jueves, 29 de abril de 2010

El discurso de Hitler, la política (I)

En el mil novecientos treinta en Múnich decía
el partido legal es tan sólo una vía
que la ley nos impone, no es tal vía baldía
pues con votos seremos libres, libres un día.

Y es por ello la Cámara de políticos fría
sólo un medio, no un fin, es el fin le diría
liberar a Alemania con la labia que pía
y los votos logrados en la urna por guía.

Y tenía razón, en política, ¡usía!,
si a la fuerza se opone otra fuerza, otra hombría
que es más fuerte, los votos son la vía que cría.

La victoria esperada, la libranza, la orgía
del librante que algún, algún día si fía
en tal ruta la suerte la verá, ¡hay tu tía!

El discurso de Hitler, el Putsch de Múnich

En el mil novecientos treinta y cuatro en la villa
muniquesa inflamada cual la vena su hablilla
recordando el Putsch ante el fiel y fielilla
dijo entonces había inflación y hambrecilla.

Y nos dimos al golpe, a perder la guerrilla
que a la postre sería la victoria que hoy brilla,
porque había otro en marcha e importaba costilla
el tener el coraje de hacer algo, cosilla.

Y el que alzaba una voz encontraba pandilla
tras de sí, seguidores, gente buena, no pilla,
que murió por la causa, no de boca o boquilla.

Y hoy en día tan solo, he tan solo una astilla
que esos mártires patrios, los primeros en silla
no los vea sentados o de pie por la milla.

El discurso de Hitler, la liberación (II)

Dice Hitler que usted si en verdad es creyente
y si espera ser libre y es de ello consciente
debe bien aprender porque es lo corriente
que no hay nadie le haga libre, vos es agente.

Pues el pueblo le llama a que sea un decente
héroe, todo un heroico, no un traidor ni de ente
de gallina, la patria se divide, ¡no miente!,
en los tres tipos dichos: felón, blando y valiente.

Y Alemania precisa al poder, ¡mi oyente!,
un gran líder que haga lo que quiere la gente
y ellos creen que es correcto, aunque cueste a inocente.

El vivir pues no importa sea el medio demente
si se logra el ser libres, que es el fin que el de enfrente
niega usando la fuerza, no razones de mente.

El discurso de Hitler, la liberación (I)

Adolf Hitler nos dice que librar a Alemania
no es posible si el pueblo en la lucha o batalla
que es interna primero, la exterior es canalla,
se hace el sueco, él llama a librarse a Germania.

Pide ayuda a la gente por lograr una hazaña
porque sabe que el libre no es de arroja toalla
y se hace de abajo hasta arriba o falla
al revés, no hay libranza desde arriba, ¿le extraña?

A mí no, a diario veo esto en España
donde pone el de arriba siempre siempre una raya
al deseo del pueblo vasco a ser libre, ¿daña?

La verdad ante usted, el decirle que vaya
a luchar por Vasconia y verá que esa entraña
española le niega libertades y acalla.

El discurso de Hitler, el derecho (II)

Aunque sea la fuerza el derecho, ¡lector!,
hubo en tiempos de Hitler y anterior, posterior
un derecho que pudo evitar lo peor,
el derecho a la propia decisión, el mejor.

En política y Hitler nos decía, ¡señor
y señora!, que el mismo dio el Estado opresor
a colonias y a pueblo pequeñito, menor,
y se niega Alemania o la Austria, ¡oidor!

Y eso sólo pedía, solo, sola esa flor,
el derecho del pueblo a vivir con honor,
libremente, que esclavo es un mal, deshonor.

Un Estado en fin con el mismo valor
y derechos que el resto y el negarlo fue error
de Versalles y etcétera, de verdad un dolor.

El discurso de Hitler, el derecho (I)

Cual dijera el Cánovas, ¡español!, del Castillo
Adolf Hitler nos dice que el derecho, ¡otro pillo!,
es la fuerza, idea que defiende el Caudillo
por lo visto en la historia, ¡no se anda a lo grillo!

Y nos dice Inglaterra, ¡no me sea un pardillo!,
conquistaba la India no por ley, no con brillo
ni justicia y logrado ese fin, ¡ay, Ghandillo!,
por la fuerza con ella lo mantiene, ¡sencillo!

Y de ello resulta que el más fuerte bolsillo
¡no!, el más fuerte en armas es el rey del corrillo
de naciones, hoy día el Estado Unidillo.

Pero entonces el Hitler con la bomba y casquillo
quiso verlo por sí y aunque tuvo colmillo
daba el brazo a torcer, mordió al fin el polvillo.

El discurso de Hitler, la democracia (III)

Al orar el austríaco, al orar el germánico
de Adolf Hitler del ente o del ser democrático
dice que hay Democracia Liberal do lo básico
es que manda la plata, es que manda el metálico.

Unos pocos bancócratas y también plutocrático
han por oro el poder de verdad, no el romántico,
el del todos, y dicen, ¡he aquí lo dramático!,
esto es libertad, ¡no lo creo, soy clásico!

