Desde que se celebraran el 15 de Junio de 1977, tras cuarenta y un años sin pasar por las urnas y añada y media después de que falleciera el dictador Francisco Franco, las elecciones constituyentes en el Reino de España, nunca como ahora la biodiversidad política que en su interior alberga el país había padecido tanto las consecuencias de una maquinaria estatal que, en lugar de conservar e intensificar el colorido del ambiente político que toda democracia reclama, amenaza con echarlo a perder. Pérdida que entrañaría no sólo el desgaste de las fuerzas que componen el espectro político y la consiguiente decoloración del mismo, sino el fortalecimiento, que no implantación, de un sistema que, más que borrar de un brochazo la gama de partidos políticos, convierte a la mayoría de ellos en tercerones poco menos que testimoniales de una pareja nada más. Poco menos porque, aunque es verdad que las agrupaciones minoritarias puedan tener su aquel en la gobernabilidad y condicionar levemente las directrices del Ejecutivo español, en las políticas de Estado y en el gobierno pintan poco o cuasi nada. A pinceladas -caso de serles necesarios a alguna de las dos grandes formaciones nacionales para alcanzar la mayoría absoluta y gobernar con estabilidad-, estos micropartidos pueden tener la capacidad de facilitar o impedir el que se forme un gobierno y hasta de entrar, con cartera ministerial o sin ella, a formar parte del mismo. Pero que una o un conjunto de estas fuerzas minoritarias y aminoradas gobierne costará que lo vean cualesquiera ojos. Vistas ocho legislaturas más la constituyente y pasadas casi tres décadas desde la primera, no hay que tenerlos muy abiertos, la verdad, para entender que, en la práctica, aunque antaño era la UCD, España si no la gobierna el PP, la gobierna el PSOE. Para el resto, aunque no sobre el papel, ¡el gobierno está vetado! O toma sus riendas uno de los dos de siempre o España es ingobernable. ¿Será porque ésta es una que son dos… y porque aquéllos dos es que son uno?Al insinuar que el pluralismo político, si no muerto, cuando menos pervive moribundo en el Estado español, no se pretende afirmar que falta pluralidad política en la sociedad española, sino que escasea en las instituciones políticas. Pues a pesar de que, según datos del Ministerio de Interior, a 30 de noviembre de 2007 se encontraran inscritos en el registro correspondiente 3.021 partidos políticos, y a pesar de que 1.111 hayan sido las candidaturas proclamadas a la Cámara Baja española, sólo el cero coma noventa por ciento, diez, ¡X!, ha obtenido representación parlamentaria. ¡Toma ya, diez! ¡Y una la de UPD de Rosa Díez! ¡Rediez! ¡La pluralidad de las mil y tantas se ha quedado en la decenal! ¡De nada han servido -más que para diezmar al nacionalismo, dice el maldiciente- los cincuenta mil pasados votos de EA ni los casi treinta mil de Aralar! Aunque entrambos sumen los suficientes -tomen nota- para un escañete, tal cual el que con pocos menos retuvo la resistente Nafarroa Bai, no se sentarán en el Congreso de los Diputados. Porque entre D´hondt y que en España no hay setenta y cinco que rascar, sino dieciocho y repartidos (8 en Vizcaya, 6 en Guipúzcoa y 4 en Álava)… cero que rima con Zapatero hasta que se demuestre que debí escribir gacetero.
Al igual que los sufragios idos a parar a EA o Aralar que, por las características del sistema electoral español, no consiguen representación parlamentaria, los depositados en otras muchas formaciones políticas, como los 68.344 de la Coalición Andalucista o los 45.750 de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, quedan injustamente fuera de las instituciones y de la participación política. ¿No dan estos hechos qué pensar y repensar? ¿Es justo y democrático que por el régimen electoral dos partidos como Los Verdes (40.438) y Por un Mundo más justo (21.879), que juntos tienen casi tanto apoyo como Nafarroa Bai (62.073), no tengan modo de sentarse en el Congreso? Y dícese Los Verdes por no decir Los Verdes-Grupo Verde (30.111) o Los Verdes de Europa (19.056) o Els Verds-L’alternativa Ecologista (12.213) o Els Verds-Los Verdes (7.668) o Els Verds-Alternativa Verda (2.052)… ¡Pero si sumados todos estos votos verdeados y los 41.202 del Partido Antitaurino contra el Maltrato animal son casi tantos como los 164.255 que a Coalición Canaria-Partido Nacionalista Canario otorgan dos escaños?
