
A más de que España es la cruz del reino y el reino la cara de España o a la inversa: España la jeta, el reino el lábaro, el país es el reino de la metábola como el reino el país metabólico, porque sólo en un paisillo monárquico en el que se abren las puertas para que las cosas se hagan al revés es posible mandar, y al contrario, al infierno a quienes se han ganado el cielo: se culpabiliza a los inocentes y se proclama la inocencia de los culpables. En España, así es, al tiempo que se perdona al de la mancha se mancha al libre de culpa y se culpa al libre de mancha. No me refiero a la izquierda abertzale, no, qué va, hablo, qué irónico, agudamente y entrelíneas del Lehendakari Ibarretxe, Juan María Atutxa, Gorka Knörr y Kontxi Bilbao, entre otros pero que muchos otros. Y otras. Y quienes vengan a sumarse a esta persecución, que vendrán. Porque se ve venir. Sobreviene, se sobrelleva y se sobrellevará.
Escribía hoy en el diario Gara el abogado Sabino Cuadra Lasante que: “El PSOE, en algún momento, releyó «El Quijote» y encontró aquello de que «el abad, de lo que canta yanta» (la viceversa también sirve) y elevó substancialmente hace poco más de un año la asignación a la Iglesia católica con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, pasando a ser ésta del 0,52% al 0,70% de las declaraciones de renta. Pensó, quizás, que con eso ganaría al episcopado, pero erró en sus cálculos. El bombón regalado despertó las más profundas gulas de la Conferencia Episcopal quien, con redoblados ímpetus, no sólo no mitigó sus diatribas contra el maligno Zapatero, sino que las incrementó y extendió a todos los ámbitos de la vida social y política”. Acierto si digo “¡Ah, cierto!” Pero cuál es el viceversa válido: ¿Que el abad de lo que yanta canta? ¿Que el cantaor yanta de lo abad? ¿Que el cantante abadiza de lo que yanta? ¿Tal vez que el yantante (más que el que yantó) canta de lo abad? ¿Que quien yanta abadiza de lo que canturrea? ¿O aquí vale todo con tal de ser valido o válido? ¡Qué espanto que haya tanto “no ser manco”, tan poco como el de Lepanto! ¿Verdad, Sabino?
Añadía laxante, perdón, se me fue la mano, añadía Lasante que: “La Iglesia se ha convertido en los últimos años en el primer sostén de la derecha española a quien aporta sus púlpitos, sacristías, hisopos y hojas parroquiales con el fin de fomentar los viajes a Madrid en cristiana y patriótica peregrinación a protestar contra el Gobierno. Ante el cierre por defunción de sus agencias de viajes a Lourdes y Fátima, la Iglesia fomenta ahora la manifa-procesión en la que aquellos hermosos y dorados estandartes dedicados a todo tipo de advocaciones marianas han sido sustituidas por frías pancartas de plástico y banderitas de todo a cien que claman contra el aborto y el matrimonio homosexual y afirman que solo la unidad de las tierras de España es algo que pueda compararse con el misterio uno y trino de la Santísima Trinidad”. ¡Y viceversa! Pero no en los últimos años, pues el cuento tiene más que Matusalén. Viceversa porque no sólo la Iglesia hace de monaguillo del PP, sino que éste también reparte hostias y pasa la bandeja para aquélla. A más de tocar religiosamente las campanas, claro. Lo que dicen los episcopales en misa lo llevan al Parlamento los populares y lo que dicen los populares en el Parlamento lo llevan a misa los episcopales. Más claro agua bendita. Que Matusalén, por su parte, en tanto que en este país de sotanas, coronaciones y desfiles castrenses es un hábito de siglos la alianza de los obispos, arzobispos y superiores con los grandes de España, terratenientes, señores, señoritos y caciques. Quienes deberían estar con los pobres y desheredados, los curas, eligen malas compañías: ricos más ricas, cuando no ricachones y ricachonas. Con excepciones, miren a Jesucristo, si no, que era excepcional a la vista de la regla tan romana como descristianizada que ha venido después que no tras Él.
Agregaba en su crítica a la Iglesia Lasante que: “Hace tan solo unos días, Juan Antonio Martínez Camino, portavoz de la CEE (Conferencia Episcopal Española, a no confundir con la ya extinta Comunidad Económica Europea), siguiendo ancestral costumbre, actualizó el bonito acertijo -«blanco por dentro, verde por fuera; si quieres que te lo diga espera»- con el que siempre nos inquieren en vísperas electorales”. Se refería a la orientación que la CEE ha dado a los devotos cristianos para que, en conciencia y guiándose por criterios católico-morales, otorguen el voto. Al PP, dejémonos de gaitas subrepticias, según lo entendido por la mayoría. ¡La pera, vamos, la pera! Porque si hubiera dicho «verde por dentro, blanco por fuera, para acertarlo igual lo hubiéramos pasado peor que unas judías concentradas en un campo», pero al revés no. Y ya que estamos con adivinanzas, ahí va una: «verde por dentro, blanco por fuera, a los cuatro vientos dime qué piensas en el fondo, ¡Rojo!». ¿Y bien?
Recordaba Sabino en su artículo que: “Dar el más mínimo paso en la extensión y profundización de los derechos y libertades democráticas y sociales implica necesariamente desarrollar una política clara de confrontación con el poder de esta santa institución. Un nivel de confrontación similar, cuando menos, al que ella está desarrollando contra todas aquellas personas y grupos que luchan por sus libertades y derechos educativos, culturales, sociales, nacionales, sexuales... Negarse a lo anterior supone dar bazas a la reacción y al oscurantismo. Plegarse a sus chantajes de hoy es apostar por la derrota de mañana”. Algo así como que: o los hijos del Pueblo desapoderan a los Padres de la Iglesia o éstos desapoderan a aquéllos. De aquí la importancia, aunque tampoco es que los socialistas se estén distinguiendo por su santidad, sino por sus diabluras, de que el acólito de los clericales, el PP, no se haga con los resortes del Estado, porque si no, ¡ay Dios, menudo averno nos espera! Como nos espera la derrota no sólo si nos plegamos a los chantajes de hoy, sino que plegarse a los chantajes del porvenir es apostar por la derrota actual. Porque de qué sirve depositar la esperanza en la vida eterna, si estamos condenados en y de por vida.
La ministra socialista de Vivienda, que no la ministra de vivienda socialista, Carme Chacón, se congratulaba hace unos días porque la jerarquía eclesiástica catalana “se desmarque de forma abierta” de un comunicado, el de la CEE, que se “aleja del sentir de sus fieles”. No es la primera vez ni la segunda, ni será la última ni la penúltima, que las altas instancias de la Iglesia en Cataluña o en Euzkadi, por citar sólo dos ejemplos, no hacen suyos los “artículos centrales de fe” a la española de la CEE. Y es que no porque en Madrid los Roucos y Cañizares digan en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, obispos catalanes y vascos tienen que decir amén. A la inversa, aunque no estaría mal que de vez en cuando se santiguaran los Varelianos y compañía, tampoco. Lo que está garrafal es que la cúspide de la Iglesia española se desentienda no sólo del sentir, sino del pensar, creer y hacer de los fieles. Al contrario, que éstos se desentiendan de aquélla, sería una buena nueva.
La Iglesia catalana, no obstante, no se desmarcaba solamente de la “Curia madrileña”, sino que también ironizaba, aunque se le haya pasado a Carme Chacón y no se felicite por ello, sobre las sombrías declaraciones que su compañero y secretario de organización del PSOE, José Blanco, realizaba en relación a la necesidad de revisar los acuerdos Estado-Iglesia para progresar en la autofinanciación de esta última. Así, el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, decía no entender las palabras de Blanco como “una amenaza” porque la Iglesia carece hoy de “privilegios”. ¡Si no es un privilegio, entre otros, que en la declaración de la renta se pueda marcar la casilla de la religión católica y no de ninguna otra confesión religiosa, que baje Dios y lo vea! Ah, lo indudable es que los privilegios hoy no carecen de Iglesia. A más de eclesiásticos privilegiados hay privilegiados eclesiásticamente.
Otro de los que ha hablado para matizar las orientaciones de la CEE, relativas a que: ”una sociedad libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante de un sector de la población ni puede tenerla como interlocutor político”, es el Obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi, quien señalaba que el Obispado vasco siempre ha sido un defensor del diálogo como un “elemento importante” para alcanzar la paz. Y se preguntaba: “¿Se puede llegar a negociaciones? Nosotros no lo hemos dicho, cada uno pensará lo que piense, pero no lo hemos dicho como conjunto de obispos que tenemos la responsabilidad en el País Vasco. Tampoco lo hemos negado”. Es la Iglesia española, no me atrevería a decir la vasca, quien siendo favorable al diálogo para lograr la paz, es contraria a cualquier negociación con ETA y a que se vote a partidos que sostengan la necesidad de negociar con ella. Con la organización armada, pues, no se puede negociar, pero ¿y con la izquierda abertzale? Decía Asurmendi, aclarando la postura española, que: “el diálogo sí es posible con organizaciones para poder llegar a un acuerdo y consenso en los márgenes que tiene. Diálogo sí, negociación no”. ¿Es posible dialogar sin negociar y negociar sin dialogar? ¿De qué se va a dialogar, si no hay nada que negociar y a la inversa? ¿No se trata de lograr un dialogo negociado y una negociación dialogada? ¿O cree la Iglesia que va a traernos la paz rezando? ¡La Iglesia hable de Dios, la política con el diablo!