¡De poder para el pueblo!, dice él, alemánico…
que ello entraña que quieren en el tema que es cuántico
y económico manos libres, ¡esto es lo trágico!

Que no sólo no habemos el poder en lo táctico
de la vida política, sino que en lo pragmático
que resulta el dinero mucho menos, ¡qué “anárquico”!

El discurso de Hitler, la democracia (II)

El discurso de Hitler como es democrático
en el tema tratado es también muy tiránico
pues defiende un sistema, democracia titánico
cual defiende el contrario, tiranía a lo hispánico.

Y dirá que en Germania es el pueblo lo básico,
soberano lo mismo que dirá tan simpático
que si toda persona en el tema metálico
ha un valor, por el voto igualarla es trágico.

Con lo cual en política debe haber un mesiánico
líder fuerte que ostente el poder más fantástico,
el total o absoluto, ¡no es sin duda romántico!

Es tirano, un caudillo que obra y dice lo práctico
según sea el momento, según sea lo táctico
para hacer del poder algo eterno y estático.

El discurso de Hitler, la democracia (I)

Alemania ha aprendido Democracia que es
una cosa en la idea que en la praxis ni ves
porque hay bancocracia, plutocracia en vez
de que el pueblo decida lo que quiere, no diez.

Así pues al principio democrático, ¡usted!,
que es el número, reina el mayor, no el de tres
es contrario al otro absoluto do juez
es la voz como el voto de uno sólo, ¡qué hez!

Ahora bien, si aquél es más justo, la res
del rebaño es más apta que la oveja, a sus pies
quiere Adolf la lana, quiere Hitler los bes.

Y la autoritas, sigue, no va campo a través,
va de arriba a abajo y la culpa al revés
desde abajo hacia arriba, lo contrario es soez.

El discurso de Hitler, el Estado (II)

Tanto o más que la paz, la mundial un Estado
peroraba Adolf Hitler ha por meta el estado
de su pueblo, el lograr con poder como armado
mantenerlo con vida aunque cueste un puñado.

Por encima de todo, ¿qué guardar?, lo sagrado,
la nación y su vida y añadía inspirado
no hay que hacer desde Cámara, no hay que hacer desde estrado
una ley que proteja al Estado alzado.

Hay que obrar una ley que proteja lo dado
que es la patria, el pueblo, lo que viene legado
por un tiempo de antaño, por un tiempo pasado.

Porque no hay tarea mayor que lo donado
no se pierda, la raza o la etnia, ¡amado
cual amada!, ha de ser conservada o hay fado.

El discurso de Hitler, el Estado (I)

El Estado no es organismo económico
porque aun siendo organismo, organismo es patriótico,
lo primero el pueblo y después, ¡no es ilógico!,
lo demás, pues sin gente ¿no es lo otro anecdótico?

Ni el Estado antepone a la calle, es hipnótico
al decirlo, el hombre hoy no existe, ¡y narcótico!,
por y para el Estado, a la inversa es lo lógico,
el Estado existe por los hombres, ¡qué óptico!

Y añadía el Estado puede ser algo exótico,
paraíso tan solo si no hay nadie afónico
y ha el común voz y voto, influencia, ¡esto es tópico!

Sin embargo, el discurso y la praxis, ¡qué cómico!,
no concuerdan en Hitler pues su Estado es despótico
y lo dicho tan solo un recurso retórico.

El discurso de Hitler, la economía (III)

Al llegar al Gobierno Adolf Hitler decía
que tenía él puesta su esperanza, creía
en el pueblo alemán, en la gente diría
cual del campo en la obrera, en la fuerza que había.

Productiva en tanto el país carecía
de moneda potente y del oro…, añadía
lo que hay es currelas, gente activa, la vía
que nos puede salvar de la ruina judía.

Con tal prole en su tono encendido seguía
no hay nación en el mundo que nos pare, es baldía
la intentona, Alemania crecerá cual crecía.

Y tenía razón, supo bien, él sabía
que la guerra incluso en el fondo es, ¡usía!,
una guerra económica, ¡producción como hombría!

El discurso de Hitler, la economía (II)

Entre el Luis, el XIV que dijere una vez
el Estado soy yo como el Göring después
lo económico él Adolf Hitler, usted,
se parece al galo más que al bávaro, ¿ves?

Pues clamaba en el mundo de la plata, ¡así es!,
toda gente, el pueblo solo existe, ¡qué hez!
por y para la industria y el comercio y cual lees,
esto para el gran capital y su sed.

Y añadía a este principillo de tez
negra como el petróleo yo le he dado en un mes…
de gobierno la vuelta desde arriba a los pies.

Con lo cual en su Estado va eso puesto al revés,
lo económico existe por… la gente que es
lo primero, ¿al contrario?, al contrario el inglés…

El discurso de Hitler, la economía (I)

Frente al todo estatal que se rinde a los pies
del poder económico dijo más de una vez
Adolf Hitler mi Estado construiré al revés,
lo primero va este tal aquello después.