El no dar cancha a formaciones políticas cual las arriba citadas es un lujo que una democracia de la “de” a la “a” no se puede permitir. Porque no está bien democráticamente que la diversidad política visible en la sociedad o, mejor, la diversidad que personifican quienes presentan sus candidaturas a las elecciones, se convierta, por obra y desgracia del régimen electoral, en invisibilidad institucional. Injustamente, el sistema utilizado para convertir la voluntad ciudadana, la del pueblo (aunque es más bien la del electorado), en representación política o poderío cameral, en lugar de allanar el camino para que organizaciones políticas que tienen voz en la sociedad cuenten con voto en las instituciones, no sólo lo pone cuesta arriba, sino que impide que muchas que tienen votos cuenten con voz. Es como si el régimen electoral en lugar de institucionalizar a los desinstitucionalizados tratara de obstaculizar la institucionalización de los institucionalizables y de desintitucionalizar a los institucionalizados. Entendiéndose por desinstitucionalizados los partidos políticos… que no presentan candidatura; por institucionalizables quienes presentándola se quedan por el sistema electoral sin cargos ni escaños; y por institucionalizados quienes habiendo anteriormente tomado aquellos y ocupado estos corren el riesgo de perderlos por las injusticias del régimen que regula lo relacionado con el acto eleccionario. Fundamentalmente quiénes votan, quiénes pueden ser votados, cómo se vota y de qué modo convertir lo votado en representación político-cameral: el electorado, las candidaturas, el sistema de votación y la fórmula de conversión de los votos en escaños.
De este sistema electoral se viene quejando la coalición IU desde que se formara, entre otros partidos de izquierda, con el PCE en 1986. No en vano siempre ha tenido mayor porcentaje de votos para el Congreso que de escaños en él. Es lo que su coordinador general, Gaspar Llamazares, tachaba de “injusticia”, mientras que su homólogo en Euskadi, Javier Madrazo, se refería a que la ley electoral es “injusta y antidemocrática”. Lo ejemplificaba diciendo que mientras CIU con 729.000 votos logra 10 actas de diputado, IU con 960.000 sólo un par. Tiene miguilla la cosa porque podía haber dicho que IU cuenta con el triple de votos que el EAJ-PNV (303.246) y que éste acopia el triple de escaños que aquélla: seis frente a dos. O que UPD con más sufragios que los de Sabin Etxea sólo obtiene uno. Uno cuyo coste es el que le ha costado obtener el escaño por la provincia de Madrid: 131.242 votos y no los 303.535 en total que ha logrado en las últimas elecciones. El resto, los otros 172.293, sea debido a la barrera electoral del 3% o a la ley de D´hondt, el caso es que no tienen utilidad política: son votos sin escaño. Como los 645.008 de IU, a quien le salen los dos logrados a 163.633 votos en Madrid y a 154.399 en Barcelona, y no a 480.000 cada uno que es lo parece darse a entender al decir que IU con 960.000 votos sólo obtiene dos escaños y no sé quien con tantos no sé cuántos. ¡Las cosas como son! Y son así, entre otras razones, porque la circunscripción es provincial y no nacional, porque los escaños se reparten provincialmente aunque los votos estén repartidos por todo el territorio estatal. Este cambio junto a la eliminación del listón del 3% y una fórmula lo más justa posible para la traducción de los sufragios en asientos parlamentarios aumentaría, sin duda, la proporcionalidad y pluralidad del sistema electoral. ¡Para bien de la democracia!