PD: ¿La adivinanza? La ikurriña.
Escribía hoy en el diario Gara el abogado Sabino Cuadra Lasante que: “El PSOE, en algún momento, releyó «El Quijote» y encontró aquello de que «el abad, de lo que canta yanta» (la viceversa también sirve) y elevó substancialmente hace poco más de un año la asignación a la Iglesia católica con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, pasando a ser ésta del 0,52% al 0,70% de las declaraciones de renta. Pensó, quizás, que con eso ganaría al episcopado, pero erró en sus cálculos. El bombón regalado despertó las más profundas gulas de la Conferencia Episcopal quien, con redoblados ímpetus, no sólo no mitigó sus diatribas contra el maligno Zapatero, sino que las incrementó y extendió a todos los ámbitos de la vida social y política”. Acierto si digo “¡Ah, cierto!” Pero cuál es el viceversa válido: ¿Que el abad de lo que yanta canta? ¿Que el cantaor yanta de lo abad? ¿Que el cantante abadiza de lo que yanta? ¿Tal vez que el yantante (más que el que yantó) canta de lo abad? ¿Que quien yanta abadiza de lo que canturrea? ¿O aquí vale todo con tal de ser valido o válido? ¡Qué espanto que haya tanto “no ser manco”, tan poco como el de Lepanto! ¿Verdad, Sabino?
Añadía laxante, perdón, se me fue la mano, añadía Lasante que: “La Iglesia se ha convertido en los últimos años en el primer sostén de la derecha española a quien aporta sus púlpitos, sacristías, hisopos y hojas parroquiales con el fin de fomentar los viajes a Madrid en cristiana y patriótica peregrinación a protestar contra el Gobierno. Ante el cierre por defunción de sus agencias de viajes a Lourdes y Fátima, la Iglesia fomenta ahora la manifa-procesión en la que aquellos hermosos y dorados estandartes dedicados a todo tipo de advocaciones marianas han sido sustituidas por frías pancartas de plástico y banderitas de todo a cien que claman contra el aborto y el matrimonio homosexual y afirman que solo la unidad de las tierras de España es algo que pueda compararse con el misterio uno y trino de la Santísima Trinidad”. ¡Y viceversa! Pero no en los últimos años, pues el cuento tiene más que Matusalén. Viceversa porque no sólo la Iglesia hace de monaguillo del PP, sino que éste también reparte hostias y pasa la bandeja para aquélla. A más de tocar religiosamente las campanas, claro. Lo que dicen los episcopales en misa lo llevan al Parlamento los populares y lo que dicen los populares en el Parlamento lo llevan a misa los episcopales. Más claro agua bendita. Que Matusalén, por su parte, en tanto que en este país de sotanas, coronaciones y desfiles castrenses es un hábito de siglos la alianza de los obispos, arzobispos y superiores con los grandes de España, terratenientes, señores, señoritos y caciques. Quienes deberían estar con los pobres y desheredados, los curas, eligen malas compañías: ricos más ricas, cuando no ricachones y ricachonas. Con excepciones, miren a Jesucristo, si no, que era excepcional a la vista de la regla tan romana como descristianizada que ha venido después que no tras Él.
Agregaba en su crítica a la Iglesia Lasante que: “Hace tan solo unos días, Juan Antonio Martínez Camino, portavoz de la CEE (Conferencia Episcopal Española, a no confundir con la ya extinta Comunidad Económica Europea), siguiendo ancestral costumbre, actualizó el bonito acertijo -«blanco por dentro, verde por fuera; si quieres que te lo diga espera»- con el que siempre nos inquieren en vísperas electorales”. Se refería a la orientación que la CEE ha dado a los devotos cristianos para que, en conciencia y guiándose por criterios católico-morales, otorguen el voto. Al PP, dejémonos de gaitas subrepticias, según lo entendido por la mayoría. ¡La pera, vamos, la pera! Porque si hubiera dicho «verde por dentro, blanco por fuera, para acertarlo igual lo hubiéramos pasado peor que unas judías concentradas en un campo», pero al revés no. Y ya que estamos con adivinanzas, ahí va una: «verde por dentro, blanco por fuera, a los cuatro vientos dime qué piensas en el fondo, ¡Rojo!». ¿Y bien?