Pues detrás de la fuerza económica, ¡usted!,
debe haber poderío, la política pues
se antepone a los bancos, a la bolsa y la sed
de ganar capitales, un montón cada mes.

Poderío que viene no de voces, ¡pardiez!,
ni de dichas palabras, quién aquí es el juez
es el arma empuñada por la patria ante diez…

Si hace falta, en tanto todo pueblo merced
a los puños se ha hecho, se ha hecho grande, ¡atended!,
no por plata ni oro, os lo digo cual es.

El discurso de Hitler, Alemania (VI)

Qué le pido al mundo preguntaba sin más
Adolf Hitler, el Führer y decía a lo gran…,
a lo grande el derecho de su raza, ¡sabrás!,
a reunirse en Germania y devuelto hasta el pan.

De otro modo, el Tratado de Versalles que al ras
de la nada ponía a Alemania y cuán
a la porra y que pueda decidir por capaz
el futuro el buen pueblo, el buen pueblo alemán.

El derecho a la auto decisión y haya paz
para todos, empero, avisó el capitán
si me niegan lo justo, nos verá el audaz.

Que se atreva a impedir tal justeza, tal plan
con las armas dispuestas para entrar sin piedad
en la guerra más bestia que haya visto Satán.

El discurso de Hitler, Alemania (V)

Con la guerra a la vista, todavía en paz
Hitler, Führer repasa el que ha sido su plan
en Saarbruecken y da, da a la luz, da al haz
su política viva, la de ser capitán.

De la nave y dijo lo primero unidad
de la patria alemana fue lograr, ¡el refrán
no lo olvide!, segundo el rearme audaz
del ejército patrio, ¡ese fue su afán!

Lo tercero y no menos importante quizás
fue asentar el gran Reich, el tercero alemán
y lo cuarto, ganar aliados, ¿qué más?

Nada más, eso es todo, nada menos, fue un gran,
un gran líder, mas malo, de una gran crueldad
hacia el prójimo, esto lo convierte en rufián.

El discurso de Hitler, Alemania (IV)

Tras seis años al mando del gobierno alemán
Adolf Hitler proclama cual proclama un titán
que es el logro mayor de su plan y replan
la unidad de la gente alemana, ¡su afán!

De lograr una patria del primero al patán
que esté unida pues sabe, sabe bien cual sabrán
el que hace la unión la gran fuerza, ¡el refrán!,
¿o fue acaso al revés, que hizo liga el caimán?

¿O ambas cosas? ¡Cual sea! Es el caso que el gran
resultado disgusta a inglés, galo, a otro tan
poderoso que intenta dividir ese imán.

Que resulta Alemania con su tal capitán
en lo alto, hay potencia que desea un Balcán
en Germania, no aunada, dividida y cuán.

El discurso de Hitler, Alemania (III)

En discurso anterior al mal Putsch muniqués,
en el mil novecientos digo bien veintitrés
Adolf Hitler proclama que hay dos vías, no tres,
Berlín vence a Múnich o resulta al revés.

Comunismo sociata, ¡por decir el envés,
socialismo rojizo! , o su amor como ves
Nacional-Socialista, dos opciones hay pues,
la de Rusia o Germania, ¡la desdicha o la prez!

La República, ¡claro!, Weimariana y su hez
o el buen Führer político, dictadura después
de partido nazista, uno solo no diez.

O el puñal por la espalda o un gran golpe, ¡pardiez!,
de Estadito, eso es todo, el camino a través
del dolor nacional o la patria a sus pies.

El discurso de Hitler, Alemania (II)

La Gran Gran Alemania que Adolf Hitler en prosa
y oratoria reclama necesita una cosa
que es política pura, no política rosa,
que la raza alemana determine su diosa.

Que con voz y con voto toda gente honrosa
y ¡germana! decida en la urna gloriosa
el futuro, requiere decisión que es dichosa,
popular como propia, no una cosa dañosa.

El derecho a la auto solución tan grandiosa
pues a gente demócrata, pues a gente celosa
de su ser nacional va a emplazar y juiciosa.

Esto en teoría porque en práctica osa
a tomar bien las armas si esa nota jugosa
es negada a la fuerza y se vuelve forzosa.

El discurso de Hitler, Alemania (I)

La Alemania de Hitler o la Gran Alemania
o mejor si es posible o mejor la Germania
va de Königsberg hasta Estrasburgo, ¡tamaña!,
y de Hamburgo hasta Viena como tela de araña.

O de Prusia Oriental a Lorena entraña
y del Mar, el del Norte hasta Austria y con saña
y el espacio vital llega al este y con caña
pescaría el planeta, ¡toda toda una hazaña!

Geográfica allende en política extraña
el modelo de Rusia como el de Gran Bretaña
burocracia económica como esta patraña.

¡Democracia económica!, porque, ¡suena a campaña!,
nacional-socialista dictadura, ¡o castaña!,
quiere ver implantada en su patria con maña.

martes, 27 de abril de 2010

El discurso de Hitler, la prensa (III)

Al igual que extirpar de Alemania el problema
del judío lo era el del rojo, un poema
para el cual Adolf Hitler reclamaba sin pena
emplear desde el arte a la prensa a la “buena”.

