan lejos como queramos”. ¿No ven una contradicción entre soñar con los pies en la tierra y podemos llegar tan lejos como queramos? Aquello es realismo, esto idealismo. Y no me vengan con que el socialismo está por el realismo ideal y por el idealismo real, no cuela. Si creen, como lo creen, que hay que soñar con los pies en la tierra, el lema debería ser queramos tan lejos como podamos llegar. Pero no más, hasta dónde podamos, más allá es para revolucionarios como tú y como yo. Y con este socialismo olvídate de revoluciones, como mucho evoluciones, como mucho.

“La octava potencia económica, los primeros en derechos sociales”. En esto, pero sólo en esto, el PSOE sí es lo contrario del PP, que está más bien por recordar siglos imperiales y decir: “La primera potencia económica, los octavos en derechos sociales”. Pero la pregunta del millón de euros: Si España es la primera en derechos sociales, ¿está a la cola en derechos políticos? Y más de que se ponga a la cola en derechos sociales y en cabeza en los políticos, se trata de que derechos y libertades fundamentales vivan ampliaciones en lugar de sufrir recortes. Recortes como los que estamos padeciendo en el derecho de reunión, de asociación, de libertad de expresión, de participación política…

“Ahora que avanzamos, por qué retroceder”. Este eslogan despista. Despista porque el despiste está en que debería decir: ahora que avanzamos en lo social, por qué retrocedemos en lo político. Esto pensando que se han despistado, porque siendo malpensado (Piensa mal y…) quizás sea al revés: Ahora que retrocedemos, por qué avanzar. ¿O no han conocido ya a progresistas que quieren mirar al pasado y a conservadores que miran al futuro? Vamos, que hay quien avanza retrocediendo como quien retrocede avanzando. Hay demasiado progresista que vota por el conservadurismo y escasos conservadores que hagan votos por el progresismo.

“Motivos para creer”. ¿Para creer? Pero este socialismo qué busca: ¿Creyentes? ¿Creyentes cuando hay creyentes que buscan el socialismo? ¿Que lo buscan porque no lo encuentran por ningún lado? ¿Dónde estará el socialismo? En el cielo o en el más allá ya sabemos que no, y de creer hay que creer en esto, en lo trascendente. Con motivos o sin ellos. Porque si de motivos se trata, lo cierto es que hay motivos, y de sobra, para no creer. ¿Cómo vamos a creer cuando los socialistas están en el aire como el humo y el socialismo, que debería estar entre nosotros, en la tierra, está en la Luna de Valencia? Lo dicho, mientras unos están por motivos para creer, otros estamos por creencias para motivar.

“Somos más”. ¿Tan importante es el número, la cuantía o qué? ¿Dónde quedó no la cuantificación, sino la cualificación? El cuál que no el cuán. ¿Aún ignoramos que no importa tanto el cuamaño o la cuamaña como la clase o la facultad? Porque somos más, más ¿somos? No lo creo. Y si somos, cómo somos. ¿Cómo debemos ser y somos, cómo deberíamos ser y no somos, o cómo debemos de ser y tal vez lo seamos y tal vez no? ¿Cómo? Porque somos como en el fondo quieren que seamos, pero no quieren que seamos como somos en el fondo. ¿Cómo nos quieren ellos? Nos quieren como ellos, pero sin ser ellos. Como nosotros, pero sin ser nosotros. Lo quieren todo, no nos quieren nada. No nos quieren. No se quieren más que a sí mismos.

“Vivimos juntos, decidimos juntos”. Esto ya lo hemos oído en el parlamento español. Y la respuesta hace tiempo en este foro. Decía algo así: Vivimos juntos juntos, ¿decidimos? Ni lo decidimos ni lo decidimos. Y de decidirlo, de ser decisivos, debería haber sido antes de vivir rejuntados, no después de. Porque primero es el decidir sí o no, y después el vivir juntos, si sí. Si no, no.

lunes, 4 de febrero de 2008

La metábola

La metábola, dicho metabólica como metafóricamente, es como muchos curas españoles: a pie de calle cuentan verdades como templos y desde el púlpito mentiras cual los Reyes Magos. ¿No creerá nadie que es la inversa, verdad? Vestida de diario se gana el cielo, de hábito o de domingo el infierno. No al revés. Y es que la metábola puede ser falsa el fin de semana, pero es verdadera entre ella. Aunque rara vez acontezca al contrario.