Recordaba Sabino en su artículo que: “Dar el más mínimo paso en la extensión y profundización de los derechos y libertades democráticas y sociales implica necesariamente desarrollar una política clara de confrontación con el poder de esta santa institución. Un nivel de confrontación similar, cuando menos, al que ella está desarrollando contra todas aquellas personas y grupos que luchan por sus libertades y derechos educativos, culturales, sociales, nacionales, sexuales... Negarse a lo anterior supone dar bazas a la reacción y al oscurantismo. Plegarse a sus chantajes de hoy es apostar por la derrota de mañana”. Algo así como que: o los hijos del Pueblo desapoderan a los Padres de la Iglesia o éstos desapoderan a aquéllos. De aquí la importancia, aunque tampoco es que los socialistas se estén distinguiendo por su santidad, sino por sus diabluras, de que el acólito de los clericales, el PP, no se haga con los resortes del Estado, porque si no, ¡ay Dios, menudo averno nos espera! Como nos espera la derrota no sólo si nos plegamos a los chantajes de hoy, sino que plegarse a los chantajes del porvenir es apostar por la derrota actual. Porque de qué sirve depositar la esperanza en la vida eterna, si estamos condenados en y de por vida.
La ministra socialista de Vivienda, que no la ministra de vivienda socialista, Carme Chacón, se congratulaba hace unos días porque la jerarquía eclesiástica catalana “se desmarque de forma abierta” de un comunicado, el de la CEE, que se “aleja del sentir de sus fieles”. No es la primera vez ni la segunda, ni será la última ni la penúltima, que las altas instancias de la Iglesia en Cataluña o en Euzkadi, por citar sólo dos ejemplos, no hacen suyos los “artículos centrales de fe” a la española de la CEE. Y es que no porque en Madrid los Roucos y Cañizares digan en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, obispos catalanes y vascos tienen que decir amén. A la inversa, aunque no estaría mal que de vez en cuando se santiguaran los Varelianos y compañía, tampoco. Lo que está garrafal es que la cúspide de la Iglesia española se desentienda no sólo del sentir, sino del pensar, creer y hacer de los fieles. Al contrario, que éstos se desentiendan de aquélla, sería una buena nueva.
La Iglesia catalana, no obstante, no se desmarcaba solamente de la “Curia madrileña”, sino que también ironizaba, aunque se le haya pasado a Carme Chacón y no se felicite por ello, sobre las sombrías declaraciones que su compañero y secretario de organización del PSOE, José Blanco, realizaba en relación a la necesidad de revisar los acuerdos Estado-Iglesia para progresar en la autofinanciación de esta última. Así, el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, decía no entender las palabras de Blanco como “una amenaza” porque la Iglesia carece hoy de “privilegios”. ¡Si no es un privilegio, entre otros, que en la declaración de la renta se pueda marcar la casilla de la religión católica y no de ninguna otra confesión religiosa, que baje Dios y lo vea! Ah, lo indudable es que los privilegios hoy no carecen de Iglesia. A más de eclesiásticos privilegiados hay privilegiados eclesiásticamente.
Otro de los que ha hablado para matizar las orientaciones de la CEE, relativas a que: ”una sociedad libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante de un sector de la población ni puede tenerla como interlocutor político”, es el Obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi, quien señalaba que el Obispado vasco siempre ha sido un defensor del diálogo como un “elemento importante” para alcanzar la paz. Y se preguntaba: “¿Se puede llegar a negociaciones? Nosotros no lo hemos dicho, cada uno pensará lo que piense, pero no lo hemos dicho como conjunto de obispos que tenemos la responsabilidad en el País Vasco. Tampoco lo hemos negado”. Es la Iglesia española, no me atrevería a decir la vasca, quien siendo favorable al diálogo para lograr la paz, es contraria a cualquier negociación con ETA y a que se vote a partidos que sostengan la necesidad de negociar con ella. Con la organización armada, pues, no se puede negociar, pero ¿y con la izquierda abertzale? Decía Asurmendi, aclarando la postura española, que: “el diálogo sí es posible con organizaciones para poder llegar a un acuerdo y consenso en los márgenes que tiene. Diálogo sí, negociación no”. ¿Es posible dialogar sin negociar y negociar sin dialogar? ¿De qué se va a dialogar, si no hay nada que negociar y a la inversa? ¿No se trata de lograr un dialogo negociado y una negociación dialogada? ¿O cree la Iglesia que va a traernos la paz rezando? ¡La Iglesia hable de Dios, la política con el diablo!
PD: ¿La adivinanza? La ikurriña.
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