Porque para apoyar a los Soviets de lema
ya contaba el Pravda, La Verdad, de emblema
bolchevique y otros, según Hitler no es buena
esta prensa global que calumnia y condena.

Y la inglesa y francesa y la yanqui… que el tema
militar alentaba o la guerra en la arena
europea y después en el mundo, ¡da flema!

Avivar con la pluma lo que es propio de hiena
perseguir entre varios, perseguir por sistema
la carroña o robarla al león de melena.

El discurso de Hitler, la prensa (II)

Al hablar de los ricos como el gran capital
Adolf Hitler señala que ellos suelen crear
sus diarios y luego dicen que hay libertad
de expresión y de prensa, ¡es mentira falaz!

Porque cada periódico ha un señor capitán
que es el dueño que suele ir de traje o de frac
y establece la línea, la política, el vals
de su prensa, la pluma obedece sin más.

Y si en vez de ser pluma es plumón y capaz
de escribir por sí misma un gran, buen titular
que disgusta a su jefe va a la calle a piar.

Y al llegar a las casas, al entrar en el bar…
va a dar forma a opiniones que son públicas mal
este medio que es un peligro fatal.

El discurso de Hitler, la prensa (I)

Adolf Hitler en prédicas con bandera gamada
lo primero que dice de la prensa alemana
es que urge reforma, no un lavado de cara
pues diario en contra de la patria difama.

Y no tiene lugar en su Estado de entrada
y ha de ser instrumento para eduque de llana
como llano en el hecho, en la cosa más clara
de que el pueblo decide lo que quiere y ama.

Y además si ha derecho a informarse uno y cada,
el Gobierno ha el deber de velar por germana
gente no esté viciada, gente no tenga tara.

Porque cuando hay algo que al mocete y anciana
perjudica, a la puebla quien gobierna lo para
de raíz, su deber se antepone, lo llama.

El discurso de Hitler, la educación (III)

Adolf Hitler en mítines con imagen cuidada
comentó del inglés, comentó de pasada
que enviaba a Oxford como a Cambridge, ¡amada
tal amado!, a los ricos, a la gente sobrada.

De dinero y al pobre a otros college, ¡no es nada!,
y añadía Alemania tiene escuela llamada
nacional y patriótica donde tienen entrada
cual la gente pudiente gente más desdichada.

El Estado por tanto alemán hubo hornada
juvenil sin distingos para obrar, ¡no es bobada!,
una patria distinta, una patria gamada.

Que si aquello es error o en vulgar es cagada,
doctrinar al alumno en la idea sagrada
para el nazi no es libre, es esclava camada.

El discurso de Hitler, la educación (II)

Otro punto que trata este buen orador
se refiere al eduque por la paz, al amor
pacifista, armonioso, mas le otorga un sabor
necesario, sin él es baldía labor.

Porque sin el derecho a la vida, ¡lector!,
de los pueblos, las patrias o nación o mejor
sin justicia habrá lucha o conflicto o peor
se desata la guerra entre dos o mayor.

Por lo tanto reclama Adolf Hitler, ¡oidor!,
la igualdad de los pueblos y las gentes que es flor
y ramita de olivo o paloma de albor.

Pues sin tal no renuncia este líder, señor
a lograr por las armas, a lograr por ardor
lo que no con razones y además buen humor.

El discurso de Hitler, la educación (I)

Al igual que la ley la labor educante
necesita reforma pues tan solo es garante
del saber, conocer, mas quien sabe, no obstante,
es contrario a la acción, a ponerse delante.

No en la clase, en la lucha, esto dice el orante
de Adolf Hitler, sabihondo no da el paso adelante
pues carece de instinto, voluntad para avante
y energía que obre otro mundo brillante.

Es por ello que quiere gente lista y bastante,
mas que nazca del pueblo alemán, que el flamante
no provenga del otro que es judío y errante.

La labor por lo tanto de educar al parlante
le parece patriótica, nacional, un diamante
a pulir por el bien de Alemania, ¡ay qué hablante!

El discurso de Hitler, la legislación

Además de reformas en la prensa o función
educante, Adolf Hitler, orador con pasión,
propondría otra acto, propondría otra acción
reformista en las leyes y tenía razón.

Para ello en tanto en aquella sazón
alemana Alemania tuvo a bien protección
de derechos del ser, de persona y noción
nula para la raza y la gente y nación.

Colectivos derechos reclamaba, ¡atención!,
en discursos, ejem, el tomar decisión
democrática, auto… o la propia opción.

En política, claro, decidir sin guión
de antemano con voz como con votación
popular, por el pueblo, ¡toda una lección!

El discurso de Hitler, el capitalismo (III)

La noción del Estado del austriaco-alemán
de Adolf Hitler allende de ser fuerte y total
y de un solo partido se distancia del gran
capital en el orden del factor nacional.

Porque para un plutócrata o bancócrata el plan
de formar con el pueblo una patria cabal
donde reine el bien común, no el personal
no será lo primero, no pondrá aquí el afán.

No serán las personas, no será lo estatal
quienes manden la vida económica tan
celosilla de sí, será ¿qué? El capital.

Y por ello Adolf Hitler dirá bien, con afán
que la plata no es dueña de la cosa estatal,
a la inversa, el Estado es quien dicta del pan…

El discurso de Hitler, el capitalismo (II)

Frente al gran capital y la bolsa de acciones
que alimentan la guerra y destrozan naciones
porque tienen industria militar, no cojones,
Hitler llama a la lucha a los seres teutones.

Como llama a la lucha de los tanques y aviones
los diarios de aquellos, los señores mandones
que a la vez que contratan plumas caras de halcones
en las fábricas arman como barcos cañones…

Una lucha entonces de enfrentadas visiones
tal la nazi y judeo-bolchevique que sones
de tambores guerreros da al oído y canciones.

Una lucha después de contrarias opciones,
capital por un lado y por otro legiones
rojas, claro ha la Guerra Fría otras pasiones.

El discurso de Hitler, el capitalismo (I)

Mire como se mire la desgracia alemana
ha por causa la bolsa, democracia cristiana
no, ¡judía! y el gran capital que la lana
le arrebata al rebaño que trabaja y se afana.

Y es que frente al sistema liberal que regana
plata y plata en tanto especula germana
voz de Hitler opone el trabajo que gana
al servir a la patria, a la patria alemana.

Y por ello allende de exigir sin galbana
la expulsión del judío que controla de plana
el mercado de acciones va a exigir cosa sana.

Que se expulse del Reich a quien gane en la insana
bolsa tela engañando o de forma villana
se enriquezca, ¡limpieza económica es llana!

lunes, 26 de abril de 2010

El discurso de Hitler, el cristianismo

A pesar del programa Nacional-Socialista,
libertad religiosa proclamaba con vista,
el cristiano en el Reich siempre estuvo en la lista
nazi, fuere de un credo o de otro el artista.

Protestante o católico daba igual al fascista
que firmó el Concordato con la gente papista
y decía es la base esa fe moralista
de la nuestra patriótica, de verdad ¡un cuentista!

En tal tema la idea y la praxis nazista
divergían, tal régimen, semejante al franquista,
solo tuvo por dios a Adolf Hitler, ¿corista?

Todo aquel que acatare una y otra conquista
y dijere amén a quien fue un histrionista
además de político, además de guerrista.

El discurso de Hitler, los marxistas (IV)

El Estado alemán lo sentía atacado
por la idea judeo-bolchevique y minado
en su ser, sus principios, su moral, su rezado…
Adolf Hitler que estaba de verdad secundado.

Y decía rechaza burocracia de Estado
el marxista y acaba casi al ras mal postrado
pues apoya aquella de partido y mirado
bien “aquél es de todos”, partidismo de un lado.

El Estado en el fondo viene a ser suplantado
en un régimen rojo por partido encumbrado
al poder absoluto, es parejo al llamado.

Nacional-Socialista y es que todo dictado
se asemeja en el fondo y la forma, es clavado,
del Estado de Stalin al de Hitler va un grado.

El discurso de Hitler, los marxistas (III)

Un Estado tras otro será rojo o negado
a la fuerza decía Hitler bien o acertado
pues creía que el mundo se veía abocado
a ese cáncer judeo-bolchevique llamado.

O al contrario a luchar para verlo extirpado
y caer bajo el manto liberal, dominado
por las bolsas, los bancos, capital desbocado
y demás mandamases y demás entronado.

Y ponía el ejemplo de la España clavado
en la cual Alemania y la Italia a su lado
en la guerra civil ya habían lidiado.

De la mano de Franco para ver liberado
el Estado español y fascista llamado
de la Rusia soviética e ideal de igualado.

El discurso de Hitler, los marxistas (II)

Adolf Hitler que al mundo lo verá divido
entre rojos, marxistas, bolcheviques y el nido
de bolsistas y ricos capitales herido
va a sentirse por ver lo que en sí ha ocurrido.

Que los soviets de Rusia han tramado y querido
conquistar Alemania con su idea y dolido
va a sentirse en tanto el nazista partido
no ha intentado lo mismo con el ruso temido.

Con lo cual una lucha va a sentirse seguido
entre un orbe y el otro, hecho hoy conocido
y llamado la Guerra Fría, ¡es consabido!

Que ha triunfado la idea liberal pues caído
hemos visto al campo comunista y subido
al poder a los yanquis de Estadito unido.

El discurso de Hitler, los marxistas (I)

Al peligro judío le añadía el marxista
Adolf Hitler, quien niega diferencia clasista
y de haberla está mal que se muestre ocultista
y que esconda que hay pueblo, para el Führer nazista.

Y por ello repite él que es “populista”
que no hay clases que hay pueblo y lo dice un nazista
para quien ese mundo cual de Marx comunista
donde hay seres ve masas y no pueblas en vista.

Y resulta de ello que el germano a hispanista
o al francés o al inglés llama hermano y la pista
le ha perdido al germano que es su hermano en revista.

Con lo cual extirpar ese cáncer rojista
es tarea patriótica, nacional del fascista
porque hay patria, Alemania y con ser germanista.

El discurso de Hitler, los judíos (VII)

Frente al hombre judío que es un hombre global
no de patrias ni pueblos, sino humano mundial
Adolf Hitler propone el ser ario local,
ser un ser cual de Estado ser un ser nacional.

Porque todo lo bueno de valor bien real
ha surgido de un pueblo, no lo internacional
que tan solo ha traído a su pueblo el mal
de sentir en sí el mando de otro ente estatal.

Extranjero, no propio, con lo cual lo ideal
para el Führer radica en honrar lo social
y la patria de uno, de uno mismo, no igual.

A otras tantas, el rojo y el judío al final
como un mundo sin clases, sin naciones y tal
o entre ellas proponen para el orbe oval.

El discurso de Hitler, los judíos (VI)

Al buen conde de Lerchenfeld que dijera consciente
en la Cámara aria, Parlamento dicente
que el ser hombre y cristiano le impidió ser agente
antihebreo Adolf Hitler replicaba, ¡oyente!

Que Jesús expulsó a esa raza inclemente
del buen templo, que aquél era un ser bien valiente
que murió en la cruz como muere la gente
luchadora, el deicida fue el judío corriente.

Y por ello el Führer que es cristiano inocente
va a sentirse en la lid para nada clemente
de sangrar y matar al hebreo increyente.

Con lo cual el Dios nazi y su fe de creyente
es de fuertes, no débiles y reclama paciente
sacrificios, la víctima quién será es evidente.

El discurso de Hitler, los judíos (V)

Del judío que sobra pues ya tiene su gente
alemana Alemania dice Hitler consciente
que concibe el trabajo como un medio hiriente
de explotar a los pueblos por la gente pudiente.

Mientras tanto el ario ve el afán de la gente
cual recurso de hacer que este unido el agente
a la patria, al pueblo pues por fin ha el decente
bien común y social, no el de uno y doliente.

Y es que el líder avista todo un drama en su ambiente,
que la gente teutona pierde todo impotente
entretanto el judío vive bien, ¡indecente!

Y por ello reclama su programa elocuente
la expulsión del hebreo, de esa hiena inclemente
que la aria carroña lleva impura al diente.

domingo, 25 de abril de 2010

El discurso de Hitler, los judíos (IV)

Para Hitler el ser nacional y social
es lo mismo, no obstante, el judío inmoral
ha atacado el principio al decir lo irreal,
lo social es lo mismo que ser rojo, ¡no hay tal!

Y qué es lo social y qué es nacional,
es aquello hacer entidad estatal
en la cual cada ser, individuo es moral
al buscar bien común, no el mal bien personal.

Y lo otro, el ser nacional es igual
en el fondo, es amar a la patria real,
es amor popular por el pueblo leal.

Y es también dar la vida, existencia vital
si se diera el caso, si se diera el casual
de encontrarse en peligro ese ente total.

El discurso de Hitler, los judíos (III)

Cuando Hitler pregunta quién causó nuestro mal
y responde los bancos, bolsas cual capital
dirá que este está en manos del judío mortal
que destruye el Estado nacional y social.

Pero allende da un paso más y cuenta leal
que la forma de Estado democrática o igual
democracia no es aria, es judía, anormal
pues se opone a un líder nacional y estatal.

Es contraria al Führer, al Caudillo, al bestial
en el mando, al fuerte gobernante mundial
y da voz como voto al más débil, total.

Pero avisa y advierte que en el fondo no hay tal,
que no hay el gobierno por el pueblo ideal
porque hay bancocracia, plutocracia, ¡tal cual!

El discurso de Hitler, los judíos (II)

Del maestro en el arte del mentir, lo irreal,
del judío Adolf Hitler dirá es hombre dual,
comunista o rojo cual internacional
y banquero y bolsista de tener capital.

Porque al tiempo que acaba con el mundo gremial
y da vida al ser proletario y al tal
ser burgués y especula a quien gana el jornal
organiza y sin clases busca un ente mundial.

Egoísta, el trabajo ya no es nacional
ni tampoco presenta un buen fin, ¡el social!
porque es para sí, para uno, es un mal.

Un peligro judío del que avisa cabal
que en el fondo es dinero que persigue el global
poderío, el orbe en su mesa oval.

El discurso de Hitler, los judíos (I)

Mucho más que de raza aria o raza judía,
una con superhombres, infrahumana otra, ¡usía!,
Adolf Hitler acusa a quien tanto mentía,
al judío de ser una hiena o arpía.

Que tendrá de objetivo día a día tras día
destruir el Estado Nacional por manía
y lograr el poder mundial, supremacía
planetaria, volverse de este orbe el guía.