La sección de la metábola de hoy, aún de temática políticorreligiosa, parecería que le ha cargado el diablo, porque basta que la jerarquía eclesiástica nos sermonee para que se arme la de Dios es Cristo: el belén que se ha montado es tal que hay quienes están por mandar al quinto pino a la clericatura. Entre otras razones debido a que en una comunicación emitida por el órgano de gobierno del Episcopado se venía a decir que los católicos “pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos”, aunque “no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública”. ¡Jesús! Sólo faltaba que tuviéramos que comulgar, ¡hostias!, con el Partido Popular. Los católicos pueden apoyar a partidos diferentes y militar en ellos como los partidos y quienes militan en ellos pueden apoyar a católicos diferentes. Porque si de un partido a otro (entre el PP y el PSOE menos) hay tanta distancia como de la Meca a Roma, de unos católicos a otros cual del Tíbet a Constantinopla. ¡Otro tanto ocurre con los programas políticos! Porque si estos no son compatibles con la fe y demás, no todas las fes, los cristianos y las exigencias de la vida cristiana que deben promover son igualmente compatibles con los programas ni son igualmente cercanas y proporcionadas a los objetivos y valores de la vida pública. O hablando en cristiano, si hay demócratas que se deben cristianizar, hay cristianos (mejor clerizontes) que se deben democratizar. Porque ni la democracia cristiana es tan cristiana, ni el cristianismo democrático (más exacto el clericalismo) es tan democrático. ¡Hay mucho angelito que en el fondo es un diablo! ¿Y a la inversa? ¡Qué! ¿Es pecado la insinuación? ¡Que el juicio final lo tenga con el Altísimo! ¡O con la Altísima!

Ayer mismo el vicepresidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, le cantaba la Biblia en verso al presidente del Gobierno al recordarle que con sus críticas a los obispos “no callará jamás” la voz de la Iglesia porque su palabra “es la de Cristo”. ¡Madre de Dios! ¡Qué cruz! ¡Sotanas y Satanás separados no más que por una vocal y una tilde! Aparte de que no toda voz de la Iglesia es palabra de Iahvé ni a la inversa, lo mismo podrían decir Zapatero o los nacionalistas vascos (que para estos también ha habido candela) y espetarle a la CE que con sus críticas a los demócratas no callarán jamás la voz de los Parlamentos porque su palabra es la del Pueblo. ¡Amén!

Añadía Cañizares que la reciente orientación pastoral no se trata de “un texto coyuntural” de cara a los comicios, ya que “tiene una razón de ser muy profunda y muy en sintonía con sus anteriores enseñanzas, esto es, con lo que es la verdad del Evangelio que nunca ha de callar por servicio a los hombres”. ¿Y a la inversa? Si el texto “religioso” no tiene la mirada puesta en la política, ¿no tiene la política la suya en el texto religioso? La verdad, lo que se dice la verdad, es que se trata de una mentirijilla obispal o, cuando menos, de un obispo que está en el error. Porque el texto es tan político como las elecciones tan religiosas. ¡Mira que hay que tener fe para creer en esta clerigalla politizada y en estos políticos clericalados! Además, tan verdadero como que la verdad del Evangelio nunca ha de callar por servicio a los hombres es que la verdad de los hombres nunca ha de hacerlo por servicio al Evangelio. ¡Perdón, más que al Evangelio quería decir por servicio a los jerarcas religiosos!

En respuesta a estos sectores ultraconservadores de la Iglesia española, el jefe del Gobierno, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, al hilo de que en un mitin un espontaneo le espetaba un "¿Que la iglesia no vote!", comentaba que los obispos pueden votar lo que quieran, aunque “tampoco hacer falta ser adivino” para saber a qué partido van a otorgar el sufragio. Más allá de que peca por generalizar, pues no todos los obispos van a votar al PP, lo cierto es que si no hay que ser adivino para saber a qué partido político van a sufragar los obispos, tampoco es necesario ser obispo para saber qué van a votar los adivinos, que, a tenor de lo extendida que está la especie de los augures en esta España de Aramires Fusteres, van a ser más decisivos en las elecciones que los obispales. ¡Tanto o más que entre Padres Apeles vivimos entre Rappeles! Por no hablar de Lola la de las velas negras.

Agregaba Zapatero que: “Lo que sucede es que en democracia el máximo poder no lo tienen los poderosos, lo tienen los ciudadanos” y los más conservadores “se van a llevar una sorpresa porque la respuesta de la ciudadanía española va a ser ejemplar”. Al votar puede ser que el poder lo tengan los ciudadanos, pero no antes ni después de depositar el voto en las urnas. Vamos, que lo que sucede es que el máximo poder lo tienen los poderosos, no lo tienen los ciudadanos de la democracia. Una vez que ha votado el pueblo está perdido.

Comentaba en el mismo mitin el presidente socialista que: “nadie tiene derecho a imponer a nadie con quién tiene que casarse” y “que no se puede obligar a alguien a la convivencia cuando ya no existe vínculo afectivo”. Se refería al matrimonio entre homosexuales y al divorcio express, pero la verdad es que bien podría valer lo dicho para la relación entre Euskadi y España.