En Elea la griega, un pensante sincero,
anterior en el tiempo al Jesús carpintero,
por el año quinientos más algún que otro enero,
el temible Parménides, venerable empero…
Con sí trajo, consigo, metafísico pero,
embrión filosófico, un poema a lo Homero,
redactado en hexámetros, está allá el mundo entero,
desde el ente al no ente, desde el uno hasta el “cero”.
Aprendió de Jenófanes, con Aminias faldero,
en Atenas vio a Sócrates y Zenón fue su arquero,
normal pues que sus leyes parmenídeas de esmero
obtuvieran de eléatas voluntario adhiero.
A pesar de que hay quién le asigna el postrero
proceder dialéctico del pregunto y espero
la respuesta y contesto, la verdad es que el Fiero
por el ser sobresale con el Ser el primero.
De lo oscuro a lo claro lleva sólo un velero,
de esas velas aparta un par dijo el barquero:
uno es el narrable, otro no verdadero,
impensable, innombrable, a la vista el “tercero”.
El que aproa a levante, a la luz, al lucero
y gobierna Atenea, la razón, el bienquiero
con el brillo del día zarpará cual crucero
sin perder nunca el norte hacia puerto certero.
Bautizado el Real, es un todo entero,
sin fisuras ni vías, es el Ser, ente mero,
porque es o no es, es el Uno o sub-cero
y Real es que es y la nada lo huero.
No es posible no ser, el no ente, sugiero,
es la nada y la nada nada es, ¡Marinero!,
piensa pues lo que es, el ser es hacedero
y la nada no es, haya o no milagrero.
El que a popa ha Salerno y a la proa Alghero,
la Estulticia, la “Moria”, sinrazón, falso inquiero,
ya caída la noche, el eclipse diariero
lo echará a la deriva, errará duradero.
No se debe nombrarle ni pensarle, te entero,
ni tampoco se puede porque mal es de agüero,
el no ente es no ente, un no ser, astillero
que botando la nada nada bota, ¡Botero!
El ser es lo que es, no está el ser en alero,
el no ser no lo es, es treintena en Febrero,
y se dice, se piensa lo que es ente, ¡Naviero!,
que quien nada en la nada nadador ni en su fuero.
No se apremie, razone, con buen juicio, ¡Remero!
de ver quítese el parche y de oír, orejero,
más usted ya lo sabe, el a pique o pesquero
que le lleve al banco y le vuelva atunero.
El que quiere ir a Elea más apunta a Passero
mira al sur, mediodía no ve más, ¡Mi viajero!,
más en él se amarina nacional, extranjero
para luego embarcarse y ser, ser pasajero.
Irreal no, real, del Real y remero,
que en un remo ha sentidos y en el otro el infiero
del efecto la causa, o al revés lo postrero
y llegar a saber, conocer de arponero.
Tú decides, ¡Marino!, lo real es realero,
el ser es, ente, Uno, de sí mismo lindero,
siempre él mismo, inmóvil, redondel cual caldero,
es el cosmos, el mundo, es el todo cimero.
Universo absoluto, sin perturbe ni altero,
con presencia eterna, sin nacer ni el muero
pues es siendo, existe más allá del lo quiero
o lo pienso o lo creo, es por sí, ¡Compañero!
Con lo cual, nada cambia, raciocinio severo,
pensamiento que niega el sentir más rasero,
los sentidos, los cinco, al notar que el Soltero
no es lo Uno, es múltiple, tal el cobre o acero.
Sensorial percepción, percibir insincero,
fenoménico orbe del notar de somero
que disgusta a la mente cual placer placentero
da a la vista, al oído, al sentir sensiblero.
Tras pescar la apariencia en la red, en redero,
todo es día y noche, interior y costero,
cual dos formas de un ente, no a la contra, ¡Balsero!,
se dirá y es profundo, para nada ligero.
Que si el ente lo es todo, nada más, Uno, espero
lo diverso se entienda cual la flora en florero,
y el rey-reina, rey-reina sólo un par de un tablero
como blancas y negras en el ser del damero.
Casillero que rige, cual al clérigo el clero,
la Justicia divina con amor y salero,
que quien es propietaria de las naves, bolero
ya lo dice ha las llaves al igual que el llavero.