Aunque de IU se puede aseverar que es la formación política que desde 1977 a hoy día mayor desviación negativa (la máxima de 1996 alcanzaba el -4.54 %) ha registrado en el cotejo de los votos que le avalan con los escaños al Congreso que el sistema electoral le concede, del EAJ-PNV no se puede afirmar, sin faltar a la verdad, que sea el partido político que mayor desviación positiva haya disfrutado. Puesto que a pesar de que no es falso que en toda legislatura ha contado con más porcentaje de escaños que de votos, su desviación siempre ha estado por debajo del +0.66% de 1977. Para que se hagan una idea, en 1979, a la UCD con el 34.84% de los votos le correspondieron el 48% de los escaños en el Congreso. Lo que da una desviación del ¡13.16%! ¡Hasta el momento no ha sido superada! La rondó con un 10.4% el PSOE en 1989, al lograr con un 39.6% de los votos el 50% de los escaños. El PP, aún siendo otro de los que se beneficia del sistema electoral, queda muy a la zaga de aquellas marcas, puesto que “sólo” puede acreditar la desviación del año 2000: ¡7.76%! Con el 44.52% de votos se hizo con el 52.28% de escaños. A la vista está quiénes son los más privilegiados por las asimetrías del sistema electoral: la UCD, el PSOE y el PP. Los partidos mayoritarios, y entre estos el vencedor en las urnas más que el del oro en los labios, han sido, en toda elección general celebrada hasta la fecha, a más de favorecidos, los más favorecidos. Esta es la injusticia del sistema electoral: premiar siempre y a lo grande a los dos grandes, hacer un regalo envenenado, más que un presente, al resto de premiados parcamente y castigar, por lo común, a medianos y pequeños.
Si el sistema electoral fuese totalmente proporcional, a tanto por ciento de votos totales recibidos le deberían corresponder el mismo porcentaje de escaños. Es decir, que si actualmente la composición del Congreso es ésta: PSOE 169 escaños, PP 154, CIU 10, EAJ-PNV 6, ERC 3, IU 2, BNG 2, CC-PNC 2, UPD 1 y NA-BAI 1…, proporcionalmente debería ser esta: PSOE 152.74, PP 140.42, CIU 10.67, EAJ-PNV 4.2, ERC 4.09, IU 13.3, BNG 2.87, CC-PNC 2.27, UPD 4.2, NA-BAI 0.84… El PSOE tendría del orden de 16 diputados menos, el PP entre 13 y 14 y el EAJ-PNV uno o dos. ERC subiría uno, el BNG casi, IU hasta 11… Estos desorbitados sesgos, por injustos, deberían aminorarse al máximo. Porque unas desviaciones como las atribuidas en el párrafo anterior a la UCD, al PSOE o al PP suponen, respectivamente, 46, 36 y 27 escaños de más para estas formaciones en el Congreso de los Diputados. Cuarenta y seis, treinta y seis y veintisiete. ¿Oído?
Esta sistemática y sistémica exclusión o excepción de las minorías políticas, este acabar con el pluralismo político o heterogenicidio del que venimos tratando entraña, más que la debilitación de un sistema político multipartidista que jamás ha sido, el robustecimiento del bipartidismo español sobradamente conocido. En la Cámara Alta, señorías, el PSOE y el PP cuentan, tras las elecciones del 9M, con 322 escaños, el 92% nada más y nada menos. Lo nunca visto en las ocho anteriores legislaturas, jamás el partido del gobierno y el principal partido de la oposición habían superado el noventa por ciento. Se habían acercado a él en 1982 (309 escaños, el 88.28%) y en el 2000 (308, 88%) de la mano de unos pletóricos Felipe González y José María Aznar que conseguían dos abultadas mayorías absolutas. Esto es el bipartidismo, un sistema en el que, aunque haya otros partidos políticos, dos, realmente sólo dos, luchan por el poder o se turnan en el ejercicio de gobierno. En España ya se sabe, cuando no la UCD o el PSOE, el PSOE o el PP.
