En la casa de enfrente, en el último piso
que ha una gran balconada de cristal bien macizo
veo casi a diario, haga raso o granizo,
a un pastor que diría alemán y no suizo.
Por su forma de lobo, su pelaje cobrizo
y orejuelas en punta, caminando enfermizo
galería a un lado y otro a paso plomizo
cual si fuera un preso en la cárcel huidizo.
Y me da mucha pena verlo así de sumiso,
sin ladrar, vuelta va, vuelta viene indeciso
y pedir cada rato para entrar el permiso.
Al hogar, pues se para al andar cual chorizo
y se sube a la puerta y ventanas preciso,
pero tan solo encuentra el desdén, caso omiso.
que ha una gran balconada de cristal bien macizo
veo casi a diario, haga raso o granizo,
a un pastor que diría alemán y no suizo.
Por su forma de lobo, su pelaje cobrizo
y orejuelas en punta, caminando enfermizo
galería a un lado y otro a paso plomizo
cual si fuera un preso en la cárcel huidizo.
Y me da mucha pena verlo así de sumiso,
sin ladrar, vuelta va, vuelta viene indeciso
y pedir cada rato para entrar el permiso.
Al hogar, pues se para al andar cual chorizo
y se sube a la puerta y ventanas preciso,
pero tan solo encuentra el desdén, caso omiso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada