En el Norte de América entre bosques y brumas,
entre los Laurentinos y las Grandes Llanuras
cinco mares de tierra, de aguas dulces, de puras,
los mayores del mundo ven subir sus espumas.
Son los “HEMOS”, Hurón, Erie, Michigan, ¿dudas?,
el Ontario y el rey, Superior, y si apuras,
el Saint Clair…, que glaciares al perder sus bravuras
como fósiles líquidos esculpían a rudas.
Allí está el Niágara, ese salto de alturas
que a la Île d’Anticosti, una Euskadi a las crudas,
por el santo Lorenzo va a posar sus dulzuras.
O el canal Erie o Michigan o el Champlain que por curvas
a New York, New Orleans, Montreal y a las duras
a la Ottawa avistan, ¡bien lo saben las turbas!
entre los Laurentinos y las Grandes Llanuras
cinco mares de tierra, de aguas dulces, de puras,
los mayores del mundo ven subir sus espumas.
Son los “HEMOS”, Hurón, Erie, Michigan, ¿dudas?,
el Ontario y el rey, Superior, y si apuras,
el Saint Clair…, que glaciares al perder sus bravuras
como fósiles líquidos esculpían a rudas.
Allí está el Niágara, ese salto de alturas
que a la Île d’Anticosti, una Euskadi a las crudas,
por el santo Lorenzo va a posar sus dulzuras.
O el canal Erie o Michigan o el Champlain que por curvas
a New York, New Orleans, Montreal y a las duras
a la Ottawa avistan, ¡bien lo saben las turbas!
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