A la hora de valorar los resultados electorales, variadas han sido las formaciones políticas que, habiéndolos cosechado malos, los han achacado en parte al bipartidismo. “Nos han marginado y nos ha arrollado el tsunami del PP y PSOE”: metaforizaba Gaspar Llamazares, el líder de una IU que, en 1996 y comandada por Julio Anguita, contara con un grupo parlamentario de 21 diputados gracias a los más de dos millones y medio de papeletas que le habían deparado las urnas. A día de hoy tras haber bajado, como en su primera cita con las generales, por segunda vez del millón de votos en su veinteañera historia, y a pesar de contar con unos pocos más (27.536) que en aquella ocasión, tiene a su disposición muchos menos escaños: 7 entonces, 2 ahora. A tres de formar grupo propio, directa al mixto que va a “contar” con más escaños (11) que la tercera o cuarta fuerza política en la Cámara Baja: CIU (10) y EAJ-PNV (6). El resumen para Llamazares: “un duro golpe a la diversidad política”.
Más allá de los estragos que a IU le haya causado, el maremoto bipartidista, que se ha hecho notar más en las Palmas de Gran Canarias y en el mediterráneo barcelonés que en Santa Cruz de Tenerife y en la Costa Brava, pasando de largo por el litoral gallego ha salpicado también al Golfo de Vizcaya. Así, si CC-PNC cedía en aquella isla del archipiélago canario uno de los tres escaños al Congreso que tenía hace cuatro años, ERC, la gran perdedora de las elecciones generales al bajar de 8 a 3 diputados, es en la Ciudad Condal donde se deja, respecto a los comicios anteriores, 2 escaños y 245.448 de los 328.723 que pierde. Otro tanto le sucede a quien durante cuatro legislaturas consecutivas, de 1986 al 2000, sobrepasaba el millón de votos y obtenía entre 16 y 18 escaños: CIU. A día de hoy, manteniéndose, cuenta con diez diputados en Madrid, pero es en la provincia olímpica, en Barcelona, donde hay que buscar al 69%, a 42.703 electores, de los 61.154 que ha dejado marchar. Casi el doble de votantes, 117.734, no le han respaldado al EAJ-PNV en esta cita electoral en la que ha perdido uno de los siete escaños que poseía en el Congreso de los diputados. Uno que peligrando más en Guipúzcoa se ha dejado escapar en el territorio vizcaíno. Que es cierto que por razones poblacionales ya no le corresponden nueve sino ocho escaños, pero no menos que en el “Señorío” es donde el partido jeltzale dice adiós a más la mitad de los votos que se le han escapado: 69.937. Más que en Guipúzcoa (38.511) y Álava (15.246) conjuntamente. Por capitales, es en la bilbaína donde sufre una pérdida mayor de electores: 18.255. Le sigue Vitoria con un retroceso de 11.207, cifra que representa el 73.5% de la pérdida total peneuvista en tierras alavesas. Y Donostia, por último, con 8.930 votantes a descontar. 42.431 suman de menos entre las tres. Un tercio respecto del total de la pérdida del EAJ-PNV. Por municipios, las bajadas son: Getxo 4.571 electores, Barakaldo 4.190, Irún 3.092, Basauri 2.948, Portugalete 2.418, Galdakao 1.864, Eibar 1.767, Errenteria 1.727, Durango 1.726, Gernika 1.594, Sestao 1.547, Santurtzi 1538, Hondarribia 1.340, Llodio 1243, Arrasate 1.131… Diez mil más y aquí el otro tercio: 32.696. Simbólicamente, en algunos de esos municipios están parte de las razones, a más de las hasta aquí señaladas, que le han disminuido al EAJ-PNV: un PP que, aún a la baja en los tres territorios vascos, es sostenido por las fidelidades que mantiene en las plazas donde concentra al 89.5% de sus votantes: Bilbao (más de la mitad de todo el voto popular tiene origen bilbaíno), Vitoria, Donostia y Getxo; un PSOE al alta hasta en la Navarra que entregó a UPN y no sólo en la margen izquierda…; los trapos y traposos de Irún que restan y que algunos medios de comunicación se empeñan en que estén más de moda que los pañuelos de Getaria; las divisiones internas y los vencedores externos; los vendedores y revendedores de la idea de que el partido está partido; la llamada de ETA y la respuesta de la izquierda abertzale a la abstención; el asesinato del exconcejal socialista, Isaías Carrasco, cometido supuestamente por la organización armada en Arrasate…
