La otra tarde, Amada, pasé so tu balcón
y mirando a lo alto me posé cual halcón
tras la férrea baranda y te vi cual ladrón
entre el vaho y las gotas de tu gran rosetón.
Vite triste, apenada, sin amor ni ilusión,
pensativa y sensible, sin tic tac, ¡Corazón!,
con el cuerpo en la pena y en el alma punción,
por la cara una lágrima y en el ojo un montón.
Te grité y no me oíste y escribí en el renglón
cristalino, en el vidrio, amatoria oración:
“Niña mía, decía, este bueno Vascón
de rodillas plantado, resoplando pasión
te pregunta si quieres escuchar la canción
titulada ‘Cariño, con amor, sin lesión’”.
y mirando a lo alto me posé cual halcón
tras la férrea baranda y te vi cual ladrón
entre el vaho y las gotas de tu gran rosetón.
Vite triste, apenada, sin amor ni ilusión,
pensativa y sensible, sin tic tac, ¡Corazón!,
con el cuerpo en la pena y en el alma punción,
por la cara una lágrima y en el ojo un montón.
Te grité y no me oíste y escribí en el renglón
cristalino, en el vidrio, amatoria oración:
“Niña mía, decía, este bueno Vascón
de rodillas plantado, resoplando pasión
te pregunta si quieres escuchar la canción
titulada ‘Cariño, con amor, sin lesión’”.
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