La Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos en 1986 (IV)
A finales del siglo diecinueve en Berlín
Conferencia hubo injusta, ¡todo un robo sutil!,
en la cual el primer mundo, malo y ruin
repartió entre sí el “tercero”, ¡qué vil!
Con lo cual, quedo África triste, hecha un botín,
pues tan sólo un par de países, ¡qué hostil!,
cual Liberia el etíope conservaron al fin
el derecho a ser libres, a no ser cual servil.
Hecho este que explica que en su Carta, ¡en latín!,
se valore el ser francos como el oro y marfil
y estos tan necesarios para serlo, ¡Tintín!
Para dar buenos pasos, sin machete y fusil,
al futuro, al mañana, desarrollo, al sinfín,
porque ser dependiente es no ser, es redil.
Conferencia hubo injusta, ¡todo un robo sutil!,
en la cual el primer mundo, malo y ruin
repartió entre sí el “tercero”, ¡qué vil!
Con lo cual, quedo África triste, hecha un botín,
pues tan sólo un par de países, ¡qué hostil!,
cual Liberia el etíope conservaron al fin
el derecho a ser libres, a no ser cual servil.
Hecho este que explica que en su Carta, ¡en latín!,
se valore el ser francos como el oro y marfil
y estos tan necesarios para serlo, ¡Tintín!
Para dar buenos pasos, sin machete y fusil,
al futuro, al mañana, desarrollo, al sinfín,
porque ser dependiente es no ser, es redil.