De seguro que existen, a más de las insinuadas, un sinfín de causas que se podrían añadir a las anteriores para explicar el “varapalo” que ha sufrido el EAJ-PNV. Desde que no son unas elecciones hechas a su medida ni en las que mejor da su talla política hasta el hecho de que el bipartidismo fomenta eso que los sociólogos denominan el efecto psicológico y los políticos voto útil: el a sabiendas de que sufragio entregado a un tercero con pocas posibilidades de obtener representación política puede ser ciento volando, decidir votar pájaro en mano. Este es uno de los efectos que en el imaginario colectivo origina el sistema bipartidista. Al eliminar a las terceras formaciones en discordia, más que de la contienda electoral, de la carrera de verdad por el poder ejecutivo, provoca que haya en el electorado quien vote a quien no votaría o quien a quien votaría no vote. Es psicosociología electoral pura: lo peor, lo malo, lo bueno y lo mejor. La balanza entre lo peor que no me da lo bueno, lo malo que no me da lo peor y lo bueno que no me da lo mejor. Que se da en toda elección legislativa española, es verdad, pero no siempre son tan disputadas como las recién celebradas ni el bipartidismo tiene tanta fortaleza (venimos de una Cámara Alta en la que el PSOE y el PP sumaban 312 escaños, el 89.14%, cuando las ha habido, en 1977, 79, 86 y 89, que se movían entre el 80 y 83%).
Aunque la bipolarización es otra de las razones que anda de cabeza en cabeza para explicar el trastorno que al parecer ha supuesto, para los partidos minoritarios en general y para el EAJ-PNV en particular, estas elecciones dualizadas, la verdad es que tanto o más que de una bipolarización se puede hablar de polarización, de llamar o desviar la atención sobre algo, de inclinar o animar a la opinión pública hacia polos contrapuestos más que opuestos… Dicho de otro modo, más allá de que el sistema electoral pueda favorecer dos fenómenos que se retroalimentan: la bipolarización y el bipartidismo, ambos pueden ser fruto de la voluntad de la gente. Si dos grupos políticos condensan casi toda la vida político-institucional de un país porque su ciudadanía así lo desea, es inevitable padecer tanto aquél como aquélla. Más la bipolarización y el bipartidismo también pueden ser alentados. Por la polarización que los medios de comunicación estimulan, sobremanera. El protagonismo que ha adquirido el llamado cuarto poder es impresionante. Aunque la transición política y las primeras elecciones constituyentes del 15 de Junio 1977 se hicieran con la primera y la segunda de RTVE (el 31 de Diciembre de 1982 ETB emitía por primera vez su señal), con ABC, el Correo Español, el País, algunos boletines y confidenciales y poquito más (Deia no salía a los quioscos hasta el 8 de Junio de 1977 y EGIN hasta el 8 de Septiembre), desde entonces no han hecho más que aparecer, aunque muchas para retransmitir las viejas voces de siempre, nuevas cadenas, revistas y publicaciones diarias: el Mundo en 1989, Telecinco, Antena 3 y Canal + en el 90, etc. Todas estas empresas comunicacionales han tenido mucho que ver con la polarización, al igual que las distintas herramientas que proporciona Internet: las redes sociales, blogs, foros, etc. De una u otra manera, debido a la forma de transmitir la información y al fondo de ésta se logra que en el espíritu del pueblo anide la impresión de que se trata de unas elecciones para decidir entre dos y no para elegir a 609 representantes políticos: 350 diputados y 259 senadores. ¿Qué otra cosa es, si no polarizar, ese jugar a dos debates y a debates a dos? ¿Es éste juego democrático? ¿Lo es negar a los partidos minoritarios espacios de opinión porque no cuentan con tantas papeletas como socialistas o populares? ¿Se les discrimina porque tienen pocos votos o tienen pocos votos porque se les discrimina?
A la luz de todas las circunstancias negativas para los partidos políticos “de segundo orden” que se vienen señalando, se podría pensar que el resultado del EAJ-PNV, considerado un batacazo por distintos analistas de la cosa pública, aún siéndolo, no lo es tanto. Atendiendo a los votos logrados, de diez elecciones generales celebradas hasta la fecha en cinco ocasiones ha obtenido una cantidad mayor que los últimos 303.246 logrados y en cuatro una menor. Su mejor marca para el Congreso la consiguió hace cuatro años, en el 2004, cuando 420.980 electores le otorgaron su confianza. Mientras que la peor tenía lugar en las primeras elecciones, las de 1989, tras la escisión y fundación de EA en 1986: 254.681. Su media o promedio es de 324.131 votantes. Más que batacazo, quizás se debería afirmar que en número de votos es el mejor de los peores y el peor de los mejores. Por otro lado, hay dos hechos coadyuvantes que no favorecen la formación de un juicio objetivo sobre los resultados electorales del EAJ-PNV: que el precedente inmediato con que comparar los de estas elecciones sea el de las del registro a batir para el partido nacionalista y que el descenso de éste haya que compararlo con el crecimiento del socialista. El PSE-EE, que es la única formación que gana votos y escaños de las principales fuerzas políticas vascas, ha obtenido los mejores resultados de su historia, tanto en número de sufragios (425.567) como de diputados (9). Vence en los tres territorios históricos y en sus respectivas capitales. Es la primera vez que resulta ganador en Vizcaya y la segunda que a nivel de Euskadi se impone al EAJ-PNV. Ocurría la anterior en 1993, aunque entonces venciera por la mínima y no como ahora por la máxima. Aunque más preocupante que esto, quizá, es que la tendencia a favor del PSE-EE, que se atisbaba ya en las autonómicas de 2005 y que se volvía presenciar tanto en las municipales y forales de 2007 como en las últimas generales, se confirme o no en las que decidirán el legislativo vasco. Si el PSE-EE continúa con su crecimiento en grandes núcleos poblacionales como las capitales, en secundarios como Baracaldo, Getxo, Irun o Portugalete y en otros menores como Gernika, Durango, Arrasate o más pequeños incluso, podríamos estar ante un nuevo ciclo político en la política vasca. Gobernando el PSE-EE… y opositando el EAJ-PNV, cogobernando ambos como antaño o con tripartitos o tetrapartitos. Algo así pensarán, desde luego, quienes crean que se le ha parado el reloj al EAJ-PNV y que se le está agotando el tiempo, pero tal vez sea su hora y aún no le haya llegado.
La pregunta es la de siempre: ¿va a poder ese sector de la izquierda abertzale, se llame HB, Batasuna, EHAK-PCTV o ANV, presentarse a las elecciones vascas? ¿Sería legítimo un parlamento vasco sin esa voz como al parecer lo es un Congreso de los diputados sin ella? La participación en Euskadi ha sido 10.42 puntos más baja que en el Estado: 64.90% frente a un 75.32%. También de diez, de 10.07 menos es la diferencia entre la abstención que se registró en 2004 y la de 2008. Y es ese sector de la política vasca y ETA quien ha realizado un llamamiento a la misma. 610.430 han sido los abstencionistas en tierras vascas. ¿Cuántos habrán obedecido la consigna? Atribuirle a la izquierda abertzale el 10% de quienes no han votado daría 61.043 sujetos. EAHK-PCTV obtuvo 150.644 votos en las últimas elecciones autonómicas de 2005. Sería concederle un 24.67%. En ese tanto por ciento no obstante, en esa masa político-social que la experiencia demuestra que no se derrota dejándola fuera de las urnas ni en ellas está, no menos que en otras, parte del problema y de la solución a nuestros quebraderos de cabeza. Gobierne quien gobierne y ejerza la oposición quien la ejerza.