Que se encuentra al mando de la Bolsa que ansía
capitales y el mundo comunista, ¿se lía?,
y también de la industria de las armas que cría.

Y por ello hay tan solo dos opciones, la vía
Nacional-Socialista, verdadera y pía,
o la roja-judía, insincera e impía.

El discurso de Hitler, El Tratado de Versalles (IV)

Aunque en Hitler del dicho vaya al hecho un camino
de mentiras es cierto que razona el ladino
de manera verídica, verosímil, al chino
como al resto engañaba en su obra y destino.

Por ejemplo al decir que al Tratado mezquino
de Versalles en paz le ha quitado el espino
en el Sarre y Renania y en la Austria el dañino
divorcillo, a Sudetes otro tanto con tino.

Y en Bohemia y Moravia y es verdad que el dañino
consiguió todo ello resultando divino,
sin hacer ni una guerra como hace el cretino.

Pero, pero y pero en Polonia felino
se mostraba y la lucha que empezó en el vecino
paisito al mundo se extendió, ¡ay, el rabino!

El discurso de Hitler, El Tratado de Versalles (III)

Del injusto Tratado de Versalles que olvida
el principio del ente nacional, el de vida
decisoria y propia Hitler dijo enseguida
que no arregla el problema de los pueblos, ¿oída?

Porque crea Estados cual Polonia… y la herida
con la regla en los mapas sin que tenga cabida
voluntad popular o la etnia o la sida
historilla o el uso o costumbre tenida.

Con lo cual la gran raza alemana temida
que Alemania allende de manera debida
vive queda sin urna y sin voto, ¡cogida!

A la fuerza en otras patrias, patria querida
¡no,! y por ello el Reich de manera cumplida
ha de hacerse escuchando de la calle latida.

El discurso de Hitler, El Tratado de Versalles (II)

De la puebla Alemania, de la patria imperial
que se fue a la Gran Guerra, que fue a Guerra Mundial
dirá Hitler que fue sin sentir el puñal
de la culpa, inocente, sin haber hecho mal.

Pero por el Tratado de Versalles fatal
se culpó del inicio de esa lucha global
al gran Reich, al segundo, guillermino y cabal
que cayó con las armas apuntando al rival.

Y con tal pecadillo en la espalda y dorsal
empezaba su vida, su carrera vital
la República, claro, la de Weimar mortal.

A la cual alcanzado el gobierno real
Adolf Hitler, un ser como hombre animal,
le ponía el fin cual el punto final.

sábado, 24 de abril de 2010

El discurso de Hitler, El Tratado de Versalles (I)

Adolf Hitler dirá del firmado Tratado
de Versalles que es, que es infausto, un sangrado
para el pueblo alemán, al que deja privado
de sus medios de vida y a morir sentenciado.

Pues le priva del Sarre y del Ruhr como al lado
de Renania y de Danzig y Silesia, mermado
del buen puerto de Memel y el de Königsberg, dado
a buscarse el presente sin colonia, ¡esquilmado!

Pues le obliga además a pagar a otro Estado
como el galo el inglés y otro tanto menguado
por la guerra por daño en la misma causado.

Todo un robo en suma por el cual su amado
paraíso, Alemania se sentía enviado
a vivir un infierno o a sufrir cual penado.

El discurso de Hitler, La Sociedad de Naciones

En discursos de mitin Adolf Hitler orante
de aquél ente de Estados dirá es solo garante
del tratado de paz, del Versalles sangrante,
no de un mundo mejor o de un globo brillante.

Además no hay tal liga pues el orbe reinante
era aquél dividido en dos bloques, obstante,
uno rojo y el otro el de plata contante
y sonante, la hoz y martillo o diamante.

Además en tal Liga falta miembro, hay vacante
como Estados Unidos o la Rusia o turbante
de Turquía o el pueblo alemán, ¡es flagrante!

Tanta ausencia y el hecho a la vista de hablante
de que falte un cuerpo militar, dialogante
¡no!, cual cascos azules que le obligue al faltante.

El discurso de Hitler, los puntos de Wilson

De la paz sin vencidos ni triunfantes, del son
a desarme y derecho a la propia acción
decisoria en política, Sociedad de Nación,
diplomacia a la luz y colonias guasón…

Se mostró Adolf Hitler, se mofó cual bufón
de estos puntos de Wilson porque fueron ficción,
derrotada quedaba Alemania, en sazón
desarmada, el no armas fue una pura ilusión.

Y otro tanto el derecho decisivo, la unión
de alemanes prohibida quedaría en sazón,
y sin ser en el ente de naciones, ¡traición!

Embajadas las hubo y además de chitón
y el gran pueblo alemán se quedó en la ocasión
sin colonias, ¡la guerra casi fue una ilación!

El discurso de Hitler

Joseph Goebbels que era pluma y Hitler la voz
de discursos al Führer regalaba, hizo el don
al cumplir los cuarenta, éste, y nueve, ¡qué dos!,
todo mitin grabado en casete, ¡y qué unión!

