De cuando en cuando, ETA y el Estado español se parecen al personaje bigotudo, contradictorio y bonachón del dibujante, columnista y escritor Luis del Olmo: Don Celes Carovius. Como al humorístico y popular celestino en las tiras cómicas, lo que ambos anticipan y lo que les depara la viñeta final es antitético. ¿De qué manera se entiende, si no, que la organización armada termine escuchando la cuenta incompleta del árbitro, cuando pretendía tumbar en la lona a la estatal y que ésta acabe salvada por la campana, si iba a derrotar a aquélla de un golpe y antes del tercer asalto? ¿No es acaso paradójico? ¿No lo es que el picador resulte descabalgado al tratar de hacer sangre al bravío empitonado y el torero corneado en el trance de a entrar a matar? ¿Lo es o no lo es? A más de ser una “metábola” metafórica o una metáfora “metabólizada”, es una paradoja más redonda que un ruedo.El último contrasentido al que estamos asistiendo consiste, por un lado, en que se haya puesto fuera de ley a esa parte de la izquierda abertzale que, según nos decían, debía aceptar la legalidad española, y por otro, en el hecho de que el injusto Estado de Derecho, que iba a sentenciar a parte del nacionalismo vasco en el juicio final, va a ser, y no es cosa de juzgamundos, juzgado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. ¡El colmo, oiga, el colmo! ¡El legal ilegalizable y el juzgador juzgable o justiciable!
Otro absurdo jurídico-político de levantar la corona, el tricornio, el bonete y el birrete, dejando a la vista la falta de sesos del españolismo, es que, a consecuencia de la suspensión cautelar y cautelosa de actividades, EAE-ANV y EHAK-PCTV puedan seguir interviniendo políticamente en las instituciones vascas y no se les permita politizar en las españolas ni en la vía pública. Doble absurdidad, si consideramos que pronto llegará el tiempo en que el abertzalismo izquierdista haga política de calle y no institucional. Cuando no ambas: callejera a pie de las corporaciones y corporativa a pie de calle.
Este disparate tan político como jurídico se debe a que en las filas del ultraespañolismo, sea éste socialista o popular, hay quienes como el enjuiciador de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón están requeteconvencidos de que, tras la finalización de la tregua, los miembros de la mesa nacional de Batasuna han tomado parte en el sooperativismo del “frente institucional” de la banda, a fin de “coadyuvar” a la “escalada exponencial de las acciones terroristas”. Basta relacionar, aunque estén irrelacionadas, a una determinada organización política con otra ilegalizada y a ésta con la banda armada para dejar a aquélla desarmada. Esto, no más, es suficiente para que la estructura política se arme, aunque, incomprensiblemente, no lo sea para que la estructura armada se politice. ¿Por qué tienen más poder las armas que la política? ¿Por qué si el político “ayuda” a que ETA esté presente en las instituciones es un Etarra, pero si el Etarra “ayuda” a que el político se institucionalice no pertenece a la clase política? Si la política y la lucha armada están relacionadas, por qué el político es un luchador armado y el luchador armado no es un político. ¡Por qué! ¿Por qué, contesten, el terrorismo aterra o aterroriza lo tocado y la política no politiza lo que toca? ¿Por qué, a tenor de lo que nos han contado, el político institucional ha participado en el operativismo de la banda y la banda no ha participado en el operativismo del político institucional? ¿Quizá porque esto último es “cometer el pecado” de hacer política?
Escribía ayer, en el Correo Español, Andoni Unzalu Garaigordobil que: “En Euskadi no hay nadie tan necio que no sepa, ahora y antes, que HB, Batasuna, obedece de forma militar las órdenes de ETA.” De forma militar de ninguna manera, política tal vez. Además –y sin compartir el argumento, sino siguiéndolo hasta sus últimas consecuencias–, tan necedad como la anterior sería ignorar que ETA obedece de forma militar las órdenes de HB, Batasuna… ¿O es que HB… es ETA, pero ETA no es HB…? ¿En base a qué los abertzales de izquierdas son etarras y los etarras no son abertzales de izquierdas? Además, según la lógica españolista, si ETA y HB… son lo mismo, ambas se deberían obedecer a sí mismas ¿no? No una a la otra ni la otra a la una, sino una a una.
