sábado, 13 de febrero de 2010

La sal y la salmuera ensangrentada

Con las minas de Hallein y también las del Nido
de Adolf Hitler al austro voy al norte, el latido
de este río, del Salzach, por los Alpes crecido,
a Salzburgo, al burgo de la sal va fluido.

Cual en tiempos las barcas con el polvo lucido
que pagaban impuestos y le soplo al oído
que es un bien que de antiguo mucho pueblo florido,
China, Egipto, la Roma, Maya, Azteca…, ha querido.

Y salado ha causado guerras agrias seguido
en el Viejo y el Nuevo Mundo como el rugido
de la India de Gandhi con su marcha y tejido.

O en mi patria, en Vasconia rebelión y quejido
cuando un Rey, el Felipe IV, Habsburgo perdido,
estancaba la sal y acallaba el aullido.

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