En los cual el mal líder, el Satán semidiós
retronaba de Wilson, Sociedad de Nación,
de Versalles, judíos, comunistas, de Dios,
capital, de Alemania, de la ley y lección.

Y la prensa, del hecho económico, ¡vos!,
del Estado, demócratas, del derecho, misión
libradora, del Putsch muniqués, ¡portavoz!

Fue que habló de política, de la guerra de acción,
de sí mismo y la historia que se da tras adiós
o del juicio final, ¡lo verá, es mi guión!

De la percepción a la conducta pasando por la emoción y el discurso

Es sabido de sobra desde el tiempo pasado
que entender la conducta de algún ser ha obligado
a advertir qué notaba, percibía el citado
tanto cual qué sentía y pensaba o hubo hablado.

Y Adolf Hitler notaba en la espalda clavado
un puñal pues creía que a su pueblo amado,
a Alemania en la guerra no la habían ganado
ni por mar ni por tierra ni por aire o volado.

Y sentía por tanto odio a quien dio el firmado
a la paz, al Gobierno, al de Weimar formado
tanto como a los rojos y al judío forrado.

Y pensaba por ello y dejaba parlado
que su patria fue víctima y su Estado en Tratado
de Versalles lo menos maltratado y robado.

jueves, 15 de abril de 2010

La Sociedad de Naciones de 1919 a 1946

En el punto catorce Woodrow Wilson que era
Presidente de yanquis proponía se hiciera
una Liga de Estados y el Tratado que viera
el Versalles la obraba a la una, a primera.

Pues la Gran Guerra mírela usted, vos como quiera
fue un auténtico drama o tragedia o la pera
y con sede en Ginebra se trataba siquiera
de salvar los conflictos y la paz con manera.

Diplomática pura, dialogante, mas fuera
se dejaba al turco, alemán, ruso…, afuera
por sí a Estados Unidos de América, ¡huera!

Sociedad resultaba y además la postrera
y mundial guerra puso a ese ente en la higuera
a la altura del lodo, ¡no evitó la quimera!

Los Catorce Puntos de Thomas Woodrow Wilson en 1918

En la Gran Guerra, Wilson tras llamar a una paz
sin triunfantes expuso por lograrla el final
del hablar diplomático en secreto, el vital
mar, océano… libre, mercantil libertad.

Supresión de barreras al comercio, a mitad…
reducir armamentos, no expansión colonial
y el principio de auto-decisión al igual
que sí enclaves autónomos en diversa entidad.

Rusia, Bélgica, Francia con la Alsacia y vivaz
la Lorena, Italia con frontera mural,
Austria, Hungría y sus etnias libres cual la amistad.

Otro tanto en Imperio Turco, paso naval
franco por Dardanelos…, la polaca unidad,
Serbia al agua, Balcanes y Polonia estatal.

Thomas Woodrow Wilson (II)

Woodrow Wilson, el hombre que impulsó universal
el sufragio y directo al Senado estatal
e intervino en América para bien, para mal
defendió idealismo wilsoniano ¿orbital?

El poner en las manos del amigo leal
el poder en Estados y quitar desleal
del Gobierno de aquéllos pues el mando al final
en Estados Unidos… no es local, es global.

E instauró la Ley seca que sentó cual la sal
en el agua, dio sed, el sudar por jornal
ocho horas y fue al principio neutral.

En la Guerra Mundial y propuso cabal
una vez ya en la lucha por lograr la cordial
paz catorce puntitos que orilló el General…

miércoles, 14 de abril de 2010

Thomas Woodrow Wilson (I)

A mitades del siglo diecinueve en América,
en Stauton, Virginia, Thomas… Wilson benéfica
personica nacía que estudiara académica
carrerilla de Leyes y la Ciencia Poética.

¡No!, Política, y fuera del partido con ética
democrática un cargo gobernante en la auténtica
Nueva Jersey y luego Presidente en la enérgica
nacioncita de Lincoln, en la era prebélica.

Y propuso Catorce Puntos en la Gran Bélica
por lograr una paz, Nobel diole tal prédica
que no quiso el inglés… ni los yanquis…, ¡fue auténtica!

Cosa cosa increíble, cosa cosa patética
pues sirvieron en parte para obrar obra angélica,
armisticio y “concordia” en Versalles, ¡qué escénica!

Matasanos no, Curamalos

A la fuerza arribaba por problema vital,
aunque estoy en mis treinta…, aunque estoy en cabal,
a Galdácano, donde, ¿do va a ser? ¡a hospital!,
a poder ser alivian malestar como el mal.

Ya del cuerpo o del alma, ya de carne o mental
buenas gentes por gusto tanto o más que jornal
con paciencia y entrega casi cuasi total
y también medicina que nos sienta ideal.

A nosotros enfermos por un tiempo real,
en el cual ingresados desde el malo al fatal
somos bien bienvenidos y cuidados genial.

Por atuendos de blanco, azul, rosa al igual
que los grises, no obstante, es su objeto final
despedirnos mejor, ¡gracias pues, Personal!