Son descabezados esquemas mentales tales los anteriores los que permiten, por puro oportunismo político y conveniencia electoral, ilegalizar a HB y a Batasuna o suspender cautelarmente, de momento, a EAE-ANV y a EHAK-PCTV. Entra dentro de la justa lógica, pues, que al hilo de que tres líderes de EAE-ANV –incluido el presidente de la formación abertzale Kepa Bereziartua– hayan sido imputados Baltasar o garzonianamente por colaboración con ETA, tanto la dirigente de ANV Arantza Urkaregi como la alcaldesa de Hernani, Marian Beitialarrangoitia, expresaran su solidaridad con los compañeros inculpados y declararan que: “No creemos en la Justicia española” por considerarla supeditada a las decisiones políticas del Gobierno socialista. La Justicia no tiene independencia como, fijaros, la independencia no tiene justicia. Porque si la tuviera, Euzkadi podría ser independiente. Ahora bien, si en ocasiones la justicia es dependiente de la política, en otras ocurre al contrario, al ser las no creídas políticas del Ejecutivo socialista las que están supeditadas a la justicia española. La clase política condiciona al poder judicial como la clase judicial condiciona al poder político. Todo depende de que nos quieran pasar por jurídica una decisión política o de que nos quieran colar por política una decisión judicial. Depende, en fin, de quién tome la delantera a quién: el político de turno al juez de guardia o a la inversa.
En períodos como el último alto el fuego, J.M. Ruíz Soroa argumentaba que corrían tiempos de: “apelar al criterio de oportunidad en la aplicación de las leyes, o lo que es lo mismo, al principio de que las leyes deben ser interpretadas teniendo en cuenta las circunstancias del tiempo en que van a ser aplicadas”. Opinión compartida por la articulista del Correo Español, Tonia Etxarri, quien recientemente aseguraba que: “Si en las elecciones autonómicas de 2005, no hubo razones para la suspensión de las actividades del Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHAK) y ahora sí, habrá que concluir que la Justicia, a petición de la Fiscalía General, desde luego, se está «adaptando a las circunstancias» políticas”. Interpretación de la legislación y adaptación de la Justicia que si durante la tregua obedecía a un interés político, tras la ruptura de aquélla se subordina a una estrategia “militar” o metapolítica: entonces se trataba de construir la paz, ahora de batir en la “guerra”. Cabe preguntar, por tanto, por la utilidad del arma legal: Si el objeto del Estado de Derecho es ordenar y garantizar la pacífica convivencia, ¿sirven las leyes para objetivos contrapuestos? ¿Para la paz y para la guerra? ¿Por qué si los códigos legales tienen un fin pacífico se utilizan como un medio guerreador? El problema, reténganlo en la memoria, es que la Ley española no puede ser la causa de la paz porque es efecto de la guerra. ¿O al contrario? ¿Qué es causa de la guerra porque es efecto de la “paz”?
Volviendo a lo anterior, no es sólo que las leyes se hayan interpretado en función de las circunstancias y que la Justicia se esté adaptando a la política, sino que las circunstancias se han interpretado de acuerdo a las leyes y la política se ha adaptado a la Justicia: A más de que ha cambiado la interpretación legal por el cambio del marco político y a la inversa, la adaptación de lo jurídico a lo político conlleva la adaptabilidad contraria. No obstante, más que adaptarse la política a la Justicia se ha adaptado a la injusticia. Esta es la problemática: que se hace política con la justicia, en lugar de hacer justicia con la política.
En relación con lo antedicho, claramente lo manifestaba el presidente del EAJ-PNV, Iñigo Urkullu: “No hay sistema democrático en el mundo occidental que pueda soportar la injerencia de magistrados en la acción política”. ¡No lo hay? Qué se desprende, entonces, de que en el Estado español se soporte injerencia tras injerencia. ¿Tal vez que no hay democracia? ¡No la hay! Más no únicamente por este motivo el argumento del nacionalista vasco sobre España rechina, sino que es adoleciente, más que de su otra mitad, de sus otros dos tercios: No hay sistema democrático en el mundo occidental que pueda soportar la injerencia política en la acción de magistrados y no hay sistema político en el mundo occidental que pueda soportar la injerencia de magistrados en la acción democrática. ¿Los hay o no los hay?
A raíz del sumario 18/98, en el que se condenaba a una cuarentena larga de personas a penas de cárcel por colaboración o integración en ETA, el tripartito que compone el ejecutivo vasco, PNV, EA y EB, daba trámite en la Cámara vasca a una resolución contraria a la sentencia, en la que criticaban el “carácter político” de un fallo que, a su buen o mal juicio, implanta un “estado de excepción” sobre un sector minoritario pero significativo de la sociedad vasca. Más allá del trasfondo político del dictamen, más allá de que la sentencia esté politizada (y la política sentenciada), no es el fallo el que instaura un estado de excepción, sino un estado de excepción (como el español) el que establece un fallo, entre otros muchos, como el anterior.
Andoni Unzalu Garaigordobil, en otro fragmento de su artículo titulado “Se terminó la ficción”, decía que: “A menudo digo que intentar convencer a alguien que no es demócrata para que se convierta a la democracia suele ser habitualmente trabajo baldío. La mayoría de los antifranquistas –pues antifranquistas sí éramos pero demócratas había muy pocos– nos hemos hecho demócratas viviendo en democracia. Llevamos como treinta años haciendo de misioneros, pidiendo, intentando convencer a los del mundo de la izquierda abertzale para que acepten la democracia. Es como predicar en el desierto. Uno se hace demócrata, fundamentalmente, viviendo en democracia; es decir, cuando necesariamente –con independencia de nuestra voluntad– tenemos que respetar y acatar las normas democráticas”. Sin duda ha habido estos misioneros, más tampoco han faltado misionarios que llevan otra treintena de años reivindicando y luchando por convencer a la democracia para que acepte a los del mundo de la izquierda abertzale. Porque no se trata sólo de que uno sea demócrata y viva en democracia cuando acepta las normas democráticas, sino que se es demócrata y se vive democráticamente cuando las normas democráticas le aceptan a uno. No es la intención insinuar con esto que la “democracia” tenga que aceptar a ETA, es a la inversa, pero lo que no es legítimo es situar en la clandestinidad o fuera de la ley y de la política a quienes no se sienten españoles y defienden la justa y democrática causa del pueblo vasco. El problema, en el fondo, es que ni ETA es democrática ni la democracia española lo es. Incluso más, no porque ETA fuese democrática la democracia española lo sería, más si la democracia española lo fuera, ETA le acompañaría en el gesto. Y es que tiene razón Andoni, uno se hace demócrata viviendo en democracia, pero la democracia se hace viviendo entre demócratas.
Añadía Andoni Unzalu Garaigordobil que: “para ser demócrata no es suficiente no tener pistolas y presentarse a las elecciones. Hay que aceptar el imperio de la ley y respetar los procedimientos políticos y legales”. Lo dicho, uno acepta el imperio de la ley…, si el imperio de la ley… le acepta a uno. Si no, no. Si la ley es injusta, de ninguna manera hay por qué comulgar con ella. Todo lo contrario. Es legítima la lucha por romper sus cadenas. Porque, no lo olvides jamás, para ser demócratas no son los ciudadanos y los pueblos los que tienen que reconocer al poder, es el poder el que tiene que reconocer a la ciudadanía y a los pueblos.


